<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-8620067467823755603</id><updated>2012-02-16T02:57:04.376-08:00</updated><category term='Oracíón'/><category term='Reflexion'/><category term='CAPÍTULO IV'/><category term='CAPÍTULO IIl'/><category term='Fe'/><category term='JORGE FOX'/><category term='El poder'/><category term='fotos'/><category term='CAPÍTULO II'/><title type='text'>IGLESIA AMIGOS</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://iglesiaamigos.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8620067467823755603/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://iglesiaamigos.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>IGLESIA AMIGOS No.1</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15480239220471400327</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>12</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8620067467823755603.post-3387000288959270980</id><published>2009-11-29T13:29:00.000-08:00</published><updated>2009-11-29T13:32:53.081-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='CAPÍTULO IV'/><title type='text'>CAPÍTULO IV</title><content type='html'>&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Juicio en Lancaster y Encarcelamiento en Carlisle 1652-1653&lt;br /&gt;Habiendo llegado el tiempo fijado para la celebración del juicio, en Lancaster, allá fui con el juez Fell que, por el camino, me dijo que nunca se le había presentado un caso semejante; y que, en cuanto a este asunto, no sabía exactamente lo que iba a hacer. Yo le dije, que cuando Pablo fue llevado ante los tribunales, y los judíos y sacerdotes comparecieron a acusarle, diciendo muchas cosas falsas en contra suya, Pablo se estuvo quieto, mientras los otros hablaron y, cuando terminaron, Festo, el gobernador, y el rey Agripa, le dieron licencia de que hablara en su propia defensa; lo cual hizo justificándose de todas aquellas acusaciones falsas; de manera que él podía hacer lo mismo conmigo. Cuando llegamos a Lancaster, supe que el juez Sawrey y el juez Thompson habían autorizado un decreto de prisión en contra mía y, a pesar de que no me habían prendido, comparecí en la sesión, donde se presentaron a acusarme cerca de cuarenta sacerdotes. Habían estos escogido a un tal Marshall, sacerdote de Lancaster, para que hablase por ellos, y se habían procurado un joven sacerdote y dos hijos de otro sacerdote, que testificaran en contra mía habiendo jurado de antemano que yo había blasfemado. Los jueces, una vez sentados, oyeron todo cuanto los sacerdotes y sus testigos quisieron decir, acusándome; y estaba Marshall, su orador, sentado cerca de ellos, aclarando con explicaciones lo que decían; pero los testigos estaban tan confundidos, que ellos mismos se descubrieron ser testigos falsos, porque sucedió que cuando el tribunal había interrogado a uno, bajo juramento, y empezaba ya a interrogar a otro, dijo el primero que, en realidad, él no podía contestar directamente, mientras que el otro sí podría; y esto hizo que los jueces le dijeran, "¿Ha jurado lo que acaba de manifestar, bajo juramento, y ahora sale con que éste es el que puede decirlo? Parece como si no hubiera oído las palabras que usted mismo ha hablado, con todo y haberlas jurado."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaban presentes en la sala varias personas que habían asistido a la reunión donde, según decían los testigos, bajo juramento, había yo dicho aquellas blasfemias de que los sacerdotes me acusaban, y, siendo éstos hombres íntegros y de reputación en el país, declararon y afirmaron ante el tribunal que todo cuanto habían declarado los testigos, bajo juramento, en contra mía, era falso, y que yo no había dicho en aquella reunión las palabras de que ellos me acusaban; y lo mismo dijeron otros hombres, los más serios de por aquel lugar, que me habían oído en aquella reunión y también en otras. El coronel Guillermo West que, por ser juez de paz, formaba parte del tribunal, se enteró de esto; y dijo, bendiciendo al Señor, que habiendo sido desde tiempo débil de cuerpo, el Señor lo había curado aquel día de la reunión, y añadió, que en toda su vida nunca viera reunidas tantas personas pacíficas ni tantas caras de bondad, como en aquel día; y luego volviéndose hacia mí, dijo. "Jorge, si tienes algo que decir a la gente, libremente puedes declararlo en las sesiones públicas." Fue la voluntad del Señor que yo hablara, y así que empecé, el sacerdote Marshall, que tenía la palabras por todos los otros sacerdotes, se marchó. Lo que yo, por inspiración divina, les declaré, fue esto: que las Sagradas Escrituras habían sido inspiradas por el Espíritu de Dios, y que todos tenían primero que llegar al Espíritu de Dios, en sí mismos, por el cual podrían conocer a Dios y a Cristo, de quiénes aprendieron los profetas y los apóstoles, para que por este mismo Espíritu comprendieran las Sagradas Escrituras; porque así como el Espíritu de Dios fue en aquellos que dieron a la luz las Escrituras, así también el Espíritu de Dios tiene que estar en todos los que llegan a comprender las Escrituras, pudiendo así, por este Espíritu, estar en armonía con el Hijo y con el Padre y con las Escrituras, y en armonía los unos con los otros; mas sin este Espíritu, ni podían conocer a Dios, ni a Cristo, ni comprender las Escrituras, ni entre ellos reinaría la armonía. Apenas terminara de decir estas palabras, cuando media docena de sacerdotes, que estaban tras de mí, se exaltaron en gran manera, y, uno, llamado Jackus, dijo, entre otras cosas en contra de la verdad, que el Espíritu y la letra eran inseparables; a lo cual le repliqué, "Entonces todo aquél que posee la letra posee el Espíritu, pudiendo así comprar el Espíritu al comprar la letra de las Escrituras." Esto, que descubría claramente las tinieblas en que estaba este sacerdote, hizo que el juez Fell y el coronel West les reprendieran abiertamente, diciéndoles que, de acuerdo con este criterio, se podría llevar el Espíritu en el bolsillo igual como se llevaban las Escrituras; sobre que los sacerdotes, confundidos y reducidos al silencio, se rebelaron, llenos de ira, en contra de los jueces, por no poder llevar a cabo sus fines perversos. Viendo los jueces que los testigos no estaban de acuerdo; comprendiendo que habían sido llevados allí para declarar en favor de la envidia de los sacerdotes, y, encontrando que toda su evidencia no era suficiente, legalmente, para sostener su acusación en contra mía, me absolvieron. Y luego que el juez Fell hubo hablado al juez Sawrey y al juez Thompson, concerniente al decreto de prisión que habían autorizado en contra mía, y al error de tal acción, él y el coronel West, autorizaron su sobreseimiento, evitando así que se ejecutara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y de este modo, fui aclarado en sesión pública de todas aquellas acusaciones falsas que los sacerdotes, llenos de malicia, habían expuesto a mi cargo; y aquel día, multitud de personas ensalzaron al Señor, por ser aquél día de salvación eterna para cientos de seres. Y aquel día, el Señor abrió muchas bocas que hablaran Su palabra a los sacerdotes; y varios, simpatizantes, y también profesantes, reprendieron a los sacerdotes, por las posadas y por las calles, de modo tal, que se derrumbaron como casa podrida, y la gente clamó que los cuáqueros poseían el día y que los sacerdotes caían. Muchos se convencieron aquel día, entre quienes se encontraba Tomás Briggs. Antes él había sido tan hostil con los Amigos y la verdad, que cuando él y John Lawson, un Amigo, estaban disctiendo la perfección, Tomás le dijo a él: '¿Tienes la perfección?' Y él levantó sus manos como si le fuera a dar al Amigo un puñetazo en el oído. Pero Tomás, estando convencido de la verdad ese día, declaró en contra de su propio sacerdote, Jackus; y después se convirtió en un fiel ministro del evangelio, y permaneció así hasta el fin de sus días.&lt;br /&gt;Cuando se hubieron acabado las sesiones, James Naylor, quien estaba presente, dio un breve reporte de los procedimientos ocurridos en una carta, la cual él escribió a los Amigos un poco después, y que está incluida aquí para la satisfacción del lector:&lt;br /&gt;Estimados Amigos y hermanos en el Señor Jesucristo, que mi amor y aprecio esté con todos ustedes, deseando que ustedes puedan ser guardados firmes en el Señor Jesucristo, y en el poder de su amor, audazmente para testificar de la verdad, como es revelada en ustedes por la poderosa obra del Padre: ¡para él solamente sea la alabanza eterna y el honor para siempre! Estimados Amigos, el Señor muestra grandemente su amor y poder en estas partes. En el segundo día de la última semana mi hermano Jorge y yo estábamos en Lancaster. Habían muchos Amigos de todas partes; y muchos que estuvieron de lado de los sacerdotes; quienes dejaron saber que ellos ahora esperaban ver que se pusiera un fin a nosotros; esa gran obra que había ocurrido tan rápidamente, y con tal poder, que el dominio de ellos había sido sacudido de gran manera. Fuimos llamados ante el juez Fell, el coronel West, el juez Sawrey, etc. a contestar los cargos en contra de Jorge. Habían tres testigos para ocho particulares, pero ellos estaban muy confundidos; lo cual dio mucha luz a la verdad; por la cual los jueces vieron claramente que esto era envidia, y se lo dijeron varias veces. Uno de los testigos era un sacerdote joven, quien confesó que él no había sido un participante, y no hubiera estado envuelto si otro sacerdote no lo hubiera enviado y le hubiera dicho que lo hiciera. Los otros testigos eran dos hijos de sacerdote. Fue probado allí por muchos que oyeron a uno de ellos decir que si tuviera la capacidad, él hubiera hecho que Jorge negara su profesión y que lo hubiera matado. Había un solo testigo de una de las mentiras más grandes dichas en contra de Jorge. Los jueces le dijeron que ellos creían que debido a que no podía asesinar a Jorge, que él estaba tratando de quitarle la libertad. Hubo un juez escogido de todo el grupo, como vocero, para declarar en contra de nosotros; quienes no escatimaron ninguna angusta para mostrar su envidida en contra de la verdad: y cuando no pudo prevalecer, él se fue enfurecido; y un número de ellos entró entonces en el salón; entre los cuales estaba Jackus. Jorge estaba entonces hablando en el salón; (uno de los jueces le había pedido que hablara si él tenía algo que decir); en ese momento, el sacerdote Jackus estaba tan enfurecido, que comenzó a decir muchas expresiones altas en contra de la verdad que había sido hablada por mi estimado hermano Jorge; una de las cuales era que la letra y el espíritu eran inseparables. En este momento los jueces se levantaron y le dijeron que probara esto antes que él continuara. Entonces, al verse sorprendido, trató de negarlo; y cuando no pudo con sus palabras despistarlos del error que había cometido, el resto de los sacerdotes trataron de ayudarle a ponerle sentido a sus palabras: pero los jueces no admitían ningún otro significado que el sentido claro de las palabras y le dijeron que él había sostenido una posición y que era adecuado que la probara, poniendo de esta manera mucha presión sobre él. En este momento los sacerdotes, habiendo sido silenciados, perdieron el caso con una furia más grande que la que habían expresado antes. Después de haber perdido el caso, y cuando se les preguntó lo que habían hecho, algunos de ellos mintieron y dijeron que ellos no podían entrar en el salón; tratando de esconder su vergüenza y de mantener a la gente en la ceguera. Los magistrados, el juez Fell, y el coronel West, estaban muy convencidos de la verdad y dictaminaron a favor de la justicia y la equidad; su dictámen fue grandemente silenciado por la furia de la gente. Muchos espíritus amargos estaban en Lancaster para ver el evento; pero ellos se fueron a su casa llorando porque los sacerdotes habían perdido ese día. ¡Alabanzas eternas sean dadas a aquel que peleó la batalla por nosotros, quien es nuestro rey para siempre! Hubieron muchos otros que fueron llamados, quienes los testigos confesaron que estaban en el salón cuando los cargos en contra de Jorge fueron pronunciados; pero todos ellos, como un solo hombre, negaron que tales cosas hayan sido dichas: lo cual le dio mucha luz a los jueces, y ellos dependieron de lo que ellos testificaron; porque ellos dijeron que ellos sabían que muchos de ellos eran hombres honestos. Había una orden de aprensión en contra de nosotros en Appleby; pero el Juez Benson les dijo que no estaba de acuerdo a la ley; y por lo tanto cesó. Ahora he escuchado que él es un hombre fiel a la verdad. Los sacerdotes comenzaron a predicar en contra de los jueces, y dijeron que ellos no debían entrometerse en estas cosas, sino que ponerle fin a la controversia entre prójimos. Ellos no estaban complacidos con la ley, porque no estaba en los estatutos el ponernos en la cárcel, como los sacerdotes que habían declarado en contra de nosotros habían dicho. Los sacerdotes le pidieron que lo pusiera en un estatuto, si podía; el sacerdote dijo que él no debería tener que hacer eso. Ellos tenían mucho temor de perderlo todo. Ellos están muy descontentos en esas partes; y algunos de ellos lloran diciendo, "Todo se ha perdido".&lt;br /&gt;Estimados Amigos, moren en la paciencia, y esperen en el Señor, quien hará su propia obra. No miren al hombre, en las obras; ni al hombre que se opone a las obras; sino que descansen en la voluntad del Señor, para que puedan ser abastecidos con paciencia tanto para hacer como para sufrir lo que han sido llamados a hacer; para que el fin de ustedes en todas las cosas pueda ser su alabanza. Tomen su cruz libremente, la cual mantiene en humildad al hombre carnal; para que Cristo pueda ser establecido y honrado en todas las cosas, para que la luz pueda avanzar en ustedes, y el juicio pueda ser establecido, el cual debe dar sentencia en contra de todo lo que se opone a la verdad. Para que la cautiviad pueda ser llevada cautiva, y los prisioneros puedan ser libres para buscar al Señor; que la justicia pueda gobernar en ustedes, y la paz y el gozo puedan morar en ustedes, donde está el reino del Padre; ¡a quién sea toda la alabanza para siempre! Estimados Amigos, reúnanse a menudo, y tengan cuidado de aquello que se exalta más arriba de su hermando; manténganse en la humildad, y sírvanse los unos a los otros en amor en el nombre del Señor. Díganles a todos los Amigos cómo estamos nosotros, para que Dios pueda recibir la alabanza sobre todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;James Naylor&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escrito desde Kellet, el día 30 del octavo mes del año 1652.&lt;br /&gt;'''En esta época, yo ayunaba, y decidí no comer hasta que esta obra del Señor, que entonces pesaba sobre mí, se cumpliera. Mas el poder del Señor se sobrepuso maravillosamente a todo, dándome, para Su gloria, el dominio de todos. Aquel día, Su evangelio fue predicado de gracia, sobre las cabezas de cerca de cuarenta sacerdotes asalariados. Después, me quedé dos o tres días en Lancaster, celebrando algunas reuniones; y sucedió que la gente más bruta y de la peor clase, tramaron hacerme salir de casa y tirarme desde el puente de Lancaster, mas el Señor los contuvo. Entonces se les ocurrió otra estratagema, que fue la siguiente. Después de una reunión en Lancaster, trajeron dos hombres, en mangas de camisa, uno perturbado, que llevaban en la mano unos haces de ramos de abedules atados como una escoba, con los cuales iban a azotarme; mas yo sentí la inspiración de hablarles en el fuerte poder del Señor, que encadenando al hombre perturbado hizo de él un cordero, y lo mismo fue con el otro, y, entonces, lo amonesté a quemar sus palos tirándolos al fuego, y así lo hizo; y con el poder del Señor sobre ellos, se marcharon en paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero los sacerdotes, estando muy agitados al verse derrotados en el tribunal de Lancaster, influyeron al juez Windham en contra mía; lo que dio lugar a que el juez, en sesión pública, hiciera un discurso contra mí, y diera orden al coronel West, que estaba de secretario del tribunal, de que expidiera un decreto en virtud del cual me prendiesen. Mas el coronel West, habló al juez de mi inocencia, expresándose ardientemente en mi defensa, y, con todo y esto, el juez le repitió la orden, de que escribiera el decreto, o de que dejara su puesto; y West le respondió, sencillamente, que no lo haría, y que lo tendría que hacer él mismo, pues él antes daría por mí su fortuna y también su cuerpo. Esto contuvo al juez, y el poder del Señor fue sobre todos, de modo que los sacerdotes y los jueces no pudieron llegar a ejecutar lo que la envidia les dictaba. Aquella misma noche, entré en Lancaster cuando iba a celebrarse sesión del tribunal, y habiendo oído de un decreto de prisión que se iba a autorizar en contra mía, me pareció mejor presentarme yo mismo, en vez de que mis adversarios me buscaran, y me fui a la cámara del juez Fell y del coronel West. Así que entré, me miraron sonriendo, y el coronel West me dijo. "¡Qué! ¿Ha venido a meterse en la boca del lobo?" Me quedé en la ciudad hasta que el juez se marchó, paseándome de un lado a otro sin que nadie se metiera conmigo o me preguntaran algo. Y así fue, como el bendito poder del Señor, que está por encima de todos, me sacó a través de esta prueba, me dio el dominio sobre Sus enemigos, e hizo posible que siguiera adelante en Su obra gloriosa y a Su servicio por la causa de Su nombre. Porque, a pesar de que la bestia hacía la guerra a los santos, siempre el Cordero ha tenido, y tendrá, la victoria.&lt;br /&gt;De Lancaster me volví a casa de Roberto Widder. De allí me fui a la casa de Tomás Leper, a una reunión en la tarde; y tuvimos una reunión muy bendecida allí, después de la cual, yo me fui caminando en la noche a la casa de Roberto Widder otra vez. Tan pronto como me había ido un grupo de hombres disfrazados vino a la casa de Tomás Leper con espadas y pistolas. Estos hombres entraron de repente a la casa, apagaron las velas, y agitaron sus espadas entre las personas de la casa, de manera que ellos estuvieron forzados a sostener las sillas en frente de sí como escudos para que no fueran cortados o heridos. Después los hombres disfrazados sacaron a toda la gente de la casa y buscaron por todo el interior de la casa tratando de encontrarme a mí, por lo cual parecía que yo era la única persona a quien buscaban. Antes de entrar en la casa ellos se habían escondido a un lado del camino que yo hubiera usado si me hubiera ido a caballo a la casa de Robert Widder. Como no pasé por la carretera, ellos pensaron que me encontrarían en la casa de Tomás Leper, pero el Señor no lo permitió. Poco después de haber llegado a la casa de Robert Widder, algunos Amigos que vivían en la misma ciudad que Tomás Leper nos dijeron acerca de este intento maligno. Ellos tenían temor que estas mismas personas también pudieran venir a la casa de Robert Widder a hacerme daño; pero el Señor los contuvo porque no vinieron. Estos hombres estaban disfrazados, pero los Amigos percibieron que algunos de ellos eran franceses, y concluyeron que eran criados que pertenecían a Sir Robert Bindlas: porque algunos de ellos dijeron que en Francia ellos amarraban a los protestantes a los árboles y los latigaban y los mataban. Los criados de este hombre a menudo abusaban de los Amigos tanto en las reuniones como en el camino de ida o de vuelta de sus reuniones. Una vez ellos arrastraron a Richard Hubbertborn y varios otros para sacarlos de su reunión, los llevaron por un camino largo a los campos, los ataron, y los dejaron en el campo cuando era la época de invierno. Otra vez uno de sus criados vino a la casa de Francis Flemming, y empujó su estoque desenvainado por la puerta y las ventanas; pero un pariente de Francis Flemming, que no era Amigo, vino con un garrote corto, y le dijo al criado que guardara su estoque. El criado rehusó hacerlo y en cambio lo amenazó con el estoque y fue muy grosero. El pariente de Francis lo derribó, le quitó el estoque, y si no hubiera sido por los Amigos, se lo hubiera clavado. De manera que los Amigos le conservaron la vida, a pesar que él hubiera destruído la de ellos.&lt;br /&gt;De la casa de Robert Widder me fui a visitar al juez West, en compañía de Ricardo Hubberthorne. No conociendo el camino, ni el peligro de las dunas, pasamos a caballo, por donde según luego nos dijeron, nadie había pasado antes, haciendo nadar a nuestros caballos por un sitio muy peligroso. Cuando llegamos, nos preguntó el juez Kest, si no habíamos visto a dos hombres a caballo, por las dunas, "Es preciso que tenga sus ropas inmediatamente," dijo, "porque es imposible que se hayan salvado, se habrán ahogado y yo soy el juez de instrucción." Y cuando le dijimos que aquellos hombres éramos nosotros, se quedó atónito, y maravillado de que hubiésemos escapado al peligro. Sobre este hecho, los sacerdotes y eclesiásticos envidiosos, forjaron toda una historia de calumnias concerniente a mí; de que ni el agua podía anegarme, ni se podía sacar de mí una gota de sangre, y que por consiguiente yo era un brujo, añadiendo además que, cuando me pegaban con grandes tablas de barril, no me corría mucho la sangre, aunque ellos me causaron mucho dolor. Pero todas estas calumnias no tenían importancia, en cuanto a mí, a pesar de en mí estaba involucrada la causa de la verdad; pues bien veía que, por este medio, intentaban llenar a la gente de prejuicios en contra de ella. Yo consideré que sus antepasados, los judíos apóstatas, llamaron al padre de familia Beelzebú; y estos cristianos apóstatas de la vida y el poder de Dios no podían menos con los verdaderos seguidores del Señor. Pero el poder del Señor me llevó por encima de sus lenguas difamadores, y sus espíritus asesinos sanguinarios, que tenían los cimientos de la hechicería en ellos mismos, lo cual no les permitía venir a Dios y a Cristo.&lt;br /&gt;Habiendo visitado al juez West, me fui a Swarthmore, visitando Amigos, y el poder del Señor estaba sobre todos los perseguidores en ese lugar. Fui inspirado a escribir cartas a los magistrados, sacerdotes, y profesantes del área, quienes habían levantado la persecución anteriormente. La que era para el juez Sawrey decía lo siguiente:&lt;br /&gt;Amigo,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Usted comenzó todas las persecuciones en el norte. Usted fue el que las empezó y el que agitó a la gente. Usted fue el primero que los incitó en contra de la simiente justa, y en contra de la verdad de Dios; el primero que fortaleció las manos de los malignos en contra de los inocentes y los inofensivos: y usted no prosperará. Usted fue el primero que incitó a los golpeadores, apedreadores, perseguidores, torturadores, burladores, y encarceladores en el norte, y a los injuriadores, difamadores, recriminadores, acusadores falsos y calumniadores. Esta era su obra, y usted la incitó. De manera que sus frutos declaran su espíritu. En vez de incitar la mente pura en la gente, usted ha incitado lo malvado, malicioso y envidioso; y se ha asociado con los malvados. Usted ha hecho que las mentes de las personas por todas partes del país se vuelvan envidiosas: ésta era su obra. Pero Dios ha acortado sus días, lo ha restringido, y le ha puesto límites, ha roto sus mandíbulas, ha expuesto su religión a los simples y los recién nacidos, y ha llevado sus obras a la luz. ¡Cómo ha caído su casa y se ha convertido en una casa de demonios! ¡Cómo ha mostrado usted su maldad, de manera que usted ha servido a Dios solamente con sus labios, mientras que su corazón está lejos de él, y usted es un hipócrita! ¡Cómo se ha descubierto que la forma de sus enseñanzas es la marca de los falsos profetas, los frutos de quienes se declaran a sí mismos! Por sus frutos los conocerán. ¡Cómo son echados hacia atrás estos hombres sabios! ¡Tenga conciencia de sus caminos! Tome nota de quienes son las personas con las cuales ustedes se ha unido. Aquello que es de Dios y que está en su conciencia se lo dirá. El Anciano de Días lo reprenderá. ¡Cómo ha se ha demostrado que su celo es el celo ciego de un perseguidor, y Cristo y sus apóstoles prohibieron a los cristianos que siguieran a personas como usted! ¡Cómo ha fortalecido usted las manos de los malignos, y ha sido una alabanza a ellos, no a aquellos que han hecho el bien! ¡Cómo usted, como si fuera un hombre loco o ciego, volvió su espada en contra de los santos, en contra de los cuales no hay ley! ¡Cómo será usted roído y quemado algún día, cuando usted sentirá las llamas, y cuando las plagas de Dios serán derramadas sobre usted, y usted comenzará a morderse la lengua por causa del dolor, debido a las plagas! Usted recibirá su recompensa de acuerdo a sus obras. No se puede escapar; el juicio justo del Señor lo encontrará, y el testigo de Dios en su conciencia lo responderá. ¡Cómo ha causado usted que los paganos blasfemen, se vayan con la multitud para hacer el mal, unidos mano con mano con los malvados! ¡Cómo será su fin peor que su comienzo, ya que ha llegado con el perro a morder, y se ha vuelto como un lobo para devorar los corderos! ¡Cómo se ha mostrado usted como un hombre más apto para estar en un lugar para ser nutrido, que establecerse en un lugar para nutrir! ¡Cómo fue usted exaltado y se ha engreído con orgullo! Y ahora usted ha caído con vergüenza, de manera que usted está cubierto con aquello que usted agitó y creó. Que John Sawrey no tome las palabras de Dios en su boca hasta que él se haya reformado: que no tome su nombre en su boca, hasta que él se aparte de la iniquidad. Que ni él ni su maestro hagan una profesión de las palabras de los santos, a menos que ellos se proclamen a sí mismos como hipócritas, las vidas de quienes son contrarias a las vidas de los santos; la iglesia de quienes ha manifestado ser una jaula de pájaros inmundos. Usted tiene apariencia de piedad, pero no su poder, usted se ha burlado de los que están en el poder, los ha hecho su refrán, y su tema de conversación en los banquetes. Su olor enfermizo, John Sawrey, se ha olido en toda el área de alrededor, y todo lo que teme a Dios ha sido avergonzado de su manera de comportarse no cristiana; y para ellos usted ha sido un dolor; en el día del juicio usted lo sabrá, aún en el día de su condenación. Usted ha montado y ha establecido su nido en lo alto, pero nunca ha llegado más alto en el aire que las aves de corral. Mas ahora usted ha corrido entre las bestias de rapiña, y ha caído hacia la tierra; de manera que la mundanalidad y la codicia se han hinchado en usted. Su vanidad no lo hará salir adelante; el principio egoísta en usted ha cegado sus ojos. Su espalda debe estar siempre inclinada; porque su mesa se ha convertido en su trampa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge Fox&lt;br /&gt;Este juez Sawrey, quien era el primer perseguidor en esa área, más tarde se ahogó. La venganza de Dios sorprendió al otro juez, el juez Thomson; él fue golpeado con una parálisis mortal mientras estaba sentado en el tribunal y fue sacado de allí y murió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También le escribí a William Lampitt, el sacerdote de Ulverstone, de esta manera:&lt;br /&gt;La palabra del Señor a usted, ¡oh Lampitt! Usted es un engañador, lleno de excesos y borracho con el espíritu terrenal, divagando de arriba para abajo por las escrituras, y mezclando su espíritu entre la condición de los santos. Usted tenía una profesía, como su padre Balaam tenía; pero usted erró y se alejó de ella, así como lo hizo su padre. Usted es una persona de quien el fruto se ha marchitado (de lo cual yo soy testigo), y muchos de los que han conocido su fruto han visto el fin de éste, que se ha marchitado; han visto dónde está usted, en el mundo ciego, un ciego guia de ciegos; una bestia revolcándose y cayéndose en la tierra y en la lujuria; usted es alguien que ha errado del espíritu del Señor, desde hace tiempo ordenado a la condenación. Usted está en el asiento de los fariseos, es llamado maestro por los hombres, está de pie orando en las sinagogas, y tiene el asiento principal en las asambleas; un correcto hipócrita en los pasos de los fariseos, y en los caminos de sus padres, los hipócritas, contra los cuales nuestro Señor Jesucristo clamó ayes. De manera que usted es visto con la luz como es, y por la luz es comprendido; y lo que usted odia será su condenación, y lo será eternamente a menos que usted se arrepienta. Para usted ésta es la palabra de Dios; porque usted no está en el camino de Cristo, sino en el camino de los fariseos, como usted lo puede leer en Mateo 23. Todos los que tienen las palabras de Cristo pueden ver que usted está en los caminos de los fariseos. Cristo, que murió en Jerusalén, clamó ayes en contra de los de su clase; y Cristo es el mismo ayer, hoy y para siempre. El ay permanece sobre usted, y usted no podrá escapar de él, a menos que sea por medio del juicio, condenación y arrepentimiento verdadero. Para usted ésta es la palabra de Dios. Yo le hablo a aquello que es de Dios en usted, lo cual testificará de la verdad que yo escribo, y le condenará. Y cuando usted esté en el tormento (aunque usted ahora se hinche en su vanidad, y viva en la impiedad), recuerde que usted fue advertido durante su vida. Cuando la condenación eterna sea desplegada sobre usted, usted testificará que esta es la palabra del Señor para usted; y si alguna vez sus ojos llegan a ver el arrepentimiento, usted testificará que yo fui un amigo de su alma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge Fox&lt;br /&gt;Habiendo aclarado de esta manera mi conciencia con la justicia y con el sacerdote de Ulverstone, quien había levantado la primera persecución en esa comarca, vino sobre mí la idea de enviar esta advertencia escrita a la gente de Ulverstone en general.&lt;br /&gt;Consideren, Oh pueblo, que están dentro del distrito de la parroquia de Ulverestone, que el Señor me inspiró a venir a sus lugares públicos a hablar entre ustedes, habiendo sido enviado de Dios a encaminar sus mentes hacia él, para que ustedes puedan saber dónde encontrar a su maestro; para que sus mentes puedan permanecer solamente en Dios, y que ustedes no anden vagando de un lado a otro sin buscar al maestro; porque solamente el Señor Dios instruirá a su pueblo; él ha venido a enseñarles, y a reunir a su pueblo para alejarlos de los templos de los ídolos, y de las adoraciones acostumbradas en la cual está adiestrado todo el mundo. Y Dios ha dado a cada uno de ustedes una medida de su espíritu de acuerdo con su capacidad; mentirosos, borrachos, fornicarios, y ladrones, y aquellos que siguen a todos los placeres, ustedes todos tienen esta medida en ustedes. Y esta es la medida del espíritu de Dios que nos muestra el pecado, la maldad y el engaño; la cual nos deja ver que mentir es pecado; que el robo, la borrachera y la impureza, son obras de la oscuridad. Por lo tanto piensen en su propia medida, (porque nada que sea impuro entrará en el reino de Dios), y aprecien su tiempo mientras lo tengan, y teman el tiempo que vendrá cuando ustedes dirán con dolor: tuvimos tiempo, pero ya se ha pasado. ¡Oh! ¿Por qué morirán? ¿Por qué escogen sus propios caminos? ¿Por qué siguen el rumbo del mundo? ¿Por qué siguen la envidia, malicia, borracheras y placeres necios? ¿Acaso no saben en su conciencia que estas cosas son impías y que son pecado? ¿Y que aquellos que obran tales cosas nunca entrarán en el reino de Dios? Oh, que ustedes consideraran y vieran cómo pasan su tiempo, y pensaran acerca de cómo han gastado su tiempo, y observaran a quién sirven; porque la paga del pecado es muerte. ¿No saben ustedes que cualquier cosa que sea más que un sí y un no viene de lo impío? Oh borrachos, que viven en la borrachera, ¿piensan que se van a escapar del fuego, del juicio de Dios? Aunque ustedes se hinchen en el veneno, y vivan en lujuria por un tiempo, aún así Dios los encontrará, y les traerá a juicio. Por lo tanto amen la luz con la cual Cristo los ha iluminado, quien dijo: Yo soy la luz del mundo, quien ilumina a cada uno que viene a este mundo. Uno ama la luz, y trae sus obras a la luz, y no hay ninguna ocasión para el tropiezo; el otro odia la luz, porque sus obras son impías, y la luz lo reprenderá. Ustedes que odian esta luz, la tienen. Ustedes saben que mentir es malo, que las borracheras son malas, que jurar es malo, y la fornicación, el robo, toda impiedad, y toda injusticia, son malas. Cristo Jesús les ha dado suficiente luz para dejarles saber que estas cosas son malas. Esta luz, si ustedes la aman, les enseñará santidad y justicia, sin la cual nadie verá a Dios; pero si ustedes odian esta luz, ella será su condenación. De esta manera encontramos que las palabras de Cristo son verdad, y se han cumplido entre ustedes. Ustedes, que odian esta luz, establecen asalariados y templos a los ídolos, y aquellos sacerdotes que gobiernan por causa de su posición; aquellos pastores que sostienen tales cosas, los cuales son llamados maestros por los hombres, y tienen el lugar principal en las asambleas, contra los cuales Cristo pronunció los ayes, Mat 23, los cuales se van por el camino de Caín, en envidia, y tras el error de Balaam, por paga, regalos y recompensas. Estos han sido sus maestros, y a estos ustedes han apoyado. Pero aquellos que aman la luz son enseñados por Dios, y el Señor viene para enseñar a su pueblo él mismo, y a reunir a aquellos que son suyos y alejarlos de aquellos que enseñan por dinero, de aquellos que buscan ganancia por causa de su posición, y de los que mantienen su autoridad por sus propios medios. El Señor está abriendo los ojos de la gente necia, para que ellos vean quién gobierna sobre ellos. Pero todos los que tienen los ojos cerrados, son aquellos de los cuales habló el profeta cuando dijo "que tienen ojos, pero no ven; pero que son necios al sostener tales cosas." Por lo tanto, pobre gente, así como ustedes aman sus almas, consideren el amor de Dios hacia sus almas mientras tengan tiempo, y no transformen la gracia de Dios en libertinaje. Aquello que les muestra la impiedad y las lujurias mundanas debería ser el maestro de ustedes, y lo sería si ustedes le prestaran atención; porque los santos de antaño testificaron que la gracia de Dios era su maestro, la cual les enseñaba a vivir sobria y piadosamente en este mundo presente. Y ustedes que no son sobrios, esta gracia de Dios ha aparecido en ustedes; pero ustedes la transforman en libertinaje, y de esa manera establecen maestros en el exterior, los cuales no son sobrios, ni santos, ni piadosos. Así ustedes son dejados sin excusa, cuando los juicios justos de Dios serán revelados sobre todos los que viven impíamente. Por lo tanto le hablaré a la luz que está en ustedes; y cuando el libro de la conciencia sea abierto, entonces ustedes testificarán que lo que yo digo es verdad, y serán juzgado por él. Por lo tanto que el Dios Todopoderoso dirija sus mentes, (especialmente a ustedes que aman la honestidad y la sinceridad), para que ustedes puedan recibir la misericordia en el tiempo de necesidad. Su maestro está dentro de ustedes; no lo busquen afuera: éste les enseñará, tanto cuando estén acostados como cuando anden por afuera, a rechazar toda ocasión de pecado y de maldad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge Fox&lt;br /&gt;Así como lo anterior fue dirigido a todos los habitantes de Ulverstone en general, también fui inspirado a escribirle más en particular a aquellos que seguían más constantemente a W. Lampitt el sacerdote de ese lugar. A éstos les escribí de la siguiente manera:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta es la palabra del Señor Dios para toda la gente que sigue al sacerdote Lampitt, quien es un guía ciego: Ustedes se han alejado de la luz de Cristo que está dentro de ustedes, con la cual él los ha iluminado. Ustedes son los que siguen aquello contra lo cual Cristo clamó ayes, que no andan por el camino de Cristo, sino en el de los fariseos, como ustedes pueden leer, Mat 23, contra lo cual el Señor clamó ayes. Él es el mismo ayer, hoy y para siempre; pero ustedes no lo tienen, mientras ustedes siguen a aquel en contra de quien él clamó ayes, aunque ustedes tienen la apariencia de creencia, y Lampitt, su sacerdote, comercia con las palabras de Cristo y de los santos, como sus padres, los fariseos, hacían profesión de las palabras de Moisés y de los profetas. La aflicción vino sobre aquellos que no tenían la vida, y así la aflicción vendrá sobre ustedes que no tienen la vida que nos dio las escrituras, como han manifestado los frutos de ustedes. Porque cuando el Señor inspiró a algunos a venir entre ustedes, a predicar la verdad libremente, ustedes los derribaron, los golpearon, les pegaron, y los arrastraron para sacarlos de sus asambleas. Tales personas te sirven a tí, Oh Lampitt, para transformarlos en presa; y estos son tus frutos. ¡Oh! que la vergüenza los golpee a todos ustedes en la cara, ustedes que hacen profesión de las palabras de Cristo, pero que son apedreadores, torturadores, burladores y mofadores. Que todos puedan ver si es que esta no es una jaula de aves impuras, de la cual hablaron aquellos que tenían la vida de las escrituras. Ustedes engañan a tal compañía de personas, los alimentan con sus caprichos, comercian con las escrituras, y los toman como si fueran capas. Pero ustedes son hechos manifiestos a todos los hijos de la luz, porque esa capa no los cubrirá, sus faldas son vistas, y aparece la desnudez de ustedes. El Señor hizo que uno anduviera desnudo entre ustedes, una figura de la desnudez individual de ustedes, como de su desnudez colectiva, y es una señal entre ustedes, antes que venga su destrucción; para que ustedes puedan ver que estaban desnudos y no estaban cubiertos con la verdad. Yo le hablo a la luz en todas sus conciencias, con la cual Cristo Jesús los ilumina. Ésta les mostrará el tiempo que ustedes han gastado, y todas las obras impías que ustedes han hecho en ese tiempo, que siguen a tal maestro, que actúa contrario a esta luz, y los lleva hacia la acequia. Cuando estén juntos en la acequia, tanto el maestro como el pueblo, recuerden que ustedes fueron advertidos durante sus vidas. Y si es que algún día los ojos de ustedes van hacia el arrepentimiento, y obedecen la luz de Jesucristo que está en ustedes, entonces ustedes testificarán que yo fui un amigo para sus almas, y que yo he bucado su bien eterno, y he escrito esto en amor hacia ustedes. Entonces ustedes tendrán la condenación, la cual todos ustedes deben tener antes que puedan venir a esa vida bendita, la cual no tiene fin. Pero ustedes que odian la luz, porque sus obras son malas, esta luz es la condenación de ustedes, y lo será: y cuando su condenación venga sobre ustedes, recuerden que fueron advertidos. ¡Oh, que ustedes puedan amar esta luz, y escucharla! Ésta les enseñaría, a medida que ustedes caminan de arriba hacia abajo en sus ocasiones, y a medida que ustedes se acuestan en sus camas, y nunca dejaría que ustedes dijeran una palabra vana. Al amarla, ustedes aman a Cristo; al odiarla, ustedes traen la condenación sobre ustedes mismos. Para ustedes, esta es la palabra de Dios, bajo la cual ustedes nunca pueden pasar, ni pueden escapar el terror del Señor en el estado en el cual se encuentran, ustedes que odian la luz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge Fox&lt;br /&gt;Entre los oidores y seguidores principales del sacerdote Lampitt, estaba un tal Adam Sands, un hombre muy malvado y falso, quien hubiera destruído la verdad y a sus seguidores si hubiera podido. A él fui inspirado a escribir de esta manera:&lt;br /&gt;Adam Sands,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la luz que está en su conciencia apelo yo, usted hijo del demonio, enemigo de la justicia; el Señor lo derribará, aunque ahora por un tiempo usted pueda reinar en su impiedad. Las plagas de Dios ya están para caer sobre usted, ya que usted se ha endurecido en su impiedad en contra de la verdad pura de Dios. Con la verdad pura de Dios, la cual usted ha resistido y perseguido, usted está a punto de ser trillado, la cual es eterna y lo comprende. Y usted es visto con la luz que usted desprecia, y ésta es su condenación. Usted como un hombre bruto, su esposa como una hipócrita, y ambos como asesinos de los justos, de esta manera son vistos y comprendidos en aquello que es eterno; y su corazón es buscado, probado y condenado por la luz. La luz en su conciencia le testificará de la verdad y le dejará ver que usted no ha nacido de Dios, sino que está fuera de la verdad, en la naturaleza bestial. Si alguna vez sus ojos llegan a ver el arrepentimiento, usted testificará que yo soy amigo de su alma, y uno que busca su bien eterno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge Fox&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de esto Adam Sands murió miserablemente.&lt;br /&gt;También fui inspirado a escribirle al sacerdote Tatham.&lt;br /&gt;La palabra del Señor para usted, sacerdote Tatham, quien se encuentra fuera de la doctrina de Cristo; teniendo el lugar más alto en la asamblea, siendo llamado maestro por los hombres, y estando de pie orando en la sinagoga, siguiendo los pasos de los fariseos, contra los cuales el Señor Jesucristo clamó ayes. Usted no está en el camino de él, sino que en el camino de los escribas y los fariseos; como usted lo puede leer, Mat 23. Allí las palabras de Cristo lo juzgan, y las escrituras de la verdad lo condenan. Porque usted es uno de los que demandan a los hombres ante la ley por los diezmos, y sin embargo profesa ser ministro de Cristo; lo cual Cristo nunca le otorgó autoridad para hacer: ni tampoco ninguno de sus apóstoles o ministros lo hicieron. Aquí yo lo acuso en la presencia del Dios viviente que usted está fuera de la doctrina de ellos, y que usted es una de esas bestias malignas de las cuales hablan las escrituras, que se preocupa de las cosas terrenales contra las cuales se encuentra la vida de las escrituras. Usted está a punto de ser destruido en el estado en que usted se encuentra; y ésta será su porción eternamente, si usted no se arrepiente. Yo le hablo a aquello que es de Dios que está en su conciencia, lo cual testificará de la verdad que yo hablo. Usted es de los que andan en el camino de Caín, en la envidia, un enemigo de Dios, que se ha alejado del mandamiento de Dios. Usted es de los que caminan en el camino de Balaam, alejándose del espíritu de Dios, para conseguir regalos y recompensas, la paga de la injusticia. Usted hijo de Balaam, usted es peor que su padre: porque aunque él amó la paga de la injusticia, aún así él no se atrevió a tomarla; pero usted no solamente la toma, sino que demanda a los hombres ante la ley si ellos no se la dan: lo cual ningún ministro verdadero de Cristo hizo jamás. Por lo tanto cierre su boca para siempre, y no haga mención de ellos, ni profese que usted es uno de ellos. Con la luz usted es visto y es comprendido; usted que es ligero y vano, y que habla adivinaciones de su propio cerebro, y engaña a la gente. Lo que está en su conciencia testificará de lo que yo digo, y lo condenará. Usted que es uno de los que gobierna por causa de su posición, contra lo cual el Señor envió a Jeremías para que hablara en contra de eso, Jer 5:31 y por lo tanto usted apoya la "cosa horrible y asquerosa, que se comete en la tierra." Y aquellos que no tiemblan con la palabra del Señor son la gente necia que lo apoyan a usted; ellos son hijos torpes sin entendimiento. Aquellos que son engañados por usted son sabios para hacer el mal pero no para hacer el bien. Usted es uno de los que buscan ganancias a partir de su posición. Su práctica muestra un perro codicioso y necio que nunca tiene suficiente, contra los cuales Isaías fue enviado por el Señor para hablar en contra de ellos. Isa 56:11. Y usted es como aquellos en contra de quienes Ezequiel fue enviado a hablar, quienes se alimentan de grasa, y quienes están vestidos con la lana, y que convierten en presa a la gente. Pero el Señor está juntando a sus ovejas para alejarlas de su boca, para que ellos ya no puedan ser presa suya. La profecía en Ezequiel 34 es cumplida en usted, uno de los enemigos de Dios. Yo lo acuso con las acusaciones de la profesía en la presencia del Dios viviente. Usted es un asalariado, y usted prepara guerra en contra de aquellos que no lo alimentan. Usted odia el bien, y ama el mal; contra lo cual el Señor mandó a Miqueas a hablar. Miqueas 3. Cubra sus labios, y cierre su boca para siempre, usted hijo de la oscuridad; porque usted es comprendido con la luz, y es visto entre aquellos en contra de quienes hablaron los hombres santos de Dios; y usted es juzgado por el espíritu del Dios viviente. Usted es comprendido en la luz, la cual es su condenación. Usted que está fuera de los mandamientos de Cristo y fuera de la doctrina y la vida de los apóstoles, su linaje espiritual es visto, y conocidos sus límites. Usted es probado y comprobado. Para usted esta es la palabra del Señor; para usted ésta será un martillo, un fuego y una espada; y usted nunca saldrá de debajo de ella, a menos que se arrepienta; usted está con la luz para ser condenado, y en ese estado usted permanece. Y si sus ojos alguna vez ven el arrepentimiento, usted debe tener esta condenación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge Fox&lt;br /&gt;También le escribí a Burton, el sacerdote de Sedberg, con casi el mismo propósito ya que el se encontraba en el mismo impío fundamento, naturaleza y práctica en la cual estaban los otros sacerdotes. A medida que me inspiró el Señor, yo escribí muchas otras epístolas y escritos durante este tiempo, los cuales envié entre los sacerdotes, profesantes y gente de todo tipo. Mi propósito era exponerles sus caminos impíos para que ellos puedan verlos y dejarlos; y abrirles el camino de la verdad para que ellos puedan llegar a caminar en él. La naturaleza de lo cual es muy grande para ser incluída en este lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de haber aclarado mi conciencia con los sacerdotes y el pueblo de Swarthmore, me fui otra vez a Westmoreland. Un grupo de hombres armados con picas y tablas me estaban esperando en un puente en el camino; y ellos se encotraron con algunos Amigos, pero no me vieron a mí. Después ellos fueron a la reunión con picas y tablas; pero el juez Benson estaba allí, y además mucha gente importante, y no permitieron que aquellos hombres llevaran a cabo la maldad que tenían planeada. Por lo tanto se fueron muy enfurecidos, sin haberle hecho daño a nadie.&lt;br /&gt;Me fui de la reunión hacia Grayrigg y tuve una reunión en la casa de Alexander Dickson. Un sacerdote de una capilla bautista vino a la reunión para oponerse a nosotros, pero el Señor lo confundió con su poder. Algunas de las personas tiraron unos baldes con leche que estaban afuera de la casa (la cual estaba muy llena de gente), lo cual fue la base para que el sacerdote levantara una calumnia, después que él y su grupo se fueron, en la que él dijo 'Que el diablo lo había asustado, y se llevó un lado de la casa, mientras que él estaba en la reunión'. Aunque todos sabían que esto era una falsedad, sirvió para dar ímpetu a los sacerdotes y profesantes por un tiempo; y tan sinvergüenza son ellos, que lo imprimieron y lo publicaron. En otra ocasión vino este sacerdote a una reunión y cayó en la disputa doctrinal sobre algunas palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primero él dijo: 'Las escrituras son la palabra de Dios'. Yo le dije, ellas son las palabras de Dios, pero no son Cristo, el verbo; y le dije que probara lo que él había dicho con las escrituras. Entonces él dijo que no eran las escrituras las que eran la palabra; y poniendo su pie sobre la Biblia, él dijo que solo eran copias que han sido encuadernadas juntas. Muchas palabras desagradables salieron de él, pero después que él se fue tuvimos una reunión bendecida; el poder y la presencia del Señor fueron manifestados y sentidos de manera preciosa entre nosotros. Poco después, él me desafió a reunirme con él en Kendal. Yo le envié el mensaje de que él no necesitaba ir tan lejos como Kendal porque yo me reuniría con él en su propia parroquia. Después de acordar la hora, nos reunimos; y un gran número de personas groseras se juntaron, (aparte de la gente bautizada que eran sus propios miembros), con la intención de hacer una maldad, pero Dios lo impidió. Yo les declaré el día del Señor a ellos, y los dirigí hacia Cristo Jesús. Entonces el sacerdote sacó su Biblia, y dijo que era la palabra de Dios. Yo le dije que era las palabras de Dios, pero no Dios el verbo. Su respuesta fue que él probaría que las escrituras son la palabra de Dios ante todo el pueblo. Yo lo dejé seguir adelante, teniendo un hombre allí que podía escribir tanto lo que decía él como lo que yo decía. Cuando él no pudo probarlo, (porque yo lo limité a la prueba bíblica, con capítulo y versículo), la gente rechinó sus dientes de rabia; y él dijo que me lo mostraría más tarde. Pero al tratar de probar esa afirmación errónea, él hizo muchos errores más. Y cuando por fin él vió que no podía probarlo, él dijo que lo probaría como a Dios. De manera que él comenzó otra vez hasta que comenzó a sudar nuevamente; pero no pudo probar lo que había afirmado. Y él y su grupo estaban llenos de rabia; porque yo lo mantuve a él y a ellos conciente de sus afirmaciones y les dije que estaba de acuerdo con lo que las escrituras decían de ellos, que eran las palabras de Dios, pero que Cristo era el verbo. Y así el poder del Señor vino sobre todos y ellos se fueron habiendo sido avergonzados y silenciados. El Señor detuvo sus intenciones malignas en contra mía; los Amigos fueron establecidos en Cristo, y muchos de los seguidores de los sacerdotes vieron la insensatez de su maestro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de esto el sacerdote Bennet, de Caremel, me envió un desafío para tener una disputa conmigo. Yo fui a su iglesia un Primer-Día, y lo encontré predicando. Cuando él había acabado, yo le hablé a él y a su pueblo; sin embargo el sacerdote no pudo aguantar la crítica y se fue. Después que él se había ido, yo tuve una gran discusión con la gente; y cuando me fui al patio de la iglesia, discutiendo más con los profesantes y declarándoles la verdad, uno de ellos puso su pie detrás mío, y dos de ellos corrieron y me empujaron en el pecho, lo cual me tiró hacia atrás en contra de una lápida, impía y maliciosamente buscando cómo herirme; pero yo me levanté otra vez y fui movido por el Señor a hablarles. Entonces me fui a la casa del sacerdote, y le pedí que saliera para que yo pudiera convesar con él, ya que él me había desafiado; pero él nunca apareció. Por lo tanto el poder del Señor vino sobre todos ellos, lo cual fue grandemente manifestado en esos momentos. Entre la congregación del sacerdote había un tal Richard Roper, uno de los profesantes más amargos que tenía el sacerdote, quien era muy feroz y acalorado en sus discuciones; pero después él llegó a convencerse de la verdad eterna de Dios, llegó a ser un ministro de la verdad eterna, y continuó fiel hasta su muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era cerca de los comienzos del año de 1653, cuando volví a Swarthmoor. Grandes revelaciones recibí del Señor, no solamente en cuanto a lo divino y espiritual, sino también en cuanto a cosas externas, con relación al gobierno del país. Estando un día en Swarthmoor Hall, en una ocasión en que los jueces Fell y Benson estaban comentando las últimas nuevas del parlamento, entonces reunido, y que era llamado el parlamento largo, cuando sentí la inspiración de decirles que de allí a dos semanas el parlamento se desharía y saltaría el presidente de su silla. Y a las dos semanas, el juez Benson dijo al juez Fell, en aquel mismo sitio, que estaba convencido de que Jorge era un verdadero profeta, pues Oliver Cromwell había disuelto el parlamento. Y tuve muchas revelaciones sobre varias cosas, que serían largas de explicar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por este tiempo, ayuné por cerca de diez días, pues mi espíritu estaba muy inquieto por la causa de la verdad. Jaime Milner y Ricardo Myer, se habían lanzado a toda clase de imaginaciones y todo un grupo los seguía. Este Jaime Milner y algunos de los suyos, tuvieron, al principio, verdaderas revelaciones, mas cayendo en la soberbia y exaltándose su espíritu, se apartaron de la verdad. Me mandaron a buscar y, por voluntad del Señor, fui y les mostré sus errores, y traídos a la razón vieron su locura, la condenaron y volvieron a la senda de la verdad. Pasado algún tiempo fui a Arnside, a una reunión donde estaba Ricardo Meyer, que desde hacía mucho tiempo tenía un brazo lisiado. Por voluntad del Señor, le dije delante de la gente, "Profeta Meyer, ponte sobre tus piernas" (pues estaba sentado), y poniéndose en pié extendió su brazo lisiado, y dijo entonces. "Sepan todos los que aquí están, que este día me he curado." Con todo y esto, sus parientes apenas podían creerlo, mas cuando se hubo terminado la reunión lo llevaron a una casa y quitándole la chaqueta vieron que era verdad. Poco después, vino a la reunión de Swarthmoor, y allí declaró como lo había curado el Señor. Al poco tiempo, el Señor le ordenó que fuese a York con un mensaje Suyo, y él desobedeció al Señor, que volvió a herirlo de manera que murió, aproximadamente nueve meses después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esto, los de Cumberland, me amenazaron públicamente de que si yo jamás volvía por allá, me costaría la vida. Cuando lo supe me sentí dirigido a ir allí, a casa de Miles Wennington, que pertenecía a la misma parroquia de donde habían salido tales amenazas, mas no tuvieron valor de ponerme la mano encima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por esta época, Antonio Pearson se convenció, el cual se había opuesto mucho a los Amigos, y vino a Swarthmoor, donde yo estaba en casa del coronel West; me mandaron a buscar, y el coronel West me dijo, "Ve Jorge, porque puede que ello sea un gran servicio para ese hombre," y fui, siendo él penetrado del poder del Señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alrededor de este tiempo el Señor también abrió varias bocas para declarar la verdad a los sacerdotes y la gente, y muchos fueron echados en prisión. Volví otra vez a Cumberland, y Antonio Pearson y su mujer, con varios Amigos, fueron conmigo a Bootel, donde Antonio Pearson me dejó para ir a la sesión del tribunal de Carlisle; pues era juez de paz en tres condados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un Primer día, fui a la iglesia de Bootel, y cuando el sacerdote acabó de hablar yo comencé. Pero la gente era muy grosera, y me empujaron y en el patio me pegaron dándome uno tan gran golpe, en la muñeca, con una estaca de seto, que la gente creyó que me había destrozado la mano. Sin embargo, por el poder del Señor, no sentí dolor. El guardia tenía grandes deseos de poner paz y, de haberlo yo querido, hubiera colgado, a más de uno, por los pies con que me habían pateado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de mi servicio entre ellos se había acabado, yo me fui a la casa de Joseph Nicholson, y el guardia nos acompañó, para mantener alejada a la multitud grosera. En la tarde yo fui otra vez; y esta vez el sacerdotes había conseguido otro sacerdote, que había venido de Londres y era muy respetado, para ayudarle. Antes de irme a la iglesia, yo me senté un rato sobre la cruz, y los Amigos conmigo; pero ellos fueron movidos a entrar en la iglesia, y yo los seguí. El sacerdote de Londres estaba predicando, quien había reunido todos los pasajes de las Escrituras, en que pudo pensar, que hablaban de los falsos profetas, de los anticristos y de los impostores, y nos los tiró a la cara; mas cuando terminó, recogí yo todos estos pasajes y se los devolví. En esto, el pueblo cayó sobre mí de una manera brutal, pero el guardia les pidió que guardasen la paz en nombre del bien público, y así consiguió que se aquietasen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sacerdote, lleno de ira, dijo que yo no tenía que hablar allí, y le respondí que el tenía su reloj de arena por el cual él había hablado, y que, habiendo él terminado, yo podía disponer del tiempo, como también él; porque él era como un extraño para sí mismo. Por lo tanto yo les abrí las escrituras, y les dejé ver, 'que esas escrituras, las que hablaban de los falsos profetas, anticristos, y engañadores, los describían a ellos y su generación, y pertenecían a aquellos que eran hallados caminando en sus pasos, y teniendo sus frutos; y no a nosotros, que no somos culpables de tales cosas'. Yo les manifesté que ellos estaban fuera de los pasos de los verdaderos profetas y apóstoles; y les mostré claramente, por los frutos y por las marcas, que ellos, y no nosotros, eran aquellos de los cuales hablaban las escrituras. Y yo les declaré la verdad y la palabra de vida a la gente, y los dirigí a Cristo su maestro. Todo estuvo en calma mientras yo hablaba; mas cuando hube terminado y me disponía a salir, los dos sacerdotes estaban en tal ira, que la cólera contra mi que les salía espuma por la boca. El sacerdote del lugar habló a la gente en el patio de la iglesia, y dijo: "Este hombre se ha conseguido a todas las personas honestas, hombres y mujeres, de Lancashire, y ahora," continuó, "viene aquí a hacer lo mismo," entonces le repliqué. "¿Qué quieres que haya quedado? ¿Qué quieres que les haya quedado a los sacerdotes, más que los que son semejantes a ellos? Porque si son los honestos los que reciben la verdad, y vuelven a Cristo, entonces tienen que ser los deshonestos los que te siguen a ti ya los que son como tú." También algunos de los de la gente del sacerdote comenzaron a rogar por su sacerdote, y por los diezmos. Yo les dije a ellos que sería mejor que ellos rogaran por Cristo, quien había acabado con el sacerdocio de los diezmos junto con los diezmos, y había enviado a sus ministros para que dieran gratuitamente, así como ellos habían recibido gratuitamente. De manera que el poder del Señor vino para silenciar y contener a las personas groseras para que ellos no pudieran hacer la maldad que planeaban hacer. Cuando yo había venido otra vez a la casa de Joseph Nicholson, ví un gran hoyo en mi abrigo, el cual estaba cortado con un cuchillo, pero no había atravesado mi chaleco, porque el Señor había prevenido su maldad. El día siguiente había un hombre impío y grosero que quería cometer violencia con un Amigo, pero el poder dle Señor lo detuvo.&lt;br /&gt;Después fui inspserado a pedirle a Jaime Lancaster que organizara una reunión en la iglesia de un tal John Wilkinson cerca de Cockermouth; un predicador de gran reputación, quien tenía tres parroquias bajo su dirección; por lo cual yo me quedé en Milholm en Bootel hasta que él regresó. Mientras tanto algunos aristócratas de esa área habían tramado un plan en contra mía, y le habían dado un estoque a un niño para que me hiciera daño con él. Ellos vinieron con el niño a buscarme a la casa de Joseph Nicholson; pero el Señor ordenó las cosas de tal manera que yo me había ido al campo. Ellos se encontraron con Jaime Lancaster, pero no abusaron mucho de él; y al no encontrarme en la casa, se fueron otra vez. Así que yo estuve caminando por todos los campos esa noche, y no me fui a acostar, como solía hacer a veces. Al siguiente día, fuimos a la iglesia donde Jaime Lancaster había organizado la reunión. Estaban allí doce soldados y sus mujeres que habían venido de Carlisle, y vino la gente de aquel lugar como si hubiera sido para una feria. Yo me albergué en una casa cerca de la plaza, de modo que muchos Amigos llegaron antes que yo a la iglesia, y cuando yo llegué, encontré a Jaime Lancaster hablando bajo un árbol, al que se había subido tanta gente que tuve miedo de que se doblegara; y yo me puse a buscar un lugar donde subirme para hablar a la gente, que estaba esparcida por todos lados como en un congreso; luego que me descubrieron, vino a mí un profesante que me preguntó si no querría ir a la iglesia, pues no veía otro lugar conveniente donde hablar a la multitud, y yo le respondí, "Sí," y al oírlo, el pueblo se precipitó dentro de tal modo, que cuando entré en el recinto estaba tan atestado de gente, que tuve gran dificultad para introducirme en él; y los que no pudieron entrar se quedaron por fuera de los muros: cuando la gente estuvo sosegada me subí a una silla, y el Señor abrió mi boca para que yo declarase la verdad infinita, y su día eterno; y a poner en descubierto a sus maestros, con sus rudimentos, tradiciones, e invenciones, bajo los cuales ellos habían estado en la noche de la apostasía desde los días de los apóstoles. Yo los dirigí hacia Cristo su verdaero maestro, y hacia la verdadera adoración espiritual; mostrándoles dónde encontrar el espíritu y la verdad, para que ellos puedan adorar a Dios en ese lugar. Yo les expliqué las parábolas de Cristo, y los dirigí hacia el espíritu de Dios en sí mismos, el cual les abriría las escrituras. Yo les mostré cómo todos pueden llegar a conocer a su salvador, sentándose bajo sus enseñanzas, llegando a ser herederos del reino de Dios, y conociendo la voz de Dios y de Cristo, por la cual ellos pueden conocer a todos los falsos pastores y maestros bajo los cuales habían estado, y para reunirse con el verdadero pastor, sacerdote, obispo y profeta, Cristo Jesús, a quien Dios mandó a todos a oír.&lt;br /&gt;Y cuando les hube hablado, por cerca de tres horas, la palabra de vida, pasé por entre la gente, que se marchó muy contenta. De entre los que se quedaron, me siguió un profesante, ensalzándome y alabándome; pero sus palabras me hacían el efecto de un cardo silvestre, y finalmente, volviéndome hacia él, lo amonesté a que temiera al Señor, por lo que me dijo el sacerdote Larkham, de Cockermouth, pues varios sacerdotes se habían reunido por el camino y se acercaban a mí terminada la reunión. "Señor, ¿Por qué juzga así? Usted no debe juzgar." Y yo volviéndome a él, le repliqué. "Amigo, ¿No disciernes tú una exhortación de un juicio? Yo lo amonesté a que temiese a Dios y tú dices que yo lo juzgo." Y entrando en discusión con este sacerdote le manifesté que él estaba entre los falsos profetas y los asalariados, y, como varias personas se sintieran impelidas a hablarle, se marchó enseguida junto con otros dos. Luego que se fueron, Juan Wilkinson, predicador de esta parroquia y de otras dos parroquias más, en Cumberland, empezó a discutir por varias horas contra su propia conciencia, hasta que toda la gente se volvió contra él; y aunque pensó que me había cansado, el poder del Señor, antes lo cansó a él y la verdad del Señor fue sobre él y sobre todos. Muchos cientos se convencieron, llenos de júbilo, recibiendo aquel día al Señor Jesucristo, y también sus enseñanzas de gracia; algunos han muerto en la verdad y muchos continúan testigos fieles de ella. Los soldados también se convencieron así como sus mujeres, y continuaron conmigo hasta el Primer día.&lt;br /&gt;El Primer día, fui a la iglesia de Cumberland, donde vivía el sacerdote Larkman. Cuando él hubo terminado, yo empecé a hablar, y la gente empezó a mostrarse violenta, pero al decir los soldados que nosotros no habíamos faltado a la ley, se calmaron; y volviéndome hacia el sacerdote lo puse de manera manifiesta entre los falsos profetas y los asalariados; a cuya palabra el sacerdote, marchándose, dijo. "El me llama asalariado." Lo cual era absolutamente cierto y sabido de todo el mundo. En esto, algunos de los hombres importantes de la ciudad, se acercaron a mí, y dijeron. "Señor, no tenemos un hombre lo bastante preparado que discuta con usted." Y yo les respondí que no había venido a discutir, sino a mostrarles la senda de salvación, la senda de vida infinita. Largamente les mostré el camino de vida y verdad, dirigiéndolos a Jesucristo, su Maestro, que por ellos había muerto, habiéndolos rescatado con su sangre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando hube terminado, anduve unas dos millas de camino hasta Brigham, para ir a otra iglesia de Juan Wilkinson, situada en un campo donde la gente, que había asistido a la otra reunión, estaba muy afectada por la verdad, y querían poner mi caballo en el patio de la iglesia, pero yo les dije. "No, el sacerdote no quiere, llévenlo a una posada." Cuando entré en el patio de la iglesia, vi que la gente llegaba en grandes grupos, como a una feria, y abundancia se había ya reunido por las callejuelas, y cerca de la iglesia. En esto, tuve mucha sed, y anduve como un cuarto de milla, hasta un arroyo donde me refresqué bebiendo un poco de agua; y cuando volvía encontré al sacerdote Wilkinson, que, al pasar por mi lado, me dijo, "Señor, ¿Va hoy a predicar? Si quiere," continuó, "no me opondré, ni de palabra ni de pensamiento, a cuanto usted diga." Yo le repliqué, "Oponte si quieres, yo tengo que hablar a la gente, y," proseguí, "tú te comportaste sin juicio, hablando, el otro día, en contra de tu conciencia y de tu razón, de tal manera, que tus mismos feligreses protestaron de lo que decías." Y dicho esto, lo dejé, siguiendo él su camino, pues había comprendido que era en vano el oponerse, de tan afectados como estaban todos por la verdad del Señor. Cuando volví a entrar en el patio de la iglesia, se me acercó un profesante y me preguntó si no querría entrar en el templo del Señor (como él lo llamaba), y viendo yo que no había sitio más conveniente donde hablar, entré, y me subí a una silla, luego que todos estuvieron sosegados. El sacerdote también entró, mas no subió a su púlpito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;'El Señor abrió mi boca, y yo declaré su verdad eterna y su palabra de vida a la gente; dirigiéndolos al espíritu de Dios en sí mismos, por el cual ellos pueden conocer a Dios, a Cristo y las escrituras, y llegar a tener una comunión celestial en el espíritu. Yo les declaré que todo el que viene al mundo es iluminado por Cristo, la vida; y por esta luz ellos pueden ver sus pecados y a Cristo, quien había venido a salvarlos de sus pecados, y a morir por ellos. Y si ellos llegan a caminar en esta luz, dentro de ella ellos pueden ver a Cristo como el autor de su fe, el consumador de su fe, su pastor que los alimenta, su sacerdote que les enseña, su gran profeta que les revela los misterios divinos, y que siempre está presente con ellos. También les expliqué, en las revelaciones del Señor, el primer pacto, mostrándoles las figuras, y la sustancia de esas figuras; llevándolos a Cristo, el nuevo pacto. También les manifesté que ha habido una noche de apostasía desde el tiempo de los apóstoles; pero que ahora el evangelio enterno se predica otra vez, el cual trae la vida y la inmortalidad a la luz; y el día del Señor había venido, y Cristo había venido a enseñar a su pueblo él mismo por medio de su luz, gracia, poder y espíritu.' El Señor me dio una excelente oportunidad para predicar la verdad ese día por cerca de tres horas, y todos estaban en silencio. Muchos cientos de personas fueron convencidos; y algunos de ellos alabaron a Dios, y dijeron 'Ahora conocemos el primer paso a la paz.' El predicador también le dijo en privado a algunos de los de su congregación que yo los había quebrado y derrocado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de esto, fui a un pueblo, en compañía de mucha gente; y, estando sentado en una casa llena de gente, declarándoles la palabra de vida, puse mis ojos en una mujer y vi en ella un espíritu inmundo. Por voluntad del Señor, le hablé con severidad, diciéndole que era una bruja, y la mujer se marchó de la habitación. Ante esto, se quedaron todos maravillados, pues siendo forastero en aquel lugar no sabía nada de la vida de esta mujer, y luego me dijeron que había hecho un gran descubrimiento pues ya todos la tenían por bruja. El Señor me había dado poder espiritual de discernir, por el cual muchas veces comprendía los estados y condiciones de las personas, pudiendo juzgar sus espíritus. No mucho antes de esto, iba un día a una reunión, cuando, en un campo, vi a unas mujeres y adiviné que eran brujas; y sintiéndome dirigido a decírselo, dejé mi camino e internándome en el campo me acerqué a ellas y les declaré su condición de brujas. En otra ocasión, entró una mujer de estas en el Swarthmoor Hall mientras se celebraba una reunión, y sintiéndome dirigido a hablarle con severidad le dije que era una bruja, y después me dijeron, que, en general, por tal la tenían. Otra vez, entró en aquel mismo sitio otra mujer que se mantuvo alejada de mí, y poniendo mis ojos en ella, le dije, "Tú has sido una ramera," pues había visto perfectamente la condición y la vida de esta mujer. Entonces ella respondiéndome, dijo, que muchos podían decirle de sus pecados externos, mas nadie de sus pecados internos; a lo cual le repuse que su corazón no era recto ante el Señor, y que lo externo era reflejo de lo interno. Esta mujer se convenció más tarde de la verdad del Señor, convirtiéndose en Amiga.&lt;br /&gt;Desde el pueblo mencionado anteriormente nos fuimos a la casa de Tomás Bewley, cerca de Coldbeck. Tuve algunos servicios por el Señor en la casa de Tomás Bewley y de allí me pasé a un pueblo con un gran mercado, donde tuve una reunión en la cruz. Todo estuvo bastante pacífico y cuando yo les hube declarado la verdad a ellos y los hube dirigido a Cristo su maestro, algunos recibieron la verdad. Entonces nos fuimos más lejos, y tuvimos otra reunión en las fronteras en un patio de iglesia, a la cual vinieron muchos profesantes y contendientes; pero el poder del Señor estaba sobre todos; y cuando la palabra de vida había sido declarada entre ellos, algunos recibieron la verdad allí también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De este lugar, fuimos a Carlisle, y vino a verme a la abadía el pastor de los bautistas con la mayor parte de sus feligreses; celebramos una reunión, les declaré la palabra de vida y se convencieron muchos bautistas y soldados. Después de la reunión, el pastor de los bautistas, hombre carnal lleno de nociones, se acercó a mí y me preguntó qué era lo que se condenaría, y, obedeciendo a un impulso inmediato, le dije que lo que hablaba en él sería condenado; y surgiendo en él el testigo de Dios, se convenció.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces subí al castillo, junto con los soldados que estaban tocando el tambor, llamando a la guarnición que se reuniera. Les prediqué la verdad, encaminándolos a Jesucristo, para que él fuera su Maestro, y les hablé también de la magnitud de Su Espíritu en ellos, por el cual podían alejarse de la oscuridad a la luz, y del poder de Satanás para ir a Dios. Les advertí que no debían usar violencia con ningún hombre, sino dar pruebas de una vida cristiana, diciéndoles que Él, que sería su Maestro, los condenaría si le desobedecían. Luego los dejé no habiendo encontrado en ellos oposición alguna, excepto en los sargentos, que después también se convencieron.&lt;br /&gt;Llegó el día de mercado, y allá me fui, cuando en esto, los magistrados, que me habían amenazado, mandaron sus alguaciles, y, también las mujeres de los magistrados habían dicho que si jamás iba por allí me arrancarían los pelos de la cabeza, y que los alguaciles deberían de prenderme. No obstante, obedecí al Señor y me fui al mercado; allí les declaré que el día del Señor venía a cernirse sobre todos sus engaños, sus malas acciones y su mercancía fraudulenta, y, que aquel mismo día, debían de empezar a no decir más mentiras ni falsedades; a pronunciarse Sí o No, y a decirse siempre la verdad entre ellos; de esta manera les fue expuesta la Verdad y el poder de Dios. Luego que les hube hablado la palabra de vida, fue tal la muchedumbre de gente que me rodeó, que los alguaciles no pudieron acercárseme, ni tampoco las mujeres de los magistrados, pudiendo seguir tranquilamente mi camino. Mucha gente y soldados se acercaron a mí, y también algunos bautistas, que eran mordaces contendientes, y uno de sus diáconos, hombre viejo, al ver que el poder de Dios estaba por sobre todos ellos, se puso a gritar de verdadera cólera. En el poder del Señor, fijé en él mis ojos con severidad, y él gritó. "No me penetres con tus ojos, aparta de mí tus ojos."&lt;br /&gt;El Primer día siguiente fui a la iglesia, y luego que el sacerdote hubo terminado, prediqué al pueblo la verdad, y le declaré la palabra de vida. El sacerdote se marchó, y los magistrados estaban deseosos de que yo también saliera de la iglesia; mas yo continué mostrándoles el camino al Señor, y les dije que venía del Señor para hablarles la palabra de vida y salvación. El poder del Señor se manifestó terriblemente en la iglesia, de tal modo que la gente tembló y se estremeció y les pareció como si la iglesia también temblara, temiendo algunos que se desplomara sobre sus cabezas. Las mujeres de los magistrados, llenas de ira, se esforzaban con gran empeño en llegar hasta mí, pero los soldados y otros simpatizantes se lo impedían los soldados, los cuales formaban una muralla a mi alrededor. Finalmente, la gente grosera de la ciudad se sublevó, y entraron en la iglesia con tablillas y piedras, gritando, "Abajo con estos pícaros de cabeza rapada," y nos tiraron piedras. Ante esto el gobernador mandó a la iglesia una fila o dos de mosqueteros para que apaciguasen el tumulto, con orden de que hiciesen salir a los soldados. Y entonces estos soldados me tomaron de la mano amistosamente y me dijeron que querían que saliese con ellos. Cuando salimos a la calle, la ciudad estaba en un gran tumulto, y presentándose el gobernador, fueron encarcelados algunos de los soldados por haber estado conmigo, y por mí, en contra de la gente de la ciudad. Un teniente, que se había convencido, vino y me llevó a su casa donde se celebraba una reunión de bautistas, y viniendo también Amigos celebramos en paz una reunión. Oyeron con júbilo la palabra de vida y muchos la recibieron.&lt;br /&gt;Al día siguiente, reunidos los jueces y magistrados en el ayuntamiento, autorizaron un decreto en contra mía y me mandaron a buscar para que compareciese ante ellos. Esto supe, cuando me dirigía a casa de un bautista, y fui al ayuntamiento donde estaban muchas personas brutales, habiendo jurado algunas cosas extrañas y falsas en contra mía; y después de un largo interrogatorio me condenaron a prisión por blasfemo, hereje y seductor, a pesar de que en justicia no podían acusarme de tales cosas. Había en la cárcel de Carlisle dos carceleros, uno de categoría superior al otro, que tenían el aspecto de dos mastines. Cuando me llevaron a la cárcel, el carcelero jefe me hizo subir y me llevó a una gran habitación, y me dijo que allí podía tener cuanto quisiere; mas yo le respondí que de mí no tenía que esperar dinero alguno, porque ni me acostaría en ninguna de sus camas, ni comería ninguno de sus alimentos. Entonces me llevó a otra habitación donde, unos momentos después, conseguí algo sobre qué acostarme, y allí estuve hasta que llegaron las sesiones. Entonces fue cuando corrió el rumor de que iba a ser ahorcado. El primer alguacil, cuyo nombre era Wilfredo Lawson, incitaba a que me ejecutasen diciendo que él mismo me custodiaría para llevarme al suplicio. Estaban poseídos de una ira tenebrosa, y me pusieron tres mosqueteros que me guardasen, uno a la puerta de mi celda, otro al pie de la escalera, y un tercero a la puerta de la calle; no dejando que nadie viniese a verme, excepto, alguna vez, una sola persona que me trajese las cosas necesarias. Por la noche hacían subir sacerdotes, en muchedumbres, que me viniesen a ver, alguna vez tan tarde como a la décima hora, los cuales eran brutales y diabólicos en gran manera. Hubo un grupo de sacerdotes escoceses, presbiterianos, mordaces y llenos de envidia y de malicia, que de tan impura como era su boca, no debían de hablar de las cosas de Dios; mas el Señor me dio dominio sobre todos ellos y les hice ver así sus frutos como sus espíritus. También grandes damas y condesas, vinieron a ver al hombre que, según decían, iba a morir. En esto, mientras así el juez como los diputados y el alguacil estaban de acuerdo tramando como me llevarían a la muerte, el Señor frustró sus designios, por un camino inesperado, debido a que el secretario del juez (según me informaron) suscitó entre ellos una cuestión que produjo la confusión en todos sus consejos, de manera que después de esto no pudieron llamarme que compareciese ante los jueces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antonio Pearson, que entonces estaba en Carlisle, al ver que no tenían la intención de permitirme que, según se esperaba, asistiera al proceso, escribió una carta a los jueces, de la siguiente manera:&lt;br /&gt;A los jueces de los tribunales y las cárceles en las partes del norte, que se encuentran en Carlisle.&lt;br /&gt;Ustedes están en puestos elevados para que puedan hacer rectitud y justicia, y son enviados a castigar a los que hacen maldad, y a animar a los que hacen el bien, y a liberar a los oprimidos. Por lo tanto yo he sido inspirado para poner ante ustedes la condición de Jorge Fox, a quien los magistrados de esta ciudad han puesto en prisión por ciertas palabras que él ha sido acusado de haber dicho, las cuales ellos llaman blasfemia. Él fue enviado a prisión hasta ser entregado por medio del proceso correcto de la ley; y se esperaba que su caso fuera procesado de acuerdo a los procedimientos comunes de la ley en este tribunal. La información en contra de él fue entregada en la corte, y la ley permite y designa el tipo de juicio. Yo no les mencionaré ahora la manera dura y poco cristiana en la que él ha sido tratado hasta ahora; pero ustedes pueden considerar que nada de lo que él ha sido acusado hasta ahora es difícil de juzgar. Y, que yo sepa, él aborrece completamente y detesta cada opinión blasfema que la ley identifica como un acto digno de castigo. Y él difiere tanto de la gente contra la cual fue escrita la ley, como la luz de las tinieblas. Aunque él fue encerrado en la prisión, no ha sido llevado a corte para pasar por un juicio, ni se ha enfrentado a sus acusadores para que ellos puedan repetir sus acusaciones en su cara, de lo cual ellos ya lo han acusado; ni él ha oído acerca de los particulares de su acusación, ni parece que ninguna de las palabras con las cuales lo acusan se encuentran dentro de la ley. En realidad yo no he sido capaz de ver la información, ni siquiera en la corte, aunque la he solicitado tanto del secretario de los tribunales como del secretario del magistrado; ni tampoco él ha obtenido copias de ello. Esto es muy difícil; y el hecho que él esté bajo tal restricción, que ni sus amigos pueden hablar con él, yo no conozco ninguna ley ni razón para ello. Por lo tanto yo exijo para él una audiencia debida y legal ante el juez, y que él pueda obtener una copia de sus cargos, y la libertad de responder por sí mismo; y que sea en cambio ante usted, en vez de ser dejado con los gobernantes de esta ciudad, quienes no son jueces competentes para juzgar la blasfemia, como lo demuestra su orden judicial; ellos lo han encerrado por una ley del parlamento, y mencionan palabras que se supone que él dijo durante su interrogación, las cuales no aparecen en la ley, y las cuales él niega completamente. Él niega haber pronunciado las palabras mencionadas en la orden judicial, y ni las ha profesado ni confesado.&lt;br /&gt;Antonio Pearson&lt;br /&gt;A pesar de esta carta, los jueces continuaron resueltos a no permitir que me llevaran ante ellos, y difamándome y mofándose de mí, a mi espalda, me dejaron a merced de los magistrados de la ciudad, alentándolos tanto como pudieron para que ejercitasen su crueldad sobre mí. A consecuencia de esto (a pesar de que me habían puesto tan cerca de la casa del carcelero que a los Amigos no les era permitido visitarme, habiéndosele negado al coronel Benson y al juez Pearson que pudieran verme) al día siguiente, después que los jueces salieron de la ciudad, el carcelero recibió una orden, que fue cumplida, de que me bajara al calabozo y me metiera allí entre cuadrillas de merodeadores, ladrones y asesinos. Era este un lugar sucio y sórdido, donde hombres y mujeres convivían indecentemente, no habiendo siquiera una letrina, y los presos tan piojosos que una mujer casi murió comida de los piojos. Sin embargo, con todo y lo horrible de este lugar, los presos me amaron y se sometieron a mí, convenciéndose muchos de la verdad, como los publícanos y las rameras de antaño, de modo tal, que hubieran podido confundir a cualquier sacerdote que se acercara a las rejas con ánimo de discutir. Pero los carceleros eran muy crueles, y el subalterno abusaba mucho de mí y de los Amigos que venían a verme; pegando con un gran bastón, como si apaleara a un fardo de lana, a los Amigos que, a pesar de ello, se acercaban a mirar por la ventana para ver si me verían. Podía yo encaramarme a la reja, de donde algunas veces cogía mi comida, lo cual más de una vez, había irritado al carcelero, y en una ocasión, lleno de ira, pegándome con su garrote, gritaba. "Salte de la ventana," a pesar de que en aquel momento no estaba a la reja, sino bastante lejos de ella. Mientras me apaleaba yo me puse a cantar, en el poder del Señor, y como esto aun lo irritó más, se fue a buscar a un violinista y, trayéndolo a donde yo estaba, lo hizo tocar, creyendo que así me vejaba, pero mientras él tocaba, el infinito poder del Señor me impulsó a cantar y mi voz ahogando el sonido del violín hizo que el músico suspirando, dejase de tocar, y se marchase avergonzado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer del juez Benson vino a visitarme, por inspiración del Señor, y no comía otras viandas que las que comiera conmigo a la ventana del calabozo. También ella después fue encarcelada en York estando embarazada, por haberle hablado a un sacerdote; y la metieron en la cárcel sin permitirle que saliera cuando le llegó la hora del alumbramiento, por donde su hijo nació en la prisión. Era una mujer honesta y piadosa que continuó fiel a la verdad, hasta la hora de su muerte.&lt;br /&gt;Mientras yo estaba en Carlisle, en el calabozo, vino a verme un joven de unos dieciséis años, llamado Jaime Parnell; se convenció, y el Señor enseguida hizo de él un gran ministro de la Palabra, siendo muchos los que por él volvieron a Cristo, a pesar de lo poco que vivió; pues sucedió que viajando por Essex, en la obra de su ministerio, en el año de 1655, lo encerraron en el castillo de Colchester, donde pasó muchas penalidades y sufrimientos. Un carcelero cruel lo metió en un agujero horadado en el muro del castillo, llamado el horno, tan alto desde el suelo que tenía que subir a él por una escalera que, por ser seis pies demasiado corta, estaba después obligado a trepar de la escalera al agujero por una cuerda que estaba atada arriba. Cuando los Amigos querían echarle una cuerda con una cesta atada para que se subiera el alimento, el inhumano carcelero, no lo consentía, obligándolo a que bajara a buscar el cesto y después volviera a subir por la escalera corta y por la cuerda, lo que hizo por mucho tiempo, pues de no ser así hubiera muerto de hambre en su agujero; finalmente, como sus miembros estaban muy entorpecidos de estar siempre echado en aquel sitio, y que a pesar de ello estaba obligado a descender para subir algunos alimentos, aconteció que, subiendo un día por la escalera, con el cesto en una mano, fue con la otra a coger la cuerda, se le escapó y cayó desde muy alto sobre las piedras; y esta caída le causó tan grandes heridas en la cabeza y en los brazos, y todo su cuerpo quedó tan magullado que murió poco después. Cuando él había muerto, los profesantes impíos, para cubrir su crueldad, escribieron un libro acerca de él y dijeron que 'él había ayunado hasta la muerte', lo cual era una falsedad abominable, y fue mostrado que era de esta manera por otro libro, escrito en respuesta a aquel llamado 'La defensa del Cordero en contra de las mentiras'.&lt;br /&gt;Viendo en esto, que no me dejarían comparecer en la audiencia pública ni en el juicio, sentí la inspiración de mandar el escrito siguiente (a pesar de que antes había contestado ya, por escrito, a las acusaciones precisas que me hicieron cuando fue mi primer interrogatorio y encarcelamiento) desafiando públicamente a todos aquellos que negaban la verdad y me calumniaban por la espalda, para que compareciesen y sostuviesen su acusación.&lt;br /&gt;"Si alguien en Westmorland, o en Cumberland, o donde fuere, que profese el cristianismo y pretenda amar a Dios y a Cristo, no está de acuerdo concerniente a lo que yo, Jorge Fox, he dicho y declarado de las cosas de Dios; que publique su descontento por escrito, y no difamando por detrás ni mintiendo y persiguiendo en secreto. Esto les pido a todos en presencia de Dios viviente a quien responderán. Esto proclamo para exaltación de la verdad y confusión de la mentira, y hablo a aquello que de Dios haya en la conciencia de ustedes. Declaren o escriban su descontento a cualquiera de los que ustedes llamn cuáqueros, que así la verdad pueda ser exaltada y que todos puedan venir a la luz con la cual Cristo ilumina a todos los que vienen al mundo; que nada pueda quedar oculto en las tinieblas, en prisiones, en agujero o en rincones, sino que todas las cosas puedan ser traídas a la luz de Cristo y que en ella puedan ser probadas.&lt;br /&gt;Esto yo escribo, por inspiración del Señor, y lo envío para que se haga público en los mercados de Westmorland, y donde sea. Yo hablo a la luz de Cristo que hay en ustedes; que nadie puede hablar mal de las cosas de Dios que no conoce, ni tampoco hacer contrariamente a la luz que inspiró las Escrituras, por temor de que sea probado que ustedes luchan contra Dios, y que la mano del Señor se vuelva contra ustedes."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge Fox&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras estaba en el calabozo de Carlisle, el rumor que se levantó durante el tiempo de la sesión del tribunal de que yo sería condenado a muerte, se había extendido, de manera que sabiéndose en el pequeño parlamento, entonces reunido, que un hombre joven iba a morir en Carlisle por cuestiones de religión; esto hizo que se mandara una carta, concerniéndome, al alguacil y a los magistrados.&lt;br /&gt;Debido a la muerte de Jaime Parnell en la prisión, el parlamento estaba motivado a tratar de prevenir otra ocurrencia similar que pudiera estar por suceder a otro hombre joven en prisión por causa de la religión que se rumoreaba que las autoridades lo querían muerto; ese hombre era Jorge Fox, enviado a prisión por los magistrados quienes se jactaban de que él moriría allí. El siguiente pasaje es extraído del libro Valiente por la verdad de Ruth S. Murray:&lt;br /&gt;El pequeño parlamento llamado por Cromwell, consisitía en su mayor parte de miembros que él mismo había escojido, pero cuando este cuerpo supo que en Carlisle había un joven que había de morir por su religión, mandó a investigar el caso. Dos de los jueces que fueron favorables a Jorge Fox escribieron una carta a los magistrados, y el preso desde su calabozo retó a sus acusadores a sostener la acusación que contra él habían formulado. El gobernador visitó la cárcel, y viendo el estado pestilente del calabozo, censuró los magistrados por haber permitido tan cruel tratamiento, y mandó a poner al subalterno que había hecho sufrir a Jorge Fox, en el mismo calabozo en que tenía a éste. Poco después los que habían encarcelado a Jorge Fox, temiendo las consecuenias de su proceder, le pusieron en libertad y él siguió su tarea.&lt;br /&gt;Alrededor del mismo tiempo les escribí a los jueces en Carlisle, quienen me habían puesto en prisión, y habían perseguido a los Amigos siendo instigados por el sacerdote a causa de los diezmos, razonando de la siguiente manera acerca de la moderación de su conducta:&lt;br /&gt;Amigos, Tomás Craston y Cuthbert Stadholm,&lt;br /&gt;El ruido de ustedes lo han oído en Londres la gente sobria. ¡Qué encarcelamiento, qué amordazamiento, qué caos y qué manera de arruinar los bienes de las personas, han hecho ustedes en los últimos años! Ustedes obran como si nunca hubieran leído las escrituras, ¡o como si no les importaran! ¿Es este el fin de la religión de Carlisle? ¿Es este el fin del ministerio de ustedes? ¿Es este el fin de su iglesia y de su profesión de cristiandad? Ustedes la han llenado de vergüenza por causa de su insensatez, locura y celo ciego. ¿No fue siempre la obra de guías ciegos, guardias, líderes, y falsos profetas, el preparar guerra en contra de aquellos que quisieran proveer alimento para sus bocas? ¿No han sido ustedes los caballos de carga y verdugos de los sacerdotes? Cuando ellos los incitan a sacar la espada en contra del justo, ¿acaso ustedes no se van en contra del los que rehusan apoyar a los hipóctritas de los cuales testifican las escrituras? Pero aún así ustedes levantan sus manos impías, y llaman a Dios con sus labios contaminados, y prentenden ayunar, cuando están llenos de contiendas y debates. ¿Alguna vez su corazón ha ardido dentro de ustedes? ¿Alguna vez llegaron a cuestionar su condición? ¿Se han entregado completamente a hacer las concupiscencias del diablo para perseguir? ¿Dónde está el amor de ustedes por sus enemigos? ¿Dónde está su hospitalidad con los forasteros? ¿Dónde está el vencer el mal con el bien? ¿Dónde están sus maestros, quienes pueden callar la boca de los predicadores que predican por paga, que pueden convencer y conviertir a tales predicadores y a cualquiera que se les opone? ¿No tienen ustedes ministros del espíritu, no tienen soldados con armas espirituales, desplegando los colores de Cristo? En cambio ustedes tienen los colores del dragón, los del asesino, el brazo carnal del perseguidor, las armas de Caín, los sacerdotes principales que toman consejo, Judas y la multitud con espadas y tablas, la multitud de Sodoma enfurecida en contra de la casa de Lot, como los sacerdotes y príncipes estaban en contra de Jeremías, como el dragón, la bestia, y la gran ramera, y la iglesia falsa, la cual Juan vió que echaría a los justos en la prisión, los mataría y los perseguiría. ¿Las armas de quién llevan ustedes? ¿Acaso la iglesia falsa, la ramera, no hace mercancía del ganado, el grano, el vino y el aceite, aún con las mismas almas de los hombres? ¿No ha sucedido todo esto desde el momento en que la verdadera iglesia se fue al desierto? Lean Apocalipsis capítulo 12, junto con el capítulo 18: ¿no pueden leer y ver de qué espíritu son ustedes, y en qué abismo se encuentran ustedes? ¿No han deshonrado ustedes el lugar de la justicia y la autoridad? ¡Qué fue lo que hizo volver la espada de ustedes hacia atrás, como si fueran hombres locos, que son una alabanza para el maligno, y que prefieren ser un terror para lo bueno, con toda la fuerza y el poder para detener el camino de la justicia! ¿Ustedes piensan que el Señor no puede ver sus acciones? ¿A cuántos han ofendidos? ¿A cuántos han encarcelado, perseguido, y expulsado de sus sinagogas? ¿Son ustedes los que tienen que cumplir la profecía de Cristo en Mateo 23:34 y Juan 16:1-3? Lean las escrituras, vean lo diferente que son ustedes de los profetas, de Cristo y sus apóstoles, y qué semblante tienen ustedes, como el de aquellos que persiguieron los profetas, a Cristo y a sus apóstoles. Ustedes siguen los mismos pasos, luchando con carne y sangre, no con principados y potestades, y maldad espiritual. Los maestros de ustedes encarcelan y persiguen por cosas externas, siendo ustedes sus verdugos; y no se ha visto nada parecido en todas las naciones. El caos que se ha sucedido, la toma de la propiedad de las personas, al llevarse sus bueyes y ganado engordado, sus ovejas, su grano, su lana, y sus bienes; y al dárselos a los sacerdotes que no han hecho nada por ellos. Ustedes son más como los saqueadores que los ministros del evangelio. Ustedes toman propiedades de los Amigos, los llevan a corte, y los multan porque ellos rehúsan romper un mandamiento de Cristo; es decir, porque ellos no juran. De esa manera ustedes actúan en contra de aquellos que no levantan ni un dedo en contra de ustedes, y cuando ustedes están en contra de ellos, ustedes están en contra de Cristo. Pero ha resucitado aquel que peleará por la causa de ellos, y ustedes no se pueden esconder. Las obras de ustedes están bajo la luz, y el propósito del ministerio de ustedes se ve como realmente es, por ganancia. Ustedes han deshonrado la verdad, el evangelio; y ustedes son de los que los que toman dinero por él. Ustedes han perdido su gloria. Ustedes se han deshonrado a sí mismos. La persecución siempre ha sido ciega y loca. Lean lo que el apóstol Pablo dice de sí mismo cuando era Saúl en la misma naturaleza que ustedes. La exaltación y el orgullo, y el que ustedes se alaben a sí mismos, los ha traído a esto; el no ser humildes, el no hacer justicia, el no amar la misericordia. Cuando aquellos que han sido golpeados y magullados por el grupo de indecentes de ustedes (para quienes ustedes son una alabanza y un estímulo), han venido y han traído sus súplicas ante ustedes teniendo esperanza de justicia y de que ustedes preservaran y mantuvieran la paz; ustedes, sabiendo que ellos no pueden jurar, les exigieron que tomaran un juramento. Ésta ha sido la trampa y cubierta de ustedes para que ustedes puedan ser injustos con los justos; pero con estos medios ustedes siguen más allá para alentar a los que hacen el mal. ¡Pero el Señor ve sus corazones! Si ustedes no fueran hombres sin sentimientos, ustedes temerían y temblarían ante el Dios de toda la tierra; quien se ha levantado, y pondrá una mancha en la gloria de ustedes, estropeará su orgullo, desfigurará su belleza, y la pondrá en el polvo. Aunque por un tiempo ustedes se puedan hinchar de orgullo, glorificarse en su vergüenza, y hacer burla de los mensajeros de Dios quienes se han convertido en víctimas de ustedes por reprender el pecado en la puerta; ustedes sentirán la mano de Dios y sus juicios al final. Esto viene de un amante de la verdad, de la justicia, y de sus almas; pero que es un testigo en contra de los que hacen comercio con las palabras de los profetas, las de Cristo y las de los apóstoles, y se encuentran en los pasos de aquellos que persiguen la vida de los profetas, de Cristo y de los apóstoles; quien persigue a quienes no los apoyan, ponen comida en sus bocas, y les otorgan ganancias. Los diezmos estaban antes de la ley, y los diezmos estaban en la ley; pero los diezmos, desde los días de los apóstoles, han existido solamente desde que se levantó la iglesia falsa. Cristo, quien vino a terminar con la ley, a terminar con la guerra, redime a los hombres de sus décimas (1/10 de sus entradas eran necesarias), y de los otros nueve décimos también. Los redimidos del Señor reinarán sobre la tierra, y conocerán la elección que existía desde antes de la fundación del mundo. Desde los días de los apóstoles, los diezmos han sido exigidos por los papistas, y por aquellos que salieron de los apóstoles para ir al mundo; establecido por la iglesia falsa que comerciaba con la gente, desde que la verdadera iglesia se fue al desierto. Pero ahora viene el juicio en contra de la gran ramera; la bestia y el falso profeta (el antiguo dragón) serán tomados y echados en el fuego, y el Cordero y sus santos obtendrán la victoria. Ahora ha venido Cristo, quien hará guerra en justicia, y destruirá con la espada de su boca a todos estos inventores y sus invenciones que han sido establecidos desde los días de los apóstoles, desde que la iglesia verdadera se fue al desierto. Y el evangelio eterno, el cual es el poder de Dios, será predicado otra vez a todas las naciones, tribus y lenguas, en este día del Cordero; ante quien ustedes aparecerán en el juicio. Ustedes no tienen forma de escapar. Porque ha aparecido aquel que el el primero y el último, el Alfa y el Omega: el que estaba muerto vive otra vez, ¡y vive para siempre!&lt;br /&gt;Mencioné anteriormente que Gervasio Benson y Antonio Pearson, aunque ellos eran jueces de paz, no se les permitía que vinieran a verme en la prisión; por lo cual ellos juntos escribieron una carta a los magistrados, sacerdotes, y la gente de Carlisle, con respecto a mi encarcelamiento, de la siguiente forma:&lt;br /&gt;Aquel que se llama Jorge Fox, quien es perseguido por los gobernantes y magistrados, por los jueces, sacerdotes, y por la gente, y quien sufre el encarcelamiento de su cuerpo en estos momentos como si fuera un blasfemo, un hereje, y un seductor, de él testificamos, (ya que en la misma medida somos hechos partícipes de la misma vida que vive en él), de que es un ministro de la palabra eterna de Dios, por medio de quien el evangelio eterno es predicado; por esta poderosa predicación el Padre eterno de los santos ha abierto los ojos ciegos, ha destapado los oídos sordos, ha dejado libre a los oprimidos, y ha levantado a los muertos de las tumbas. Cristo ahora es predicado entre los santos, así como siempre ha sido; y debido a que su imagen celestial es elevada en éste su siervo fiel, el hombre caído (gobernantes, sacerdotes y la gente) lo persigue. Debido a que él vive fuera de la caída, y testifica en contra de las obras del mundo que los actos del mundo son impíos, él sufre por causa de ustedes, magistrados, pero no como un hacedor del mal. Así fue siempre donde quiera que la semilla de Dios era prisionera bajo la naturaleza maldecida, esa naturaleza buscaba encarcelar aquellos en quienes surgía. El Señor hará que él sea para ustedes como una piedra molesta; porque la espada del espíritu del Todopoderoso es puesta en las manos de los santos, la cual herirá a todos los impíos; y no será levantada hasta que haya cortado a todos los jueces corruptos, magistrados, sacerdotes y profesantes; hasta que él haya permitido que su acto maravilloso suceda en la tierra, lo cual es hacer cielos nuevos y tierra nuva, donde morará la justicia; lo cual ahora él está a punto de hacer. Por lo tanto teman al Señor Dios Todopoderoso ustedes jueces, magistrados, comandantes, sacerdotes, y personas; ustedes que olvidan a Dios, de repente vendrá el Señor y los destruirá con una destrucción completa, y echará sus nombres fuera de la tierra, y restaurará a su pueblo como jueces así como era en el principio, y a los consejeros como era al comienzo. Y todos los perseguidores tomarán parte en las plagas de la ramera, quien ha emborrachado a los reyes de la tierra y a los hombres grandes con el vino de sus fornicaciones, y ha bebido la sangre de los santos; y por lo tanto ustedes tomarán parte de sus plagas. A nosotros no se nos permite ver a nuestro amigo en la prisión, a quien nosotros testificamos que es un mensajero del Dios viviente. Ahora, pueblos todos, piensen si esto está de acuerdo a la ley, o si viene de la voluntad maligna, perversa, y envidiosa de los gobernantes y magistrados, quienes son de la misma generación que persiguió a Jesucristo: porque él dijo "como ellos me han hecho a mí, así harán con ustedes". Y así como él tomó el amor, la bondad y el servicio que fue mostrado y obrado en cualquiera de sus afligidos en sus sufrimientos, y en la angustia, como si fuera hecho a él; así las heridas y las ofensas que han sido hechas por cualquiera a cualquiera de sus más pequeños, él lo resintió como si se le hubiera hecho a él también. Por lo tanto ustedes, que están tan lejos de visitarlo a él ustedes mismos en su siervo sufriente que ustedes no permiten que sus hermanos lo visiten, ustedes se deben ir, obradores de iniquidad, al lago que arde con fuego. El Señor viene pronto a trillar las montañas, y las golpeará hasta que se conviertan en polvo; y todos los gobernantes corruptos, los oficiales corruptos, las leyes corruptas, el Señor se vengará con ellos, por medio de quienes las conciencias delicadas de su pueblo son oprimidas. Él le dará a su pueblo su ley, y juzgará a su pueblo él mismo, no de acuerdo a la vista de los ojos y a lo escuchado por los oídos, sino que con justicia y equidad. Ahora sus corazones son hechos manifiestos de que están llenos de envidia en contra de la verdad viviente de Dios, la cual es hecha manifiesta a su pueblo, quienes son condenados y despreciados por el mundo, y son llamados cuáqueros de manera desdeñosa. Ustedes son peores que los paganos que encarcelaron a Pablo, porque a ninguno de sus amigos o conocidos se les impidió que vinieran a él: por lo tanto ellos serán testigos en contra de ustedes. Ustedes son mostrados ante los santos que son de la misma generación que le quitó la vida a Cristo, y que puso al apóstol en la prisión, con el mismo pretexto bajo el cual ustedes actúan; al llamar error a la verdad, y blasfemos a los ministros de Dios, como lo hicieron ellos. Pero el día terrible y espantoso vendrá sobre ustedes, magistrados, sacerdotes y pueblo maligno, que profesan la verdad en palabras externas, y sin embargo persiguen el poder de la verdad en aquellos que están de pie en la verdad y por la verdad. Mientras que ustedes tengan tiempo, aprécienlo, y recuerden lo que está escrito en Isaías 14:17.&lt;br /&gt;GERVASIO BENSON,&lt;br /&gt;ANTONIO PEARSON.&lt;br /&gt;No mucho después de esto, el poder del Señor descendió sobre los jueces, haciendo que me pusieran en libertad. Mas poco antes, el gobernador y Antonio Pearson bajaron al calabozo, para ver el sitio donde me habían tenido y darse cuenta del trato que me habían dado; y encontraron tan malo aquel sitio y su hedor tan nauseabundo que no pudieron menos que avergonzar a los magistrados por haber consentido al carcelero que hiciera tales cosas. Estando en el calabozo, llamaron a los carceleros y les requirieron a que encontrasen garantía de su buena conducta; y al carcelero subalterno, que había sido tan cruel, lo metieron en el calabozo conmigo, entre los delincuentes.&lt;br /&gt;Después que fui puesto en libertad me fui a la casa de Tomás Bewley, donde un maestro bautista vino a oponerse a mí; quien fue convencido. Estando Roberto Widders conmigo fue inspirado a ir a la iglesia de Coldbeck, y el maestro bautista lo acompañó ese mismo día. El pueblo cayó sobre él, casi mató a Roberto Widders, y tomó la espada del bautista de él y lo golpeó gravemente. Este bautista recibió la herencia de una usurpación de diezmos, y se fue a su casa y la dejó atrás libremente. Roberto Widders fue enviado a la cárcel de Carlisle, donde después de estar por un corto tiempo fue puesto en libertad. William Dewsbury también se fue a una iglesia de por ahí cerca, y la gente casi lo mató de lo mucho que lo golpearon; pero el poder del Señor estaba sobre todos y los sanó otra vez. En ese día muchos Amigos fueron a las iglesias a declarar la verdad a los sacerdotes y a la gente; y ellos sufrieron grandemente, pero el poder del Señor los sostuvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después me fui al campo y tuve reuniones muy poderosas. El evangelio eterno y la palabra de vida florecieron; miles se entregron al Señor Jesucriso y a sus enseñanzas. Varios de los que habían tomado los diezmos como si fuera su derecho decidieron no recibirlos más, y se los entregaron libremente a los feligreses. Al pasar por Westmoreland tuve muchas magníficas reuniones. En Stricklandhead tuve una gran reunión, donde vino Henry Draper, un juez de paz de Bishoprick, y muchos contendientes estuvieron allí. Los sacerdotes y los magistrados estaban muy furiosos conmigo en Westmoreland, y tenían una orden de arresto en contra mía; la cual ellos renovaban de tanto en tanto. Sin embargo el Señor no permitió que ellos me la entregaran. Yo viajé entre Amigos, visitando reuniones hasta que llegué a Swarthmore, donde escuché que los bautistas y profesantes en Escocia me habían mandado a decir que tendrían una disputa conmigo. Yo les envié un mensaje de que me reuniría con ellos en Cumberland en la casa de Tomás Bewley, donde fui como corresponde, pero ninguno de ellos vino. Pasé por algunos peligros en mis viajes durante este tiempo. Al pasar por Wigton en un día de mercado, la gente de la ciudad habían puesto una guardia con horcas, y aunque algunos de sus propios vecinos estaban con nosotros, nos mantuvieron fuera de la ciudad y no nos dejaban pasar por ella, bajo el pretexto de prevenir que entrara la enfermedad, para la cual no había ni la menor oportunidad. Sin embargo, ellos cayeron sobre nosotros, y casi nos hirieron a nosotros y a nuestros caballos: pero el Señor se los impidió de manera que ellos no nos hirieron demasiado; y nos fuimos de allí. En otra ocasión, cuando íbamos pasando entre las dos casas de los Amigos, unos tipos groseros estaban esperando en un sendero, y nos apedrearon y nos abusaron extremadamente; pero al final, por medio de la ayuda de Dios, pasamos a través de ellos, y salimos sin heridas serias. Pero esto puso al descubierto los frutos de las enseñanzas de los sacerdotes, los cuales avergonzaron su profesión de cristiandad.&lt;br /&gt;Después de que hube visitado Amigos en esa comarca, me fui a Bishoprick, teniendo grandes reuniones por el camino. Tuve una gran reunión en la casa de Antonio Pearson, donde muchos fueron convencidos. De ahí me fui por Northumberland a Derwentwater, donde tuvimos grandes reuniones; y los sacerdotes me amenazaron que ellos vendrían, pero ninguno vino. La palabra eterna de vida fue predicada libremente, y recibida libremente; cientos se acercaron a Cristo, su maestro.&lt;br /&gt;En Northumberland muchos vinieron a discutir. Algunos alegaron en contra de la perfección; a quienes declaré 'que Adán y Eva eran perfectos antes de la caída: y todo lo que Dios hizo era perfecto; y que la imperfección vino por el diablo y la caída: pero Cristo, quien vino a destruir el diablo, dijo: "Sed perfectos". Uno de los profesantes sostuvo que Job dijo: '¿Será el hombre mortal más puro que su Creador? Los cielos no están limpios a su vista. Y notó necedad en sus ángeles'. Yo le enseñé su error, y le hice ver 'que no fue Job el que lo dijo, sino uno de los que contendían con él; porque Job representaba la perfección, y mantuvo su integridad; y ellos fueron llamados consoladores miserables'. Estos profesantes dijeron: el cuerpo externo era el cuerpo de la muerte y el pecado. Yo les mostré su error en eso también, mostrándoles 'que Adán y Eva ambos tenían un cuerpo externo, antes que el cuerpo de muerte y pecado entrara en ellos; y que el hombre y la mujer tendrán cuerpos externos [aquí en la tierra] cuando el cuerpo de pecado y muerte sea quitado otra vez; cuando ellos sean renovados otra vez a la imagen de Dios por medio de Cristo Jesús, en la cual estaban antes de la caída'. Ellos cesaron de oponerse en ese momento, y tuvimos reuniones gloriosas en el poder del Señor.&lt;br /&gt;Entonces nos fuimos a Hexam, donde tuvimo una gran reunión arriba de una colina. El sacerdote nos amenazó que él vendría y se opondría a nosotros, pero no vino; de manera que todo estuvo calmado: y el día eterno y la renombrada verdad del Dios viviente fue anunciada en esas comarcas oscuras, y su Hijo fue exaltado sobre todo. Fue proclamado entre la gente que el día había llegado, donde todos los que hicieran una profesión del Hijo de Dios, lo podrían recibir; y que a los que lo recibieran, él les daría postestad de llegar a ser hijos de Dios, como él lo había hecho conmigo. Además fue declarado, 'que el que tiene al Hijo de Dios, tiene la vida eterna; pero el que no tiene al Hijo de Dios (aunque profesara todas las escrituras, desde el principio de Génesis hasta el fin del Apocalípsis) no tiene la vida.' De manera que después que todos fueron dirigidos a la luz de Cristo, por la cual ellos lo podrían ver, recibir, y saber dónde estaba su verdadero maestro, y la verdad eterna había sido declarada en gran parte entre ellos, pasamos por Hexam pacíficamente, y llegamos a Gilsland, una comarca conocida por los robos y los ladrones.&lt;br /&gt;Allí un Amigo vio al sacerdote y fue a hablar con él, y él vino a nuestra posada, donde la gente del pueblo se había reunido alrededor de nosotros. El sacerdote dijo que él probaría con la Biblia que éramos engañadores, pero no pudo encontrar ninguna escritura para este propósito. Entonces él se fue a la posada, y después de un rato salió otra vez, y trajo algunas frases entrecortadas de las escrituras que mencionaban las doctrinas y mandamientos de los hombres, como por ejemplo "y no toques, no gustes, cosas que se destruyen con el uso". Todo lo cual, ¡pobre hombre!, estaba en su propia condición; porque en nuestra condición, nosotros fuimos perseguidos porque no quisimos gustar, ni tocar, ni manejar sus doctrinas y tradiciones las cuales sabíamos que serían destruídas con el uso. Yo le pregunté, cómo llamaba él a la iglesia. 'Oh,' dijo él, 'La casa espantosa de Dios, el templo de Dios.' Yo le mostré, y a la pobre gente que estaba en las tinieblas, 'que sus cuerpos deberían ser templos de Dios, y que Cristo nunca mandó a hacer esos otros templos, sino que terminó con ese templo en Jerusalén el cual Dios había mandado a hacer'. Mientras yo estaba hablando, el sacerdote se fue; y después la gente actuó como si ellos temieran que les tomaríamos sus carteras, o que les robaríamos sus caballos; juzgándonos a nosotros como a ellos mismos, ya que ellos eran naturalmente inclinados a robar.&lt;br /&gt;Volvimos, cruzando el país, a Cumberland, donde en la cima de una montaña, cerca de Langlands, celebramos una reunión general de varios miles de personas. Reunión que fue gloriosa y celestial, brillando la gloria del Señor sobre todos; y era tal la multitud, que uno podía hablar a tantos como buenamente le era posible. Fijos sus ojos en Cristo, su Maestro, allí vinieron a sentarse bajo Su vid, de modo tal, que cuando más tarde Francisco Hogwill fue a visitarlos, encontró que no necesitaban de palabras, por estar reunidos bajo su Maestro, Jesucristo, y él también se sentó entre ellos, sin decir nada. Grande fue el convencimiento en Cumberland, Bishoprick, Northumberland, Westmorland, Lancashire y Yorkshire; y descendiendo la lluvia divina, las plantas del Señor crecieron y dieron flores, brillando sobre todo la gloria del Señor, de tal manera, que muchas bocas abrió el Señor en alabanza Suya; y también a niños y a niños de teta les dio El fuerza.&lt;br /&gt;Luego que hube salido de la prisión de Carlisle, (nota: el texto a continuación que está en sangría fue omitido bajo la instrucción de un comité cuáquero de supervisión, llamado la Reunión Matinal, por Tomás Elwood, el editor oficial del Diario de Fox, pero curiosamente se encuentra en la seriamente abreviada versión de Penney, el Diario corto, escrito por Fox en la prisió de Lancaster y traducido ampliamente a varios lenguajes. Esto es parte de la aparente conspiración entre los cuáqueros para minimizar los milagros de Jorge Fox, que de manera extraña fue posiblemente alentado por los comentarios del mismo Fox: nosotros no nos gloriamos en tales cosas, sino que muchas cosas tales fueron hechas por el poder de Cristo. Esta minimización aún resultó en la pérdida de un manuscrito titulado Un libro de Milagros, el cual nunca fue publicado, aunque Fox dejó fondos e instrucciones en su testamento para su publicación. En este Diario, Elmwood omitió muchos otros milagros de Jorge Fox que fueron incluidos en el Diario de Cambridge, el cual es difícil de encontrar. Existe incluso un libro impreso acerca de este tema, titulado 'El libro de Milagros' de Jorge Fox, el cual reconstuye muchos milagros de varias fuentes, pero que en verdad es una pequeña muestra de lo que ocurrió en realidad. Aparentemente el registro de los muchos milagros fue suprimido por temor a que las generaciones posteriores, al dudar los milagros, dudarían el mensaje de verdad).&lt;br /&gt;fui a la cámara de la abadía y allí entró una mujer loca que, algunas veces, se ponía muy furiosa; y cayendo sobre sus rodillas se puso a gritar. "Quítese el sombrero de gracia, la gracia cuelga de tu cuello," y de tal modo el poder del Señor pasó a través de toda ella, que se dio cuenta de su estado y luego se lo confesó a los Amigos.&lt;br /&gt;Y fui a otro lugar, en Cumberland, donde una mujer casada estaba perturbada y tan furiosa que algunas veces había intentado matar a sus hijos y a su marido; mas por voluntad del Señor, fui a hablarle y, cayendo sobre sus rodillas desnudas, dijo que andaría sobre sus rodillas desnudas si pudiera venir conmigo; y el poder del Señor hizo en ella su obra, marchándose curada a su casa.&lt;br /&gt;Estando en Bishoprick, me trajeron a otra mujer, que un hombre llevaba atada tras él, la cual no podía hablar ni comer, estando así desde hace bastante tiempo. Me la trajeron a casa de Antonio Pearson, y, por voluntad del Señor, yo le hablé y ella comió y habló y se puso bien, y se fue detrás de su marido sin que la obligaran, marchándose completamente curada.&lt;br /&gt;Saliendo una vez de Cumberland, en compañía de la joven Margarita Fell y de Guillermo Caton, fuimos a Hawkshead y entramos a descansar en casa de un Amigo. Como hacía un tiempo muy frío, nos sentamos y la criada nos encendió el fuego, pues su amo y su señora estaban en el mercado. Estaba allí, acostado en una cuna, que estaban meciendo, un muchacho que tendría unos doce años y no había crecido más que el doble desde que nació; puse mis ojos en el muchacho y viendo que estaba sucio pedí a la joven que le lavara la cara y las manos y que lo levantara y me lo trajera; me lo trajo y le pedí que se lo llevara y lo volviera a lavar pues no lo había dejado bien limpio. Entonces, por inspiración del Señor, puse mis manos sobre él, le hablé, y amonesté a la joven a que lo vistiera y luego nos marchamos.&lt;br /&gt;Algún tiempo después, llamé a esta casa y encontré a su madre, pero no me detuve, "¡Oh! ¡Quédese!" dijo, "y celebre una reunión en nuestra casa, pues todo el país se ha convencido a causa del gran milagro que usted hizo en mi hijo, que ya habíamos llevado a los manantiales y a los baños, y todos los doctores lo habían desahuciado; y su abuelo y su padre tenían gran temor de que muriera, extinguiéndose su nombre con él pues no tenemos más que este hijo; pero luego que usted se marchó," continuó, 'cuando volvimos a casa, encontramos a nuestro hijo jugando por las calles, por consiguiente," añadió, "todo el país vendrá a oírlo," de querer yo volver y celebrar allí una reunión; lo cual aconteció tres años después de haberme ella dicho esto; el mozo estaba crecido y convertido en un joven hecho y derecho. ¡Alabanzas sean dadas al Señor!&lt;br /&gt;En Cumberland, fui inspirado a ir a la iglesia del sacerdote Wilkinson otra vez; y habiendo entrado antes que él, cuando él llegó, yo le estaba declarando la verdad a la gente, aunque sólo había unos pocos; porque la mayoría y los mejores de sus oyentes se habían ido hacia las enseñanzas gratuitas de Cristo; y tuvimos una reunión de Amigos por ahí cerca, donde Tomás Stubbs estaba declarando la palabra de vida entre ellos. Tan pronto como entró el sacerdote, él se opuso a mí: y allí nos estuvimos la mayor parte del día; porque cuando yo comencé, él se opuso a mí; de manera que si se quebrantó alguna ley, él la quebrantó. Cuando su gente me estaba arrastrando hacia afuera, yo manifesté que sus frutos eran como los que Cristo había hablado, cuando dijo: 'Ellos los expulsarán de sus sinagogas'; entonces él se avergonzó, y ellos me soltaron. Él estuvo allí hasta que ya era casi de noche, discutiendo y oponiéndose a mí; y no quiso ir a cenar, porque pensó que así me cansaría. Pero al fin el poder y la verdad del Señor vinieron sobre él de tal manera que dejó a su gente. Cuando se había ido, yo me fui a la reunión de los Amigos, quienes se habían acercado al Señor, y estaban establecidos por su poder en Cristo, la roca y el fundamento de los verdaderos profetas y apóstoles.&lt;br /&gt;Discusiones con Sacerdotes y Eclesiásticos 1653-1654&lt;br /&gt;En esta época, empezaron los eclesiásticos y sacerdotes a profetizar de nuevo en contra nuestra. Habían ya dicho, mucho antes, que todos seríamos destruidos antes de un mes, después prolongaron el plazo hasta medio año; pero como también este plazo hacía ya mucho que había expirado, habiendo nosotros aumentado mucho en número, entonces proclamaron que nos devoraríamos mutuamente. Esto debido a que muchas veces, después de las reuniones, sucedía que personas piadosas que tenían mucho camino que andar, se albergaban, de paso, en casa de Amigos, y más de una vez se dio el caso de que fueron más las personas que las camas y algunos tuvieron que dormir sobre montones de paja, y por todo esto, el temor de Caín poseyó a los eclesiásticos y a las gentes del mundo, que temían que cuando nos hubiésemos devorado, acabaríamos por tener que ser mantenidos por las parroquias, siéndoles una carga.&lt;br /&gt;Mas pasando el tiempo, cuando vieron que el Señor bendecía y aumentaba a los Amigos, igual que con Abraham, así en el campo como en la canasta, en sus idas y en sus venidas, cuando se levantaban y cuando se acostaban, y que todo les prosperaba; vieron entonces lo falso de sus profecías en contra nuestra; y que era en vano maldecir lo que de Dios era bendito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio de las conversiones, cuando los Amigos no se quitaban el sombrero ante nadie, ni trataban de usted a las gentes, sino de tú, ni usaban de reverencias y lisonjas cuando saludaban, ni adoptaban las modas y usos del mundo; muchos de los Amigos que eran comerciantes diversos, perdieron al principio sus clientes; pues la gente se apartaba no queriendo tener tratos con ellos, de manera que hubo un tiempo en que algunos Amigos apenas ganaban dinero con que comprar un pedazo de pan. Pero después, cuando la gente se dio cuenta de la honestidad y sinceridad de los Amigos, viendo que su Sí era Sí y su No era No, que en sus tratos no faltaban a su palabra, ni los engatusaban y engañaban sino que si mandaban a un niño a comprar algo a sus tiendas era como si fueran ellos mismos; el ejemplo de la vida que llevaban los Amigos y de su comercio, habló por ellos, y habló al testigo de Dios que existe dentro de todo hombre y, entonces, las cosas cambiaron de tal manera, que todo era decir, "¿Hay por aquí algún pañero, sastre o zapatero, o cualquier otra clase de mercader que sea cuáquero?" y ello fue que los Amigos tuvieron más comercio que la mayoría de sus vecinos y donde había algún comercio ellos tenían la mayor parte. Ante esto, los eclesiásticos envidiosos cambiaron su estribillo y empezaron a clamar, "Si dejamos en paz a estos cuáqueros nos quitarán de las manos el comercio de toda la nación." Esta prosperidad era la obra de Dios para su pueblo y por su pueblo. Y mi deseo es que todos los que profesan su santa verdad puedan ser mantenidos verdaderamente sensibles a ella; y que todos puedan ser preservados en y por su poder y su espíritu, fieles a Dios y al hombre. Fieles primero a Dios al obedecerle en todas las cosas; y después hacer con todos los hombres aquello que es justo y recto, en todas las cosas que tienen que hacer con ellos o lidiar con ellos; para que el Señor Dios pueda ser glorificado en su práctica de la verdad, santidad y justicia entre la gente, en sus vidas y sus conversaciones.&lt;br /&gt;Ya que los Amigos habían llegado a ser muy numerosos en las partes del norte de esta nación, y varios de los jóvenes que estaban convencidos venían diariamente a nosotros, fui inspirado por el Señor a escribir la siguiente epístola, y a enviarla entre ellos, para despertar las mentes puras, y hacer surgir un cuidado y una vigilancia santa en ellos sobre sí mismos, y los unos con los otros, para el honor de la verdad.&lt;br /&gt;*A todos ustedes, Amigos en todas partes, esparcidos en el exterior.&lt;br /&gt;En la medida de la vida de Dios esperen la sabiduría de Dios, la cual proviene de él. Y todos ustedes, que son hijos de Dios, esperen el alimento viviente del Dios viviente para ser alimentados para vida eterna por la fuente de donde proviene la vida. De manera que todos ustedes puedan ser guiados y puedan caminar en orden; los sirvientes en su lugares, los muchachos y las muchachas en sus lugares, y los que son cabeza de familia; que todos, en sus respectivos lugares, puedan adornar la verdad en la medida de ella. Con ella dejen que sus mentes se mantengan en el Señor Jesús, de quien proviene; para que ustedes puedan ser un sabor dulce para Dios, y en sabiduría ustedes puedan ser ordenados y gobernados; para que puedan ser corona y gloria los unos a los otros en el Señor. Y para que no aparezca ninguna contienda, amargura o voluntad propia entre ustedes; sino que todo lo que pueda ser condenado con la luz en la cual se encuentra la unidad. Y que todos, en unidad, puedan asegurar y cuidar el orden y el gobierno de sus propias familias. Para que sus familias puedan ser gobernadas en justicia y sabiduría. Que el temor y el terror del Señor pueda residir en el corazón de cada uno. Espero que todos puedan llegar a recibir los secretos del Señor. Espero que ustedes puedan llegar a ser mayordomos de su gracia; para repartirla a todos de acuerdo con su necesidad. Y que de esa manera ustedes puedan ser mantenidos en el sabor y el discernimiento correcto; que nada contrario a la vida pura de Dios sea introducido en ustedes, o entre ustedes; sino que todo lo que es contrario a ella pueda ser juzgado. Para que todos ustedes puedan vivir en la luz, en la vida y en el amor; y que todo lo que es contrario a la luz, la vida y el amor pueda ser traído a juicio, y pueda ser condenado por esa luz. Y que no haya árboles sin fruto entre ustedes; sino que todos sean cortados, condenados por la luz, y echados al fuego; que todos puedan llevar y producir frutos para Dios, y puedan crecer fructíferos en su conocimiento y en su sabiduría. Y que ninguno pueda aparecer en palabras más allá de lo que son en la vida que nos dio las palabras. Así ninguno será como los inoportunos higos; ninguno será como esos árboles que producen frutos que se marchitan; los tales se van por el camino de Caín, alejándose de la luz; y por ella son condenados. Que ninguo de ustedes haga alarde de sí mismo por encima de su medida; si lo hacen, ustedes estarán excluídos del reino de Dios; porque el hacer alarde aumenta el orgullo y la contienda, las cuales son contrarias a la luz que lleva al reino de Dios; mientras que la luz nos da una entrada el reino y un entendmiento de las cosas que pertenecen al reino. En el reino todos reciben la luz y la vida del hombre, y reciben a aquel que existía antes de la fundación del mundo, y por quien todas las cosas fueron hechas; quien es la justicia de Dios, y su sabiduría. A quien pertenecen toda la gloria, el honor, el agradecimiento, y la alabanza - quien es Dios, bendito para siempre. No dejen que se haga ni imagen ni semejanza; sino que esperen en la luz, la cual traerá condenación a esa parte que preferiría hacer imágenes; porque aquello que hace las imágenes encarcela a los justos. No cedan a los deseos de los ojos o los deseos de la carne; porque la vanagloria de la vida permanece en los desos los cuales mantienen fuera el amor del Padre; y con el orgullo permanecen sus juicios y su ira, donde el amor del mundo es buscado, y una corona mortal es buscada. En este terreno entra la maldad, la cual es maldecida; la cual trae zarzas y espinas, donde reina la muerte y la tribulación y la angustia están sobre cada alma, y se oye la lengua egipcia; todo lo cual es condenado por la luz. Allí está el mundo, el cual debe ser eliminado. El mundo se ve por medio de la luz, y el mundo es eliminado por el poder, y es sacudido fuera de lugar; a lo cual los truenos hacen sonar sus voces, antes que los misterios de Dios sean abiertos, y Jesús sea revelado. Por lo tanto todos ustedes, quienes han acercado sus mentes a esta luz, esperen en el Señor Jesús por esa corona que es inmortal, la cual no se desvancece.&lt;br /&gt;Jorge Fox&lt;br /&gt;Como los Amigos estaban por el Norte del país, un cierto sacerdote de Wrexham, en Gales, llamado Floyd, que oyó hablar de nosotros, mandó al Norte a dos de sus predicadores para que se enterasen de quienes éramos, nos probaran y luego volvieran a contárselo. Pero cuando éstos, que nos venían a probar, se nos reunieron, se apoderó de ellos el poder de Dios y se convencieron de la verdad. Quedaron con nosotros algún tiempo, regresando después a Gales, donde más tarde uno se apartó de la verdad, mas no así el otro, cuyo nombre era Juan, que viviendo en ella recibió su parte en el ministerio al cual se mantuvo fiel.&lt;br /&gt;Entonces los sacerdotes llegaron a estar muy preocupados en Newcastle, Kendal, y en la mayoríade los condados del norte. Un hombre llamado Gilpin a veces se había reunido con nosotros en Kendal. Poco después que él se había alejado de la verdad para ir a las vanas imaginaciones, y los sacerdotes lo usaron en contra nosotros de cualquier manera impía en que pudieron; pero el poder del Señor los confundió a todos. Y el Señor Dios cortó a dos de esos jueces perseguidores en Carlisle; después de un tiempo el tercer juez fue sacado de su lugar y se fue de la ciudad.&lt;br /&gt;Alrededor de este tiempo el juramento de compromiso a Oliverio Cromwell fue ofrecido a los soldados; mucho de los cuales se desunieron, porque no podían jurar en obediencia a Cristo: uno de los soldados era Juan Stubbs quien se convenció cuando yo estuve en la prisión de Carlisle. El llegó a ser un buen soldado en la guerra del Cordero, y un ministro fiel de Cristo Jesús; viajando mucho en el servicio del Señor en Holanda, Irlanda, Escocia, Italia, Egipto y America. Y el poder del Señor lo preservó fuera de las manos de los papistas, aunque hubieron muchas ocasiones en que estuvo en gran peligro por causa de la inquisición. Pero algunos de los soldados habían sido convencidos en su juicio pero no habían venido a la obeciencia, y ellos tomaron el juramento de Cromwell. Después, camino a Escocia, ellos se acercaron a una guarnición que estaba allí. La guarnición les disparó, pensando que ellos eran enemigos, y muchos fueron muertos, lo cual fue un evento muy triste.&lt;br /&gt;Cuando las iglesias fueron establecidas en el norte, y los Amigos estaban bajo la enseñanza de Cristo, y la gloria del Señor brillaba sobre ellos; yo me fui de Swarthmore a Lancaster en el comienzo del año 1654, vistando Amigos, hasta que llegúe a Synderhill-green. Se había acordado una reunión tres semanas antes, y la reunión dejó al norte fresco y verde bajo Cristo su maestro. Pasamos por Halifax, una ciudad de profesantes groseros, y llegamos a la casa de Tomás Thomas Taylor, quien había sido capitán, donde nos encontramos con algunos argumentadores doctrinales: pero el poder del Señor estaba sobre todos porque yo había viajado por el movimiento del poder de Dios. Cuando llegué a Synderhill-green, había una gran reunión. Se estimaba que había varios miles de personas en la reunión, incluyendo muchas personas de posición tales como capitanes y otros oficiales. Había un convencimiento general, el poder y la verdad del Señor estaba sobre todos, y no había oposición.&lt;br /&gt;Alrededor de este tiempo el Señor se movió sobre el espíritu de muchos de los que él había levantado. Él los envió a trabajar en su viña, a viajar hacia el sur; y a esparcirse en el servicio del evangelio hacia las "partes en el este, sur y oeste de esta nación: Francis Howgill y Eduardo Burrough a Londres; Juan Camm and Juan Audland a Bristol; Ricardo Hubberthorn y Jorge Whitehead hacia Norwich; Tomás Holmes hacia Wales, y muchos otros hacia lugares diferentes: porque el Señor había levantado más de sesenta ministros, y él los envió hacia el exterior del norte del país. El sentido de su servicio pasaba mucho sobre mí y fui inspirado a producir el siguiente escrito:&lt;br /&gt;A los Amigos en el Ministerio.&lt;br /&gt;Amigos todos en todas partes, conozcan la semilla de Dios, la cual hiere a la semilla de la serpiente, y está sobre ella; y esta semilla de Dios no peca, sino que hiere la cabeza de la serpiente, la cual sí peca y tienta a pecar; la promesa y la bendición de Dios son para esta semilla, y esta semilla es una en el hombre y la mujer. Ustedes han llegado al comienzo donde la semilla de Dios es la cabeza y ha herido la cabeza del otro; y el nuevo hombre es conocido, y el que es siervo del nuevo hombre es conocido; y la promesa de Dios a la semilla es cumplida y satisface; y las escrituras llegaron a ser abiertas y poseídas; y se sabe que la carne de Cristo es aquel que tomó sobre sí la semilla de Abraham de acuerdo a la carne; el sacerdocio eterno es conocido, y en el pacto eterno Cristo toma sobre sí la semilla de Abraham, y él es el sacerdote de la orden de Melquisedec; sin padre, sin madre, sin comienzo de días o fin de la vida; él es el sacerdote que vive para siempre; el pacto de vida, luz y paz. La ofrenda eterna es conocida una vez y para siempre, la cual destituye la naturaleza que hizo la ofrenda; de lo cual surgió el sacerdocio, el cual no pudo continuar por razón de muerte. Y así se conoce la otra ofrenda, la ofrenda eterna; la cual perfecciona para siempre a los que son santificados; esta ofrenda borró la letra de las ordenanzas, triunfó sobre ellas, y ascendió sobre todos los principados y potestades. El que tiene el espíritu de Jesús ve esto; y así se recibe el amor de Dios, el cual no se regocija en la iniquidad, sino que lleva al arrepentimiento de ella. Esta es la palabra del Señor Dios para todos ustedes Amigos en todas partes esparcidos en el exterior: conozcan el poder de Dios los unos en los otros, y regocíjense en esto; porque entonces ustedes se regocijan en la cruz de Cristo, quien no es de este mundo; esta cruz es el poder de Dios para todos los que son salvos. Ustedes que conocen y sienten el poder, sienten la cruz de Cristo; ustedes sienten el evangelio, el cual es el poder de Dios para salvación a todos los que creen. Aquel que cree en la luz, cree en el pacto eterno, en el que hace la ofrenda; aquel viene a la vida de los profetas y de Moisés, llega a ver a Cristo, la esperanza, el misterio, y esta la esperanza no perece. La luz les permite ver la esperanza que perece, la cual no es un misterio; y el hecho de que en esa esperanza perecedera se desvanece la expectativa. Donde es testificada esta esperanza que nunca falla, el Señor viene para ser santificado en el corazón, y ustedes llegan al principio, a Cristo quien es la esperanza, la cual no perece; pero la otra esperanza y la otra expectativa perecen. De manera que todos ustedes saben que la otra expectativa perece, y saben acerca de la debilidad de la expectativa interna; y conocen la esperanza que no perece; para que ustedes puedan estar listos para dar razón de esta esperanza, con mansedumbre y temor, a todas las personas que les pregunten. Cristo la esperanza, el misterio, que no perece; el fin de todas las cosas que perecen, el fin de todas las cosas cambiantes, el fin del pacto decadente, el fin de aquello que envejece y decae; el fin del primer pacto, de Moisés, y de los profetas; la justicia de Dios, Cristo Jesús el hijo; ustedes conocerán su trono, serán herederos con él; quien hace a sus hijos reyes y sacerdotes para él, y los lleva a conocer su trono y su poder. No hay justificación fuera de la luz, fuera de Cristo; la justificación está en la luz, en Cristo. Éste es uno que hace la voluntad de Dios; aquí está la entrada al reino. El que cree en la luz, llega a ser hijo de la luz; y aquí es recibida la sabiduría, que es justificada de sus hijos. Así al creer en la luz, ustedes no permanecerán en la oscuridad, sino que tendrán la luz de la vida; y todos llegarán a testificar de la luz que brilla en sus corazones, la cual les dará la luz del conocimiento de la gloria de Dios, en el rostro de Jesucristo. Ustedes lo verán reinar con esta luz, a aquel quien es el príncipe de la vida y la paz; esta vida nos aleja de aquel que está fuera de la verdad, y que no permaneció en ella; donde no está la paz.&lt;br /&gt;Amigos, no sean precipitados, porque el que cree en la luz no se apuran. Así se recibe la gracia por la cual ustedes llegan a ser salvos; así se conoce la elección que obtiene la promesa; así se ve la voluntad que desea; se conoce la mente que corre pero que no obtiene, sino que se detiene y se embota. Cuando la luz ve, ésta juzga y detiene el apuro, se forma la paciencia que obtiene la corona; y la inmortalidad es traída a la luz. De manera que todos los que actúan de manera contraria a la luz y no creen en ella, no llegan a la justificación. Y, Amigos todos, si ustedes se alejan de la luz y dejan de desear la promesa de Dios cumplida en la semilla que está en ustedes, para que puedan saber que Cristo reina en ustedes, entonces ustedes llegan a tener prendas cambiantes, y llegan a usar las prendas cambiantes, la carne extraña, la cual lleva al adulterio espiritual, el cual es tomado por la ley. Esto deja fuera al reino; y se producen las obras que están fuera del reino, las cuales son para el fuego, por el cual ustedes pueden llegar a sufrir pérdida. Por lo tanto amen la luz, la cual condena la apatía que está en ustedes; y reciban el poder del Señor, con el cual ustedes permanecen por encima de la apatía, y la condenan; así ustedes sienten y ven aquello que les da la victoria sobre el mundo, y para ver más allá del tiempo, antes que existiera el tiempo. Nuevamente, Amigos, conozcan a Abraham, quien obedeció la voz de Sara; el que tuvo un hijo y echó fuera a la sierva y a su hijo. No se aparten de este principio para que no se vayan a lo salvaje. Conozcan la fuente del hijo salvaje, y de su madre, quien no es Sara; porque la promesa es para la semilla, no de muchos, sino de uno; y esta semilla es Cristo: y ahora ustedes llegan a testificar de que esta semilla permenece sobre todo, sí, sobre la cabeza de la serpiente. De manera que todos los que sienten y testifican de esto, como dije antes, llegan al comienzo; y al comienzo llegan todos los que son la semilla de Dios, la iglesia, para que todos ustedes puedan llegar a conocer el comienzo, donde no hay imperfección, ni mancha, ni arruga, ni ninguna cosa por el estilo. Esto es lo que es comprado por la sangre de Jesús, y presentado al Padre para sacarlo de todo lo que contamina; lo cual es el pilar y el cimiento de la verdad. Ninguno alcanza esto, sino los que vienen a la luz de Cristo, quien compró su iglesia. Los que se alejan de la luz, son echados fuera y condenados, aunque ellos profesen todas las escrituras que son declaradas por ella. Por lo tanto caminen en la luz, para que puedan tener comunión con el hijo, y con el Padre; y todos vengan a testificar de su imagen, de su poder, y de su ley, la cual es su luz, que ha convertido a sus almas, y las ha llevado a someterse al poder más alto, por encima de aquello que está fuera de la verdad: para que ustedes conozcan así la misericordia y la verdad, y la fe que obra por amor, de la cual Cristo es el autor, que ilumina a cada uno de ustedes: esta es al fe que da la victoria. Aquello que da la victora es perfecto; y aquello que los ministros de Dios reciben de Dios, es aquello que es perfecto; y aquello que ellos han de ministrar es para el perfeccionamiento de los santos; hasta que todos ellos vengan a la unidad de la fe hasta llegar al hombre perfecto. Esta es la palabra de Dios para todos ustedes. Todos los que están en la medida de la vida, esperen, para que con ella sus mentes sean guiadas hacia el Padre de la vida, el Padre de los espíritus; para recibir poder de él, y sabiduría, para que con ella ustedes puedan ser ordenados para su gloria, ¡a quien sea toda la gloria para siempre! Manténganse todos ustedes en la luz y en la vida, que juzga a todo lo que es contrario a la luz y la vida. De manera que el Señor Dios Todopoderoso esté con todos ustedes. Y sigan adelante con sus reuniones en todas partes, siendo guiados por aquello que es de Dios; para que por medio de esto ustedes puedan ver al Señor Dios entre ustedes, quien ilumina a cada hombre que viene a este mundo; para que todos los hombres del mundo puedan llegar a creer. La luz condena al que no cree: pero el que cree sale de la condenación. Esta luz, que ilumina a todo hombre que viene al mundo; con la cual tropiezan aquellos que la odian, es la luz de los hombres.&lt;br /&gt;Amigos todos que hablan en público, asegúrense que sea en la vida de Dios; porque esto engendra para Dios; los frutos de esto nunca se marchitarán. El hablar a partir de la vida siembra para el espíritu que está en prisión, y cosecha vida del espíritu; y el hablar fuera de la luz siembra para la carne, y cosecha corrupción de la carne. Ustedes pueden ver esto sucediendo en todo el mundo entre aquellos que hablan fuera de la vida; ustedes pueden ver lo que cosechan en los campos, lo cual es el mundo. Por lo tanto esperen en el espíritu del Señor, el cual corta y echa fuera todo esto, su raíz y sus ramas. De manera que esperen en la luz para recibir poder, y que el Señor Dios Todopoderoso los preserve en él; a través del cual ustedes pueden llegar a sentir la luz, que comprende el tiempo y el mundo, y lo penetra; creer en la verdad les da la victoria sobre el mundo. Así es recibido el poder del Señor, el cual domina todo lo que es contrario, y quita las prendas que manchan y contaminan. Con esta luz ustedes llegan a alcanzar la luz en cada hombre, con la cual Cristo ilumina a cada hombre que viene al mundo; y así las cosas de Cristo llegan a ser conocidas, y la voz de Cristo llega a ser oída. Por lo tanto manténganse en la luz, el pacto de paz; y caminen en el pacto de la vida. Allí está aquello que se regocija con el testiminio de Dios, y allí está lo que se regocija en el Señor; lo cual está por encima de lo que ha estado feliz con ello: tomen nota de esto, ustedes que están en la luz. El Señor embellece a los que confían en su fortaleza; y el Señor ve a aquellos que confían en su fortaleza y aquellos que están en su luz. Pero aquellos que no son de la luz y los ojos de quienes van tras sus abominaciones y sus ídolos, sus ojos han de ser cegados; sus hermosos ídolos y sus abominaciones han de ser destruídas, y condenadas por la luz, lo cual ellos han hecho de la vida en su propia fortaleza; la cual es vista con la luz, y derrocada por el poder de Dios. "Si pudieran cambiar mi pacto," dijo el Señor, “el cual mantiene el día en su tiempo, y la noche en su tiempo, (tomen nota, mi pacto - la luz), si pueden cambiar esto, entonces podrán cambiar el pacto de Dios con su semilla". De manera que todos los Amigos que son llevados a la luz que viene de aquel que hizo el mundo, quien existía antes que fuera hecho, Cristo Jesús, el salvador de sus almas, permanecen en la luz, y ustedes verán que su salvación es como murallas y baluartes contra aquello que la luz descubre que es contrario a ella. Esperando en la luz ustedes recibirán el poder de Dios, el cual es el evangelio de paz, para que ustedes puedan ser herrados con él. Y cononzcan los unos en los otros aquello que eleva la semilla de Dios, y la establece sobre el mundo y la tierra, y crucifica las pasiones y los deseos: entonces llega a reinar la verdad, la cual es la banda que rodea.&lt;br /&gt;Jorge Fox&lt;br /&gt;En esta época, Rice Jones de Nottingham (que había sido bautista convirtiéndose luego en Ranter), y los suyos, comenzaron a profetizar contra mí, de que en aquel momento yo estaba en la cúspide y que pasado este momento caería con la misma rapidez. Rice Jones mandó un rollo de papeles, llenos de burlas, de Nottingham a Mansfield, Clawson y ciudades de alrededor; juzgando a los Amigos por declarar la verdad en los mercados y en las iglesias; a cuyos papeles yo contesté. Mas sus profecías cayeron sobre ellos, ya que poco después se dividieron y sus reuniones se disolvieron, aparte de que algunos se encontraban los Primeros días para jugar a la pala. Muchos de sus prosélitos se convirtieron en Amigos y así continuaron. Por el poder bendito de Dios aumentaron la verdad y los Amigos, y aumentaron en el engrandecimiento de Dios, y yo, por el mismo poder, fui y soy guardado y preservado en la semilla eterna que nunca cambia ni cae. Mas Rice Jones había jurado cuanto le pidieron, desobedeciendo con ello el mandamiento de Cristo. Muchos profetas falsos, como éste, se levantaron contra mí, mas el Señor los confundió como confundirá a todos los que se levanten en contra de la semilla bendita y de mí en ella. Mi confianza está en el Señor, y todo aquel que hiciera como aquellos, yo veo su fin y como el Señor los confundiría antes de que Él me mandase hacia adelante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esto, estaba yo en Synderhill-Green, donde había celebrado una reunión durante el día; y por la noche volvimos a celebrar otra gran reunión en casa de Tomás Stacey, por razón de que la gente vino de lejos y no podía marcharse enseguida. El primer alguacil del condado había dicho, al capitán Bradford, que tenía la intención de presentarse en la reunión con media docena de sus soldados de tropa, pero el Señor lo contuvo. Cuando hube atendido a algunas reuniones de por allí cerca, viajé por Yorkshire, de un lado a otro, llegando tan lejos como a Holderness, y, por este camino, hasta donde la tierra acaba; visitando Amigos y las iglesias de Cristo, que finalmente se habían establecido bajo sus enseñanzas. Finalmente fui a casa del capitán Bradford, a donde habían ido muchos Ranters de York, para discutir, mas quedaron confundidos y no continuaron. Allí vino también Lady Montague, que se convenció entonces y vivió y murió en la verdad.&lt;br /&gt;Entonces volví a casa de Thomas Taylor, a tres millas de Halifax, donde se celebró una reunión de cerca de doscientas personas, entre las que había muchas personas muy groceras y varios carniceros; de los cuales algunos se habían comprometido, bajo juramento (según me dijeron), a matarme antes de salir de la casa. Uno de estos carniceros había ya matado a un hombre y a una mujer. Entraron de una manera muy descortés, produciendo gran confusión en la reunión, que se celebraba en un cercado, y Tomás Taylor, poniéndose en pie, les dijo, "Si se quieren comportar civilmente, pueden quedarse, mas de no ser así yo les exijo que salgan de mi propiedad." Mas como eran de lo peor, dijeron que se comportarían allí como en una tierra comunal; y se pusieron a aullar, haciendo tal ruido, como si estuvieran en una pelea de gallos; empujaron a los Amigos de un lado a otro, y por ser los Amigos pacíficos fue sobre ellos el poder del Señor. Varias veces me echaron de mi sitio, empujado por el tropel de gente que caía sobre mí, mas a pesar de ello apenas me tiraban me levantaba, por voluntad del Señor. Finalmente, el Señor me impulsó a que les dijera que si querían razonar sobre las cosas de Dios, que se acercaran a mí, uno por uno, y, que de tener algo a decir o a objetar, les contestaría a todos, uno después del otro; mas todos quedaron silenciosos. Entonces el poder del Señor fue de tal modo sobre ellos, respondiendo al testigo de Dios, en sí mismos, que quedaron atados por su poder y celebramos una reunión gloriosa, y Su poder fue sobre todos; y las mentes se volvieron a Dios, por el Espíritu de Dios en ellos, y a Cristo, su Maestro. Aquel día fue grandemente declarada la poderosa palabra de vida, terminándose nuestra reunión en el poder de Dios; y aquel grupo grosero siguió su camino hacia Halifax. Les preguntaron todos porque no me habían matado, de acuerdo con lo que habían jurado; a lo cual respondieron maliciosamente que yo los había embrujado de tal manera que no pudieron hacerlo. Así fue encadenado el diablo, aquella vez. Los Amigos me dijeron que acostumbraban a venir otras veces comportándose siempre muy mal y sin freno, hasta llegar más de una vez a romper sus bancos y sus asientos, conduciéndose entre ellos de una manera espantosa; pero ahora el poder del Señor los había encadenado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco tiempo después de esto, el carnicero que había sido acusado de matar a un hombre y a una mujer y que era uno de los que se habían comprometido a matarme bajo juramento, mató a otro hombre y lo mandaron a la cárcel de York. Otro de estos carniceros brutales, que también había jurado matarme, y que acostumbraba a sacar la lengua a los Amigos, cuando pasaban cerca de él, la sacó un día de tal manera que no la pudo volver a meter y así murió. Sería demasiado largo el relato de los muchos juicios que, de manera extraña y repentina, fueron sobre muchos de los que conspiraban en contra mía; la venganza de Dios baja del cielo para caer sobre el sediento de sangre que corre tras ella. Yo puse a todos los espíritus ante el Señor, dejando que El, más fuerte que todos, los juzgara, en cuyo poder yo estaba guardado para seguir adelante en su obra. El Señor conmovió a personas finas en aquellos lugares, que Él llevó a Cristo y reunió en Su nombre, los cuales sintieron a Cristo entre ellos y se recogían bajo sus enseñanzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de esto fui a Balby, de donde varios Amigos fueron conmigo a Lincolnshire, yéndose algunos a las iglesias y otros a las reuniones de los Independientes. El alguacil de Lincoln vino a la reunión donde yo estaba, y junto con él otros varios que por unos momentos provocaron altercados y riñas. Mas finalmente, el poder del Señor lo conmovió, de tal modo, que convenciéndose de la verdad, recibió la palabra de vida, y lo mismo sucedió con otros que también se nos habían opuesto y que continuaron luego entre los Amigos hasta el día de su muerte. Se celebraron grandes reuniones y muchos se convencieron, por aquellos lugares; muchos se volvieron al Señor Jesús, y vinieron a recogerse bajo sus enseñanzas, dejando a sus sacerdotes y las sendas de superstición; y el día del Señor floreció sobre todos. Entre los que venían a nuestras reuniones, en aquel lugar, había uno llamado Sir Ricardo Wrey, que se había convencido, como también su hermano y su cuñada que vivió y murió en la verdad, a pesar de que su marido se apartó de ella.&lt;br /&gt;Habiendo visitado estos lugares, fui a Derbyshire, en compañía del alguacil de Lincoln, que últimamente se había convencido. En una reunión encontramos alguna oposición, mas el poder del Señor nos dio dominio sobre todos. Por la noche vino un grupo de alguaciles y siervos que me llamaron para que saliera, lo que hice en compañía de algunos Amigos. Eran sumamente brutales y violentos; y según parece habían tramado llevarme con ellos, por la fuerza, en la oscuridad de la noche, para hacerme algún daño; pero el poder del Señor fue sobre ellos y los encadenó de modo que no pudieron efectuar sus designios y finalmente se marcharon. Al día siguiente, Tomás Aldam, enterado de que los siervos pertenecían a uno llamado "el caballero," que no vivía muy lejos de allí, fue a su casa y le expuso la mala conducta de sus sirvientes. El caballero los reprendió y no permitió que se comportaran mal con nosotros.&lt;br /&gt;Después de eso fuimos a Skegby, en Nottinghamsbire, donde tuvimos una gran reunión con muchas personas diferentes; y el poder del Señor fue sobre ellos, y todo estuvo en silencio. La gente fue dirigida al espíritu de Dios, por el cual muchos llegaro a recibir su poder, y a sentarse bajo la enseñanza de Cristo, su salvador. El Señor ahora tenía ahora un gran número de personas en esas partes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasé hacia Kidsley Park, adonde vinieron muchos Ranters, mas el poder del Señor los destruyó. De aquí al país de Peak, a la casa de Tomás Hammersley, donde vinieron los Ranters de por allá y muchos profesantes ilustres. Los Ranters me hicieron oposición y empezaron a jurar. Cuando los reprobé por jurar, ellos sacaron escrituras para apoyarse, alegando que Abraham, Jacob y José juraron; y los sacerdotes, Moisés, los profetas y los ángeles juraron. Yo confesé que todos ellos lo hicieron, como lo registra las escrituras; pero yo les dije que Cristo (quien dijo: Antes que Abraham fuera, yo soy), mandó a no jurar en ninguna manera. Cristo pone fin a los profetas, el antiguo sacerdocio, la dispensación de Moisés, y reina sobre la casa de Jacob y José, y él nos dice que no juremos en ninguna manera. Y Dios, cuando trajo al primogénito al mundo, dijo: 'Adórenlo todos los ángeles de Dios', que es Cristo Jesús, quien dijo: 'No jurés en ninguna manera'. En cuanto al alegato que hacen los hombres por jurar, para terminar con la contienda, Cristo, quien dice que no juremos en ninguna manera, destruye al diablo y sus obras, quien es el autor de la contienda; ya que ésta es una de sus obras. Y Dios dijo, "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd". De manera que el hijo ha de ser oído, quien prohíbe jurar, y el apóstol Santiago, quien oyó al hijo de Dios, lo siguió, y predicó de él, prohíbe todos los juramentos. Santiago 5:12. De manera que el poder de Dios estuvo sobre todos ellos, y su Hijo y su doctrina fue establecida sobre ellos. La palabra de vida fue predicada completa y ricamente, y muchos fueron convencidos en ese día.&lt;br /&gt;Este Tomás Hammersley fue requerido a que sirviera de jurado, siéndole permitido que lo hiciera sin prestar juramento; y cuando él, como presidente del jurado, dio el veredicto, el juez afirmó que, habiendo sido juez por tantos años, nunca oyera un veredicto tan justo como el que había dado aquel cuáquero. Mucho pudiera escribirse de cosas de esta naturaleza que el tiempo no podría aclarar. Pero el poder bendito y la verdad del Señor fueron exaltados, siendo Él merecedor de toda alabanza y gloria, eternamente.&lt;br /&gt;Viajando a través de Derbyshire, fui visitando Amigos hasta que llegué a Swannington, en Leicestershire, donde se celebraba una reunión general a la que asistían muchos Ranters, bautistas y otros profesantes; pues había habido allí grandes disputas, con ellos y con los sacerdotes de esta ciudad. Los Ranters provocaron disturbios, comportándose muy rudamente, mas al final el poder del Señor fue sobre ellos, y quedaron confundidos. Al día siguiente Jacob Bottomly, un Ranter importante, vino de Leicester; pero el poder del Señor lo detuvo, y estuvo sobre todos ellos. También llegó allí un sacerdote, mas él también fue confundido por el gran poder del Señor. Alrededor de este tiempo, los sacerdotes, bautistas, Ranters y otros profesantes se comportaron de manera muy grosera y provocaron a la gente indecente en contra de nosotros. Nosotros enviamos un mensaje a los Ranters solicitándoles que vinieran a la reunión para que su Dios pudiera ser probado. Muchos de ellos vinieron y se comportaron muy groseramente al cantar, silbar, y bailar; pero el poder de Dios los confundió de tal manera que mucho de ellos fueron convencidos.&lt;br /&gt;Después de esto me fui a Twycross, donde algunos de los mismos Ranters que habían cantado y bailado delante de mí vinieron, pero yo fui inspirado en el temor del Señor a reprenderlos; y el poder del Señor vino sobre ellos, de manera que algunos de ellos fueron convencidos y recibieron el espíritu de Dios; ellos se conviertieron en personas hermosas, viviendo y caminando sobriamente en la verdad de Cristo. Me fui a la casa de Antonio Brickley en Warwickshire donde hubo una gran reunión; varios bautistas y otros vinieron e hicieron discordia, pero el poder del Señor estuvo sobre ellos.&lt;br /&gt;En esto fui a Drayton, para visitar a mis parientes, y así que llegué, Nathaniel Stephens, el sacerdote, se procuró otro sacerdote; y, habiendo dado noticia por toda la región, me mandó recado de que fuera, pues ellos no podían hacer nada sin mí. Habiendo estado separado de mi familia por tres años, no sabía cuales eran sus designios; mas al fin, fui al patio de la iglesia donde estaban los dos sacerdotes, que habían reunido abundancia de gente. Cuando llegué querían que entrara en la iglesia. Pregunté por qué razón tenía que entrar, y me respondieron, "El señor Stephens no puede resistir el frío," a lo cual les respondí que lo podía resistir tan bien como yo. Finalmente entramos en un gran vestíbulo, Ricardo Farnsworth estaba conmigo, y tuvimos una gran discusión concerniente a los sacerdotes y a sus prácticas y a cuan contrarias eran a Cristo y a Sus apóstoles. Los sacerdotes querían saber en donde estaba escrito que se prohibían los diezmos o se suprimían, y les mostré como, en el capítulo séptimo de la epístola de Pablo a los Hebreos, no solamente se suprimían los diezmos sino también el sacerdocio que los tomaba, y era suprimida y anulada la ley que instituía el sacerdocio y que ordenaba que los diezmos fueran pagados. En esto los sacerdotes incitaron a la gente a que se comportara ligeramente. Como yo conocía al sacerdote Stephens desde niño, pude bien explicar su condición, como predicaba, y como él, igual que el resto de los sacerdotes, aplicaba las promesas al primer nacimiento, que tiene que morir. Mas yo le mostré que las promesas eran a la semilla, no a muchas semillas, sino a una sola, Cristo, que es uno en el hombre y en la mujer, ya que todos tienen que volver a nacer antes de entrar en el reino de Dios. Entonces, él dijo que yo no tenía que juzgar así; mas yo le respondí que aquél que fuese espiritual podía juzgar todas las cosas. Y confesó que esto era verdaderamente las Escrituras, "Pero, vecinos," dijo, "he aquí la cuestión; Jorge Fox que viene en la luz del sol, cree ahora que debe extinguir mi luz de estrella." Mas yo respondí, "Nathaniel, dame tu mano," y entonces le aseguré que yo no extinguiría en nadie el más pequeño don de Dios, mucho menos su luz de estrella, si era verdadera luz estelar, luz de la Estrella de la mañana; y le añadí que si había él recibido de Dios, o de Cristo, algo que decir, debía decirlo de gracia sin tomar diezmos por predicar, viendo que Cristo mandó a sus ministros que dieran de gracia como de gracia habían recibido. Y le insistí en que no predicara más por diezmos o cualquier otro beneficio. Mas él retirando bruscamente su mano de la mía, dijo que en esto no cedería. Al poco rato la gente empezó a comportarse ligera y brutalmente, ante lo cual dimos por terminada la reunión; sin embargo, aquel día algunos se sintieron llenos de amor por la verdad. Antes de que nos separásemos les dije que, si era voluntad del Señor, tenía intención de estar de vuelta en la ciudad, aquel mismo día, a las siete de la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre tanto, fui por el campo, celebré algunas reuniones y luego volví a la ciudad a las siete de la noche, y, mientras, este sacerdote se procuró siete más que lo ayudaran; debido a que el sacerdote Stephens había notificado durante una plática en Atherstone, el día de mercado, que en tal día se celebraría allí una reunión y habría controversia conmigo. Yo nada sabía de esto, habiéndome dicho solamente que aquel día tenía que estar en la ciudad a las siete de la noche. En esto, los ocho sacerdotes reunieron varios cientos de personas, los más de los campos de por allí cerca, y querían que yo entrara en la iglesia a lo que me negué, y subiendo a una montaña les hablé, y también a la gente. Conmigo estaban Tomás Taylor, que había sido sacerdote, Jaime Parnell, y otros varios Amigos. Los sacerdotes creían que aquel día pisotearían la verdad, mas la verdad fue sobre ellos. Entonces se mostraron más vanos y la gente más grosera, y los sacerdotes no querían sostener la prueba conmigo, sino que querían andar contendiendo de acá para allá, ahora un poco con un Amigo luego con otro. Finalmente, un sacerdote trajo a su hijo que discutiera conmigo, el cual enseguida quedó en silencio; cuando no sabía como responder, iba y le preguntaba a su padre, quedando éste confundido al contestar por su hijo; y cuando estuvieron exhaustos se marcharon, llenos de ira, a beber a casa del sacerdote Stephens. Cuando se marcharan, dije, "Nunca estuve en lugar alguno donde tantos sacerdotes juntos no fueran capaces de sostener una prueba conmigo," y, ante esto, ellos y algunas de sus mujeres, se acercaron a mí y empezaron a celebrarme y a adularme servilmente; diciendo a cuanto hubiera podido llegar de no haber sido por los cuáqueros; y empezaron a empujar a los Amigos, de un lado para otro, separándolos de mí y tirando de mí hacia ellos. Al poco rato vinieron unos individuos depravados que cogiéndome en sus brazos me llevaron hasta el pórtico de la iglesia, con la intención de hacerme entrar en ella, por la fuerza; pero como la puerta estaba cerrada, cayeron en un montón sosteniéndome sobre ellos. Así que pude me levanté de encima de ellos y me fui otra vez a la montaña. Entonces, sacándome de aquel sitio, me llevaron junto al muro de la iglesia y me pusieron sobre un pedestal, como un taburete, y, volviendo todos los sacerdotes, se mezclaron con el gentío, y se pusieron a gritar, "Vengan, den argumentos, den argumentos," y yo les dije que no prestaba oído a sus voces, que eran voces de asalariados y extraños; y al oír esto, gritaron, "Pruébelo, pruébelo," para lo cual les indiqué el capítulo diez del evangelio de Juan, donde podían ver lo que Cristo había dicho de los que eran como ellos. Él declaró que era el buen Pastor, que daba la vida por Sus ovejas y que Sus ovejas conocían Su voz y le seguían, mientras que el asalariado, ve al lobo que viene y deja a las ovejas y huye, porque él es asalariado. Y me ofrecí a probar que ellos eran todos asalariados. Entonces los sacerdotes me echaron del pedestal y se subieron poniéndose ellos sobre otros, al lado del muro de la iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esto sentí que el gran poder de Dios se levantaba sobre todos, y, a pesar de que la gente empezaba a comportarse de una manera un poco ruda, les dije, que si querían escucharme en calma les probaría con las Escrituras el por qué negaba yo a aquellos ocho sacerdotes o maestros, que estaban ante mí; y a todos los maestros asalariados del mundo, quienquiera que fueren; y que yo les probaría con las Escrituras cuanto les dijera, en lo que consintieron sacerdotes y laicos. Entonces les mostré, como según los profetas Isaías, Jeremías, Ezequiel, Miqueas, Malaquías y otros, ellos seguían los mismos pasos de aquellos contra los cuales Dios envió a sus verdaderos profetas, porque, añadí, "Ustedes son como aquellos contra los cuales clamó el profeta Jeremías, capítulo 5, cuando dijo, 'Los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían por manos de ellos;' lo que él calificó de asombroso y horrible. Ustedes son los que usan sus lenguas y dicen: Así dice el Señor, cuando el Señor nunca dijo tales cosas. Son como los que siguieron en sus propios espíritus; y no vieron nada; sino que hablaron adivinaciones de sus propias mentes; y por sus mentiras y su ligereza causaron que la gente errara. Jer 14:14-17. Ustedes son como los que buscaron sus ganancias por propio su lado; que eran como perros necios comilones, que nunca tienen suficiente, a quienes el Señor envió su profeta Isaías para hablar en contra de ellos: Isa. 56:11. Ustedes son como los que enseñaron por puñados de cebada y por pedazos de pan, que cosen vendas mágicas para todas las manos, para que puedan estar tranquilamente en sus pecados. Eze 13. Ustedes son como los que enseñaron por lana, y convirtieron al pueblo en rapiña. Eze 34. Pero el Señor está reuniendo a sus ovejas, sacándolas de las bocas de ustedes, y de sus montes baldíos; y los está llevando a Cristo, el único pastor, a quien ha puesto sobre sus rebaños; como lo ha declarado por su profeta Ezequiel que lo haría. Ustedes son como los que adivinaban por dinero, y predicaban por paga; y al que no les da de comer, proclaman guerra contra él, como se quejó el profeta Miqueas en el capítulo 3." Y así repasé los profetas de manera muy larga para repertirlo aquí. Y al llegar al Nuevo Testamento, les mostré a partir de él que ellos eran como los principales sacerdotes, escribas y fariseos, a quienes Cristo había declarado sus ayes. Mat 23. Y que ellos eran apóstoles tan falsos que los verdaderos apóstoles hablaron en contra de ellos, como los que enseñaron por ganancias deshonestas; como los anticristos y engañadores contra los cuales proclamaron, que se ocupaban de las cosas terrenales, y no sirvieron al Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres; porque los que sirvieron a Cristo lo hicieron gratuitamente y predicaron gratuitamente, como él se los mandó. Pero los que no predican sin paga, ni diezmos, ni medios externos, sirven a sus propios vientres, y no a Cristo; y por medio de las buenas palabras de las escrituras, y las palabras fingidas de ellos mismos, ellos hicieron mercadería con el pueblo en ese entonces, así como (yo digo) ustedes hacen ahora. Cuando hube citado mucho las escrituras, y les hube mostrado cómo ellos eran como los fariseos, deleitándose al ser llamados maestros, al andar con ropas largas, y al estar de pie orando en las sinagogas, al tener los primeros asientos en las cenas , y cosas por el estilo; y cuando los hube asociado a la vista de la gente con los falsos profetas, engañadores, escribas y fariseos, y les hube mostrado sin excepción cómo las tipos como ellos serían juzgados y condenados por los verdaderos profetas, por Cristo y por los apóstoles; los dirigí a la luz de Jesús, quien ilumina a cada hombre que viene al mundo; para que con ella ellos puedan ver si estas cosas son ciertas como yo las había dicho. Y cuando apelé a aquello de Dios en sus conciencias, la luz de Jesús en ellos, ellos no pudieron soportar oírlo. Ellos estuvieron todos en silencio hasta ese momento; pero entonces un profesante dijo: 'Jorge, ¿no vas a terminar nunca de hablar?' Yo le dije que terminaría pronto. Así que seguí por un poco más de tiempo, y aclaré las cosas con ellos en el poder del Señor. Cuando hube terminado, todos los sacerdotes y la gente estuvieron en silencio por un momento; por lo menos uno de los sacerdotes dijo que ellos quisieran leer las escrituras que yo había citado. Yo les dije que aceptaba con agrado que ellos las leyeran. Ellos comenzaron a leer el capítulo 23 de Jeremías, y allí ellos vieron las señales de los profetas falsos contra los cuales él habló. Cuando hubieron leído un versículo o dos, yo les dije: 'Tomen nota, ustedes en el pueblo', pero los sacerdotes dijeron: 'Calla tu boca, Jorge'. Yo les pedí que leyeran todo el capítulo, porque todo el capítulo hablaba en contra de ellos. Entonces ellos se detuvieron, y no quisieron leer más; sino que me hicieron una pregunta. Yo les dije que les contestaría su pregunta, habiendo admitido lo primero que yo les dije y los acusé: que ellos eran profetas falsos, maestros falsos, anticristos, y engañadores, como lo habían dicho los verdaderos profetas, Cristo y los apóstoles. Un profesante dijo que No a esto; pero yo dije: 'Sí: porque el que ustedes dejen ese tema para ir a otro, parece dar prueba de la primera acusación'. Entonces yo les contesté su pregunta, la cual era: Siendo que esos falsos profetas eran adulterados, si es que yo juzgaba que el sacerdote Stephens era un adúltero. A lo cual yo les respondí que él era adulterado de Dios en su práctica, como esos falsos profetas y como los judíos. Ellos no se opusieron para vindicarlo sino que terminaron la reunión. Entonces los sacerdotes susurraron algo entre ellos, y Stephens vino a mí y me pidió si mi padre, mi hermano y yo podíamos ir adentro con él para que él pueda hablar conmigo en privado mientras que el resto de los sacerdotes mantenían a la gente lejos de nosotros. Yo me resistí mucho a ir adentro con él; pero la gente gritaba 'Ve Jorge, hazlo, ve con él adentro.' Teniendo temor de que si no iba sería desobediente a mis padres, me fui mientras el resto de los sacerdotes mantendrían a la gente afuera; pero ellos no pudieron porque la gente quería oír y se acercaron a nosotros. Yo le pregunté al sacerdote qué era lo que él tenía que decir. Él dijo que si él estaba fuera del camino que yo orara por él, y que si yo estaba fuera del camino, que él oraría por mí, y que él me daría una forma de palabras para que yo orara por él. Y le contesté: ‘Me parece que usted no sabe si está en el camino correcto o no; pero yo sé que yo estoy en el camino eterno, Cristo Jesús, del cual usted está fuera. Y usted me quiere dar la forma de las palabras para que yo ore, sin embargo usted niega el Libro Común de la Oración para orar con él también como yo, y yo lo niego como también la forma de las palabras. Si usted quisiera que yo orara por usted con una forma de palabras, ¿no es esto negar la doctrina y la práctica del apóstol de orar por el espíritu, a medida que éste da palabras y sonidos?' En esos momentos la gente comenzó a reírse, pero yo fui inspirado a hablar más con Stephens. Cuando hube aclarado las cosas con él y con ellos, nos separamos; antes de irme yo les dije que, si Dios lo permite, yo estaría en esa ciudad otra vez esa tarde a las siete. Así que los sacerdotes se fueron, y muchas personas fueron convencidas ese día; porque el poder del Señor vino sobre todos.&lt;br /&gt;A pesar de que, aquel día, creían haber confundido la verdad, muchos se convencieron y muchos que ya lo estaban, ante lo que vieron aquel día, se confirmaron en ella y en ella vivieron; todo lo cual fue un gran choque para los sacerdotes. Mi padre en la carne, a pesar de que oía y seguía a los sacerdotes, dio un golpe en el suelo con el bastón, y dijo, "Bien veo que él está que por la verdad será vindicado."&lt;br /&gt;Me fui, viajando por la región, hasta aquel día a las siete de la noche y entonces volví porque debíamos celebrar una reunión en casa de mis parientes. En esto, el sacerdote Stephens, que lo sabía de antemano, se había procurado otro sacerdote, y, teniendo con ellos un grupo de soldados, me mandaron a buscar para que fuera a verlos; mas yo les mandé unas palabras de que se iba a celebrar nuestra reunión, a la que podían asistir si querían. Los sacerdotes no vinieron, pero sí los soldados y mucha gente grosera. Habían ellos tramado que los soldados tomaran el nombre de cada uno y después les dieran orden de que se fueran a su casa; llevándose con ellos al que no quisiera obedecerles. Empezaron de acuerdo con lo tramado, y tomaron varios nombres de los allí reunidos, mandándoles después que se fueran a su casa, mas cuando llegaron a mí, para tomar mi nombre, mis parientes les dijeron que yo estaba ya en mi casa y que por lo tanto esta vez no podían llevarme. A pesar de esto tomaron mi nombre, mas el poder del Señor fue sobre ellos y se marcharon, así tanto los profesantes como los soldados, estaban irritados y humillados de no haber conseguido su objeto. No obstante, varios se convencieron, admirando el amor y el poder de Dios. Y uno estaba allí, que era aquel que dijo de mí al sacerdote Stephens, "Nunca creció en Inglaterra planta como esta." Y, sin embargo, luego fue contando que yo había sido elevado en las nubes y lo encontraron otra vez lleno de oro y plata, e hizo correr sobre mí, muchas mentiras y noticias falsas: mas el Señor las destruyó todas. La razón por la cual yo no quería ir a la iglesia, era porque yo iba a dar testimonio en contra de ella y a sacar a todos de tales lugares para llevarlos al Espíritu de Dios, para que así pudieran saber que sus cuerpos eran los templos del Espíritu Santo; y a sacarlos de sus maestros asalariados para llevarlos a Cristo, su Maestro gratuito, que murió por ellos y los rescató con Su sangre&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8620067467823755603-3387000288959270980?l=iglesiaamigos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://iglesiaamigos.blogspot.com/feeds/3387000288959270980/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8620067467823755603&amp;postID=3387000288959270980' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8620067467823755603/posts/default/3387000288959270980'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8620067467823755603/posts/default/3387000288959270980'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://iglesiaamigos.blogspot.com/2009/11/capitulo-iv.html' title='CAPÍTULO IV'/><author><name>IGLESIA AMIGOS No.1</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15480239220471400327</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8620067467823755603.post-7057366509915659583</id><published>2009-11-29T13:25:00.000-08:00</published><updated>2009-11-29T13:29:19.459-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='CAPÍTULO IIl'/><title type='text'>CAPÍTULO IIl</title><content type='html'>&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Camino del Norte hacia Swarthmoor 1651-1652&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguí de un lado a otro por los pueblos, celebrando reuniones en muchos sitios entre personas simpatizantes, pero mis parientes estaban ofendidos conmigo. Algún tiempo después volví a Nottinghamshire, a Mansfleld, y fui por Derbyshire visitando a los Amigos; y pasando después a Yorkshire, prediqué el arrepentimiento por Doncaster y otros lugares, yendo luego a Balby, donde Richard Farnsworth y otros más se convencieron; y de este modo viajando por varios sitios, predicando a la gente el arrepentimiento y la palabra de vida, llegué hasta por Wakefleld donde vivía James Nayler, que junto con Thomas Goodyear vinieron a mí, y convenciéndose los dos recibieron la verdad, igual que William Dewsbury y su mujer junto con otros muchos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De aquí, pasando a través del país, fui a casa del capitán Pursloe, por Selby, y visité a John Leek que había venido a verme a la prisión en Derby, habiéndose convencido. Tenía yo un caballo, del que hubiera querido deshacerme de buena gana por no saber que hacer con él, pues me sentía impulsado a ir por las grandes casas amonestando y exhortando a la gente a que se volvieran al Señor. Así viajando, fue la voluntad del Señor de que fuera a la iglesia de Beverley, que era entonces lugar de gran importancia religiosa; mas como estaba empapado por la lluvia, me fui antes a una posada y así que llegué a la puerta, me abrió una mujer joven, de la casa, que me dijo, ¡Cómo! ¿Es usted ?, pase, pase," como si me hubiera conocido de antes, porque el poder del Señor había llenado de humildad sus corazones. Luego que me hube reposado, me acosté y a la mañana siguiente, con todo y que mis ropas aun estaban mojadas, me vestí; y pagando el gasto hecho en la posada me fui a la iglesia, donde un hombre estaba hablando. Cuando hubo terminado me sentí inspirado a hablarles, así como a la gente, en el gran poder de Dios, encaminándolos a su Maestro, Jesucristo; y fue tan fuerte el poder del Señor, que les causó gran temor. El alcalde vino a mí, y tomándome de la mano, me dijo unas palabras; mas nadie tuvo poder de meterse conmigo. Por la tarde salí de la ciudad y fui a otra iglesia que estaba a dos millas de camino. Cuando terminó el sacerdote, sentí la inspiración de hablar muy largamente, así a él como al pueblo, mostrándoles la senda de vida y verdad, y en que se basan la elección y la reprobación. El sacerdote dijo que él no era más que un niño y que no podía discutir conmigo; y yo le respondí que no había ido allí a discutir sino a proclamarles la palabra de vida y verdad, de que todos ellos podían conocer su propia semilla, que por promesa de Dios, era así en el hombre como en la mujer. En este lugar, la gente fue muy afable y hubieran querido que volviera a predicar entre ellos un día de la semana; mas yo los dirigí a su Maestro, Jesucristo; y seguí mi camino hasta llegar a una posada, donde no me querían recibir de no presentarme antes al guardia, como era costumbre en el lugar. Mas como yo no me sentí libre de hacerlo, les dije que siendo un hombre inocente antes mejor dormiría fuera; pero como al fin me recibieron, pasé allí la noche.&lt;br /&gt;Al día siguiente fui a Cranswick, a casa del capitán Pursloe que me acompañó a donde vivía el juez Hotham. Era este juez Hotham un hombre encantador y piadoso, cuyo corazón tenía alguna experiencia de la obra del Señor. Después de tener con él algunas razones sobre las cosas del Señor, me llevó a su gabinete particular, donde, allí sentados, me dijo que este principio lo había conocido en aquellos últimos diez años, y que estaba muy contento de que el Señor no lo hubiera divulgado por todas partes. Poco después vino un sacerdote a visitarlo, con el que también tuve algunas razones concernientes a la verdad; pero pronto se cerró su boca, pues no tenía más que nociones, sin poseer lo que estaba hablando.&lt;br /&gt;Mientras yo estaba allí, vino una ilustre señora de Beverley para hablar con el juez Hotham sobre cuestiones de negocios, y en el curso de la conversación, le explicó como el último día del Sábado (según lo llamaba ella) entró en la iglesia un ángel o espíritu que habló de Dios cosas extrañas y maravillosas, para asombro de los que allí estaban; y como terminado que hubo se marchó, sin que nadie supiera ni como había venido, ni como se había ido; habiendo causado el asombro de todos, así sacerdotes como eclesiásticos y magistrados de la ciudad. Cuando más tarde el juez Hotham me repitió este relato, le conté como fue que ese día había yo estado en la iglesia de Beverley declarando la verdad al sacerdote y a la gente. Había por aquel lugar algunos sacerdotes y doctores de importancia con los cuales el juez Hotham estaba en relación, el cual con el deseo de que hablaran conmigo, ofreció que los mandaría a buscar bajo pretexto de que había en su casa un paciente que necesitaba medicamento, mas yo preferí que no lo hiciese.&lt;br /&gt;Cuando llegó el primer día de la semana, el juez Hotham salió conmigo a pasear por el campo, y viniendo después el capitán Pursloe, me dejó con éste volviéndose a su casa, mas el capitán Pursloe fue conmigo a la iglesia. Cuando el sacerdote terminó, hablé yo, declarando la palabra de vida y verdad, y encaminándolos a donde podrían encontrar a su Maestro, el Señor Jesucristo. Algunos se convencieron recibiendo la verdad, y manteniéndose firmemente en ella, celebran bellas reuniones, desde entonces hasta el día de hoy.&lt;br /&gt;Por la tarde, fui a otra iglesia situada a unas tres millas de la ciudad, donde predicaba un sacerdote muy ilustre que ostentaba el título de Doctor, y que era uno de los que el juez Hotham quería haber mandado a buscar para que hablara conmigo. Llegué a la iglesia, y me senté hasta que el sacerdote acabara de hablar. Las palabras que había tomado como texto de su sermón eran éstas de Isaías. "A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad, y comed. Venid, comprad, sin dinero y sin precio, vino y leche." Y entonces, por voluntad del Señor, le dije. "Baja de ahí tú, impostor; tú amonestas a la gente a que venga sin pagar, y a que tome de balde el agua de vida y, sin embargo, les sacas trescientas libras al año, por predicarles las Escrituras, ¡No te sonrojas de vergüenza! ¿Es que el profeta Isaías y Cristo, que hablaron las palabras, hicieron lo mismo, cuando las dieron gratuitamente? ¿No dijo Cristo a sus ministros, cuando los mandó a predicar, "De gracia recibisteis, dad de gracia?" El sacerdote salió escapado como un hombre fuera de sí, y después que se hubo ido dejando su rebaño, tuve yo tanto tiempo como hubiera podido desear para hablarles y encaminarlos, de la oscuridad a la luz, y a la gracia de Dios, que les enseñara y les diera la salvación, y al espíritu de Dios en su interior, que será su Maestro de balde.&lt;br /&gt;Una vez me hube así manifestado a la gente, volví, aquella misma noche, a casa del juez Hotham; el cual así que entré me tomó en sus brazos diciendo que su casa era mi casa, pues estaba contentísimo de la obra del Señor, y de que su poder fuera revelado; y entonces me explicó porque no había ido conmigo a la iglesia aquella mañana, y qué razones se había dado a sí mismo para ello; pensó él, que de haber ido a la iglesia conmigo, los oficiales me hubiesen entregado a él que se hubiera encontrado en situación tal, que no hubiera sabido qué hacer, y por esto me dijo que tuvo gran alegría cuando vino el capitán Pursloe para ir conmigo; por más que ninguno de los dos iba adecuadamente vestido ni llevaban la gola al cuello, siendo entonces una cosa muy extraña el que un hombre entrara en la iglesia sin gola; sin embargo, el capitán Pursloe entró sin ella, pues tanto le había afectado el poder y la verdad del Señor que no se preocupó de tal cosa.&lt;br /&gt;De aquí, seguí andando por el país hasta llegar, ya de noche, a una posada donde había una gente grosera. Pregunté a la posadera si tendría alguna vianda que me diera; mas como le hablé de tú me miró sorprendida; entonces le pregunté si tendría un poco de leche, y me respondió "No." Comprendí que decía mentira y dispuesto a probarla una vez más, le pregunté si tendría un poco de crema, y también me negó que la tuviera. Había en su casa una descremadora y, un niño pequeño que estaba jugando por allí cerca, agarrándose a ella con las manitas, la volcó y toda la crema corrió por el suelo, ante mis ojos, poniendo de manifiesto como aquella mujer era una embustera, la cual asustada y clamando a Dios, cogió al chiquillo y le pegó causándole gran dolor; yo le reprendí su mentira y engaño y después que el Señor hubo así descubierto su embustería y su perversidad, salí de aquella casa y andando me fui hasta que llegué a un montón de heno hacinado sobre el que me acosté, pasando la noche bajo la lluvia y la nieve, pues esto era tres días antes de la llamada Navidad.&lt;br /&gt;Al siguiente día fui a York donde había varias personas muy piadosas; y cuando llegó el Primer día de la semana me mandó el Señor que fuera a la gran catedral, y que hablara al sacerdote Bowles y a sus feligreses en aquel gran recinto. De acuerdo con ello fui, y cuando el sacerdote hubo concluido, les dije que tenía algo del Señor que hablarles, y un eclesiástico que estaba entre el gentío, dijo, "Entonces dígalo rápidamente", por razón de que estaba helando y nevaba y hacía mucho frío. En esto les dije que la palabra del Señor para ellos era que vivían solo de palabras, y que el Señor Todopoderoso quería frutos de ellos. Así que estas palabras salieron de mi boca, me echaron fuera atropellándome y me tiraron por las escaleras; mas yo me levanté sin daño y me volví a mi albergue. Varios se convencieron, porque los gemidos que salieron por causa del peso y opresión que fue sobre el Espíritu del Señor en mí, abrieron su comprensión y los despertaron y los hicieron confesar que los lamentos que de mí irrumpieron habían llegado hasta ellos, ya que mi vida estaba oprimida por su profesar sin poseer, y por sus palabras sin fruto.&lt;br /&gt;Después que hube cumplido este servicio en York, siendo convencidos varios que recibieron la Verdad del Señor, volviéndose de las tinieblas a la luz, salí de allí, y mirando hacia Cleveland, vi que había allá personas que probaron ya el poder del Señor, y viendo que había semilla por aquel lado, vi que el Señor tenía allí un pueblo humilde. Pasando más adelante esa noche, un papista me sorprendió, y me habló de su religión, y de sus reuniones; y yo dejé que hablara todo lo que estaba en su mente. Esa noche me quedé en una taberna. La siguiente mañana fui inspirado a habalr la palabra del Señor al papista. De manera que fui a su casa, y le hablé en contra de todos sus caminos supersiticiosos; y le dije que Dios había venido a enseñar a su pueblo él mismo. Esto hizo que se pusiera tan furioso, que él no pudo soportar estar en su propia casa.&lt;br /&gt;Al otro día fui a Burraby, donde un sacertote y varios personas amigables estaban reunidas. Muchas de las personas fueron convencidas, y han continuado siendo fieles desde entonces. Hay una gran reunión de Amigos en esa ciudad. El sacerdote también fue forzado a confesar la verdad, aunque él no llegó a ella.&lt;br /&gt;Y al día siguiente fui a Cleveland, junto a aquella gente que probara ya el poder del Señor, habiendo tenido anteriormente grandes reuniones, pero, cuando llegué encontré que todos estaban divididos y que sus jefes se habían vuelto Ranters. Les dije que después de haber tenido aquellas reuniones no esperaron, en el Señor, hasta sentir Su poder, recogiendo interiormente sus mentes, de manera que pudiesen sentir Su presencia y Su poder entre ellos, cuando en las reuniones estaban sentados esperando por Él, y esto fue porque se hablaron secamente después que gastaron cuanto se les había asignado, y que por no vivir en aquello de que hablaban, ahora se habían secado. Sin embargo, continuaban teniendo una especie de reuniones, en las que tomaban tabaco y bebían cerveza, volviéndose cada vez más ligeros y disolutos. Pero el mensaje que para ellos tenía yo del Señor, era de que debían de volver a reunirse y esperar a que sintieran en sí mismos el poder y espíritu del Señor, para que reuniéndolos en Cristo, pudiesen ser enseñados por El, que dice, "Aprended de mí"; para que así cuando hubieren declarado lo que el Señor les había revelado, la gente lo recibiere; por donde, así los que hablaren como los que oyeren, viviesen en ello por sí mismos. Mas cuando aquellos que hablaren no tuvieren más que decir, y fueren entonces en busca de formas sin vida, que los volvieren secos y yermos, también esto acontecería a los otros; y he aquí su perdición; porque el Señor renueva Sus misericordias y Su fuerza a los que esperan en El. Los principales de esta gente vinieron a nada, pero la mayoría se convencieron, y recibiendo la Verdad infinita del Señor, continuaron reuniéndose hasta este día sentándose bajo las enseñanzas del Señor Jesucristo, su Salvador.&lt;br /&gt;El Primer día de la semana siguiente, la palabra del Señor vino a mí, de que fuera a la iglesia de aquella ciudad, lo cual hice. Cuando acabó el sacerdote, hablé yo la Verdad, a él y al pueblo, encaminándolos a su Maestro interno, Jesucristo, su Maestro gratuito, que los había comprado. El sacerdote vino a mí y tuvimos algunas razones; mas pronto se calló. Habiendo hecho mi servicio en este sitio, seguí mi camino después de haber celebrado varios reuniones con aquella gente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de que en aquella época del año la nieve era muy alta, continué viajando, y, yendo por el país, llegué a una ciudad con mercado, donde encontré muchos eclesiásticos, con los cuales tuve gran discusión haciéndoles muchas preguntas a las que no les fue posible responder, pues, dijeron que, en toda su vida, nunca les habían hecho semejantes preguntas tan profundas.&lt;br /&gt;Después que los hube dejado, fui a Staithes, donde también me encontré con muchos eclesiásticos y con algunos Ranters. Tuve grandes reuniones con ellos, y hubo muchos convencidos que recibieron la verdad; entre ellos un hombre que tenía cien años de edad, y otro que era el jefe de guardia, y un tercero, sacerdote, cuyo nombre era Felipe Scafe que más tarde, el Señor, por su Espíritu de gracia, lo hizo un buen ministro de su evangelio libremente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sacerdote de esta ciudad era un hombre envanecido que oprimía mucho al pueblo por causa de los diezmos. Si iban a pescar, les hacía pagar el diezmo, en moneda, de cuanto sacaban del pescado, a pesar de que tenían que ir a pescarlo muy lejos y que llevarlo a vender a Yarmouth, que también está a gran distancia. Sentí la inspiración de ir a la iglesia a declarar la verdad y a poner de manifiesto al sacerdote, y cuando le hube hablado y le hube acusado de la opresión que ejercía sobre el pueblo, salió huido. Los jefes de la parroquia eran ligeros y vanos; por donde luego que les hube hablado la palabra de Vida, me fui de ellos porque no recibiéndola, los dejé. Mas la palabra del Señor, que yo hablo declarado, fue recibida por algunos, por lo que en la noche vinieron a encontrarme algunos de los jefes de la parroquia, de los cuales muchos se convencieron y satisfechos se confesaron en la Verdad. Y así empezó a difundirse la verdad por aquel país, teniendo grandes reuniones, ante lo cual los sacerdotes empezaron a ponerse furiosos y los Ranters a agitarse; y me mandaron unas palabras de que querían discutir conmigo, el sacerdote codicioso y el que guiaba a los Ranters. Y fijado el día, vino el Ranter con su grupo y otro sacerdote escocés llamado Levens, mas no se presentó el codicioso de Staithes. Felipe Scafe, el sacerdote convencido, estaba conmigo, encontrándose allí gran cantidad de gente. Una vez acomodados, el Ranter, cuyo nombre era T. Bushel, me dijo que había tenido una visión de mí; que estando yo sentado en una gran silla, él había venido y, quitándose el sombrero, había hecho ante mí profunda reverencia hasta el suelo; y así lo hizo; y añadió muchas palabras aduladoras. A todo esto le repuse que era su propia persona la que había visto, y le dije. "Arrepiéntete, tú bestia." Y entonces dijo él que eran los celos los que así me hacían hablar. En esto le pregunté cual era la base de los celos y como se originaban en el hombre, y cual la naturaleza de la bestia, que es lo que la produce y como se forma en el hombre. Porque yo vi desde el primer momento que este hombre estaba en la naturaleza de la bestia, y, en consecuencia, deseaba saber, por el mismo, como se había formado en él tal naturaleza. Y le dije también que debía él darme cuenta de las cosas que acontecían en el cuerpo, antes de que llagásemos a discutir las que acontecían fuera del cuerpo. Y así cerré su boca, quedando también en silencio sus compañeros Ranters, porque él era su jefe. Entonces llamé al sacerdote opresor, pero solamente vino el sacerdote escocés, la boca del cual pronto fue acallada, con muy pocas palabras, estando él fuera de la vida de lo que él profesaba. Entonces tuve una buena oportunidad con el pueblo. Puse en descubierto a los Ranters, clasificándolos con los antiguos Ranters en Sodoma. Los sacerdotes a los cuales manifesté como siendo de la misma clase con sus compañeros asalariados, los antiguos profetas falsos, y los sacerdotes que entonces gobernaban sobre la gente por sus propios medios, buscando sus ganancias de sus dependencias, adivinando por dinero, y enseñando por obtener ganancias sucias. Puse a todos los profetas, Cristo y los apóstoles, sobre las cabezas de los sacerdotes, mostrándoles cómo los profetas, Cristo, y los apóstoles los habían descubierto hacía mucho tiempo por sus marcas y sus frutos. Entonces dirigí al pueblo al maestro interior, Cristo Jesús, su salvador; y prediqué de Cristo en los corazones de su pueblo, cuando todas estas montañas fueron derrumbadas. La gente estaba en silencio, y las bocas de los oponentes fueron cerradas; porque aunque estaban hirviendo por dentro, el poder divino los ató de tal manera, que ellos no pudieron soltarse.&lt;br /&gt;Después de la reunión, el sacerdote escocés quiso que fuese paseando con él hasta la cima de las rocas; por lo cual llamé a Guillermo Ratcliffe, cuñado suyo, el cual estaba hasta cierto punto convencido, para que viniese con nosotros, pues, como a él mismo le dije, quería que alguna persona amiga estuviera cerca que oyera cuanto dijésemos, por temor de que el sacerdote no fuese a referir, luego que yo me marchara, algo que yo no había dicho. De este modo nos fuimos juntos, y, conforme andábamos, el sacerdote me preguntaba muchas cosas concernientes a la luz y también al alma, contestándole yo plenamente a todas ellas. Cuando terminó de preguntar, nos separamos siguiendo él su camino, y aconteció que encontrándose con el otro sacerdote, Felipe Scafe, que estaba convencido, en plena locura rompió su bastón contra el suelo diciendo que si jamás volvía a encontrarme me quitaría la vida, o yo le quitaría la suya, añadiendo que se apostaba la cabeza de que antes de un mes me habrían deshecho a golpes. Por todo esto, los Amigos sospecharon que éste era su intento cuando quiso que me paseara con él, ya de arrojarme desde lo alto de las rocas, ya de darme de puñaladas, siendo esta la razón porque cuando vio frustrado su plan por llevar yo otra persona, lo poseyó la rabia. Mas ya antes de que esto ocurriera, había yo visto en él la naturaleza de un perro, un día que estaba en su casa y que sentí en mí el decirle que era un perro, como luego ello mismo se demostró. Yo no temía ni sus profecías ni sus amenazas por temer a Dios Todopoderoso; mas muchos Amigos débiles, por su afección hacia mí, tenían gran temor de que este sacerdote me hiciera alguna mala acción o de que mandara a otros que me la hicieran. Y, a pesar de todo esto, algunos años más tarde, este mismo sacerdote escocés y también su mujer, se convencieron de la Verdad; y cerca de doce años después yo estuve en su casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de esto, vino a una reunión donde yo estaba, otro sacerdote cuya reputación lo situaba por encima de los otros sacerdotes del país. Estaba yo hablando de que el evangelio era el poder de Dios, y de como iluminaba en el hombre vida e inmortalidad, volviéndolo de las tinieblas a la luz, cuando este sacerdote dijo que el evangelio era mortal. A esto le repuse que el verdadero ministro había dicho que el evangelio era el poder de Dios y, ¿Quería él que el poder de Dios fuera mortal? En esto, Felipe Scafe, el sacerdote convencido, que había sentido en sí mismo el poder inmortal de Dios, lo tomó por su cuenta y lo reprendió; por donde gran discusión se armó entre los dos; éste que el evangelio era inmortal, el otro que era mortal; mas el poder de Dios era demasiado para este sacerdote rebelde, y cerró su boca; y muchos se convencieron al ver las tinieblas que eran en aquel gran sacerdote y la luz que era en el sacerdote convencido. Pero la gente, en general, estaba esperando ver el cumplimiento de la profecía del sacerdote escocés de que antes de un mes me habrían deshecho a golpes, de lo cual algunos estaban asustados, mas yo los amonesté a que temiesen a Dios y no al hombre, porque yo no le temía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces sucedió, que otro sacerdote me mandó a buscar con objeto de tener una discusión, y algunos Amigos me acompañaron a la casa donde estaba; mas así que supo que habíamos llegado, salió huido de la casa y se escondió bajo un seto, y a pesar de que lo fueron a buscar y lo encontraron no consiguieron que viniera a donde estábamos. Me fui, luego de esto, a una iglesia de allí cerca, donde tanto el sacerdote como la gente estaban muy exaltados, habiendo aquél amenazado a los Amigos con lo que pensaba hacerme; mas cuando llegué, no pudiendo permanecer allí se escapó, porque el poder del Señor vino sobre todos ellos. Y el infinito poder de Dios se cernía sobre el mundo y llegaba a los corazones y hacía temblar a sacerdotes y eclesiásticos, y sacudía de tal modo el espíritu terreno y vacío en el cual se apoyaba su profesión religiosa y su culto, que era una cosa terrible para ellos el decirles, "Ahí viene el hombre de los calzones de cuero," pues solo de oírlo, ya se quitaban de en medio los sacerdotes en muchos sitios; tanto los anonadaba el temor del eterno poder de Dios; y el espanto sorprendió a los hipócritas.&lt;br /&gt;De aquí pasamos a Whitby y a Scarborough, donde tuvimos algunos servicios para el Señor, quedando allí establecidas desde entonces reuniones de Amigos. De estos lugares pasando por Welds fui a Malton donde tuvimos grandes reuniones, como también en las ciudades de alrededor. En una ciudad, el sacerdote me desafió a que discutiera con él, pero como cuando fui, no se presentó, tuve una gran oportunidad de estar solo con el pueblo, que fue asido por el poder del Señor. A uno, que era hombre brutal y borracho, le llegó tan profundamente, que vino a mí humilde cual cordero, con todo y que antes, él y los suyos, habían mandado por bebida con el propósito de emborrachar a la gente grosera para que nos ultrajara. Cuando vi que el sacerdote no se presentaba, sentí la inspiración de ir a la iglesia, y allí él fue confundido y el poder del Señor fue sobre todos.&lt;br /&gt;El Primer día siguiente, vino una mujer que era una de las más ilustres profesoras en religión, independiente, la cual se había dejado llevar por tales prejuicios en contra mía, que hasta llegó al extremo de haber dicho, antes de venir, que de buena gana iría a ver como me ahorcaban; mas luego que estuvo allí quedó confundida y se convenció, permaneciendo Amiga hasta el día de hoy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces me volví a Maltón, y grandes reuniones allí celebramos, a las cuales, bastante más gente hubiera asistido de no haber sido por temor a sus parientes, porque, entonces, era visto como una cosa extraña el que se predicase en las casas sin ir a las iglesias (como ellos las llaman), de modo que por esto yo tenía grandes deseos de ir y hablar en las iglesias. Uno de los sacerdotes me escribió y llamándome hermano me invitó a que fuera a predicar a la iglesia donde también otro sacerdote importante iba a dar una plática. Me había mostrado el Señor, mientras estaba en la prisión de Derby, que debía de hablar en las iglesias para de allí, reunir a la gente; y más de una vez venía a mi mente una aprensión concerniente a los púlpitos desde donde predicaban los sacerdotes. Me ofendía la idea de las iglesias, y de los púlpitos, porque tanto los sacerdotes como los laicos las llaman la casa de Dios y las idolatran, y andan contando que Dios mora externamente en una casa, mientras que debieran buscar a Dios y a Cristo en sus corazones haciendo de sus cuerpos el templo de Dios, pues el Apóstol dice: "Dios no mora en templos hechos de mano"; y por idolatrar la gente tales recintos les era odioso que se declarase en contra de ellos. Cuando llegué a la iglesia no habría más de once personas a las cuales hablaba el sacerdote, mas cuando se supo en la ciudad que yo estaba allí, se llenó al momento. Cuando el sacerdote que predicaba este día hubo terminado, mandó al que me había invitado a que me viniese a buscar para llevarme al púlpito: pero yo le mandé decir que no necesitaba ir al púlpito. Entonces me mandó a buscar otra vez, insistiendo en que fuera, pues decía que era mejor sitio y que de allí podía ser visto de todo el mundo Y yo le mandé a decir otra vez, que podía ser suficientemente visto y oído en donde estaba, y que no había ido allí con la idea de justificar tales sitios con mi presencia, ni tampoco su sustento y comercio. Al decir yo esto empezaron a molestarse y dijeron: "Estos falsos profetas que han de venir en los últimos tiempos," lo cual ofendió a muchos de los allí reunidos que empezaron a murmurar de ello. En vista de todo esto, me subí a una silla y grité que me escuchasen; y entonces les denuncié las marcas de los falsos profetas, mostrándoles como habían ya venido, y puse sobre ellos a los verdaderos profetas, a Cristo, a sus apóstoles, y manifesté que aquellos estaban fuera de la senda de los verdaderos profetas, de Cristo, de sus apóstoles; y los encaminé a su Maestro que está en ellos, a Jesucristo, el cual los volvería de la oscuridad a la luz. Y habiéndoles revelado diversos pasajes de las Escrituras, los dirigí al espíritu de Dios en sí mismos por el cual podrían llegar a El, y por el cual podrían también llegar a conocer quienes eran los falsos profetas. Y habiendo tenido la oportunidad de estar tanto tiempo entre ellos, me fui después en paz.&lt;br /&gt;Pasado algún tiempo fui a Pickering, donde los jueces celebraban en la iglesia sus sesiones, que presidía el juez Robinson. Al mismo tiempo celebraba yo una reunión en la escuela, a la que asistían abundancia de sacerdotes y eclesiásticos, los cuales hicieron preguntas que les fueron contestadas a su satisfacción. Cuatro jefes de guardia y mucha otra gente se convencieron aquel día; y en esto le fue llevado recado al juez Robinson de que su sacerdote, al cual él amaba más que a ningún otro sacerdote, se había trastornado y convencido. Después de la reunión fuimos a una posada, y el sacerdote del juez Robinson fue tan humilde y amable, que hubiera querido pagar mi comida y hasta limpiar mis zapatos de no haberlo impedido yo por todos los medios. Entonces me ofreció su iglesia para que predicara en ella, a lo cual me negué, diciéndole, así como a la gente, que yo había venido a sacarlos de tales cosas, para llevarlos a Cristo.&lt;br /&gt;A la mañana siguiente fui, junto con los jefes de guardia y otros, a visitar al juez Robinson que me estaba esperando a la puerta de su cámara; le dije que no podía yo honrarlo con honores de hombre, a lo cual respondió que tampoco era esto lo que él quería. Y entré en su cámara, y le revelé la condición de los falsos profetas, y la de los verdaderos profetas, y ensalcé a los verdaderos profetas, a Cristo, y a Sus apóstoles sobre los otros; y encaminé sus pensamientos a Cristo, su Maestro. Le revelé también las parábolas, y como era la elección y la reprobación; que la reprobación era en el primer nacimiento y la elección en el segundo nacimiento. Y le mostré para qué era la promesa de Dios y contra qué era el juicio de Dios. Confesó todo ello, y de tal modo se le reveló la Verdad, que, cuando otro juez allí presente intentó oponerse, él lo informó. Cuando ya nos separábamos, dijo que era gran bien el que yo ejerciera este don que Dios me había dado, y tomando aparte a los jefes de guardia les quiso dar algún dinero para mí, diciendo que no quería que mientras yo estuviera en su país pagara nada; mas le dijeron que no podrían persuadirme a que tomara nada, y de este modo rehusando de su dinero, aceptaron de su amor y bondad.&lt;br /&gt;De aquí me interné por el país, y el sacerdote que me había llamado hermano (en cuya escuela había tenido la reunión en Pickering) vino conmigo. Entrábamos en una ciudad para comer, cuando sonaron las campanas. Pregunté porqué tocaban, y me dijeron, para que yo fuera a predicar a la iglesia; y poco después, sentí impulsos de hacerlo, y conforme me encaminaba a la iglesia, vi que la gente estaba reunida en el patio. El viejo sacerdote, quería que entrase en la iglesia, mas yo le dije que ello no tenía importancia, y el pueblo estaba algo extrañado de que yo no quisiera ir a la que ellos llamaban casa de Dios. Me quedé en pié en el patio de la iglesia, y declaré a la gente que no había ido a defender sus templos-ídolos, ni sus sacerdotes, ni sus primicias, ni sus salarios de los sacerdotes, ni sus ceremonias y tradiciones judías y paganas (pues yo las negaba todas), y les dije que aquel pedazo de tierra no era más sagrado que cualquier otro pedazo de tierra. Yo les mostré que cuando los apóstoles fueron a las sinagogas y los templos judíos, lo cual Dios les había mandado, era para sacar a la gente de esos templos y de esas sinagogas, y de las ofrendas, diezmos, y los sacerdotes codiciosos de ese tiempo. Para enseñarles que aquellos que llegaron a estar convencidos de la verdad, y se convirtieron a ella, y creyeron en Jesucristo, de quien predicaron los apóstoles, se reunieron en casas; y que todos los que predican de Cristo, la palabra de vida, deben predicar libremente, como lo hicieron los apóstoles, como él mandó. Así que yo fui enviado por el Señor Dios del cielo y la tierra a predicar libremente, y a sacar a la gente de estos templos externos hechos con manos humanas, en los cuales Dios no mora; para que ellos puedan saber que sus cuerpos llegan a ser templos de Dios y de Cristo; y para sacar a la gente de sus ceremonias supersticiosas, costumbres judías y paganas, tradiciones, y doctrinas de hombres; y de todos los maestros asalariados del mundo, que toman los diezmos, y los grandes salarios, predicando por paga, y adivinando por dinero; a quien Dios y Cristo nunca envió, como ellos mismos confiesan, cuando ellos dicen que ellos nunca han oído la voz de Dios ni de Cristo.&lt;br /&gt;En consecuencia exhorté al pueblo, a que se evadiese de todas esas cosas, y se encaminase al espíritu y gracia de Dios, en sí mismos, y a la luz de Jesús en sus propios corazones, que así pudieren llegar a conocer a Cristo, su Maestro de balde, que les daría la salvación y les revelaría las Escrituras. Y, de este modo, el Señor me dio una buena oportunidad de que largamente pudiese hacerles revelaciones. Todo estaba en calma, y muchos se convencieron; ¡Bendito sea el Señor!&lt;br /&gt;En compañía del viejo sacerdote, antes mencionado, pasé a otra ciudad donde también se celebraba una gran reunión, y allá vinieron eclesiásticos de diversas ideas, con el propósito de discutir. Estaba yo sentado sobre un montón de heno, y nada dije por algunas horas, pues los quería hambrientos de palabras. Los eclesiásticos entre tanto iban a menudo a hablar al viejo sacerdote, preguntándole cuando iba yo a empezar y a hablar, a lo cual él les respondía que el hombre esperaba largo rato en Cristo antes de que El hablase. Al fin, hablé, por voluntad del Señor; y el poder del Señor, los llenó de asombro; la palabra de vida llegó a ellos, y fue un convencimiento general.&lt;br /&gt;De aquí seguí mi camino, y el viejo sacerdote siempre conmigo, junto con otros varios; e íbamos andando cuando algunas personas lo llamaron, diciéndole. "Señor Boys, le debemos algún dinero de los diezmos, venga a tomarlo." Mas él, retirando las manos, decía que ya tenía bastante; que no quería ningún dinero de los diezmos, que podían guardárselo; y ensalzó al Señor de que él ya tuviese bastante.&lt;br /&gt;Finalmente, fuimos a la iglesia de este viejo sacerdote, en Moors, y cuando entramos él pasó delante para tenerme abierta la puerta del púlpito, mas le dije que no quería entrar en él. Esta iglesia estaba muy llena de pinturas, y yo dije, a él y a la gente, que la bestia pintada tenía una casa pintada. Yo les revelé a ellos el surgimiento de todas esas casas; y de sus caminos supersticiosos, mostrándoles que así como el propósito de que los apóstoles fueran al templo y a las sinagogas, lo cual Dios mandó, no era para defenderlos, sino para llevar a la gente a Cristo, la sustancia; así también el propósito de mi venida a este lugar no era para defender estos templos, sacerdotes, y diezmos, los cuales Dios nunca ordenó, sino que para sacarlos de todas estas cosas y llevarlos a Cristo, la sustancia. Yo les mostré que la adoración verdadera, la cual Cristo estableció, y que distingue a Cristo, el camino verdadero, de todos los caminos falsos, abriéndoles las parábolas, y llevándolos de la oscuridad a la luz verdadera, para que por medio de ella ellos se puedan ver a sí mismos, sus pecados, y a Cristo su salvador; para que al creer en él puedan ser salvos de sus pecados.&lt;br /&gt;Después de esto fuimos a casa de un tal Birdet, donde celebré una gran reunión; y este viejo sacerdote continuó conmigo, dejando su iglesia, porque él había sido considerado como un gran e ilustre sacerdote, por encima de los episcopales, presbiterianos, y también de los independientes; y antes de que se convenciera, había ido más de una vez a predicar por sus iglesias; ya que a su manera estaba lleno de celo. Y cuando iban al juez Hotham para quejarse de él, les decía éste que le quitasen el caballo por viajar en el día del Señor (come él lo llamaba); pero Hotham decía esto solo para quitárselos de delante, pues bien sabía que el sacerdote no viajaba a caballo, sino a pie.&lt;br /&gt;En esto fui hacia Cranswick, a casa del capitán Pursloe y del juez Hotham, que me recibió con gran cariño, pues estaba muy contento de que el poder del Señor se hubiese así aparecido, de que le verdad se difundiese, de que tantos la hubiesen recibido, y de que el juez Robinson se hubiese comportado tan cortésmente. Y dijo el juez Hotham, que de no haber Dios levantado este principio de luz y de vida que yo predicaba, la nación se hubiera inundado de ranterismo, de tal modo, que todos los jueces de la nación no hubieren podido impedirlo con todas sus leyes; "porque" siguió diciendo "ellos hubieren dicho lo mismo que nosotros dijéremos, y hecho como les mandásemos y, sin embargo, hubieron continuado con sus mismos principios. Mas este principio de Verdad" continuó "destruye el suyo hasta la raíz, y también la base sobre que se funda"; y, por todo esto, estaba muy contento de que el Señor hubiese levantado este principio de vida y Verdad.&lt;br /&gt;De este lugar seguí viajando hasta Holderness, y fui a casa de un juez llamado Pearson, donde había una mujer muy piadosa, que creyendo en la verdad había sido tan afectada por ella, que dijo que bien lo dejaría todo por seguirme.&lt;br /&gt;De allí me fui a Oram, a casa de un tal George Hartis, donde muchos de esta ciudad se convencieron. El Primer día, sentí la inspiración de ir a la iglesia, cuyo sacerdote se había procurado otro que le ayudara; y había allí gran asamblea de eclesiásticos y contendientes. Mas el poder del Señor fue sobre todos; los sacerdotes salieron huidos, e hice muy buen servicio para el Señor, en aquella gente. Y algunos de aquellos grandes eclesiásticos se convencieron, volviéndose Amigos honestos y fieles, siendo hombres muy estimados en el lugar.&lt;br /&gt;Al siguiente día, habiéndome dejado los Amigos y las personas simpatizantes, seguí yo solo mi camino declarando, en los ciudades por donde pasaba, el día del Señor, y también, algunas veces, a orillas del mar, advirtiéndoles de que se arrepintiesen. Era ya casi de noche, cuando un día, entré en una ciudad llamada Patrington; y conforme andaba por la ciudad advertía así a la gente como el sacerdote (éste iba por la calle) de que se arrepintiesen volviendo al Señor. En esto, se hizo del todo oscuro antes de que llegase al otro extremo de la ciudad, y gran multitud de gente estaba reunida a mi alrededor, declarándoles yo la palabra de vida.&lt;br /&gt;Cuando me hube así manifestado, me fui a una posada con el deseo de que me diesen albergue, mas no quisieron. Entonces pedí que me diesen un poco de vianda y de leche, que yo pagaría por ello, mas tampoco quisieron, y en vista de esto me salí de la ciudad; y un grupo de muchachos que venían tras de mí, me preguntaron ¿Qué hay de nuevo? y yo los amonesté a que se arrepintieran y a que temiesen al Señor. Había andado largo trecho fuera de la ciudad, cuando me dirigí a otra casa con la intención de que me diesen, por mi dinero, un poco de comer, algo que beber, y en donde pasar la noche, pero me lo negaron. Entonces fui a otra casa con el mismo propósito, y también rehusaron dármelo. En esto se había hecho tan oscuro que no podía ver el camino real, mas divisando una zanja conseguí un poco de agua con que refrescarme, y pasando luego por encima de la zanja, como estaba tan débil de tanto andar, me senté sobre unas matorrales de ojas siempre verde hasta que llegó el día. Cerca del alba me puse en pié y seguí andando campo a través, y un hombre que venía tras de mí llevando una gran pica, se me acercó yendo conmigo hasta una ciudad; y así que llegamos despertó a todo el mundo, por mí causa, con el guaria y el jefe de guardia, antes de que el sol estuviera en lo alto. Y yo les declaré la verdad infinita de Dios, previniéndoles del día del Señor que vendría a cernirse sobre todo pecado y maldad, y exhortándolos al arrepentimiento. Mas ellos apoderándose de mí, me llevaron otra vez a Patrington, a unas tres millas, guardándome con palos, picas, estacas y alabardas. Cuando llegué de vuelta a Patrington, toda la ciudad estaba en tumulto, y el sacerdote y los guardias en consejo; por donde tuve otra oportunidad de declararles la palabra de vida, avisándoles de que se arrepintiesen. Finalmente, un eclesiástico, hombre piadoso, me llamó que entrara en su casa, y allí tomé un poco de carne y de pan después de no haber comido desde varios días; y luego me custodiaron por nueve millas, hasta la casa de un juez. Cuando ya casi llegábamos, un hombre montado a caballo vino tras de mí, y me preguntó si era yo el hombre que habían aprehendido, y al interrogarle yo porqué lo preguntaba, respondió, "para nada malo," y le dije que yo era. Entonces siguió adelante a casa del juez, antes de nosotros. En esto el hombre que me custodiaba dijo que todo iría bien si el juez no estaba borracho cuando llegásemos, pues acostumbraba a emborracharse desde muy temprano. Y sucedió que como al introducirme ante él, no me quité el sombrero y lo tuteé, preguntó al hombre que había llegado a caballo antes que yo, si es que no estaba yo confuso o loco, mas el de a caballo le dijo que no, que ello era en mí un principio. Entonces le advertí de que se arrepintiera, y de que viniese a la luz con que cristo lo había iluminado, que en ella pudiere ver todas sus malas palabras y acciones, y por ella volver a Jesucristo mientras aun era tiempo, y que mientras tuviere tiempo que lo apreciara. "Ya, ya," dijo, "la luz de que habla Juan en el tercer capítulo de su evangelio." Y yo hubiera querido que pensase en ello y que lo obedeciere. Lo estaba amonestando cuando puse mi mano sobre él, y se desplomó por el poder del Señor, y los guardias se quedaron atónitos. Entonces llevándome a una pequeña sala, junto con el otro hombre, quiso ver que llevaba en mis bolsillos de papeles y correspondencia, y tirando yo de mi ropa le mostré que no llevaba cartas ningunas, y entonces el dijo, "Por su ropa no es un vagabundo." Y poniéndome en libertad, me volví a Patrington con el hombre de a caballo que vivía allí. Cuando llegamos quiso que celebrase una reunión en la Cruz, mas le dije que no había por qué, pues su casa serviría para ello. Entonces quiso que fuera a su casa y que me echara sobre una cama, o que me acostara en una cama, que así él y su mujer pudiesen decir que me habían visto en una cama o sobre una cama; pues había corrido la voz de que yo no me acostaría en cama alguna, a causa de que, en aquellos días, había dormido muchas veces a descubierto. Cuando llegó el Primer día de la semana fui a la iglesia y declaré la verdad al sacerdote y a la gente, que no me molestó en lo más mínimo, pues el poder del Señor era sobre todos ellos. Y entonces, luego que hube celebrado grandes reuniones en casa de este hombre, donde posaba, habiéndose convencido muchos de la infinita verdad del Señor, de lo cual han sido testigos fieles hasta este día, estaban apenadísimos de no haberme recibido ni dado albergue cuando estuve allí la otra vez.&lt;br /&gt;De allí viajé a través del país a las partes más lejanas, advirtiendo a la gente en las ciudades y las aldeas a que se arrepintieran, y llevándolos a Cristo Jesús, su maestro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el Primer Día vine a la casa del coronel Overton, y tuve una gran reunión con los principales de la gente de ese lugar, donde muchas cosas fueron reveladas de las escrituras, las cuales ellos nunca habían oído antes. Muchos fueron convencidos, y recibieron la palabra de vida, y fueron establecidos en la verdad de Dios.&lt;br /&gt;Volví a Patrington otra vez, y visité a aquellos Amigos que se habían convencido, y por ellos supe que un sastre junto con algunos jovenzuelos de aquella localidad, habían presentado la denuncia que me llevó ante el juez. El sastre vino a pedirme que lo perdonara, temiendo que me quejase de él; y también los guardias estaban asustados, por temor de que no les causara algún disgusto. Mas yo los perdoné a todos, advirtiéndoles de que se volviesen al Señor enmendando sus vidas. Pero lo que más los atemorizó fue lo siguiente. Estaba yo en la iglesia de Oram, poco antes de que esto ocurriera, cuando se presentó en ella un eclesiástico que dándome un manotazo en el pecho, me exigió que saliese de la iglesia. "¡Ay de tí, pobre hombre," le dije, "¿Llamas tú iglesia a una casa con campanario? La iglesia es la gente que Cristo rescató con Su sangre, mas no la casa." Y en esto sucedió que habiéndose enterado el juez Hotham del comportamiento de este hombre, dio su autorización para que lo fuesen a buscar, y lo obligó a que se presentase en la casa de sesiones, de tan afectado como estaba por la Verdad, y de tanto celo como tenía por mantener la paz. Además, este juez Hotham, me había preguntado antes, si alguien se había metido conmigo o me había ultrajado; pero yo nada tenía que decirle, sino antes bien perdonarlos a todos.&lt;br /&gt;De Patrington me fui a la casa de varios hombres importantes, advirtiéndoles que se arrepintieran. Algunos me recibieron con amor, y algunos me desairaron. En la noche llegué a otra ciudad, donde tuve el deseo de alojarme y comer, por lo cual yo estaba dispuesto a pagar; pero ellos no quisieron alojarme, a menos que fuera con el guardia, lo cual era la costumbre (dijeron ellos) de todos los que se quedan en posadas, si son forasteros. Yo les dije que yo no iría; porque esa costumbre era para personas sospechosas, pero yo era un hombre inocente. Después de advertirles que se arrepintieran, de declararles el día de su visitación, y de dirigirles hacia la luz de Cristo y el espíritu de Dios, para que ellos llegaran a conocer la salvación, me fui; y la gente estuvieron algo sensibles y agitados después. Cuando se hizo más oscuro, divisé un pajar, y fui y me senté allí hasta la mañana. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente pasé por Hull, amonestando y advirtiendo a la gente a que se acercaran a Cristo Jesús, para que ellos puedan recibir salvación. Esa noche conseguí alojamiento; pero estaba muy adolorido por viajar a pie tan lejos.&lt;br /&gt;Después llegué a Balby, visitando Amigos por todas esas partes, y entonces me fui a la orilla de Nottinghamshire, visitando a los Amigos que estaban allí; y así me fui hacia Lincolnshire, y visité a los Amigos allí. En el Primer Día me fui a la iglesia en este lado de Trent, y en la tarde a otra que estaba en el otro lado de Trent, declarando la palabra de vida a la gente, y encaminándoles a su maestro Cristo Jesús, quien murió por ellos, para que ellos puedan oírle y recibir la salvación por él. Después me fui más adentro en esa zona, y tuve varias reuniones. A una de las reuniones vino un gran hombre, un sacerdote, y muchos profesantes; pero el poder del Señor vino sobre todos ellos, y se fueron cada uno por su camino en paz. Vino un hombre a esa reunión, que había estado en un otra antes, y había levantado una acusación falsa en contra de mí, e hizo ruido por toda esa zona, denunciando que yo había dicho que era Cristo; lo cual era completamente falso. Cuando llegué a Gainsborough, donde un Amigo había estado declarando la verdad en el mercado, la ciudad y la gente en el mercado estaban todos alborotados. Me fui a la casa de un hombre amigable, y la gente se apresuró para entrar detrás de mí; por lo cual la casa estaba llena de profesantes, personas que disputaban, y gente grosera. Este acusador falso entró y me acusó abiertamente ante la gente de que yo había dicho que era Cristo, y él tenía testigos para probarlo. Lo cual enfureció tanto a la gente, que ellos apenas podían mantener sus manos apartadas de mí. Entonces fui inspirado por el Señor Dios a ponerme de pie sobre la mesa, en el poder eterno de Dios, y decirle a la gente, ‘que Cristo estaba en ellos, excepto por aquellos que eran réprobos; y que era Cristo, el poder eterno de Dios, que hablaba en mí en ese momento hacia ellos; NO que yo era CRISTO'. Y la gente en general estuvo satisfecha, menos el acusador falso, un profesante, y sus propios testigos falsos. Yo le llamé Judas al acusador, y fui inspirado a decirle que el fin de Judas sería el suyo; y que esa era la palabra del Señor y de Cristo por medio de mí hacia él. [De Mateo 27:5, Entonces, arrojando las piezas de plata en el templo, [Judas] salió, y fue y se ahorcó.] El poder del Señor sobrevino sobre todos, y silenció las mentes de las personas, y ellos se fueron en paz. Pero este Judas poco después se ahorcó, y su tumba fue atravesada por una estaca. Después de esto los sacerdotes impíos levantaron un escándalo acerca de nosotros, y declararon que un cuáquero se había ahoracado en Lincolnshire, y que una estaca lo había atravesado. Ellos imprimieron esta falsedad a la nación, añadiendo pecado sobre pecado; de lo cual nosotros y la verdad estabamos absueltos: porque él no era más cuáquero que el sacerdote que lo había imprimido, sino que era uno de los de su pueblo. A pesar de este impía calumnia por la cual el enemigo trató de difamarnos, y de llevar las mentes de las personas en contra de nosotros, nos mantuvimos fuertes. Muchos en Linconshire recibieron el evangelio, siendo convencidos de la verdad eterna del Señor, y se sentaron en ella bajo su enseñanza celestial.&lt;br /&gt;Después de esto pasé a Yorkshire, en el poder del Señor, y fui a Warmsworth donde, antes del mediodía, me encaminé a la iglesia; pero cuando llegué, me dieron con la puerta en la cara; sin embargo, al poco rato dejaron entrar a Thomas Aldam que se dirigió a su sitio, y volvieron a cerrar la puerta; el sacerdote se abalanzó sobre él haciéndole preguntas, y finalmente abrieron la puerta, y yo entré; así que el sacerdote me percibió de lejos, dejó de predicar, a pesar de que yo nada le había dicho, y me preguntó, "¿Qué es lo que tenéis que decir?" y en el mismo momento, se puso a gritar, "venid, venid, que yo les probaré los falsos profetas en Mateo," pero estaba confundido de tal modo, que no pudo encontrar el capítulo. Entonces cayó sobre mí, haciéndome cantidad de preguntas, estándome yo quieto todo este tiempo, sin decir palabra. Al fin, dije. "Viendo que se me han hecho tantas preguntas, tal vez las constestaré." Mas apenas hube empezado a hablar, la gente se precipitó violentamente sobre mí, y echándome fuera de la iglesia me volvieron a cerrar la puerta; y tan pronto como salieron, luego de acabado el servicio, echaron a correr hacia mí y me pegaron, y me tiraron terrones, y me apalearon con sus tablillas; y también el sacerdote poseído de gran furia puso violentamente sus manos sobre mí. Mas no por esto dejé yo de advertirles del terrible día del Señor, exhortándoles al arrepentimiento y a que se volviesen a Cristo. Y por estar yo henchido del poder vivificante del Señor, no me percaté del dolor que sus muchos golpes me había causado, y por la tarde me fui a otra iglesia; pero cuando llegué, el sacerdote ya había hablado, por donde prediqué el arrepentimiento a las pocas personas que aun quedaban, encaminándolas a su Maestro interno, Jesucristo.&lt;br /&gt;De este lugar fui a Balby y también a Doncaster donde había ya predicado el arrepentimiento, un día de mercado, lo cual dio lugar a que se produjera en el país gran alboroto y temor. El Primer día fui a la iglesia y terminado que hubo el sacerdote, hablé, así a él como al pueblo, cuanto el Señor me había ordenado que hablase; pero como estaban furiosos se apresuraron a sacarme, me tiraron por el suelo, y me llevaron ante los magistrados que me interrogaron largamente, y tuve con ellos gran discusión, amenazándome de muerte si alguna vez volvía por allí, y diciéndome que me dejarían a merced del pueblo. Pero esto no impidió que les declarase la Verdad y que los dirigiese a la luz de Cristo en sí mismos, dándoles testimonio de que Dios venía a enseñar a su pueblo, tanto si querían escucharle como si no querían. Al poco tiempo nos sacaron a la calle, (algunos Amigos estaban conmigo) dejándonos entre una multitud brutal, que nos apedreó por las calles hasta que vino un posadero, que era alguacil, y nos metió en su casa, y aquella gente brutal con las piedras que nos tiraban le abrieron la cabeza corriéndole la sangre por el rostro. En su casa nos quedamos unos momentos, poniendo en evidencia a las personas más serenas los frutos de los sacerdotes, y luego nos fuimos a Balby, a una milla de distancia, donde la gente que nos estaba esperando nos apedreó todo a lo largo de una callejuela; mas, bendito sea el Señor, no sufrimos mucho daño.&lt;br /&gt;El Primer día siguiente, fui a Tickhill donde se reunían los Amigos de por aquel lado. Cuando los Amigos estuvieron reunidos, en calma y llenos de la vida y poder de Dios, yo sentí la inspiración de dejar la reunión e irme a la iglesia, y, cuando llegué, encontré al sacerdote y a la mayor parte de los jefes de la parroquia reunidos en el presbiterio, y entonces acercándome a ellos empecé a hablar; pero inmediatamente cayeron sobre mí, y el sacristán levantando su biblia, mientras yo hablaba, me dio con ella en el rostro de tal forma que, brotando la sangre, sangré abundantemente en la iglesia, y la gente comenzó a gritar. "Dejen que lo tengamos fuera de la iglesia," y cuando me cogieron en la calle, me pegaron causándome gran dolor y también a puñetazos, y con palos, y tirándome por el suelo me echaron a un cercado, por encima de un seto, y allí me pegaron y luego me volvieron a sacar, y arrastrándome después por una casa hasta la calle, me apedrearon y me pegaron conforme me arrastraban, de tal manera, que estaba cubierto de sangre y de lodo, y me quitaron el sombrero que no volví a recuperar. No obstante, así que me pude volver a poner en pie, les declaré la palabra de vida, les mostré cuales eran los frutos de sus maestros, y como estaban deshonrando la cristiandad. Poco después volví a la reunión, junto a los Amigos; y como el sacerdote y la gente se dirigían a la casa donde estábamos, yo salí al patio con los Amigos y allí hablé a la gente y al sacerdote, el cual mofándose de nosotros nos llamó cuáqueros. Mas el poder del Señor fue de tal modo sobre ellos, y la palabra de vida fue declarada con tal autoridad y en tal temor, que el mismo sacerdote comenzó a temblar, y dijo uno de los que allí estaban, "Miren como tiembla y se agita el sacerdote, también él se ha vuelto cuáquero." Cuando terminó la reunión, los Amigos se separaron, y, sin sombrero, me fui a Balby que estaba a unas siete u ocho millas de camino. Aquel día, el sacerdote y los suyos, ultrajaron mucho a los Amigos; tanto, que habiendo llegado a oídos de algunos jueces moderados, vinieron a la ciudad dos o tres de ellos para oír en consejo lo ocurrido y examinar la cuestión. Y aquel que había vertido mi sangre, tuvo gran temor de que le cortasen las manos, por haberme golpeado en la iglesia; mas yo, habiéndole perdonado, no comparecí en contra suya.&lt;br /&gt;A comienzos del año de 1652, se levantó gran furor en contra de la Verdad y de los Amigos, así en sacerdotes y laicos, como también en algunos magistrados, en la comarca del Oeste de Yorkshire, de tal manera, que el sacerdote de Warmsworth se procuró de los jueces un decreto en contra mía y de Tomás Aldam, que debía de llevarse a la práctica en cualquier parte de la comarca del Oeste de Yorkshire. Al mismo tiempo, yo tuve la visión de un hombre que estaba con dos perros mastines y un oso, y que pasando por su lado, me sonrieron sin hacerme daño alguno; y así fue, porque arrestando el guardia a Thomas Aldam lo llevó a York y, yendo yo con Tomás Aldam por veinte millas de camino hacia York, a pesar de que el guardia también tenía un decreto contra mí, dijo que me había visto pero que no le gustaba causar daño alguno a los forasteros, mientras que Tomás Aldam, en cambio, era vecino suyo. Y de este modo el poder del Señor lo contuvo, que no pudo hacerme ningún daño. Fuimos a casa del teniente Roper, donde celebramos una gran reunión a la que asistieron muchos hombres de importancia; y la verdad les fue declarada maravillosamente. El guardia estuvo con Tomás Aldam hasta que terminó la reunión, yendo luego los dos a la prisión de York, mas no se metió conmigo.&lt;br /&gt;De aquí fui a Wakefleld, y el Primer día siguiente fui a una iglesia donde James Neyler había sido miembro de una secta independiente, pero fue luego excomulgado por haber recibido la Verdad. Cuando entré, y el sacerdote hubo concluido, la gente me llamó que subiera a donde el sacerdote; perou cuando empecé a declarar la palabra de vida, y a exponerles abiertamente la impostura de los sacerdotes, se abalanzaron de repente sobre mí, y me empujaron para afuera por la otra puerta a puñetazos y pegándome, gritaron "Pongámoslo en el cepo." Mas el poder del Señor los contuvo, que no se atrevieron a ponerme en el cepo, y pude irme a la reunión, donde estaban muchos eclesiásticos ilustres, y simpatizantes. Y muchas conversiones se hicieron aquel día, pues se sintieron todos muy felices de que se les hubiese encaminado a las enseñanzas del Señor en sí mismos. Allá conseguimos alojamiento, ya que cuatro de los nuestros habían pasado la noche debajo de un seto, a causa de que entonces eran pocos los Amigos que había en aquel lugar.&lt;br /&gt;El mismo día Richard Farnsworth había ido a otra iglesia que pertenecía a un alto sacerdote, y allí declaró a la gente la palabra de Verdad consiguiendo entre ellos tan gran predicamento, que decían que armábamos nosotros más ruido que la llegada del ejército escocés, tan fuerte era sobre ellos el temor y el poder del Señor.&lt;br /&gt;El sacerdote de esta iglesia de la cual James Naylor había sido miembro, y cuyo nombre era Marshall, propagó muchas e infames calumnias de mí, tales, como que andaba yo dando de beber a la gente, de unas botellas que llevaba siempre conmigo, para que así me siguieran, y de que iba montado en un gran caballo negro, sobre el cual me veían en un lugar a una hora, y a la misma hora me veían en otro a sesenta millas de distancia, y de que cuando iba sobre mi caballo negro iba dando dinero a la gente para que me siguieran; e hizo que sus feligreses se tragasen todas estas mentiras diabólicas, para que dudasen de la Verdad que yo les había declarado. Mas por causa de estas mismas mentiras se separaron de él muchos de los suyos, porque en general todo el mundo sabía que yo viajaba a pie por no tener caballo en aquella época. No mucho después, el Señor destrozó a este sacerdote envidioso en su propia maldad.&lt;br /&gt;Después de esto fui a High-Town, donde vivía una mujer que se había convertido desde hacía poco tiempo. Fuimos a su casa y en ella celebramos una reunión, declarando la verdad a la gente que allí estaba, y habiendo hecho entre ellos algunos servicios para el Señor, se marcharon después pacíficamente. Pero había allí una viuda, llamada Green, que llena de envidia fue a uno, que en la ciudad era tenido por caballero, (y del que se decía que había matado a dos hombres y a una mujer) y le dio informaciones en contra nuestra a pesar de que él no tenía autoridad alguna. A la mañana siguiente seleccionamos algunas preguntas que mandar al sacerdote, y, habiendo concluido íbamos a marcharnos cuando llegaron corriendo a la casa donde estábamos algunas de las personas que simpatizaban con nosotros, para decirnos que este hombre asesino había afilado una pica para atravesarnos con ella, y que en aquel mismo instante venía con la espada al cinto; pero como nosotros nos íbamos en aquel preciso momento así fue que lo evitamos. Mas apenas idos, llegó a la casa donde habíamos estado, y toda la gente fue de opinión de que hubiera asesinado a alguno de nosotros. Aquella noche la pasamos en un bosque y nos mojamos muchísimo porque llovió copiosamente. Por la mañana sentí la necesidad de volver a la ciudad, cuando nos dieron una información detallada de este hombre malvado.&lt;br /&gt;De allí pasamos a Bradford donde nos encontramos otra vez con Richard Farnsworth, del que nos habíamos separado poco antes. Cuando llegamos nos prepararon viandas que comiésemos, mas cuando iba ya a tomar unos sorbos de su leche, vino a mí la palabra del Señor, diciendo, "No comas tu pan con tales gentes que tienen mala mirada," e inmediatamente me levanté de la mesa sin comer nada. La mujer de la casa era bautista; luego que hube exhortado a la familia, para que volviendo al Señor Jesucristo prestasen atención a Sus enseñanzas en sus propios corazones, nos fuimos de allí.&lt;br /&gt;Conforme viajábamos a través de la zona, predicando el arrepentimiento a la gente, llegamos a un mercado en un pueblo, donde se estaba dando un sermón ese día. Yo fui a la iglesia, donde había muchos sacerdotes, profesantes y gente. El sacerdote que predicó tomó como su texto esas palabras de Jer 5:31, 'Mi pueblo así lo quiso:' dejando fuera las palabras anteriores, 'Los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían por manos de ellos.' Yo le mostré a la gente el engaño de él; y los encaminé a Cristo, su verdadero maestro interior: declarándoles a ellos que Dios había venido a enseñar a su pueblo él mismo, y a alejarlos de los maestros del mundo y los asalariados; para que ellos puedan recibir libremente de él. Entonces, advertiéndoles que el día del Señor estaba por venir sobre toda carne, me fui de allí sin mucha oposición. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante la noche lleguamos a un lugar en el campo, donde no había una casa pública cerca. La gente de ese lugar quería que nos quedáramos allí en la noche; lo cual hicimos y tuvimos un buen servicio para el Señor, declarando su verdad entre ellos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Señor me dijo, 'Si solamente un hombre o mujer fuera levantado por su poder, para permanecer y vivir en el mismo espíritu en el que estaban los profetas y los apóstoles, quienes nos dieron las escrituras, ese hombre o mujer debería sacudir a toda la gente de esa área en su profesión por diez millas a la redonda.' Porque la gente tenía las escrituras, pero no estaban en la misma luz, poder y espíritu que estaban en aquellos que nos dieron las escrituras: por lo tanto ellos ni conocían a Dios, ni conocían bien las escrituras; ni tenían unidad los unos con los otros, estando fuera del poder y el espíritu de Dios. Por lo tanto, a medida que pasamos por allí le advertimos a todos, donde fuera que los encontráramos, que el día del Señor vendría sobre ellos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conforme íbamos viajando por el país, predicando el arrepentimiento, me dijo el Señor, que sólo con que inculcara a una persona el mismo espíritu en que estaban los apóstoles y profetas que habían hablado las Escrituras, él o ella, ejerciendo su misión, harían temblar todo el país por diez millas a la redonda. Y si las otras personas poseían a Dios y a Cristo y a Sus apóstoles y profetas, deberían también de poseer a él o a ella. Porque la gente tenía las Escrituras, mas no estaban en la misma luz y poder y espíritu en que estuvieron los que las produjeron, y por esta razón, ni conocían bien a Dios, ni a Cristo, ni las Escrituras, ni estaban unidos, por estar fuera del poder y espíritu de Dios. En consecuencia, así como íbamos viajando, advertíamos a todo el mundo, donde quiera que los encontrásemos, del día del Señor que iba a venir sobre ellos.&lt;br /&gt;Íbamos andando, cuando llegamos cerca de una montaña muy alta llamada Pendlehill, y, por voluntad del Señor, subí a su cima, lo que hice con gran dificultad, tan alta y escarpada era. Cuando ya llegaba a la cima, vi el mar que bordeaba por Lancashire, y allá, en lo alto, me sentí inspirado de celebrar el día del Señor, y El me dejó ver en qué lugares tenía un gran pueblo que reunir. Cuando descendía, encontré un manantial y allí me refresqué habiendo comido y bebido muy poco, por varios días.&lt;br /&gt;Por la noche fuimos a una posada, y declaré la Verdad al posadero, y escribí a los sacerdotes y eclesiásticos, declarando 'el día del Señor, y que Cristo había venido a enseñar a su pueblo él mismo, por su poder y espíritu en sus corazones, y para sacar a la gente de todos los caminos y los maestros del mundo, hacia sus propias enseñanzas que son gratuitas, quien los ha comprado, y era el salvador de todos los hombres que creyeron en él'. El hombre de la casa difundió mi escrito por el extranjero, quien fue afectado poderosamente por la verdad. El Señor me reveló y me dejó ver que cerca de un río que partía dos condados, había un gran pueblo que, en vestiduras blancas, iba al Señor; y el lugar en que los vi era cerca del de Juan Blaykling, donde vivía Ricardo Robinson.&lt;br /&gt;Al siguiente día, seguimos viajando, y por la noche nos procuramos unos helechos sobre que nos tendemos, durmiendo todos en una tierra comunal. La mañana siguiente nosotros llegamos a una ciudad donde Richard Farnsworth se marchó; y entonces viajé solo otra vez. Llegué a Wenizerdale, en ese valle en la ciudad del mercado estaban predicando un sermón en el mercado ese día. Fui a la iglesia; y después que el sacerdote terminó de predicar, yo proclamé el día del Señor a los sacerdotes y a la gente; advirtiéndoles que se alejaran de la oscuridad hacia la luz, y del poder de Satanás hacia Dios, para que ellos puedan llegar a conocer a Dios y a Cristo correctamente, y para que reciban sus enseñanzan, porque él enseña gratuitamente. Les declaré de gran manera y libremente la palabra de vida, y no sufrí mucha persecución en ese lugar. Después me fui a los valles, advirtiendo a la gente a que teman a Dios; y predicando el evangelio eterno.&lt;br /&gt;Yendo de camino hacia Wensleydale, me detuve en una gran casa donde vivía un maestro de escuela; me hicieron pasar, y, luego que les hube hecho preguntas sobre su religión y culto, les declaré la Verdad. Estábamos en esto en un salón, y en él me encerraron, con la pretensión de que yo era un joven perturbado que me había escapado de mis parientes, y de que allí me tendrían hasta que pudieran mandarme a ellos. Pero en seguida los convencí de su error, y soltándome hubieran querido que me quedara; mas como yo no tenía la intención de quedarme allí, luego que les hube exhortado al arrepentimiento y que los hube encaminado a la luz de Jesucristo, que por ella pudiesen llegar a El y salvarse, me marché, y llegué por la noche a una pequeña cervecería que estaba en una tierra comunal donde había una gente grosera que estaba allí bebiendo; y sucedió que como no quise beber con ellos, cogieron sus garrotes y me golpearon llenos de rabia, mas yo los reprendí consiguiendo que se comportaron con un poco más de serenidad, y me salí de allí en plena noche. Al poco rato, uno de aquellos borrachos salió también y se me quería acercar pretendiendo que tenía que decirme algo al oído; mas viendo yo que tenía un cuchillo, me aparté amonestándolo al arrepentimiento y a que temiese al Señor, el cual por su poder me guardó de este mal hombre, que se entró en la casa otra vez. A la mañana siguiente me fui por otros valles, advirtiendo y exhortando a la gente, por donde quiera que pasaba, de que se arrepintieran y volviesen al Señor; y varios se convencieron. En una casa donde también entré, el dueño de la casa (que después supe que era pariente de Juan Blaklings) me quiso dar dinero, mas yo no lo tomé.&lt;br /&gt;Iba viajando por los valles, cuando fui a casa de un hombre, llamado Tennant, y sentí la inspiración de hablar a la familia, declarando la verdad infinita; y cuando me había ya marchado, sentí el impuso de volver para hablar con él; y se convenció, y también su familia, y vivieron y murieron en la verdad. De este lugar me fui a casa del mayor Bousfield, que me recibió, como también varios otros; y algunos de los que entonces se convencieron, continúan fieles desde entonces. Pasé también por Griesdale y otros varios de aquellos valles, consiguiendo la conversión de algunas personas. Y fui a Dent, donde también muchos se convencieron. De la casa del mayor Bousfield fui a la de Ricardo Robinson, y mientras iba de camino le pregunté a un hombre donde estaba la casa de Ricardo Robinson, y él me preguntó a su vez que de donde venía yo, a lo que respondí. "Del Señor," y cuando llegué a casa de Ricardo Robinson, le declaré la infinita verdad, mas esto no impidió que los celos se levantaran en él, y luego que yo me hube acostado, pensando que podía ser yo un ladrón que venía a robar a su casa, cerró todas las puertas bien seguras.&lt;br /&gt;Al día siguiente, fui a una reunión en casa del juez Gervasio Benson donde me encontré con unas personas que se habían separado de la iglesia episcopal. Éste era el lugar que había ya visto, donde la gente andaba con vestiduras blancas. Fue una larga reunión y en general todos se convencieron.&lt;br /&gt;En la misma semana había gran feria en Sedbergh, en la que se acostumbraba a contratar a los sirvientes, y declaré el día del Señor por la feria; y luego que así lo hube hecho, fui al patio de la iglesia donde me subí a un árbol, y muchos de los que estaban en la feria allí vinieron, y también abundancia de sacerdotes y eclesiásticos. Por varias horas declaré allí la infinita verdad del Señor y la palabra de vida, demostrando como el Señor mismo venía a enseñar a su pueblo, y a sacarlos de todas sus enseñanzas y sendas mundanas, par llevarlos a Cristo, el verdadero Maestro, y verdadero camino hacia Dios, y les puse en evidencia sus maestros, demostrándoles como eran iguales que aquéllos que antiguamente fueron condenados por los profetas, y por Cristo, y por los apóstoles, y los exhorté a que se saliesen de los templos hechos con las manos; y a que esperasen a recibir el espíritu del Señor, pudiendo ser así ellos mismos los templos de Dios. Ninguno de los sacerdotes tuvo poder de abrir la boca en contra de lo que yo reclamé; mas al fin, dijo un capitán, "¿Por qué no quieren ir a la iglesia? éste no es lugar adecuado para predicar." y le respondí, que yo negaba su iglesia, y en esto salió un predicador independiente, un tal Francisco Hogwill, que a pesar de que nunca me había visto antes de aquel día, tomó por su cuenta el responder al capitán, al que pronto redujo al silencio; y entonces Francisco Hogwill, dijo de mí, "Este hombre habla con autoridad, y no como los escribas" Después de esto, revelé a la gente que aquel lugar no era más sagrado que otro, y que aquella casa no era la iglesia, sino que la gente era el templo del cual Cristo era la cabeza. Poco después los sacerdotes se acercaron a mí y yo les advertí de que se arrepintieran. Uno dijo que yo estaba loco, y en esto se marcharon. Pero muchos se convencieron aquel día, con alegría de oír declarar la verdad que recibieron con júbilo. Y marchándome fui a una casa, y allá vino un tal capitán Ward, el cual dijo que mis ojos lo penetraban, y recibiendo la verdad en el amor de ella, en ella vivió y murió.&lt;br /&gt;El Primer día siguiente fui a la capilla Firbank, en Westmorland, donde Francisco Hogwill, antes nombrado, y Juan Audland habían predicado por la mañana. La capilla estaba llena de tal modo que muchos se quedaron sin entrar, y Francisco Hogwill dijo que creyó que yo estaba mirando al interior de la capilla, y que de tanto como le sorprendió el poder del Señor, lo hubiese podido matar con una manzana; mas yo no había mirado. Se dieron gran prisa y acabando enseguida, ellos y algunos de los oyentes se fueron a comer; mas abundancia de gente quedó hasta que volviesen. En esto Juan Blaykling junto con otros se acercaron a mí, con el deseo de que no les reprendiera públicamente, porque ellos no eran maestros con parroquia sino hombres buenos y piadosos; yo no pude decirles si lo haría o no (a pesar de que en aquel momento no sentía ningún impulso de declarar públicamente en contra de ellos), mas les dije que me tenían que dejar a la voluntad del Señor. Mientras los demás estaban comiendo fui a un arroyo y bebí un poco de agua, y entonces fui y me senté en lo alto de una roca, porque la palabra del Señor vino a mí de que yo tenía que ir y sentarme sobre la roca en la montaña como antes Cristo lo había hecho. Por la tarde, la gente se reunió a mi alrededor, entre ellos varios sacerdotes independientes, calculándose que habría allí más de mil personas a las que declaré la verdad infinita de Dios y la palabra de vida, gratuitamente y por cerca de tres horas, encaminándolos al Espíritu de Dios en sí mismos, que pudiesen volver de la oscuridad a la luz, y que al creer en ella pudiesen convertirse en los hijos de la luz y que pudiesen volver del poder de Satanás, bajo el cual habían estado, a Dios, y que por el espíritu de la verdad pudiesen ser guiados a toda verdad y comprender bien las palabras de los profetas, de Cristo, de los apóstoles; y que todos pudiesen llegar a conocer en Cristo el maestro que los instruyese, el consejero que los dirigiese, el pastor que los alimentase, el obispo que los gobernase, y el profeta que les revelase divinos misterios; y que todos pudiesen saber que sus cuerpos fueran preparados, santificados, y hechos templos en que Dios y Cristo morasen. En las revelaciones de la vida celestial, yo les revelé a ellos acerca de los profetas, y las figuras y sombras, y los dirigí hacia Cristo, la sustancia. Entonces les abrí las parábolas y los dichos de Cristo, y cosas que habían estado ocultas por mucho tiempo; mostrándoles la intención y el alcance de los escritos de los apóstoles, y que sus epístolas habían sido escritas a los escogidos. Cuando les había revelado el estado de los apóstoles, también les mostré el estado de apostasía que ha existido desde los días de los apóstoles. Que sus sacerdotes han tomado las escrituras, pero no en el espíritu que nos las dio; y las han puesto en capítulos y versículos, para comerciar con las palabras de los hombres santos; que los maestros y los sacerdotes ahora se encuentran en los pasos de los falsos profetas, los sacerdotes principales, los escribas, y los fariseos de antigo, y son como los que los profetas veraderos, Cristo y los apóstoles denunciaron, y son juzgados y condenados así por el espíritu de los verdaderos profetas, de Cristo y de sus apóstoles: y que nadie que esté en ese espíritu y sea guiado por él los puede poseer ahora.&lt;br /&gt;En esto, había mucha gente, ya vieja, que habiendo ido a la capilla miraba por las ventanas, viendo extrañados como un hombre predicaba en una montaña, y no en sus iglesias, como ellos las llaman, con lo cual fui inspirado a informarle a la gente 'que la iglesia, y el terreno donde ésta se encontraba, no eran más santos que esa montaña; y que esos templos, los cuales ellos llamaban las casas formidables de Dios, no fueron establecidos por el mandato de Dios y de Cristo; ni sus sacerdotes fueron llamados, como el sacerdocio de Aarón lo fue; ni sus diezmos eran designados por Dios, como lo fueron los de los judíos; sino que Cristo había venido, quien acabó tanto con el templo como con su adoración, y los sacerdotes y sus diezmos; y ahora todos debían escucharle a él: porque él dijo, "Aprendan de mí;" y Dios dijo de él, "Este es mi hijo amado, en quien tengo contentamiento; escúchenlo a él." Yo declaré que el Señor Dios me había enviado a predicar el evangelio eterno y la palabra de vida entre ellos; y a sacarlos de todos esos templos, diezmos, sacerdotes, y rudimentos del mundo, los cuales habían aparecido desde los días de los apóstoles, y habían sido establecido por aquellos que habían errado del espíritu y el poder en el que estaban los apóstoles.&lt;br /&gt;Muy extensamente me manifesté en esta plática, y el poder convincente del Señor me acompañó en mi ministerio, y llegó a los corazones de la gente, por lo que tantos se convencieron, y todos los predicadores Independientes se convencieron también de la infinita verdad del Señor.&lt;br /&gt;Acabada la reunión, fui a casa de Juan Audland y allá se me acercó Juan Story, encendiendo su pipa de tabaco, y me dijo. "¿Quiere una pipa de tabaco?" añadiendo, "venga, todo es nuestro." Y me pareció ver en él un mozo impudente y presumido; y no tomé tabaco, mas vino a mi mente el pensamiento de que el mozo, quizás creería que yo no estaba unido con la creación, por razón de que comprendí que tenía una noción de la religión superficial y vacía. Así que tomando su pipa, me la llevé a la boca, y se la devolví, para con esto impedir que su mala lengua dijera que yo no estaba unido con la creación.&lt;br /&gt;De este lugar fui a la capilla de Preston-Patrick donde se iba a celebrar una gran reunión, a la cual asistí teniendo gran oportunidad de predicar el evangelio infinito, revelándoles (como a otros en ocasión semejante) que la finalidad de ir yo a tal sitio, no era la de defenderlo más de lo que defendieron los apóstoles las sinagogas judías y los templos en que ellos predicaban, sino de sacarlos de semejantes cosas, como los apóstoles sacaron a los santos de antaño del templo judío, y del sacerdocio de Aarón (para ir después a reunirse por las casas), que pudiesen ellos dar testimonio de que sus cuerpos eran los templos de Dios, y de que Cristo, en ellos, era su Maestro.&lt;br /&gt;Entonces fui a Kendal donde iba a celebrarse una reunión en el ayuntamiento, en la que declaré a la gente la palabra de vida, mostrándoles como podían llegar al conocimiento salvador de Cristo, y a una justa comprensión de las sagradas Escrituras; revelándoles que era lo que les guiaría al camino de la reconciliación con Dios, y lo que sería su condenación. Después de la reunión, me detuve unas momentos en la ciudad, donde varios se convencieron y muchos se mostraron llenos de amor. Uno llamado Cock, me encontró en la calle y quiso darme un rollo de tabaco, porque en aquel entonces la gente era muy dada a fumar; yo acepté su amor, mas no admití el tabaco.&lt;br /&gt;De aquí me fui a Underbarrow, a casa de un tal Miles Bateman, y mientras iba de camino, en compañía de otros varios, tuve con ellos grandes razones, especialmente con Eduardo Burrough. Por la noche, el sacerdote y muchos eclesiásticos vinieron a la casa, y tuve con ellos gran discusión. Estando puesta la cena, para el sacerdote y el resto de la compañía, yo no me sentí libre de comer con ellos, mas les dije que si querían fijar una reunión para el día siguiente en la iglesia, y darlo a conocer a la gente, yo podría encontrarme allí con ellos. Tuvieron sobre esto grandes razones, unos en favor y otros en contra. Por la mañana salí, luego que les hube hablado concerniendo a la reunión, e iba paseando por el acantilado cuando vi que había allí varios pobres, y viajeros, pidiendo limosna, los cuales comprendí que estaban en necesidad, y nada les dieron diciendo que eran unos impostores. Me ofendió el ver tal dureza de corazón en los eclesiásticos, de modo que cuando se marcharon a desayunar, corrí cerca de un cuarto de milla, hasta donde estaba aquella pobre gente y les di algún dinero. Mientras tanto uno de los que estaban en la casa volvió a salir, y al verme a tal distancia dijo que solo teniendo alas pude haber ido tan lejos en tan poco tiempo. En esto pareció como si se hubiese desechado lo de la reunión, pues pensaban de mí cosas tan extrañas, que muchos de ellos eran contrarios a celebrar una reunión conmigo. Yo les dije que había corrido a dar algún dinero a aquellos pobres, herido ante su corazón empedernido que no les dejó darles algo. Entonces vinieron Miles y Esteban Hubbersty, que más simples de corazón querían que la reunión se celebrase, por donde me fui a la capilla, y también el sacerdote. Hubo gran reunión, y fue abierto el camino de vida y salvación; al poco rato el sacerdote salió escapado. Muchos de Crook y de Underbarrow se convencieron aquel día, recibiendo la palabra de vida, y se mantuvieron con firmeza, bajo las enseñanzas de Jesucristo. Después que les hube declarado la verdad, por varias horas, una vez terminada la reunión, el jefe de la guardai y algunos otros eclesiásticos vinieron a razonar conmigo, en el patio de la capilla; y yo tomando la Biblia y revelándoles las Escrituras les mostré capítulo y versículo tratándolos tiernamente como se haría con un niño. Los que estaban en la luz de Cristo, y espíritu de Dios, sabían cuando hablaba yo de las Escrituras, a pesar de que no les mencionaba el capítulo ni el versículo, a la manera como lo hacen sus sacerdotes.&lt;br /&gt;De aquí me fui, junto con un hombre de alguna edad, cuyo corazón el Señor había abierto, yme invitó a su casa; su nombre era Jaime Dickinson, y se convenció aquel día recibiendo la verdad, en la cual vivió y murió.&lt;br /&gt;Al día siguiente fui a casa de Jaime Taylor, de Newton en Cartmel, Lancashire. Y el primer día de la semana fui a la capilla donde un sacerdote llamado Camelford acostumbraba a predicar, y cuando él hubo concluido, yo empecé a predicar al pueblo la palabra de vida. Mas este sacerdote estaba poseído de tal rabia, y fue tan impertinente, que no teniendo paciencia de oír, se puso a agitar a la multitud brutal que cogiéndome por el aire me golpeó y me dio de puñetazos y me tiró de cabeza por un muro de piedra; mas a pesar de esto, bendito sea el Señor, Su poder me guardó. El que me trató con tal violencia, fue un hombre malvado, llamado Juan Knipe, que fue después destrozado por el Señor. Había en la capilla un joven que escribía para el sacerdote; sentí la inspiración de hablarle, y se convenció, convirtiéndose en un buen ministro del evangelio. Su nombre era Juan Braithwaite.&lt;br /&gt;Entonces fui a una cervecería, que era frecuentada por mucha gente durante el tiempo que iba de sus predicaciones de la mañana a las de la tarde, y tuve allí muchas razones con ellos declarándoles que Dios venía El a enseñar a su gente, y a sacarla de todos sus falsos maestros, tales como aquellos contra los cuales clamaron los profetas, Cristo, y los apóstoles; muchos recibieron la palabra de vida, en aquellos días, y en ella vivieron.&lt;br /&gt;Por la tarde anduve dos o tres millas, hasta otra iglesia o capilla, llamada Lyndal. Cuando el sacerdote concluyó, le hablé, así como al pueblo, lo que el Señor me había ordenado que hablase; y los hubo que hicieron gran oposición, mas luego se convencieron.&lt;br /&gt;Después de esto, fui a un tal capitán Sands, que junto con su mujer parecían haber sido algo afectados por la Verdad, y que de haber podido mantenerse a la vez en el mundo y en la Verdad, la hubiesen recibido; pero eran hipócritas, y él era muy ligero y banal, siendo la senda demasiada estrecha para ellos. Por donde le reprendí por su ligereza y por sus burlas, y le dije que no era propio de un gran eclesiástico, como él era. Me dijo él entonces, que había tenido un hijo que en su lecho de muerte, le había también reprendido por lo mismo, advirtiéndole de ello. Mas él nunca había dado importancia, ni a las amonestaciones de su hijo moribundo, ni a los reproches del espíritu de Dios, en sí mismo.&lt;br /&gt;Entonces fui a Ulverston, y también a Swarthmoor, a casa del juez Fell, donde vino un tal Lampitt, sacerdote, lleno de nociones y Ranter, en su fuero interno. Con él tuve muchas razones, porque hablaba de altas nociones y perfecciones, por donde engañaba a la gente. Quería él haberse adueñado de mí, mas yo no pude ni ceder ni unirme a él, tan lleno de inmundicia estaba. Dijo él que estaba por encima de Juan, y actuaba como si lo supiera todo. Mas le dije yo que la muerte reinó de Adán a Moisés, y que él estaba bajo la muerte por no conocer a Moisés, pues Moisés había visto el paraíso de Dios, y el no conocía ni a Moisés, ni a los profetas, ni a Juan. Porque era en él aquella naturaleza brutal y pervertida y la montaña de pecado y corrupción; no habiendo el Señor preparado en él la vía. Confesó que en algunas cosas se había sentido cohibido, pero que ahora podía cantar salmos y hacer lo que fuere. Y entonces le dije, que si encontraba un ladrón podía irse de la mano con él, pero que no podía predicar sobre Moisés, ni sobre los profetas, ni sobre Juan, ni sobre Cristo, mas que en el caso de que estuviere en el mismo espíritu en que ellos estaban. Margarita Fell, había estado ausente durante el día, y cuando por la noche volvió, sus hijos le dijeron que el sacerdote Lampitt y yo no habíamos estado de acuerdo, lo cual la turbó, porque él era su director espiritual, ocultándoles sus sucias acciones. Por la noche, tuvimos muchas razones, y yo le declaré la Verdad a ella y a su familia.&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, Lampitt volvió y tuve gran discusión con él, delante de Margarita Fell, que entonces pudo discernir como era este sacerdote. Y el convencimiento de la Verdad del Señor vino a ella y a su familia. Poco después llegó el día de observar la humillación, y Margarita Fell me pidió que fuera con ella a la iglesia, en Ulverston, pues todavía no se había librado del todo de los sacerdotes [La secta a la cual asistía Fells era una secta puritana calvinista], y yo le repliqué, "Yo haré lo que me mande el Señor," y dejándola, me fui a pasear por el campo, y entonces la palabra del Señor vino a mí, diciendo, "Ve tras ellos a la iglesia." Cuando llegué, Lampitt estaba cantando con sus feligreses, mas su espíritu era tan impuro, y lo que cantaban tan poco apropiado al estado de espíritu de todos ellos, que, luego que hubieron concluido sus cantos, el Señor me impulsó a que les hablara, y la palabra del Señor a ellos, fue, "No es judío él que lo es por fuera, mas lo es aquél que lo es por dentro, cuyo renombre no es de hombre, mas de Dios." Entonces, al recibir más revelaciones del Señor, les mostré que Dios venía a enseñar a su pueblo, por su Espíritu, y a sacarlo de sus antiguos senderos, religiones, iglesias y cultos, pues todas sus religiones, cultos y sendas no eran más que hablar con palabras ajenas; mas ellos estaban fuera de la vida y espíritu de aquellos que las habían proferido. En esto, un tal llamado Juan Sawrey se puso a gritar, "Échenlo fuera"; pero la mujer del juez Fell, dijo a los oficiales, "Déjenlo en paz; ¿Por qué no ha de poder hablar él, igual que otro cualquiera?" Lampitt, el sacerdote, dijo también, mintiendo, "Dejen que hable." Finalmente, cuando hube hablado durante algún tiempo, el juez Sawrey, eclesiástico corrompido, lleno de hipocresía, de impostura y de envidia, hizo que el guardia me echara fuera, y entonces hablé a la gente en el cementerio y después me marché a Swarthmoor Hall. El Primer día siguiente, sentí el impulso de ir a la iglesia de Albingham, y cuando el sacerdote hubo terminado, empecé a hablarle, mas él se marchó, y declaré entonces la palabra de vida a la gente, y los amonesté para que volviesen al Señor.&lt;br /&gt;Nota de Valiente por la verdad: El Swarthmore Hall era un salón majestuoso en Lancashire, la casa patrimonial de Tomás Fell, un célebre abogado de la corte de Oliverio Cromwell. Habiendo subido rápidamente en lugar e influencia, el juez Fell al final llegó a estar descontento con la adminstración política, y había vuelto a practicar su profesión en su residencia, Swarthmore Hall. Esta casa amplia y herosa estaba hecha en el estilo que prevalecía durante el reinado de Elizabet, con una sala espaciosa con ricas ensambladuras de robles. Ricos en bienes terrenales, tanto Tomás Fell como su amable esposa gozaban de practicar la hospitalidad, y tenían su puerta abierta para todos, especialmente los ministros del evangelio. Margarita Fell aun no había hallado paz para su alma aunque ella misma nos dice que la había buscado por más de veinte años.&lt;br /&gt;De este lugar pasé a Rampside donde había una capilla en la que acostumbraba a predicar Thomas Lawson, ilustre sacerdote. Con mucha amabilidad, comunicó por la mañana a sus feligreses que yo vendría a predicar por la tarde, por lo cual, toda la gente de aquellos lugares se hallaba allí reunida. Cuando llegué, vi que no había sitio más conveniente que la capilla, y entré en ella, y todo estaba en calma. Tomas Lawson no subió a su púlpito cediéndome así todo su tiempo. El infinito día de Dios eterno fue proclamado aquel día, y la infinita verdad fue tan largamente declarada, que llegando y penetrando en los corazones, muchos recibieron la verdad en el amor de ella. Este sacerdote vino a convencerse, y dejando su capilla, abandonó sus predicaciones por paga, para predicar a Jesucristo y Su reino gratuitamente. Después de esto, algunas personas groceras lo acusaron de escándalos, creyendo que así le harían algún daño; pero él fue elevado sobre todo, y creciendo en sabiduría de Dios, en gran manera, demostró ser muy servicial en su lugar. Volví a Swarthmoor, y el Primer día siguiente, fui a la iglesia de Dalton, donde, luego que el sacerdote hubo terminado, declaré la palabra de vida, para que así pudieran volver de la oscuridad a la luz, y del poder de Satanás a Dios, y que pudiesen evadirse de sus sendas de superstición y de sus maestros formados por el hombre, para ir a Cristo, senda viviente de verdad, y ser por El enseñados.&lt;br /&gt;De allí fui a la isla de Walney, y después que el sacerdote hubo concluido, le hablé, mas el se marchó; entonces declaré la Verdad a la gente, mas ellos se comportaron de manera grosera. Fui entonces a casa del sacerdote para hablar con él, pero no se dejó ver, y como dijeron que se había escondido en el granero, fueron allá a buscarlo, mas no lo pudieron encontrar. Entonces dijeron que se había escondido en un campo de maíz, mas allí tampoco lo encontraron. En vista de esto, me marché a casa de Jaime Lancaster que fue de los convencidos en la isla, y de allí me volví a Swarthmoor donde el poder del Señor descendió sobre Margarita Fell, su hija Sara, así como sobre otros varios.&lt;br /&gt;Entonces fui a Bayeliff, donde Leonardo Fell se convenció, convirtiéndose en ministro del evangelio eterno, y también se convencieron varios otros, que prestaron obediencia a la verdad. En este lugar, la gente dijo que, no pudiendo discutir conmigo, hubieran querido de buena gana haber puesto a alguien que sostuviera una controversia conmigo; mas yo los amonesté a que temiesen al Señor, y a que no hablasen de un modo ligero de las palabras del Señor, sino que las pusieran en práctica. Yo los encaminé a la divina luz de Cristo, y a Su espíritu en sus propios corazones, que les descubriría todos los malos pensamientos, palabras y acciones, que habían pensado, hablado, y hecho; en cuya luz pudiesen ver su pecado y también su Salvador, Jesucristo, que los salvaría de todos sus pecados. Esto, les dije, era su primer paso hacia la paz, aunque esta luz iluminase sus pecados y transgresiones; por la cual luz podrían ver como estaban sumidos en la caída de Adán, en oscuridad y muerte, extraños al pacto de promisión, y en un mundo sin Dios; y por la misma luz podrían ver a Cristo que murió, por ellos, para ser su Redentor y Salvador, y su camino hacia Dios.&lt;br /&gt;Después de esto fui a una capilla más allá de Gleaston que había sido edificada pero en la que ningún sacerdote había predicado. Allá fue la gente del país, y fue una reunión tranquila y apacible en la que la palabra de vida fue declarada, y muchos de por Gleaston se convencieron de la verdad.&lt;br /&gt;De este lugar, me volví a Swarthmoor, y luego que hube pasado unos días, habiéndose convencido la mayor parte de la familia, fui otra vez a Westmorland, donde el sacerdote Lampitt había estado entre los profesantes del lado de Kendal provocándolos en contra mía y diciéndoles que yo sostenía muchas cosas extrañas. Encontré a los que habían sido así incitados y pasé con ellos toda la noche, sentados en casa de Jaime Dickinson, allanando todas sus objeciones. Quedaron ellos enteramente satisfechos con la Verdad que yo les había declarado y muy descontentos de Lampitt y de sus mentiras, por lo que él perdió lo mejor de sus oyentes y seguidores, que viendo su engaño lo abandonaron.&lt;br /&gt;Pasé de camino por casa de Juan Audland y de Gervasio Benson celebrando grandes reuniones con aquellos que antes se habían convertido; después fui a casa de Juan Blaykling y de Ricardo Robinson, celebrando en ellas importantes reuniones, y luego proseguí para Grisedale.&lt;br /&gt;Poco después, habiendo regresado el juez Fell a su casa, su mujer, Margarita Fell, me mandó a buscar para que volviera allá, y sintiendo que el Señor me daba libertad de hacerlo volví a Swarthmoor. Encontré allí a sacerdotes y profesantes, y que aquel envidioso de juez había incitado en gran manera al juez Fell y al capitán Sands, en contra de la verdad, con sus mentiras; mas cuando fue que hablé con él, le allané todas sus objeciones y tan completamente lo satisfice con las Escrituras que se convenció en sus juicios. Me preguntó si era yo aquel Jorge Fox de quien tanto hablaba el juez Robinson a los miembros del parlamento, en términos elogiosos. Le dije yo que había estado con el juez Robinson y con el juez Hotham, en Yorkshire, los cuales fueron muy corteses y amables conmigo, habiéndose convencido, en sus juicios, de que el principio, del cual daba yo testimonio, era la Verdad; y viendo ellos por encima y más allá de las sacerdotes de la nación, resultaba que ellos junto con otros muchos iban a ser ahora más sabios que sus maestros. Luego que hubimos conversado por algún tiempo, el juez Fell también se satisfizo y llegó a ver, por revelaciones del Espíritu de Dios en su corazón, más allá que todos los sacerdotes y maestros mundanos, no yendo más a oírlos durante los últimos años de su vida, pues el comprendió que yo había declarado la verdad, y que Cristo era el Maestro de Su pueblo, y su Salvador. Mas de una vez, Fell quiso que yo pasara un rato con el juez Bradshaw, para razonar con él. El capitán Sands, antes mencionado, vino a casa del juez Fell con la intención de irritarlo en contra mía, porque era un mal intencionado, lleno de envidia de mí y, sin embargo, hablaba de altas cosas y, usando las palabras de las Escrituras, decía. "Mirad, que yo todo lo renuevo." Mas yo le dije que, entonces, también tenía que tener un Dios nuevo, ya que su Dios era su vientre. Además de este capitán, vino también aquel envidioso de juez, Juan Sawrey, y le dije que su corazón estaba corrompido y él lleno de hipocresía a rebosar. También vinieron otros varios, y dándome el Señor poder de comprender sus respectivos estados, les hablé como convenía en sus condiciones. Mientras andaba por aquellos lugares, Ricardo Farnsworth y Jaime Nayler, vinieron a verme y también a la familia, habiendo Jaime Nayler ayunado por catorce días; y satisfecho el juez Fell de lo que era el camino de la verdad, a pesar de toda la oposición, consintió en que la reunión se celebrase en su casa, y organizaron allí, en el poder del Señor, para el tormento de los sacerdotes y los profesantes; lo cual continuó por cerca de cuarenta años, hasta el año 1690, cuando una nueva casa de reuniones fue eregida allí cerca.&lt;br /&gt;Luego que me hube detenido allí unos días, y que las reuniones quedaron bien establecidas, fui a Kellet y tuve una gran reunión en casa de Roberto Widders, a la cual vinieron varios de Lancaster y algunos de York, y muchos allí se convencieron.&lt;br /&gt;En el día que se hacía el mercado fui a Lancaster, y hablé en el mercado por medio del tremendo poder de Dios; declarando el día del Señor a la gente, y clamando en contra de todas sus mercancías engañosas. Les prediqué acerca de la justicia y la verdad, la cual todos deben seguir, caminar y vivir en ella; dirigiéndolos acerca de cómo y dónde ellos podían encontrar y recibir el espíritu de Dios para guiarles allí hacia la verdad y la justicia. Después que hube aclarado las cosas en el mercado, me fuí a mi posada, donde llegaron varias personas; y muchos llegaron a estar convencidos, quienes han permanecido fieles a la verdad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el siguiente Primer-Día, ya avanzada la mañana, tuve una gran reunón en las calles de Lancaster, entre los soldados y la gente, a los cuales les declaré la palabra de vida, y la verdad eterna. Yo les revelé que todas las tradiciones en las cuales habían vivido, todas sus adoraciones y religiones, y la profesión que ellos hacían de las escrituras, no eran buenas para nada, mientras que ellos vivieran fuera de la vida y del poder en los cuales estaban los que nos dieron las escrituras. Y yo los dirigí a la luz de Cristo, el hombre celestial, y al espíritu de Dios en sus propios corazones, para que ellos puedan estar familiarizados con Dios y con Cristo, lo puedan recibir como su maestro, y conocer que su reino está en ellos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la tarde me fui a la iglesia en Lancaster, y declaré la verdad al sacerdote y a la gente; abriendo ante ellos el engaño en el cual ellos vivían, y los encaminé hacia el poder y el espíritu de Dios, lo cual ellos querían. Pero ellos me arrastraron hacia afuera, y me apedrearon por la calle hasta que llegué a la casa de John Lawson. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En otro Primer-día me fui a la iglesia a un lado de un lago, donde un tal Whitehead era sacerdote; al él y la gente les declaré la verdad en el gran poder de Dios. Vino a mí un doctor, tan lleno de envidia, que él dijo 'que él podría encontrar en su corazón el atravesarme con su estoque, aunque él fuera ahorcado por eso al siguiente día'; sin embargo este hombre después llegó a estar convencido de la verdad, de tal manera que llegó a ser cariñoso con los Amigos. Algunos fueron convencidos en el área, los cuales se sentaron voluntariamente bajo el ministerio de Cristo, su maestro; y allí se estableció una reunión en el poder de Dios, la cual continúa hasta este día. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de esto regresé a Westmoreland, y hablé por medio de Kendal en el día del mercado. Y tan tremendo era el poder de Dios que estaba sobre mí, que la gente voló como la paja ante mí hacia sus casas. Yo les advertí acerca del día poderoso del Señor, y los exhorté a oír la voz de Dios en sus propios corazones, quien había venido a enseñar a su pueblo él mismo. Aunque algunos se opusieron a mí, muchos otros me apoyaron. Al final algunos llegaron a pelear acerca de mí; pero yo fui y hablé con ellos, y ellos se separaron otra vez. Muchos fueron convencidos.&lt;br /&gt;Al siguiente Primer-Día yo tuve una reunión muy grande en Under-barrow en la casa de Miles Bateman, donde fui inspirado a declarar que toda la gente en la caída se habían alejado de la imagen de Dios, la justicia y la santidad, y eran como pozos sin el agua de vida, como nubes sin la lluvia celestial, como árboles sin el fruto celestial; y fueron degenerados hacia la naturaleza de las bestias, de serpientes, de altos cedros, de robles, de toros y de terneras: para que ellos puedan leer la naturaleza de estas criaturas que están en el interior, como los profetas lo describieron a la gente en el tiempo antiguo, que estaban fuera de la verdad. Yo les revelé a ellos cómo algunos estaban en la naturaleza de los perros y los puercos, mordiendo y desgarrando; algunos en la naturaleza de las zarzas, cardos y espinas; algunos como los búhos y los dragones en la noche; algunos como los asnos salvajes y los caballos, cortando el viento; y algunos como las montañas y las rocas, y como caminos torcidos y escabrosos. Por esta razón los exhorté a leer estas cosas dentro de sus propias naturalezas, como tambíen en el exterior: y que, cuando ellos leyeran acerca de las estrellas errantes, ellos deberían mirar hacia su interior, y ver cómo ellos han errado de la estrella brillante de la mañana. Y ellos deben considerar, que así como el terreno no labrado de sus corazones debe ser arado antes que pueda darles semilla, también debe el terreno no labrado de sus corazones ser arado antes que ellos puedan llevar semillas para Dios. Todos estos nombres y cosas que les hablé fueron dichas a hombres y mujeres, desde que ellos habían caído de la imagen de Dios; pero a medida que ellos llegaron a ser renovados otra vez en la imagen de Dios, ellos se salen de la naturaleza de estas cosas, y así de los nombres de éstas. Muchas más cosas así fueron declaradas a ellos, y fueron llevados a la luz de Cristo, por lo cual ellos pueden llegar a conocer y a recibirle, y pueden testificar que él es su sustancia, su camino, su salvación y verdadero maestro. Muchos fueron convencidos durante ese tiempo.&lt;br /&gt;Después que hube viajado de un lado para otro, por aquellos lugares, y hube celebrado grandes reuniones, fui otra vez a Swarthmoor, y cuando hube visitado algunos Amigos mientras estaba en esas partes, escuché de una gran reunión que iban a tener los sacerdotes en Ulverstone en un día de sermón. Me fui a esa reunión, y a la iglesia en el temor y el poder del Señor. Cuando el sacerdote había acabado, yo hablé entre ellos la palabra del Señor, la cual era como un martillo y como un fuego entre ellos. Y aunque Lampitt, el sacerdote del lugar, había discrepado con la mayoría de los sacerdotes anteriormente, aun así todos se unieron en contra de la verdad. Pero el gran poder del Señor estaba sobre todos; y tan maravillosa fue la manifestación de ese poder, que el sacerdote Bennet dijo: 'La iglesia se estremeció'; de tal manera que él estaba asustado y temblaba. Y después que él hubo hablado unas pocas palabras confusas, se apuró para salir por miedo que la iglesia se fuera a caer sobre su cabeza.&lt;br /&gt;Habían muchos sacerdotes reunidos, pero hasta ahora no tenían poder para perseguir. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después que hube aclarado mi conciencia entre ellos, me fui a Swarthmore otra vez, adonde vinieron cuatro o cinco sacerdotes. Estábamos discutiendo, y les pregunté si alguno de ellos podía afirmar que hubiese recibido palabra del Señor para que fuese y hablase a tal o cual persona; y ninguno se atrevió a afirmarlo. Mas uno, estallando en cólera, dijo, que él podía hablar de sus experiencias tan bien como yo, y yo le respondí que la experiencia era una cosa, pero que recibir e ir con un mensaje y poseer una palabra del Señor, como los profetas y apóstoles recibieron e hicieron, y como había hecho yo con ellos, esto, era otra cosa. Y, por consiguiente, repetí la pregunta de si podía alguno de ellos decir que jamás hubiese recibido alguna orden o palabra del Señor, de un modo imperioso y en un momento dado. Mas ninguno pudo afirmarlo.&lt;br /&gt;Entonces les dije que los falsos profetas, los falsos apóstoles, y los anticristos, podían usar las palabras de los verdaderos profetas, los verdaderos apóstoles y de Cristo, y podían hablar de las experiencias de otros hombres, aunque ellos mismos nunca escucharon la voz de Dios o de Cristo, de tal manera que ellos pudieran obtener las buenas palabras y las experiencias de otros. Esto los dejó muy perplejos, y los dejó expuestos. En otra ocasión estaba discutiendo con varios sacerdotes en casa del juez Fell, quien estaba presente, y les hice la misma pregunta, de si alguien entre ellos había jamás oído la voz de Dios o de Cristo, amonestándolo a que fuese a tal o cual persona para declararle Su palabra o mensaje. Porque, les dije, cualquiera que sepa leer puede declarar las experiencias de los profetas y apóstoles, que están archivadas en las Escrituras. Sobre esto, uno de ellos, antiguo sacerdote, llamado Tomás Taylor, confesó ingenuamente delante del juez Fell, que nunca había oído ni la voz de Dios ni la de Cristo, encaminándole a determinada persona, pero que él hablaba de sus experiencias y de las experiencias de los santos de hace tiempo, siendo esto lo que predicaba. Esto, en gran manera afirmó al juez Fell en su creencia de que los sacerdotes estaban en el error, porque el creía anteriormente, al igual que la mayoría de las gentes, que los sacerdotes eran enviados de Dios.&lt;br /&gt;Tomás Taylor, se convenció en esta ocasión, y viajó conmigo a Westmoreland. Llegando a la iglesia de Crosland, encontramos a la gente reunida: y el Señor abrió la boca de Tomás Taylor, (aunque él sólo había sido convencido el día anterior), de manera que él declaró entre ellos cómo había sido él antes de ser convencido y, así como el buen escriba que se convirtió al reino, el habló de cosas nuevas y antiguas a la gente, y les mostró cómo los sacerdotes estaban fuera del camino, lo cual inquietó a los sacerdotes. Yo tuve una discusión corta pero muy buena con ellos, pero ellos se fueron; y una reunión preciosa se llevó a cabo, en la cual el poder del Señor estaba sobre todo. La gente fue encaminada hacia el espíritu de Dios, por medio del cual ellos pueden llegar a conocer a Dios y a Cristo, y a entender las escrituras correctamente. Después de esta reunión yo seguí mi camino, visitando Amigos, y tuve grandes reuniones en Westmoreland. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora los sacerdotes comenzaron a airarse más y más, y ellos incitaron a la persecución lo más que pudieron. James Naylor y Francis Howgill fueron echados en la cárcel de Appleby, a causa de la instigación de los sacerdotes maliciosos. Algunos de los sacerdotes profesaron que dentro de un mes todos nosotros seríamos desparramados otra vez, y llegaríamos a ser nada. Pero, bendito sea para siempre el digno nombre del Señor, porque su obra continuó y prosperó; y cerca de este tiempo John Audland, Francis Howgill, John Camm, Edward Burrough, Richard Hubberthorn, Miles Hubbersty, y Miles Halhead, con varios otros, estando dotados con el poder de lo alto, salieron adelante en la obra del ministerio y probaron ser fieles obreros para él. Ellos viajaron de allá para acá y predicaron el evangelio gratuitamente; por lo cual multitudes fueron convencidas, y muchos efectivamente se acercaron al Señor. Entre éstos que se acercaron estaba Christopher Taylor, hermano de Tomás Taylor que fue mencionado anteriormente, quien había sido un predicador a la gente, al igual que su hermano. Poco después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ellos llegaron a ser obedientes a ella, y dejaron su predicación por salario o paga; y habiendo recibido una parte del ministerio del evangelio, ellos predicaron a Cristo gratuitamente, siendo a menudo enviados por el Señor a declarar su palabra en las iglesias y los mercados; y ellos sufrieron de gran persecución. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de haber visitado Amigos en Westmoreland, regresé a Lancashire, y fui a Ulverstone, donde Lampitt era el sacerdote. Aunque él había predicado de un pueblo que se apropiaría de las enseñanzas de Dios, y él dijo que los hombres y mujeres vendrían y declararían el evangelio; sin embargo cuando esto llegó a cumplirse, él persiguió tanto a éste como a ellos. Me fui a la casa del sacerdote, donde un gran número de sacerdotes y profesantes se habían reunido después de su discurso. Tuve grandes disputas con ellos acerca de Cristo y de las escrituras; porque ellos estaban muy reacios a abandonar sus ganancias, las cuales obtenían al predicar las palabras de Cristo, de los apóstoles y los profetas. Pero el poder del Señor estuvo sobre las cabezas de todos ellos, y su palabra de vida fue sostenida entre ellos; aunque muchos de ellos eran extremadamente envidiosos y diabólicos. Sin embargo, después de esto, muchos sacerdotes y profesantes vinieron a mí de lugares lejanos y cercanos. Aquellos que eran inocentes y sencillos estuvieron satisfechos y se fueron refrescados; pero los gruesos y saciados fueron alimentados con juicio, y despedidos mientras estaban vacíos: porque ésa era la palabra del Señor que debía ser dividida entre ellos.&lt;br /&gt;Cuando se establecieron las reuniones, y nosotros nos reunimos en casas privadas, Lampitt comenzó a ponerse furioso. Él dijo: 'abandonamos el templo, y nos fuimos a las casas de las terneras de Jeroboam'. De modo que muchos profesantes comenzaron a ver cómo él había decaído de lo que él había antes sostenido y predicado. Durante este tiempo el caso de las terneras de Jeroboam fue revelado a los profesantes, los sacerdotes y la gente. Fue manifestado a ellos que sus casas (llamadas iglesias) eran más como las casas de las terneras de Jeroboam que las mismas antiguas casas de misas, las cuales fueron establecidas en la oscuridad de la supremacía del papado. Aquellos que se llaman a sí mismos Protestantes, y profesan ser más iluminados que los papistas, todavía defienden estas cosas, aunque Dios nunca se los había mandado. De hecho ese templo, el cual Dios había mandado en Jerusalén, Cristo vino a ponerle fin a su servicio; y aquellos que le recibieron y creyeron en él, sus cuerpos llegaron a ser templos de Dios, de Cristo, y del espíritu Santo, para morar en ellos, para caminar en ellos. Y ellos fueron reunidos en el nombre de Jesús, el nombre de quien está sobre todo nombre, y no hay salvación por medio de ningún otro nombre bajo todo el cielo, sino sólo en el nombre de Jesús. Y aquellos que estaban así reunidos se juntaron en varias casas, las cuales no fueron llamadas el templo o la iglesia; sino que sus cuerpos eran los templos de Dios, y los creyentes eran la iglesia de la cual Cristo era la cabeza. De manera que Cristo no fue llamado la cabeza de una casa vieja, la cual era edificada con manos humanas, ni tampoco él vino a comprar, santificar, y redimir por su sangre a una casa vieja, la cual ellos llamaban su iglesia; sino su pueblo, del cual él era la cabeza. Tuve mucho trabajo en esos días con los sacerdotes y la gente con respecto a sus viejas casas de misa llamadas iglesias; porque los sacerdotes persuadieron a la gente a que esas eran las casas de Dios; mientras que el apóstol dice: 'la cual casa somos nosotros.' Heb 3:6 El pueblo en el cual él mora son la casa de Dios. El apóstol dijo: 'Cristo compró su iglesia con su propia sangre'; y Cristo llama a su iglesia su esposa, su novia, la esposa del Cordero: de manera que este título, iglesia y esposa, no fue dado a una casa vieja, sino a su pueblo, los verdaderos creyentes.&lt;br /&gt;Después de esto, sentí el impulso de ir a la iglesia, en Ulverston, un día de sermón, habiéndose congregado abundancia de eclesiásticos, sacerdotes y seglares. Me llegué cerca del sacerdote Lampitt, el cual estaba vociferando su sermón, y después que el Señor hubo abierto mi boca, para que hablara, el juez Juan Sawrey se acercó a mí, y me dijo que si iba a hablar de acuerdo con las Escrituras, podía hacerlo. Me maravillé de que me hablase de tal modo ya que siempre hablaba yo de acuerdo con las Escrituras, que citaría para probar lo que dijere, pues algo tenía que decir a Lampitt y al resto. Entonces, contradiciendo lo antes dicho, de que podía hablar si lo hacía de acuerdo con las Escrituras, me dijo que no podía hablar. La gente estaba sosegada, escuchándome con placer, hasta que este juez Sawrey (que fue el primer instigador de la primer persecución en el Norte) la incitó en contra mía, para que me arrastrasen, me pegasen y me magullasen. De repente, la gente se enfureció y cayendo sobre mí, en la iglesia, ante sus ojos, me tiraron por el suelo, me patearon y me pisotearon, lo cual estaba él contemplando; y tan grande fue el tumulto, que algunos, de tanto pánico, cayeron de sus asientos. Se acercó Sawrey, finalmente, y sacándome de las manos de la gente, me sacó de la iglesia y me entregó a los alguaciles y otros oficiales, amonestándolos a que me azotasen y me echasen de la ciudad. Me condujeron como un cuarto de milla, unos agarrándome por el cuello, otros de los brazos y hombros, sacudiéndome y arrastrándome. Muchas personas de bien, habían venido al mercado y algunas a la iglesia para oírme, y a varias de ellas también las tiraron por el suelo abriéndoseles la cabeza, de tal modo, que la sangre corría como nunca lo había visto en mi vida. Al hijo del juez Fell, que vino corriendo para ver que iban a hacerme, lo tiraron a una zanja llena de agua, mientras algunos gritaban. "Dénle un golpe que le salten los dientes."&lt;br /&gt;Después me arrastraron hasta el lado umbrío del prado comunal, seguidos de una multitud, y los guardias y otros oficiales me dieron en la espalda con sus ramos de sauce, y me entregaron a la multitud brutal que habiéndose provisto, unos de tablillas de barril, otros de estacas de seto y otros de ramas de maleza, cayeron sobre mí y me pegaron en la cabeza, en los brazos y en la espalda hasta que sin sentido caí en el suelo mojado. Cuando recobré el sentido, y me vi echado sobre el pantano comunal y rodeado de gente, permanecí inmóvil unos momentos; y el poder del Señor se difundió por mí, y el eterno vivificador me vivificó, de modo que levantándome otra vez en el poder de Dios eterno, les extendí los brazos, diciéndoles en alta voz. "Vuelvan a pegarme, he aquí mis brazos, mi cabeza, mis mejillas." Estaba entre el gentío un albañil, profesante y hombre brutal, el cual con su bastón de medir me dio un golpe, con toda su fuerza, en el dorso de la mano que tenía extendida, y quedó mi mano tan magullada y mi brazo tan entorpecido, que no podía retirarlo; algunos gritaron: "Le ha estropeado la mano, que nunca podrá ya servirse de ella." Mas yo mirándolos en el amor de Dios (puesto que yo estaba en el amor de Dios para ellos, así como para todos los que me perseguían) al poco rato el poder del Señor se difundió por mí otra vez, y por mi mano, y por mi brazo, de tal modo, que en un minuto recobraron la fuerza, a la vista de todos ellos. Entonces comenzaron a disentir entre ellos, y acercándoseme algunos me dijeron que si les daba dinero, me salvarían del resto. Mas yo impulsado por el Señor, les declaré la palabra de vida, y les demostré lo falso de su cristianismo, y los frutos del ministerio de sus sacerdotes, diciéndoles, que más se comportaban como paganos y judíos que como cristianos.&lt;br /&gt;Entonces me impulsó el Señor, a que pasando de nuevo por entre el gentío, volviese al mercado de Ulverston. Y mientras iba, encontré a un soldado con su espada al cinto. "Señor," me dijo. "Veo que usted es un hombre y me siento avergonzado y afligido de que haya sido maltratado en esta forma." Y se ofreció a ayudarme en todo lo que pudiese. Mas yo le dije que el poder del Señor estaba sobre todo, y seguí andando por entre el gentío, en el mercado, sin que nadie tuviese entonces fuerzas para ponerme la mano encima. Pero algunos de los mercaderes, estaban maltratando a unos Amigos en el mercado, y dándome vuelta vi al soldado entre ellos con la espada desenvainada, en vista de lo cual, corrí para allá, y agarrándole la mano en que tenía la espada, le amonesté a que la envainase si quería seguir conmigo; pues yo quería separarlo del grupo, no fuese que ocurriese alguna desgracia. Mas pocos días después, siete hombres cayeron sobre este soldado pegándole cruelmente por haberse puesto de parte de los Amigos y mía; ya que era costumbre en este país, que cayeran sobre una sola persona veinte o cuarenta de los que la perseguían. Y así se echaron sobre los Amigos en muchos sitios, apedreándoles, pegándoles y abriéndoles la cabeza, de modo que apenas si podían transitar por los caminos reales. Cuando llegué a Swarthmoor encontré a los Amigos, vendando las cabezas y manos de los Amigos y simpatizantes que habían sido magullados o heridos aquel día, por los profesantes y oyentes del cura Lampitt. Mi cuerpo y mis brazos estaban amarillos, negros y azules, de los golpes y magulladuras que aquel día había recibido. Y los sacerdotes comenzaron otra vez a profetizar que antes de medio año seríamos todos aniquilados desapareciendo.&lt;br /&gt;Cerca de dos semanas después de esto, fui a la isla de Walney y Jaime Nayler se vino conmigo. Pasamos la noche en un pequeño lugar del país llamado Cockan, y celebramos allí una reunión donde uno se convirtió. Al poco rato, vino un hombre con una pistola, ante lo cual la gente se salió escapada por las puertas; preguntó por mí, y cuando salí me disparó la pistola, mas no salió el tiro. Esto hizo que la gente se alborotase en contra de él, y algunos lo sujetaron para evitar que hiciese algún daño; mas yo fui impulsado, por el poder del Señor, a hablarle, y tan anonadado quedó del poder del Señor, que, temblando de temor, se fue a esconder en un sótano. De este modo, fue el poder del Señor sobre todos, a pesar de que había gran ira en el país.&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, fui en un bote a casa de Jaime Lancaster y así que desembarqué, surgieron cerca de cuarenta hombres, armados con tablillas de barril, bastones y cañas de pescar, que cayendo sobre mí me pegaron y me dieron de puñetazos, intentando tirarme al mar. Cuando ya me habían arrastrado casi a la orilla del mar y vi que iban a tirarme, me levanté, mas volviendo a echarse sobre mí, me tiraron por el suelo perdiendo yo el sentido. Cuando volví en mí, abrí los ojos y vi a la mujer de Jaime Lancaster tirándome piedras a la cara, y a su marido, Jaime Lancaster, echado sobre mí para protegerme de los golpes y las piedras. Y esto aconteció, porque las gentes habían persuadido a la mujer de Jaime Lancaster, de que había embrujado a su marido, y le habían prometido que si ella les hacía saber mi llegada, me matarían. Y sabiendo que yo llegaba, muchos de los habitantes de la ciudad se levantaron con tablillas y palos, para matarme, pero el poder del Señor me preservó de modo que no pudieron quitarme la vida. Finalmente, me puse en pie, mas volvieron a pegarme haciéndome caer dentro del bote, lo cual visto por Jaime Lancaster, vino hacia nosotros y me hizo entrar en el agua para huir de ellos, mas cuando estábamos en el agua, a su alcance, nos golpearon con sus cañas y nos tiraron piedras. Cuando llegamos al otro lado, vimos que estaban pegando a Jaime Nayler, pues mientras me pegaban había echado a andar por un campo y no se fijaron en él hasta que yo me hube marchado; entonces cayeron sobre él al grito de, "Mátenlo, mátenlo."&lt;br /&gt;Cuando llegué otra vez a la ciudad, al otro lado del agua, surgieron unos hombres con horcas, mimbres y tablillas de barril, para echarme de la ciudad, gritando, "Mátenlo, dénle en la cabeza, traigan el carro y llévenlo al patio de la iglesia." Y cuando así me hubieron ultrajado, me llevaron a un trecho fuera de la ciudad y allí me dejaron. Entonces Jaime Lancaster, se volvió en busca de Jaime Nayler y, estando yo solo, me fui a una acequia y después de haberme lavado (pues mi cara, mis manos, y mis ropas estaban cubiertas de mugre cenagosa) anduve cerca de tres millas, hasta la casa de Tomás Hutton, donde se hospedaba Tomás Lawson, el sacerdote que se había convertido. Cuando entré, apenas podía hablar, de tan magullado como estaba, y solo les dije en donde había dejado a Jaime Nayler y tomando cada uno su caballo fueron y lo trajeron aquella misma noche. Al día siguiente, Margarita Fell, enterada de lo ocurrido, mandó un caballo para mí, pero estaba tan dolorido de las magulladuras, que no pude soportar el traqueteo del caballo, sin gran dolor. Cuando hube llegado a Swarthmoor, el Juez Sawrey y otro juez, llamado Thompson, de Lancaster, dictaron una orden contra mí, mas habiendo ya regresado el juez Fell, no se cumplió la orden en contra mía; ya que el juez Fell había estado ausente del país todo este tiempo en que yo había sido víctima de tan malos tratos. Así que volvió, mandó decretos de prisión a la isla de Walney, para prender a todas aquellas personas, causantes del tumulto, por lo que muchos se escaparon del país. La mujer de Jaime Lancaster, se convenció más tarde a la verdad, y se arrepintió del mal que me había hecho; y así también hicieron muchos de los que tan cruelmente me persiguieron; mas el juicio de Dios cayó sobre algunos de ellos. Sawrey, que tanto me había perseguido, acabó por ahogarse, y la venganza de Dios alcanzó al juez Thompson, dándole un ataque de parálisis, estando en su sitial, y, luego que lo sacaron de allí, murió. El juez Fell me pidió que le hiciese una relación detallada de la persecución de que fui víctima; mas yo le dije que aquella gente no podía comportarse de otra manera, debido al espíritu en que estaba, no haciendo más que poner de manifiesto los frutos del ministerio de sus sacerdotes, y lo equivocado de su profesión y religión; por lo que dijo a su mujer, que yo hablaba ligeramente de la cuestión, como si no me preocupase, porque, en verdad, el poder del Señor me había otra vez curado.&lt;br /&gt;Después que me hube recuperado, me fui a Yelland, dónde había una gran reunión. Por la tarde un sacerdote vino a la casa con una pistola en su mano bajo la pretensión de que era para encender una pipa de tabaco. La criada de la casa, al ver la pistola, le dijo a su señor; quien, al oír eso, apretó con sus manos ambos dinteles de la puerta y le dijo al sacerdote que no podía entrar en la casa. Mientras él estuvo allí, bloqueando la entrada, miró hacia arriba y notó al mirar sobre la muralla, que venía una gran compañía de hombres; algunos estaban armados con tablillas, y todos ellos tenían un mosquete. Pero el Señor no permitió que sus sangrientos planes se llevaran a cabo; porque cuando ello vieron que habían sido descubiertos, se fueron por su camino y no le hicieron daño a nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8620067467823755603-7057366509915659583?l=iglesiaamigos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://iglesiaamigos.blogspot.com/feeds/7057366509915659583/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8620067467823755603&amp;postID=7057366509915659583' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8620067467823755603/posts/default/7057366509915659583'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8620067467823755603/posts/default/7057366509915659583'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://iglesiaamigos.blogspot.com/2009/11/capitulo-iil.html' title='CAPÍTULO IIl'/><author><name>IGLESIA AMIGOS No.1</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15480239220471400327</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8620067467823755603.post-6366309929249334140</id><published>2009-11-29T12:55:00.000-08:00</published><updated>2009-11-29T13:25:13.890-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='CAPÍTULO II'/><title type='text'>CAPÍTULO II</title><content type='html'>&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Servicios y Sufrimientos&lt;br /&gt;1649-1651&lt;br /&gt;Iba hacia Nottingham en compañía de varios Amigos, un Primer día por la mañana, para celebrar allí una reunión; cuando desde la cima de una montaña que dominaba la ciudad me detuve a observar el campanario de la iglesia; y me dijo el Señor, "Tú tienes que ir ahí a clamar contra el gran ídolo y contra los adoradores que ahí están." Mas sin decir nada de esto a los Amigos que conmigo estaban, seguí con ellos hasta el lugar de la reunión, donde el poder del Señor fue entre nosotros, y en Él los dejé, marchándome a la iglesia. Cuando llegué la gente allí reunida parecía un campo árido y el sacerdote sobresalía en el púlpito como un promontorio de tierra. Había tomado como texto para su sermón aquellas palabras de Pedro que dicen, "Tenemos también la Palabra profética más permanente, a la cual hacéis bien de estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro hasta que el día esclarezca, y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones." Y explicaba al pueblo que esta Palabra era las Escrituras, a las que debían sujetar todas sus doctrinas, religiones y opiniones. Al oír esto, tan poderoso fue sobre mí el poder del Señor y tan fuerte en mí que no me fue posible contenerme y gritando dije, "Oh, no, esto no es las Escrituras" y les expliqué lo que era, o sea, el Espíritu Santo que inspiró las Escrituras a los hombres santos de Dios, y al cual tienen que supeditarse opiniones, religiones y juicios, porque ello guía a la verdad absoluta dando así el conocimiento de toda verdad. Los judíos también tienen las Escrituras y, sin embargo, se resisten al Espíritu Santo y rechazan a Cristo, la estrella resplandeciente de la mañana, y persiguiendo a Cristo y a sus Apóstoles tomaron sobre sí el ajustar sus doctrinas a las Escrituras, pero erraron en su juicio y no las ajustaron bien porque lo hicieron sin el Espíritu Santo. En esto estaba, cuando se presentaron los guardias y sacándome de allí me llevaron a una cárcel sucia y hedionda de tal manera, que el hedor de su letrina llagaba hasta mi celda llevado por el viento, y este hedor penetrando por mi nariz y garganta, poco faltó para que me asfixiara.&lt;br /&gt;Así comienzan las muchas y con frecuencia horriblemente crueles persecuciones contra Fox por sus convicciones religiosas que estaban en conflicto con las religiones protestantes establecidas en ese tiempo. Habían muchas sectas dominantes: bautistas influenciados por Calvin, calvinistas independientes, calvinistas presbiterianos y anglicanos. Los anglicanos tenían mucha práctica en perseguir católicos y vice versa, mientras que Calvin pensaba que era una cosa santa quemar a los herejes. Lo siguiente es sacado de Una Apología Cristiana:&lt;br /&gt;Aunque Calvin dijo que "la conciencia está libre del poder de todos los hombres." Si es así, ¿por qué hizo que Castellio fuera desterrado, porque él no podía, por causa de su conciencia, creer como él creía, que Dios había ordenado a los hombres a ser malditos? Y mandó a Servetus a ser quemado, por negar la divinidad de Cristo, si es que se puede creer el reporte de Calvin acerca de él, la cual opinión, aunque de verdad era para ser abominada, aún así era la práctica de Calvin, al causar que fuera quemado, y después defendiendo que era lícito quemar a los herejes, por lo cual él incitó aún más a los papistas a llevar a sus seguidores más confidamente a la estaca, como habiendo tenido como su garantía la doctirna del maestro de su propia secta, con la cual ellos no dejaron de tomarles el pelo frecuentemente, y de verdad que era para ellos incontrovertible. Así, en esta ocasión, el juicioso autor de la Historia del Concilio de Trento (en su quinto libro donde da un informe de varios protestantes que fueron quemados por su religión) observa sabia y apropiadamente que "asombrosamente, aquellos que son de la nueva Reforma ofrecieron castigar en el caso de la religión": y después, tomando nota de que Calvin justifica el castigo de los herejes, él añade: "Pero ya que el nombre de la herejía puede estar más o menos restringido, sí o tomado de varias maneras, esta doctrina puede ser tomada de la misma manera en varios sentidos, y puede en alguna ocasión herir aquellos que en otras ocasiones podrían haber sido beneficiados."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De manera que esta doctrina de persecución no puede ser mantenida por los protestantes, sin fortalecer las manos de los inquisidores papistas, y en verdad, al final, llega a ser directamente papería.&lt;br /&gt;La teología puritana de Calvin afectó a los presbiterianos, bautistas, y calvinistas independientes [quienes seleccionaron a su clero independientemente de cualquier autoridad sectaria]. Los puritanos siempre fueron una influencia fuerte en el gobierno por toda Inglaterra, y en poco tiempo iban a tomar la corona en una guerra civil entre los parlamentarios puritanos y el rey con sus partidarios monárquicos. Siendo que su fundador estaba defendiendo el asesinato de aquellos que no estaban de acuerdo con sus ideas religiosas, los puritanos estaban predispuestos a matar, encarcelar, y robar a los cuáqueros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los anglicanos, habiendo sido organizados como iglesia para justificar los deseos del rey Enrique VIII por nuevas esposas, estaban similarmente acostumbrados a asesinar a cualquiera que cuestionara su autoridad religiosa o la de su gran rey, estando toda su justificación basada en eliminar la interferencia de papa sobre el derecho divino de los reyes para reinar sobre su territorio soberano sin ser cuestionados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así se preparó el terreno para los actos de los que Fox llamó "la generación más brutal de perseguidores religiosos en la historia de la tierra", todos dirigidos a los cuáqueros quienes nunca contraatacaron, nunca se vengaron, oraron por sus perseguidores, y razonaron con ellos - pero nunca protestaron o se opusieron a los cinco diferentes gobiernos que tenían poder durante sus persecuciones. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos; y así ellos lo recibieron.&lt;br /&gt;Pero esto no impidió que aquel día el poder del Señor sonara en los oídos de la gente de modo tal, que sorprendidos de su voz continuaron oyéndola por mucho tiempo, tan a lo profundo les llegó el poder del Señor en la iglesia. Llegada la noche, me llevaron ante el alcalde, regidores y alguacil de la ciudad y, aunque cuando me introdujeron a su presencia, el alcalde estaba colérico e impertinente en extremo, el poder del Señor lo apaciguó. Me interrogaron largamente, explicándoles yo como fue que el Señor me había impulsado a venir; y después de cruzarse entre nosotros algunas razones, me mandaron otra vez a la prisión: mas poco después, el alguacil principal, John Reckless, me mandó a buscar para que me llevasen a su casa, y cuando entré en ella, su mujer, que me esperaba en el vestíbulo, dijo, "La Salvación viene a nuestra casa", y tomándome de la mano, se la veía embellecida por el poder del Señor Dios; y su marido y los niños y los sirvientes también estaban todos muy cambiados, porque el poder del Señor era en ellos. Viví entonces en casa del alguacil y celebramos en ella grandes reuniones a las que asistieron algunas personas de elevada condición social en el mundo, y se apareció eminentemente entre ellos el poder del Señor.&lt;br /&gt;Un día, este alguacil mandó por el otro alguacil y por una mujer con la que ambos habían tenido tratos, en cuestiones de negocios, y delante del otro alguacil dijo a la mujer que habiéndola engañado en sus tratos con ella (ya que él y el otro alguacil eran socios) estaban obligados a restituirle lo que en justicia le debieran; esto dijo, alegre en gran manera, mas el otro lo desmintió y la mujer aseguró que no sabía de que le estaba hablando; sin embargo, el alguacil honesto insistió en que así era y que bien lo sabía el otro, y, habiendo descubierto el asunto, reconoció el mal que ambos habían cometido y devolviendo a la mujer cuanto él por su lado le debía, exhortó al otro alguacil a que hiciese lo mismo.&lt;br /&gt;El poder del Señor que moraba en este alguacil honesto, operó en él un fuerte cambio, y tuvo grandes revelaciones. Un día, que era de mercado, se paseaba conmigo por la habitación, en zapatillas, cuando de repente me dijo, "Yo tengo que ir al mercado a predicar al pueblo el arrepentimiento", y así como lo dijo se fue, tal como estaba en zapatillas, al mercado y por las calles predicando el arrepentimiento; y como otras varias personas de la ciudad, se habían también sentido inspiradas de ir a hablar al alcalde y a los magistrados y a la gente, exhortándolos a todos al arrepentimiento, resultó que a consecuencia de todo ello los magistrados indignados, dieron orden de que me fuesen a buscar a casa del alguacil y de que me metiesen en la cárcel común. Cuando llegó la vista, uno hubo que se ofreció por mí, cuerpo por cuerpo y la vida incluso; mas cuando fue que tenía yo que ser llevado a presencia del juez, su cedió que el hombre mandado por el alguacil se retrasó algo en conducirme a la casa de sesiones, y cuando llegamos, el juez se había ya marchado; pero por lo que pude comprender, el juez, que estaba molesto conmigo, había dicho que bien hubiera amonestado a ese joven si se lo hubiesen puesto delante, llamándome así porque entonces estaba yo detenido bajo el nombre de "el joven." En resumen que me volvieron a llevar preso, y me metieron otra vez en la cárcel común. Sin embargo, el poder del Señor era grande entre los Amigos; pero el pueblo se amotinó y el gobernador del castillo tuvo que mandar soldados para que lo dispersara, después de lo cual se tranquilizó; pero así sacerdotes como seglares estaban atónitos de como se manifestaba el poder del Señor, volviéndose piadosos varios de los sacerdotes y confesando algunos el poder del Señor.&lt;br /&gt;Después que hube salido de la prisión de Nottingham, en donde pasé algún tiempo, seguí viajando como antes al servicio del Señor. Estando en Mansfield, fui un día al asilo de aquella localidad, y vi allí a una mujer perturbada, con el pelo todo desgreñado, a la que el médico intentaba sangrar inútilmente, pues a pesar de que estaba atada y de que varias personas la sujetaban violentamente, no conseguía sacarle sangre. Entonces yo pedí que la soltasen y que la dejasen sola, pues comprendí que ninguna de aquellas personas podía llegar al espíritu que tenía dentro y que la estaba atormentando. La soltaron, y sintiéndome inspirado le pedí en nombre del Señor que se tranquilizase, a lo cual obedeció, y después que le hube hablado, el poder del Señor serenó su mente, se curó, y mas tarde recibió la Verdad en la que perseveró hasta su muerte; siendo así honrado el nombre del Señor, al que pertenece la gloria de todas sus obras. Muchas cosas grandes y maravillosas fueron llevadas a cabo, en aquellos días, por el divino poder; porque desnudando el Señor su brazo omnipotente, manifestó su poder, para asombro de muchos, que vieron como por su virtud curativa muchos fueron librados de grandes enfermedades y los malos espíritus fueron sujetos por su nombre, de lo cual pueden citarse ejemplos particulares, que fueron más de lo que este siglo descreído merece. Mas bendito sea eternamente el nombre del Señor, e infinitamente honrado, y sobre todo ensalzado y magnificado sea el brazo de su glorioso poder, por el cual tantos hechos gloriosos El ha llevado a cabo; y dejemos que el honor y renombre de todas sus obras, a El solo sean adscritos.&lt;br /&gt;Estaba en el asilo de Mansfield, un Primer día, cuando me sentí impulsado a ir a la iglesia a declarar la Verdad al sacerdote y a la gente; pero cuando llegué la gente cayó sobre mí con tal rabia, que tirándome por el suelo poco faltó para que sofocándome no me ahogaran, y pegándome cruelmente con las manos, las Biblias y bastones me levantaron luego, a pesar de lo difícil que me era el tenerme en pie, y me pusieron en un cepo donde me dejaron por varias horas, y trayendo después los látigos que usan para los perros y para los caballos, me amenazaron con darme de latigazos, y me tiraron piedras mientras estaba sentado en el cepo. Pasadas unas horas, me llevaron a presencia del magistrado, que estaba en casa de un caballero de alta condición social, donde había también muchas personas importantes, los cuales al ver los malos tratos de que había sido víctima, me pusieron en libertad después de amonestarme mucho. Pero la gente ruda me echó del pueblo apedreándome y amenazándome con pistolas, por haberles predicado la Palabra de Vida. Mucho me costó después andar o sostenerme en pie a causa de lo magullado que estaba, y con gran esfuerzo conseguí andar cerca de una milla, encontrándome entonces con una gente que me dio ayuda y consuelo, pues también internamente estaba magullado, mas el poder del Señor vino a mí y me curó de todos mis males, sintiéndome muy feliz porque aquel día algunos se convencieron de la Verdad del Señor, volviendo a sus enseñanzas.&lt;br /&gt;Entonces me fui de Nottinghamshire a Leicestershire, con varios Amigos que me acompañaban. Habían algunos bautistas en ese lugar, a los cuales yo deseaba ver y hablar con ellos porque ellos se habían separado de la adoración pública. Por lo tanto Oats, uno de los maestros principales, y otros de los directores de ellos, con varios de su compañía, vinieron a encontrarse con nosotros en Barrow, donde nosotros disertamos con ellos. Uno de ellos dijo, 'lo que no era de la fe, era pecado.' Después de lo cual yo les pregunté, ¿qué es la fe? Y ¿cómo fue creada en el hombre? Pero ellos perdieron el interés en ello, y hablaron acerca de su bautismo en agua. Entonces yo les pregunté si su montaña de pecado había sido derribada, y rebajada en ellos. Y si sus caminos ásperos y torcidos habían sido hechos lisos y derechos en ellos. Ellos vieron las escrituras como que significaban montañas y caminos externos; pero yo les dije que ellos los tenían que encontrar en sus propios corazones; a lo cual ellos parecieron maravillarse. Nosotros les preguntamos, ¿quién bautizó a Juan el Bautista? ¿quién bautizó a Pedro, Juan y el resto de los apóstoles? Y les probamos con las escrituras que ellos fueron bautizados en agua: pero ellos estaban en silencio.&lt;br /&gt;Comentarios del Editor del Sitio: Al comienzo de la iglesia primitiva, ellos (particularmente Pedro) mantuvieron la circuncisión judía, las leyes dietéticas, y la costumbre judía de ritos de purificación de agua - conocido por los cristianos como el bautismo de agua de Juan. Pedro incluso forzó estas prácticas sobre los gentiles, hasta que el Espíritu Santo lo corrigió en comida, Pablo lo corrigió, y el concilio de los apóstoles establecieron paustas diferentes para los gentiles. Ya que tanto Cristo como Juan el Bautista hablaron de un mejor bautismo, este bautismo fue eliminado más tarde como práctica cristiana y la fe mantuvo un bautismo, el bautismo de fuego o del Espíritu Santo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan dijo: Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Mat 3:11 &lt;br /&gt;Jesús dijo: Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días. Hechos 1:5&lt;br /&gt;Pablo dijo: un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, Efe 4:4-5 &lt;br /&gt;Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; 1 Cor 1:17. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claramente el un bautismo que se necesita es el fuego del Espíritu Santo, el cual circuncida el corazón, desplomando el pecado y la iniquidad, y quita el cuerpo de muerte y pecado de la carne para que estemos sin pecado. Aunque debe ser evitado como un ritual innecesario, el bautismo de agua no es dañino, a menos que ustedes piensen que de alguna manera éste los hace justos, impidiéndoles así que busquen la justicia, el cual mandato es la prioridad principal de Cristo: "Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mayoría de las sectas consideran el "bautismo" también como un sacramento, o simplemente bautismo de los niños, usualmente cobran honorarios por un curso (sigan el dinero). No hay absolutamente ninguna base escritural para el bautismo. Éste se deriva de una creencia equivocada que que uno debe ser bautizado en agua para ser 'salvo' y por lo tanto se aplica también a los niños. Dios no es tan injusto que va a desterrar a un niño que no fue rociado con agua, e incluir a otro que haya sido rociado o sumergido - eso lo convertiría en un Dios que juzga basado en un detalle técnico o ritual ridículo, completamente sin equidad y justicia. Además asume que los niños necesitan ser 'salvados', lo cual también es una tontería. ¿Qué pecado han cometido los bebés?&lt;br /&gt;Finalmente, con respecto al bautismo de agua secundario, la así llamada confirmación: No hay apoyo de las escrituras para esto tampoco, aparte de una imitación barata del Bar Mitzvah judío. Es una completa invención del hombre en la secta romana, presuponiendo que el inventado bautismo de niños no es suficiente para mantener una persona que está madurando suficientemente salvada.&lt;br /&gt;Entonces les pregunté, considerando a Judas, quien negó a Cristo, y fue llamado el hijo de la perdición, se había ahoracado, ¿cuál era el hijo de perdición del cual habló Pablo, quien estaba en el templo de Dios, exaltado sobre todo lo que se llama Dios? ¿Y qué templo de Dios era, en el cual se sentó el hijo de perdición? Y si el que traiciona a Cristo dentro de sí mismo, no es de la misma naturaleza de Judas quien traicionó a Cristo en Jerusalén. Pero ellos no sabían qué pensar de esto, ni qué decir. Así que después de discutir nos separamos; y alguno de ellos eran amables con nosotros.&lt;br /&gt;En el siguiente Primer día de la semana nosotros vinimos a Bagworth, y fuimos a una iglesia adonde habían ido algunos Amigos; y las personas los encerraron, y a sí mismos también con los sacerdotes. Pero después que el sacerdote había terminado de hablar, ellos abrieron la puerta, y entraron tambíen, y tuvieron un servicio para el Señor entre ellos. Después de esto nosotros tuvimos una reunión en la ciudad entre varios de los que tenían una opinión alta de su espiritualidad. Continuaba viajando cuando oí de una gente que estaba en la cárcel, en Coventry, por cuestiones religiosas, y mientras iba de camino para la prisión la palabra del Señor vino a mí, y me dijo. "Mi amor fue siempre para ti, y tú estás en mi amor", y me sentí maravillado con el sentimiento del amor de Dios y muy fortalecido interiormente; pero así que llegué a la cárcel en donde aquellos presos estaban, me sentí como paralizado por un gran poder de tinieblas, y me quedé sentado, con el espíritu recogido en el amor de Dios. Al fin los presos empezaron a blasfemar y a disparatar, lo que ofendía mucho a mi alma, diciendo que eran Dios y otro por su cuenta gritaba "No podemos resistir tales cosas"; cuando estuvieron calmados me puse en pie y les pregunté, si tales ideas eran suyas o si las habían sacado de las Escrituras, a lo que me contestaron que de las Escrituras; había allí una Biblia y les pedí que me mostraran de que pasaje, y me mostraron aquél de como a Pedro le fue bajad o del cielo un lienzo atado por los cuatro cabos lleno de animales que le eran ofrecidos para que los comiera, a lo cual se negó diciendo que eran inmundos, y entonces una voz le dijo "Lo que Dios limpió no lo llames tú inmundo," y cuando les demostré que esto no apoyaba en nada sus ideas, me mostraron otro pasaje que dice de que Dios reconcilia todas las cosas en Sí mismo, cosas en el cielo y cosas en la tierra, y también les dije que conocía este pasaje y que tampoco apoyaba sus ideas. Entonces viendo que decían que eran Dios, les pregunté si sabían si llovería al día siguiente y contestaron que no lo podían decir; volví a preguntarles si creían que siempre estarían en el mismo estado o si cambiarían, y me volvieron a responder que tampoco lo podían decir, y entonces yo les dije, que Dios podía decirlo y que Dios no cambia, "mientras que vosotros decís que sois Dios y, no obstante, no podéis decir si cambiaréis o no." Y ante esto, se quedaron confundidos y en paz por algún tiempo. Después que los hube reprendido por sus expresiones blasfemas, me marché porque me había dado cuenta de que eran Ranters. Nunca me había encontrado con ninguno, y admiré la bondad del Señor por habérseme aparecido antes de que estuviera entre ellos. No mucho más tarde, uno de estos Ranters, cuyo nombre era Joseph Salmon, escribió un papel o libro retractándose, por lo cual los pusieron en libertad.&lt;br /&gt;En otra ocasión, estaba a dos millas de Atherstone, en Warwickshire, cuando oí tocar la campana del mercado anunciando que había sermón, y esto me irritó, y sentí el impulso de ir a la iglesia; cuando llegué encontré que estaba allí hablando un hombre, y mientras yo estaba entre el gentío, la gloria y la vida brillaban sobre todo y me coronaban. Terminado que hubo el sacerdote, hablé, a él y a la gente, la Verdad y la luz que les dejó ver todo cuanto habían hecho; y hablé de su Maestro que está dentro de ellos y de como el Señor vendría a enseñarles, Él mismo; y todo esto los llenó de confusión y de rabia y dijeron a mis parientes que estaba loco y que me debían de atar, lo que a estos los puso furiosos, pero la Verdad fue sobre todo.&lt;br /&gt;Entonces me fui a Market-Bosworth donde también había sermón. El que predicaba ese día era Nathaniel Stephens, sacerdote del pueblo donde yo nací, el cual se puso furioso cuando yo hablé, a él y a la gente, y les dijo que yo estaba loco (a pesar de que antes había dicho a un tal coronel Purfoy que nunca había brotado planta semejante en Inglaterra) y les pidió que no me escuchasen; y entonces el pueblo instigado por este sacerdote impostor cayó sobre nosotros y nos echó del pueblo a pedradas, si bien que no nos hicieron mucho daño y que, a pesar de esto, algunas personas se volvieron misericordiosas aquel día y otras se confirmaron en la fe al ver la furia de sacerdotes y eclesiásticos; y las hubo incluso que gritaron al sacerdote que no era capaz de probar su ministerio.&lt;br /&gt;A medida que viajaba por mercados, ferias y diversos lugares, veía muerte y tinieblas en todos aquellos que no habían temblado por el poder del Señor. Pasando por Leicestershire, llegué a Twy-Cross donde encontré a dos aduaneros y el Señor me hizo ir a ellos para advertirles de que no oprimiesen a los pobres, y el pueblo se conmovió por esto. Había en esta ciudad un hombre muy importante que sufría una larga enfermedad, habiendo sido ya desahuciado por los médicos; algunos Amigos de allí quisieron que fuese a verlo, a lo que accedí, y subí a su cuarto y le hablé la palabra de vida, y sintiéndome inspirado rogué por él al Señor que oyendo mi ruego le devolvió la salud; mas cuando bajaba las escaleras para ir al cuarto de abajo y estaba hablando con los criados y con algunas personas de fuera que allí estaban, uno de sus sirvientes salió iracundo de un cuarto inmediato con un espadín desnudo en la mano, y lanzándose contra mí, que estaba desprevenido, lo puso contra mi costado. Me quedé mirándolo fijamente y le dije, "Desgraciado de ti, pobre criatura; ¿qué quieres hacerme con tu arma carnal? que para mí no es más que una paja." Los presentes estaban alarmadísimos y él se escurrió lleno de ira y confusión, y cuando su amo se enteró de lo ocurrido, le despidió de su servicio. De este modo el poder del Señor me guardó y elevó al hombre que de acuerdo con mi creencia y fe, había yo antes visto tan débil, el cual después sintió mucho amor por los Amigos, y cuando de nuevo volví a aquella ciudad, vinieron a verme él y su mujer.&lt;br /&gt;Después de esto, sentí la inspiración de ir a Derbyshire, donde el fuerte poder de Dios estaba entre los Amigos. Y me fui a Chesterfield, donde un tal Britland estaba de sacerdote, el cual veía más allá que los sacerdotes en general, por haber sido en parte convencido y haber hablado mucho en favor de la Verdad antes de que fuera a Chesterfield de sacerdote; pero cuando el sacerdote de esta ciudad murió, tomó el beneficio eclesiástico vacante ahogándose su espíritu con ello. Yo sentí la inspiración de hablarle, así como a la gente, en el gran amor de Dios, de que ellos podían evadirse de las enseñanzas de los hombres para ir a las enseñanzas de Dios, y a él le fue imposible contradecirme, lo cual no fue obstáculo para que me llevaran a la casa de corrección; pero no pasó mucho tiempo sin que el juicio del Señor fuera sobre este sacerd ote, que destrozado murió; llegada la noche, los oficiales junto con el guarda nos sacaron de la ciudad dejándonos que nos las ingeniáramos como pudiésemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sacerdote Stephens de Drayton, mi ciudad natal, predicó y dijo a mis parientes que yo había sido arrebatado al cielo en un torbellino, y después se supo que poseía cantidad de oro y plata; en consecuencia mis parientes me escribieron que fuera pues querían convencerse de que estaba en la tierra; enseguida contesté a su carta y enseñaron mi respuesta al sacerdote, el cual dijo. "Una carta la puede escribir cualquiera, mas ¿dónde está el hombre?" Y entonces mis parientes llegaron a la conclusión de que así era, porque, ellos dijeron, "cuando se fue de nosotros, tenía con él gran cantidad de oro y plata." Después de esto me fui a casa.&lt;br /&gt;Estaba en Derby viviendo en casa de un Doctor, cuya mujer se había convencido al igual que otros varios de la ciudad, cuando, paseándome, un día por mi habitación, oí tocar la campana, que de oírla solo se me destrozaba la vida; pregunté a la señora de la casa por que tocaba y me dijo que había gran sermón ese día, al que asistían varios oficiales del ejército, sacerdotes, predicadores y un coronel que también era predicador. Entonces, por voluntad del Señor, me fui al sermón en compañía de dos más, y cuando el sacerdote hubo terminado, les hablé de lo que el Señor me mandó que les hablara, escuchándome todos en gran silencio; pero en esto vino un oficial y cogiéndome de la mano me dijo, que así yo como los otros dos que estaban conmigo teníamos que ser llevados ante los magistrados. Y era cerca de la primera hora después del mediodía cuando nos introdujeron a su presencia. Me preguntaron por qué razón habíamos ido a la iglesia, y yo les contesté que Dios nos había ordenado que así lo hiciésemos, añadiendo después que "Dios no habita en templos hechos de mano" y que todas sus predicaciones, bautismos y sacrificios no los santificarían nunca, y les pedí que buscaran a Cristo en sí mismos y que no buscaran a los hombres porque Cristo es el que santifica. Y como entonces se pusiesen a hablar todos a una, les dije que no eran ellos para discutir a Dios o Cristo sino para obedecerle. Ante el poder del Señor que tronaba sobre ellos, volaron cual paja en el viento; me sacaron de la habitación, me volvieron a meter, me atropellaron de un lado a otro, y duró el interrogatorio desde la hora primera hasta la novena en la noche, y más de una vez me dieron arrebatos de ira porque intentaron mofarse de mí. Me preguntaron al final si es que yo estaba santificado. "¡Santificado!" respondí, "Sí, santificado por estar en el paraíso de Dios." Entonces me preguntaron si es que en mí no había pecado, y dije yo, "¡Pecado! Cristo mi Salvador ha quitado mi pecado, y en El no hay pecado." Preguntaron luego como sabíamos que Cristo moraba en nosotros, y yo respondí, "Por Su Espíritu, que El nos ha dado." Entonces ellos poniéndonos en tentación, nos preguntaron si alguno de nosotros era Cristo, y yo dije "No; nosotros no somos nada, Cristo lo es todo." Y añadieron "Si un hombre roba, ¿no es ello pecado?" y yo afirmé "Todo lo que es inicuo, es pecado." Cuando al fin se cansaron de interrogarme, decidieron mandarnos por seis meses, a mí junto con otro, a la casa de corrección de Derby, por blasfemos, como puede verse por el decreto de prisión que sigue a continuación.&lt;br /&gt;Al gobernador de la casa de corrección en Derby, salutaciones:&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Nosotros, junto con este decreto, les mandamos las personas de Jorge Fox, últimamente en Mansfield, condado de Nottingham, y Juan Fretwell, últimamente en Stainsby, condado de Derby, hacendado, traídos a nuestra presencia en el día de hoy, y acusados de haber confesado públicamente y divulgado diversas opiniones contrarias a la última Acta del Parlamento; lo cual, habiendo sido interrogados ante nosotros, han confesado. Nosotros, en consecuencia, les requerimos para que en virtud de lo aquí escrito, ustedes recibn a los ya mencionados Jorge Fox y Juan Fretwell, bajo su custodia y que en esa los guarden en seguridad durante el espacio de seis meses sin fianza o fiador o hasta que ellos lleguen a encontrar suficiente seguridad de que serán de buena conducta o bien que de ahí tengan que ser entregados por orden que de nos viniere, en lo que ustedes no habrán de faltar. Dado por nuestras manos y sellos hoy día 30 de Octubre de 1650.&lt;br /&gt;Ger. Bennet&lt;br /&gt;Nath. Barton&lt;br /&gt;Como los sacerdotes se entregaron con todo entusiasmo a predicar desde sus púlpitos el pecado como término de la vida; y mucho de su obra consistía en abogar por él; resultó que la gente decía de mí "Nunca oímos otro igual." Pasado algún tiempo, el otro que estaba preso conmigo, no manteniéndose fiel a lo que había declarado, se procuró la amistad del carcelero y por medio de él hizo llegar al juez, que deberían de dejarlo salir para ir a ver a su madre; y así consiguió su libertad, corriendo el rumor de que había tenido que decir que yo lo había sugestionado y engañado; pero mi espíritu se fortaleció cuando este hombre se hubo marchado. Eclesiásticos, sacerdotes, jueces y el carcelero, estaban todos furiosos contra mí. El carcelero vigilaba mis acciones y también mis palabras, haciéndome algunas veces preguntas con la intención de cogerme en falso, y más de una vez me hizo preguntas tan tontas como, por ejemplo, si la puerta tenía puesto o no el seguro, creyendo que así me podría sacar de repente alguna respuesta irreflexiva de la que pudiera sacar partido para acusarme de pecado; pero yo me mantenía atento y puro de manera que no pudiesen sacar ventaja alguna de nada de lo que hiciese, de lo cual mucho se admiraban.&lt;br /&gt;Poco tiempo después de mi encarcelamiento, sentí la inspiración de escribir a los sacerdotes y a los magistrados de Derby.&lt;br /&gt;Oh Amigos, &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fui enviado a decirles, que si ustedes hubieran recibido el evangelio libremente, ustedes lo ministrarían libremente sin dinero o precio; pero ustedes hacen un comercio y venta de lo que los profetas y apóstoles han hablado; y ustedes corrompen la verdad y el poder. Así como Jannes y Jambres resistieron a Moisés, así ustedes resisten la verdad; siendo hombres de mentes corruptas, condenados con respecto a la fe. Pero ustedes no irán más lejos; porque la locura de ustedes será hecha manifiesta a todos los hombres, como lo fue la de ellos. Más aún, el Señor me envió a decirles, que él busca frutos. Ustedes me preguntaron si la escritura era mi regla. No es la regla de ustedes, por la cual gobiernan sus vidas, sino que para hablarla con palabras. Ustedes son los hombres que viven en placer, orgullo y libertinaje, en plenitud de pan y abundancia de ociosidad; vean si éste no es pecado de Sodoma. Lot recibió a los ángeles; pero Sodoma tuvo envidia. Ustedes enseñan la naturaleza vanidosa; ustedes permanecen en los pasos de aquellos que crucificaron a MI SALVADOR, y se burlaron de él. Ustedes son sus hijos; ustedes muestran sus frutos. Ellos tenían el lugar principal en las asambleas, y ustedes también; a ellos les encantaba ser llamados rabí, y a ustedes también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge Fox&lt;br /&gt;Le escribí a los magistrados que me encerraron, de esta manera.&lt;br /&gt;Amigos, &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy obligado en el tierno amor que tengo por las almas de ustedes, a escribirles, y a suplicarles que consideren lo que ustedes hacen, y lo que los mandamientos de Dios piden. Él requiere justicia y misericordia, para romper cada yugo, y liberar a los oprimidos. Pero, ¿quién pide justicia, o ama la misericordia, o contiende por la fe? ¿No está el juicio volteado alrevés? ¿No está lejos la justicia? ¿No está la verdad siendo silenciada en las calles, o puede entrar la equidad? ¿No se hacen presa acaso aquellos que se alejan de del mal? ¡Oh! Consideren lo que hacen, con tiempo, y consideren a quién ponen en prisión; porque el magistrado está establecido para el castigo de los hacedores del mal, y para la alabanza de aquellos que hacen bien. Yo les ruego, con tiempo, tengan cuidado con lo que hacen; porque seguramente el Señor vendrá, y manifestará tanto a los que edifican como a la obra. Si es del hombre, fallará; pero si es de Dios, nada lo derribará. Por lo tanto, yo deseo y oro que ustedes consideren y tengan cuidado con lo que hacen, a menos que ustedes sean hallados luchando en contra de Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge Fox&lt;br /&gt;Y cuando hube así esclarecido mi conciencia ante ellos, esperé en santa paciencia dejando los acontecimientos en manos del Señor, a cuya voluntad estaba yo entregado. Poco tiempo después, volví a sentir la inspiración de escribir a los jueces que me habían condenado, exponiéndoles su maldad para que pudieran arrepentirse. Uno de los que firmó el decreto de prisión, Nathaniel Barton, era coronel, juez y predicador.&lt;br /&gt;Amigos, &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ustedes hablaron del buen camino antiguo, del cual habló el profeta; pero el profeta habló en contra de las abominaciones, las cuales ustedes sostienen. Si ustedes tuvieran el poder de Dios, no perseguirían al buen camino. Él que habló del buen camino estaba en el cepo. La genté dijo "fuera con él al cepo", por hablar la verdad. ¡Ah! ¡Gente necia que tienen ojos pero no ven, oídos pero no oyen, sin entendimiento! "¿No tendrán temor de mí, dijo el Señor, y no temblarán en mi presencia?" ¡Oh! ¡El orgullo y las abominaciones de ustedes son odiosos en los ojos de Dios! Ustedes son predicadores, tienen los lugares principales en las asambleas, son llamados maestros por los hombres. Tales cosas son y serán en contra de mi Salvador y Creador. Ellos cierran el reino de los cielos delante de los hombres; y ni entran ellos, ni ayudan a otros a entrar. Por lo tanto ustedes, que tienen sus lugares y caminan en sus pasos, recibirán una maldición más grande. Ustedes pueden decir que si hubieran vivido en los días de los profetas o de Cristo, que ustedes no los hubieran perseguido. Por lo tanto ustedes están testificando en contra de ustedes mismos, que ustedes son hijos de aquellos, siendo que ahora ustedes persiguen el camino de la verdad. ¡Oh! Consideren esto: hay un juez verdadero que le dará a cada no de ustedes una recompensa de acuerdo con sus obras. ¡Oh! ¡Preocúpense de donde están, ustedes que sostienen las abominaciones contra las cuales habló que el profeta verdadero! ¡Oh! ¡Bájense y siéntense en el polvo! El Señor viene con poder, y él hará caer a cualquiera que eleve, para que solamente él sea exaltado.&lt;br /&gt;Después que hube escrito a todos a la vez, tomé algún respiro y luego escribí a cada uno por separado.&lt;br /&gt;Al Juez Bennet en esta manera:&lt;br /&gt;Amigo,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Usted que profesa a Dios y a Cristo con sus palabras, ponga atención a cómo usted lo debe seguir. Para quitar las cargas, para visitar aquellos que están en prisión, para mostrar misericordia, vista su propia carne, y comparta su pan con el hambriento; estos son los mandamientos de Dios. Sostener al huérfano, visitar a las viudas en sus aflicciones, y mantenerse sin manchas en el mundo, esta es la religión pura ante Dios. Pero si usted profesa a Cristo, y sigue la codicia y las preocupaciones terrenales, usted le niega en la vida, se engaña a sí mismo y a otros, y le toma como si fuera una capa. ¡Ay de ustedes hombres codiciosos y hombres ricos; lloren y clamen por la miseria que les sobrevendrá! Tengan cuidado con la codicia y la extorsión. Dios no las permite. ¡Ay del que codicia con codicia maligna, para poder poner su nido en lo alto, y acumular sobre sí prenda tras prenda! ¡Oh! No ame lo que Dios prohíbe. Usted es esclavo de aquello a lo cual obedece, ya sea del pecado para muerte, o de la obediencia para justicia. Piense acerca de Lázaro y el hombre rico; uno comía suntuosamente todos los días, el otro era un mendigo. Asegúrese que usted no sea el hombre rico. No sea engañado, Dios no es burlado con palabras vanas. Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Velad debidamente, y no pequéis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge Fox&lt;br /&gt;La del juez Barton era de esta manera:&lt;br /&gt;Amigo,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Usted que predica acerca de Cristo y las escrituras en palabras. Cuando alguien llegue a seguir aquello de lo cual usted ha hablado, y a vivir la vida de las escrituras; aquellas peronas que predican las escrituras, pero que no viven de acuerdo a lo que predican, persígalos. Escuche a los profetas, Jesucristo y sus apóstoles, y todos los hombres santos de Dios; lo que ellos hablaron era de la vida: pero aquellos que no tenían la vida, sino las palabras, persiguieron y encarcelaron a los que vivían en la vida de la cual ellos se habían alejado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge Fox&lt;br /&gt;Y de la misma manera que sentí en mí el escribir a los jueces y a los sacerdotes, sentí también el escribir al alcalde de Derby, que si bien no había firmado el decreto de mi encarcelamiento, no dejaba por eso de tener también su parte de culpa junto con los otros, en mandarme a la cárcel. A él le escribí de esta manera:&lt;br /&gt;Amigo, &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Usted ha sido puesto en su lugar para hacer justicia; pero, al encarcelarme, usted ha actuado contrario a la justicia, de acuerdo con su propia ley. ¡Oh! Tenga cuidado de agradar a los hombres más que a Dios, porque este es el camino de los escribas y fariseos: ellos buscaron la alabanza de los hombres más que la de Dios. Recuerde al que dijo, "Fui forastero, y no me recogisteis; estuve en la cárcel, y no me visitasteis." ¡Oh Amigo! Su envidia no es solamente en contra mía, sino en contra del poder de la verdad: Yo no tenía ninguna envidia hacia usted, sino amor. ¡Oh! Tenga cuidado de la opresión; "porque el día del Señor viene, ardiente como un horno; y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama." ¡0h amigo! Si el amor de Dios estuviera en usted, usted amaría la verdad, escucharía la verdad hablada, y no encarcelaría injustamente. El amor de Dios tolera y sufre y no envidia a ningún hombre. Si el amor de Dios hubiera roto sus corazones, ustedes mostrarían misericordia; pero ustedes muestran lo que los gobierna. Cada árbol muestra su fruto; ustedes muestran sus frutos abiertamente. Porque la borrachería, el perjurio, el orgullo y la vanidad gobiernan entre ustedes, tanto en los maestros como en la gente. Oh amigo, la misericordia, el juicio verdadero y la justicia, son pedidos en las calles: la opresión, la impiedad, la crueldad, el odio, el orgullo, los placeres, el libertinaje y la plenitud están en sus calles; pero los pobres son olvidados. ¡Oh! Tengan cuidado de los ayes. "¡Ay de la corona de la soberbia! Ay de los que beben vino en tazones, cuando los pobres están para perecer." ¡Oh, recuerde a Lázaro y el hombre rico! Uno comía deliciosamente todos los días, el otro era un mendigo. Oh, amigo, piense en estas cosas, porque están cerca; y considere si usted está en el estado del hombre rico.&lt;br /&gt;Y también escribí al tribunal de justicia de Derby en la siguiente forma:&lt;br /&gt;Siento la inspiración de escribirles, que tengan cuidado de no oprimir al pobre en sus tribunales, y de no poner cargas sobre los pobres que no pueden soportar, y de no imponer juramentos falsos; o de obligarles a jurar cosas que después no pueden cumplir. El Señor dice, "Y llegarme he a vosotros a juicio; y seré pronto testigo contra los hechiceros y contra los que juran mentira, y los que detienen el salario de la viuda y del huérfano." En consecuencia tengan cuidado de no hacer tales cosas, en tiempo. Los juicios del Señor son siempre ciertos y justos; y El se deleita en la misericordia. Así es que amen la misericordia, queridos míos, y reflexionen cuando aun es tiempo.&lt;br /&gt;Jorge Fox&lt;br /&gt;Igualmente escribí a los campaneros de la iglesia llamada de San Pedro, en Derby. Les envié estas pocas líneas:&lt;br /&gt;Amigos, &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengan cuidado con los placeres, y aprecien su tiempo ahora mientras que lo tienen; no lo gasten en placeres o mundanalidad. El tiempo puede venir cuando ustedes digan: ustedes tenían tiempo, cuando haya pasado. Por lo tanto miren el amor de Dios ahora mientras tienen tiempo; porque éste los lleva a odiar toda la vanidad y los paceres mundanos. Oh, consideren esto, el tiempo es precioso; teman a Dios y regocígence en él, quien hizo el cielo y la tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge Fox&lt;br /&gt;Mientras estaba en la prisión, mucha gente vino de cerca y de lejos a ver el hombre que no tenía pecado; eclesiásticos diversos venían a disertar conmigo, y siempre tenía yo la sensación, antes ya de que hablaran, de que venían a abogar por el pecado y la imperfección. Les pregunté si eran creyentes y si tenían fe, y ellos me contestaron que sí; ¿En quién? volví a preguntar, y respondieron, en Cristo. Entonces yo afirmé, "Si ustedes son verdaderos creyentes en Cristo, han pasado de muerte a vida; y si han pasado de la muerte; entonces del pecado que los lleva a la muerte; y si la fe de ustedes es verdadera, ella les dará victoria sobre el pecado y el diablo purificando vuestros corazones y conciencias (porque la verdadera fe se sostiene en la conciencia pura) y por ella deleitarán a Dios y les volverá a dar acceso a Él." Pero por más que yo dijera, les era imposible oír hablar de pureza, y de victoria sobre el pecado y el diablo, porque decían que no podían aceptar que se pudiera ser libre de pecado a este lado de la sepultura. Y en vista de esto les pedí que se dejasen de charlar sobre las Escrituras, que eran las palabras de los hombres santos, mientras estaban abogando por lo que no era santo.&lt;br /&gt;Otra vez, vinieron unos sacerdotes que también empezaron a abogar por el pecado, y yo les pregunté si tenían Esperanza, a lo que me contestaron "Si; pero que Dios nos libre de perder la Esperanza." Entonces volví a preguntar, "¿Qué esperanza es esa que ustedes tienen? ¿Es Cristo en ustedes la esperanza de su gloria? ¿Los purifica ello como El es puro?" Pero no quisieron ceder en lo de volver a ser puros en la tierra, y entonces les dije "Absténganse de hablar de las Escrituras, que son las palabras de los hombres santos, los cuales abogaron por la santidad en el corazón, en la vida y en la convivencia, aquí; pero ustedes al abogar por la impureza y el pecado, que es del diablo, ¿qué tienen ustedes que ver con las palabras de los hombres santos?&lt;br /&gt;Entonces sucedió, que el que cuidaba de la prisión, estaba furioso contra mí y hablaba siempre muy mal de mí, por razón de ser él un alto profesante [un profesante era un creyente de las escrituras y de Cristo]; pero un día el Señor se plació en sacudirlo y fue en tan gran desasosiego y bajo tales terrores mentales, que estando yo paseándome por mi habitación oí como un murmullo doloroso, y parándome oí que decía a su mujer; "mujer yo he visto el día del juicio, y allí he visto a Jorge; y yo tenía gran temor de él a causa del mucho daño que le he hecho y de lo mal que de él he hablado a los sacerdotes y profesantes, a los jueces, y por tabernas y cervecerías." Y después de esto, hacia la tarde, vino a mi celda y me dijo "Yo fui cual león contra ti, pero ahora vengo cual cordero, como aquel carcelero que temblando fue a Pablo y a Silas," y añadió que quería vivir conmigo, a lo cual repliqué que estando yo en su poder, podía hacer como se le antojase; mas él dijo que no, que lo que él quería era que siendo yo libre, pudiera él estar siempre conmigo, pero que no quería tenerme como prisionero. Y entonces me explicó como él estaba plagado y como también su casa estaba plagada por mi causa; y en vista de ello, permití que se quedara conmigo; y se puso a decirme todo cuanto tenía en el corazón, y que él creía que cuanto yo había dicho de la verdadera fe y esperanza, era lo cierto, y se maravillaba de que el otro que había sido encarcelado conmigo no se hubiera mantenido en ello, y afirmó que aquel hombre era un bribón mientras que yo era un hombre honrado. También me confesó que, cuando en días pasados le había pedido que me dejara salir a proclamar al pueblo la palabra del Señor, lo cual me rehusó, y entonces dejé que fuera sobre él el peso de su acción, se sentía casi siempre en grandes ansias y temores, y estuvo como loco hasta pasada algún tiempo, y en un estado tal, que cualquiera lo hubiera matado con una manzana (como él decía). Llegada la mañana se levantó y poco después se fue a ver a los jueces para decirles, que así él como su casa habían sido infectados por mi causa, y uno de los jueces dijo (según él me repitió) que las plagas también caían sobre ellos por tenerme preso. Era este el Juez Bennet, de Derby, que fue el primero en llamarnos cuáqueros, ("To quake" quiere decir "temblar," en inglés, y "quaker,"quiere decir "el que tiembla.") por amonestarle nosotros a que temblara de la palabra del Señor. Esto fue en el año de 1650.&lt;br /&gt;Después de esto, los jueces me dieron licencia de andar una milla; mas comprendiendo su idea dije al carcelero que si me mostraban hasta donde era una milla, entonces yo podría tomarme la libertad de pasearme algunas veces. Porque yo tuve la sensación de que los jueces pensaban que yo me escaparía, y el carcelero me confesó más tarde que lo habían hecho con esta intención, para que escapándome yo quedaran ellos libres de las plagas; mas yo le aseguré que no tenía tal idea.&lt;br /&gt;Este carcelero tenía una hermana, mujer joven y enfermiza, que vino a verme a mi celda; y después de pasar un rato en mi compañía hablándole yo las palabras de la Verdad, fuese abajo y dijo a los demás que nosotros éramos inocentes, que no habíamos hecho daño a nadie, sino que al contrario hacíamos bien a todos, incluso a nuestros enemigos; y les pidió que fueran buenos con nosotros.&lt;br /&gt;Como en aquellos días debido a mi reclusión no podía viajar por los pueblos, declarando y difundiendo la Verdad, se me ocurrió escribir una especie de carta y mandarla para que fuera leída así entre los Amigos como por otras personas piadosas, para que abriendo su comprensión a la percepción de la Verdad, los dirigiera al verdadero Maestro que está en ellos.&lt;br /&gt;Fue de esta manera:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL Señor le muestra al hombre sus pensamientos, y descubre todas las cosas secretas en el hombre. Y el hombre puede ser llevado a ver sus pensamientos impíos, su mente corriendo, y sus imaginaciones vanas, y puede esforzarse para reprimir estas cosas, y para guardar su mente; pero no las puede vencer, ni pueden mantener sus mentes en el Señor. En este estado y condición sométanse al espíritu del Señor que les enseña, y esto los llevará a esperar al Señor; y El que las ha descubierto las destruirá. Por lo tanto permanezcan en la fe del Señor Jesucristo, (quien es el autor de la fe verdadera), y piensen en él; porque él descubrirá la raíz de las concupiscencias, los malos pensamientos, y las imaginaciones vanas; y cómo estas cosas son engendradas, concebidas, y criadas; y entonces cómo ellas son llevadas a cabo, y cómo obra cada miembro impío. Él descubrirá la naturaleza y la raíz de cada principio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por lo tanto piensen en la fe de Cristo, y el ungimiento que está en ustedes, para ser enseñados por él, lo cual descubrirá todas los funcionamientos en ustedes. A medida que él les enseñe, obedezcan y arrepiéntanse; de otra manera ustedes no crecerán en la fe, o en la vida de Cristo, donde se recibe el amor de Dios. Ahora, el amor crea amor, su propia naturaleza e imagen: y cuando la misericordia y la verdad se encuentran, ¡que gozo existe! La misericordia triunfa sobre el juicio; y el amor y la misericorida llevan el juicio del mundo con paciencia. Aquello que no puede tolerar el juicio del mundo no es el amor de Dios; porque el amor tolera todas las cosas, y está por encima del juicio del mundo; porque el juicio del mundo no es nada más que necedad. Aunque sea el juicio y la práctica del mundo echar toda la suciedad que está entre ellos sobre los santos, aún así su juicio es falso. Las vírgenes castas siguen a Cristo, el Cordero que quita el pecado del mundo; pero aquellos que son del espíritu que no es casto, no seguirán a Cristo, el Cordero, en sus pasos, sino que son desobedientes a él en sus mandamientos. La mente carnal piensa en la carne, habla carnalmente, y su conocimiento es carnal, y no espiritual; saborea la muerte, no el espíritu de la vida. Algunos hombres tienen la naturaleza de puercos que se revuelcan en el lodazal. Algunos tienen la naturaleza de perros, para morder tanto a las ovejas como los unos a los otros. Algunos tienen la naturaleza de leonoes, para rasgar, devorar y destruir. Algunos la naturaleza de los lobos, para rasgar y devorar los corderos y las ovejas de Cristo: y algunos de la naturaleza de la serpiente, (el viejo adversario), para morder y envenenar. "El que tenga oídos para oir, que oiga", y aprenda estas cosas dentro de sí mismo. Algunos hombres tienen la naturaleza de otras bestias y criaturas, pensando en nada más que las cosas terrenales y visibles, y alimentándose sin el temor de Dios. Algunos tienen la naturaleza de un caballo, para brincar y ostentar su fortaleza, y para ser rápidos en hacer el mal. Algunos tienen la naturaleza de robles altos y robustos, para florecer y propagar su sabiduría y fortaleza, quienes son fuertes en el mal, lo cual debe perecer y ser llevado al fuego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por lo tanto el mal es uno en todos, pero obra de muchas maneras; y cualquiera sea la adicción externa que tenga la naturaleza del hombre o la mujer, el maligno la acomodará, y agradará su naturaleza y apetito, para mantener la mente en sus invenciones y en las criaturas, en vez del Creador. ¡Oh! Por lo tanto no dejen que la mente se aleje de Dios; porque si lo hace estará manchada, envenenada y corrompida. Si la mente se aleja del Señor, es difícil traerla otra vez: por lo tanto tengan cuidado con el enemigo, y manténganse en la fe de Cristo. ¡Oh! De manera que preocúpense de las cosas eternas e invisibles, y de aquel que es el creador y el que mueve todas las cosas: porque las cosas que son hechas, no son hechas de las cosas que aparecen; porque lo visible cubre de la vista lo invisible en ustedes. Pero a medida que el Señor, quien es invisible, los abre a ustedes con su poder y espíritu invisible, y derriba la mente carnal en ustedes; de manera que las cosas invisibles e inmortales son traídas a la luz. ¡Oh! Por lo tanto ustedes que conocen la luz, ¡caminen en la luz! Porque hay hijos de la oscuridad que hablan de la luz, y de la verdad, pero no caminan en ella; pero los hijos de la luz aman la luz, y caminan en la luz. Pero los hijos de la oscuridad caminan en la oscuridad, y odian la luz. En ellos las concupiscencias terrenales y la mente carnal ahogan la semilla de la fe, lo cual trae opresión en la semilla y muerte sobre sí mismos. ¡Oh! Por lo tanto pongan sus mentes en el espíritu puro del Dios eterno, el cual les enseñará a usar las criaturas en su lugar correcto, y el cual juzga al maligno. ¡A ti, Oh Dios, sea toda la gloria y el honor, que eres Señor de todo lo visible e invisible! ¡A tí sea toda la alabanza, que traes lo profundo a tí mismo, oh poderoso Dios! ¡Que eres digno de toda la gloria! Porque el Señor que creó todo, y da vida y fortaleza a todo, está sobre todo y es misericordioso con todo. ¡Por lo tanto tú, que has hecho todas las cosas, a tí sea toda la gloria! ¡En tí está mi fortaleza, mi refrigerio y mi vida, mi gozo y mi felicidad, mi regocijo y gloria para siempre! Vivir y caminar en el espíritu de Dios es gozo, paz y vida; pero la mente que se va a las criaturas, o a cualquier cosa visible proveniente del Señor, esto trae muerte. Cuando la mente se va a la carne, y hacia la muerte, el acusador se mete adentro, y la ley del pecado y la muerte se mete dentro de la carne. Entonces la vida sufre bajo la ley del pecado y la muerte, entonces se va derecho a la falla. Porque entonces lo bueno es reprimido, y la justicia propia es puesta por encima. Entonces el hombre obra en la ley externa; y él no se puede justificar a sí mismo por la ley; sino que es condenado por la ley: porque él no se puede salir de ese estado, sino por medio de permanecer en la luz, descansando en la misericordia de Dios, y creyendo en él de quien fluye toda la misericordia. Porque hay paz al descansar en el Señor Jesús. Este es el camino angosto que lleva hacia él, la vida; pero pocos permanecerán en él. Por lo tanto manténganse en la inocencia, y sean obedientes a la fe en él. Tengan cuidado de no conformarse al mundo, y de no razonar con carne y sangre, porque esto lleva a la desobediencia; y entonces surgen las imaginaciones y cuestionamientos, para sacarnos de la obediencia a la verdad de Cristo. Pero la obediencia a la fe destruye las imaginaciones, cuestionamientos, y razonamientos, con todas las tentaciones en la carne, los embates, mirando hacia adelante, y trayendo cosas del pasado. Pero, al no mantenerse en la vida y la luz, ni contrariar la voluntad corrupta por medio del poder de Dios, la naturaleza impía crece en el hombre; y entonces vendrán las cargas, y el hombre será manchado con esa naturaleza. Pero las montañas de Esaú serán asoladas, y se convertirán en un desierto, donde viven los dragones; sin embargo Jacob, el segundo en nacer, será fructífero y se levantará. Porque Esaú es odiado, y no debe ser señor; pero Jacob, el segundo en nacer, quien es perfecto y simple, será señor; porque él es amado por Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge Fox&lt;br /&gt;Escribí también otro artículo, casi de lo mismo, y lo envié a los que están entre las personas convencidas, y es como sigue:&lt;br /&gt;¡El Señor es rey sobre toda la tierra! Por lo tanto, todas las personas alaben y glorifiquen a su rey en obediencia verdadera, en rectitud, y en la belleza de la santidad. ¡Oh! Consideren, que en la obediencia verdadera se conoce al Señor, y se recibe un entendimiento de él. Marquen y consideren en silencio, en humildad de la mente, y ustedes oirán al Señor hablarles en sus mentes. Su voz es pura y placentera: sus ovejas oyen su voz, y no escucharán ninguna otra. Cuando ellos oyen su voz, ellos se regocijan y son obedientes; ellos también cantan de gozo. ¡Oh! ¡Sus corazones están llenos con triunfo eterno! Ellos cantan y alaban al Dios eterno en Sión. El hombre nunca les podrá quitar su gozo. ¡Gloria sea al Señor para siempre!&lt;br /&gt;Pero muchos, que han sido convencidos de la verdad, se salieron hacia un lado, por la persecución que surgió; por lo cual yo les escribí unas pocas líneas para el consuelo y aliento de los fieles, de esta manera:&lt;br /&gt;Vengan, bendecidos del Señor, y regocígense juntos; manténganse en la unidad del espíritu. ¡Triunfen sobre el mundo! Tengan gozo en el Señor; reinando sobre el mundo, y sobre todas las cosas que alejan del Señor; para que en claridad, justicia, pureza y gozo ustedes puedan ser preservados en el Señor. ¡Oh, oigan! ¡Oh, escuchen el llamado del Señor! ¡Salgan del mundo, y manténganse fuera de él para siempre! Vengan, canten juntos, ustedes los justos, el cántico del Señor, el cántico del Cordero; lo cual nadie puede aprender, sino aquellos que son redimidos de la tierra, y del mundo.&lt;br /&gt;Mientras estaba en la casa de corrección mis parientes vinieron a verme, y como estaban muy disgustados de mi encarcelamiento, fueron a los jueces que me condenaron y, como deseaban tenerme en casa con ellos, ofrecieron que se comprometían a pagar cien libras, y junto con ellos otras personas de Derby se comprometieron en 50 libras cada una en el caso de que yo volviera allí a protestar contra los sacerdotes. En consecuencia me llevaron ante los jueces, y porque no consentí que ellos ni nadie se comprometiesen a nada por mí (pues yo había hablado la palabra de vida y de verdad y por consiguiente era inocente), el juez Bennet se puso en pie furioso y, mientras yo me arrodillaba para pedir al Señor que le perdonara, se lanzó sobre mí y sacudiéndome con las dos manos, se puso a gritar, "Fuera con él, carcelero; llévatelo fuera, carcelero"; y sucedió muchas veces que intentaron ponerme en libertad y como entonces les escribía, por voluntad del Señor, su rabia se exasperaba otra vez y volvían a dejarme en la cárcel, de manera que allí me tuvieron hasta que expiraron los seis meses de mi condena. Pero entre tanto podía andar en libertad una milla, y haciendo uso de ello como si me sintiera libre iba algunas veces al mercado y por las calles advirtiendo al pueblo que se arrepintiera de su maldad, y después me volvía a la cárcel. Como había en la cárcel personas de diferentes religiones, algunas veces iba también a visitarlas en sus reuniones de los "Primeros días."&lt;br /&gt;Después que había sido llevado ante los jueces, y ellos habían exigido una fianza por mi buen comportamiento, (la cual yo no puedo consentir que deba darse, ya que mancha mi inocencia), vino sobre mí el deseo de escribirles a los jueces otra vez, lo cual hice de la siguiente manera:&lt;br /&gt;Amigos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Consideren qué es lo que está en ustedes que encarcela. Consideren quién está en la cabeza de ustedes. Consideren si es que hay algo que los acusa. Consideren que ustedes deben ser llevados al juicio. Piensen acerca de Lázaro y el hombre rico; uno de ellos cenaba suntuosamente cada día, y el otro era un mendigo. Ahora ustedes tienen tiempo; aprécienlo mientras lo tengan. ¿Quisieran tenerme atado a mi buen comportamiento? Yo estoy atado a mi buen comportamiento, y clamo por el buen comportamiento en toda la gente, y me alejo de todas las vanidades, placeres, opresiones, y engaños de este mundo. Y llegará un tiempo que ustedes lo conocerán. Por lo tanto tengan cuidado con los placeres, engaños y el orgullo; y no miren al hombre, sino que al Señor: porque "Mirad a mí y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay otro." &lt;br /&gt;Después de un corto tiempo, les escribí otra vez:&lt;br /&gt;Amigos,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ustedes quisieran tenerme atado a mi buen comportamiento, alejado de las borracheras, el perjurio, el adulterio, y las cosas por el estilo. El Señor me ha redimido de todas estas cosas; y el amor de Dios me ha llevado a odiar toda la maldad: bendecido sea su nombre. Los borrachos, peleadores y los que juran mentira, ellos tienen su libertad sin ataduras; y ustedes ponen su ley sobre mí, a quien ni ustedes ni ningún otro puede acusar justamente de estas cosas; ¡alabado sea el Señor! No puedo mirar a ningún hombre para obtener mi libertad, sino que solamente al Señor, quien tiene los corazones de todos los hombres en su mano.&lt;br /&gt;Después de algún tiempo, al no estar mi espíritu libre de ellos, les escribí otra vez:&lt;br /&gt;Amigos, &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si ustedes hubieran sabido quien me envió a ustedes, me hubieran recibido; porque el Señor me envió a ustedes, para advertirles de las aflicciones que han de venir sobre ustedes; y para pedirles que miren al Señor, y no a los hombres. Pero cuando les conté de mi experiencia, lo que el Señor hizo por mi, entonces sus corazones se endurecieron, y ustedes me enviaron a la cárcel, donde ustedes me han tenido por muchas semanas. Si el amor de Dios hubiera roto sus corazones, entonces ustedes verían lo que ustedes han hecho; ustedes no me hubieran enviado a la cárcel, si mi Padre no lo hubiera tolerado; y por su poder seré liberado, porque él abre y él cierra; ¡a él sea toda la gloria! ¿En qué me he comportado mal yo, que alguien tenga que estar atado por mí? Todas las palabras de los hombres no me servirán para nada, ni tampoco sus ataduras, para guardar mi corazón, si yo no tengo una guía dentro de mí para guardarme en la vida recta de Dios. Pero yo creo en el Señor, para que por medio de su fortaleza y poder yo sea preservado de la impiedad y los deseos mundanos. Las escrituras dicen, "Reciban a los forasteros;" pero ustedes los meten en la cárcel. Ya que ustedes están en posición de autoridad, tengan cuidado de la opresión, juramentos, injusticia, y regalos o recompensas, porque Dios odia todas estas cosas. Pero amen la misericordia y el juicio verdadero y la justicia, porque el Señor se deleita en eso. Yo no les escribo con odio, pero mantengan mi conciencia limpia; tengan cuidado de como pasan su tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También fui inspirado para escribir otra vez a los sacerdotes de Derby; lo cual hice después de esta manera:&lt;br /&gt;Amigos, &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ustedes profesan que son ministros de Jesucristo en palabras, pero por sus frutos ustedes muestran dónde está su ministerio. Cada árbol muestra su fruto: el ministerio de Jesucristo está en la misericordia y el amor, para liberar aquellos que están atados, y sacarlos de la esclavitud, y dejar que los cautivos sean liberados. Ahora, amigos, ¿dónde está el ejemplo de ustedes, si las escrituras son su regla, para hacerlos prisioneros por causa de la religión? ¿Tienen algún mandamiento en cuanto a esto proveniente de Cristo? Si aquello que ustedes profesan estuviera en ustedes, ustedes caminarían en los pasos de aquellos que nos dieron las escrituras. Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios. Pero si ustedes edifican sobre los profetas y los apóstoles en las palabras, y pervierten su vida, recuerden las aflicciones, contra las cuales habló Jesucristo. Los que hablaron las palabras de las profetas, pero negaron a Cristo, profesaron de un Cristo que estaba por venir; pero si ellos lo hubieran conocido, no lo hubieran crucificado. Los santos, a quienes cambió el amor de Dios, fueron 'llevados a caminar en amor y misericordia; porque el que mora en el amor, mora en Dios'. Pero donde gobierna la envidia, el orgullo y el odio, gobierna la naturaleza del mundo, no la naturaleza de Jesucristo. Yo les escribo sin odio; sino que para que ustedes puedan considerarse a sí mismos, y ver cómo pasan el tiempo.&lt;br /&gt;Habiendo aclarado así mi conciencia a los sacerdotes, no pasó mucho tiempo antes que me sobreviniera una preocupación de escribir otra vez a los jueces, lo cual hice como sigue:&lt;br /&gt;He sido inspirado a advertirles de tener cuidado de darle rienda suelta a su voluntad. Amen la cruz; no satisfagan sus mentes en la carne, sino que aprecien su tiempo mientras lo tengan, y conduzcan su vida en obediencia a lo que ustedes ya conocen, en obediencia a Dios; ustedes no serán condenados por lo que no saben, sino que solo condenados por lo que saben y escogen no obedecer. Consideren antes que sea muy tarde, evalúense a sí mismos, piensen acerca de dónde están, y a quién sirven. Porque si ustedes blasfemian a Dios, y toman su nombre en vano, si ustedes juran y mienten, si le ceden espacio al a envidia, el odio, la codicia, y la avaricia, los placeres y la indulgencia, y a cualquier otro vicio, tengan la seguridad que ustedes servirán al diablo; pero si ustedes temen al Señor y le sirven, ustedes odiarán todas estas cosas. El que ama a Dios, no blasfemará su nombre; pero donde hay oposición a Dios, y el servicio al diablo, la profesión es triste y miserable. ¡Oh! Aprecien su tiempo, y no amen aquello que Dios prohíbe; la mentira, ira, malicia, envidia, odio, avaricia, codicia, opresión, glotonería, embriaguez, fornicación y toda injusticia, Dios prohíbe. Por lo tanto consideren que las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. No sean engañados, Dios no será burlado con palabras vanas; la ira de Dios es revelada desde el cielo en contra de toda la impiedad. Por lo tanto, obedezcan aquello que los convence de toda maldad, y les dice que ustedes no deben hacer ningún mal: ésto los llevará al arrepentimiento, y los guardará en el temor del Señor. ¡Oh! Miren las misericordias de Dios, aprécienlas, y no las conviertan en comportamiento incontrolado. ¡Oh! ¡Miren al Señor y no a las cosas terrenales!&lt;br /&gt;Aparte de esto, escribí lo siguiente al coronel Barton, quien era tanto juez como predicador, como fui limitado antes:&lt;br /&gt;Amigo, &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se ponga una capa para cubrirse; hay un Dios que conoce el corazón, y lo descubrirá. Él ve su camino. "Ay de los que quieren cobijarse con cubierta, y no de mi espíritu, dice el Señor." ¿Actúa usted contrario a la ley y después se olvida de ello? Usted descuida la misericordia y el juicio verdadero; vea lo que se ha dicho en contra de esto. Mi Salvador dijo acerca de esto, "Estuve enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis; tuve hambre, y no me disteis de comer; fui forastero, y no me recogisteis." Y cuando ellos dijeron, "¿Cuándo te vimos en prisión y no te visitamos?" etc, él contestó, “En cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis". Amigo, usted me ha encarcelado por dar testimonio de la vida y el poder de la verdad, y aún así usted profesa ser un ministro de Cristo; pero si Cristo lo hubiera enviado, usted estaría liberando a la gente de la prisión, de la esclavitud, y recibiría los forasteros. Usted ha vivido con lujo sobre la tierra; usted ha vivido con plentitud, y ha nutrido su corazón como en el día de la matanza. Usted ha matado al justo. ¡Oh! ¡Mire dónde está y cómo ha pasado su tiempo! ¡Oh! Acuérdese de sí mismo, y ahora, mientras tenga tiempo, aprécielo. No desaire la misericordia gratis de Dios, ni desprecie su paciencia, la cual es gran salvación; sino que ponga su mente en aquello que lo convence, y que no le deja jurar, ni mentir, ni tomar el nombre de Dios en vano. Usted sabe que no debe hacer ninguna de estas cosas; usted ha aprendido aquello que lo condena: por lo tanto obedezca la luz que lo convence, abandone su pecado, mire las misericordias de Dios, y aprecie su amor al haberlo dejado vivir hasta ahora. El Señor dijo, "Mírenme a mí, y sean salvos, todos los términos de la tierra", y también dijo "Dejen de confiar en el hombre, que su vida es solamente un soplo". Amigo, aprecie su tiempo, y vea a quien sirve; porque a quien sea que obedezcamos, somos esclavos de aquel a quien obedecemos; ya sea del pecado que lleva a la muerte, o de la obediencia que lleva a la justicia. Si usted sirve a Dios y le teme, usted no blasfemará su nombre, ni dirá maldiciones, ni jurará, ni tomará su nombre en vano, ni seguirá los placeres y el libertinaje, la fornicación ni la borrachera, ni la ira, o la malicia, o la venganza, o la imprudencia, o la embriaguez, el orgullo o la glotonería, la avaricia, opresión o codicia, o las bromas necias, o las canciones vanas; Dios prohíbe estas cosas, y toda injusticia. Si usted profesa a Dios, y hace cualquiera de estas cosas, usted lo toma a él como una capa, para servir al diablo. Considérese a sí mismo, y no ame aquello que Dios odia. El que ama a Dios guarda sus mandamientos. El diablo le dirá que es difícil guardar los mandamientos de Dios; pero que es fácil guardar los mandamientos del diablo y vivir en toda la injusticia y la impiedad, transformando la gracia de Dios en libertinaje. Pero, que deje el hombre injusto sus caminos, y se vuelva a mí, dice el Señor, y yo tendré misericordia de él; "Volveos, ¿por qué moriréis? dice el Señor." &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Aullen, ustedes los grandes, porque las plagas están siendo derramadas sobre ustedes! ¡Aullen, ustedes opresores, porque la recompensa y la venganza viene sobre ustedes! ¡Ay de aquellos que acaparan casa tras casa y se apropian de campo tras campo hasta que no dejan lugar para nadie más, y terminan viviendo solos en el país! Estas cosas están en los oídos de Jehová de los ejércitos. ¡Ay del que llena su casa de ganancias injustas en un intento por salvar su nido y escapar de las garras del infortunio!&lt;br /&gt;Jorge Fox&lt;br /&gt;Estaba todavía en la casa de corrección cuando un día vino a verme un soldado de tropa y me dijo, que estando en la iglesia escuchando al sacerdote, se sintió presa de una gran inquietud y oyó la voz del Señor que vino a él diciendo "¿Es que tú no sabes que mi siervo está en la prisión? Ve a él para que te dirija." Y entonces, hablándole yo como convenía a su estado, abrí su comprensión, y le dije que el que le había mostrado sus pecados, turbándole por esta causa, le enseñaría también su salvación; porque el que le muestra al hombre sus pecados es el mismo que le puede librar de ellos. Y mientras yo le hablaba, el poder del Señor abrió su mente de manera que empezó a comprender bien la Verdad del Señor y a ser sensible a las mercedes de Dios, y después empezó a hablar ardientemente, en su cuartel entre los soldados y entre otra gente, de la Verdad (porque las Escrituras se le revelaban muy claramente) llegando incluso a decir que su coronel estaba tan ciego como Nabucodonosor por tener al siervo de Dios en la prisión. Y fue esta razón por la cual su coronel le tenía rencor; y en la batalla de Worcester, al año siguiente, en una ocasión en que los dos ejércitos estaban acampados uno al lado del otro, se destacaron dos del ejército del rey y retaron a otros dos del ejército del parlamento a que salieran a luchar con ellos, y entonces su coronel eligió a él y a otro para que respondieran al reto; y cuando en el encuentro su compañero murió, él embistió a sus dos enemigos hasta dentro del fuego de mosquetería de la ciudad sin tener que disparar su pistola, todo lo cual me contó él mismo con su propia boca cuando volvió; pero, después del encuentro, vio el engaño e hipocresía de los oficiales, y conmovido por la maravillosa manera como el Señor lo había guardado del peligro y sintiéndose harto de batallar, dejó las armas.&lt;br /&gt;El tiempo de mi encarcelamiento en la casa de corrección llegaba a su fin, y como en aquel momento nuevos soldados eran llamados a filas, los delegados quisieron hacerme su capitán, pues los soldados gritaban que no querían otro que no fuera yo, y entonces el que cuidaba de la casa de corrección recibió la orden de llevarme a la plaza del mercado para que allí delegados y soldados me ofrecieran tal distinción (como ellos decían) preguntándome si no querría tomar las armas por el Commonwealth contra Carlos Estuardo, a lo que repliqué que ya conocía de donde provenían las guerras, incluso de la codicia según las doctrinas de Santiago, y que yo vivía en la virtud de aquella vida y poder que quita toda ocasión de guerras. Entonces me cortejaron pensando que no aceptaba por cumplir, mas yo insistí en que había venido en el pacto de paz que fue antes de que las guerras y luchas fueran; pero ellos con palabras afectuosas tales como que me lo ofrecían en amor y por lo mucho que admiraban mi virtud, insistieron de nuevo. Y entonces les dije que si éste era el amor y admiración que sentían por mí, lo pisoteaba con mis pies; y entonces ellos enfurecidos, dijeron "Llévatelo carcelero y mételo en el calabozo entre los malvados y los delincuentes" y así fue que me llevaron a un subterráneo miserable y maloliente, sin cama, y allí me dejaron entre treinta delincuentes casi medio año, con excepción de algunos momentos en que me dejaban pasear por el jardín, pues estaban seguros de que no me escaparía. Una vez me tuvieron en el calabozo de Derby, la gente creía y decía que no volvería a salir; mas yo tenía fe en Dios y estaba seguro de que sería libertado a Su tiempo, porque el Señor me había ya dicho que no saldría todavía, pues tenía que estar allí para cumplir un servicio que El me había destinado.&lt;br /&gt;Cuando corrió la voz de que estaba en el calabozo de Derby, mis parientes vinieron otra vez a verme, y estaban muy disgustados de que estuviera en la prisión; y todo porque creían que era gran vergüenza para ellos que yo estuviera preso por cuestiones religiosas; llegando algunos de ellos a pensar que estaba loco porque abogaba por la pureza, rectitud y perfección.&lt;br /&gt;Entre otros que vinieron a verme y a discutir conmigo, había un tal Rice Jones de Nottingham, soldado, que había sido bautista (según pude comprender), junto con varios otros que iban a Worcester a la guerra. Discutiendo una vez me dijo, "Tu fe se funda en un hombre que murió en Jerusalén, y allí nunca sucedió tal cosa." Sentí me ofendidísimo de oírle hablar así y le dije, "¡Cómo! ¿Es qué Cristo no sufrió fuera de las puertas de Jerusalén por culpa de los judíos practicantes, y de los pontífices y de Pilatos?" Y él me negó que Cristo hubiese jamás sufrido allí, físicamente. Entonces le pregunté si es que no existieron en Jerusalén pontífices, judíos y el propio Pilatos, en carne y hueso; y como esto no lo pudo negar, le dije que así como era cierto que pontífices judíos y Pilatos existieron, lo era también que Cristo fue perseguido por ellos y que sufrió, físicamente, bajo su poder, en Jerusalén. Y a pesar de haberle hablado en esta forma, fue de este hombre y de los que le acompañaban que salió la calumnia contra nosotros, de que los cuáqueros negábamos que Cristo hubiera sufrido y muerto en Jerusalén, lo cual era evidentemente falso pues nunca entró en nuestros corazones el menor pensamiento de tal cosa, que no fue más que una calumnia que nos achacaron a causa de las palabras de aquella gente. Esta misma persona dijo también que nunca ninguno de los profetas o apóstoles o de los hombres santos de Dios, hubiera sufrido físicamente, sino que todos sus sufrimientos fueron internos. Mas yo le probé como fue que sufrieron muchos de ellos y por culpa de quien sufrieron; y así fue elevado el poder del Señor sobre sus imaginaciones y fantasías, siguiendo él su camino.&lt;br /&gt;También vino a verme otro grupo que pretendían tener tratos con los espíritus; les pregunte cuál era el primer paso para la paz y qué era aquello por lo cual el hombre puede ver su salvación. Y ellos que estaban completamente en las nubes dijeron que yo estaba loco, empezando entonces a llamar a espíritus que no se conocían a sí mismos ni tampoco a los espíritus de ellos.&lt;br /&gt;En esta época de mi encarcelamiento estaba yo muy versado en los procedimientos de los jueces y magistrados en sus tribunales y judicaturas y, por inspiración, escribí a los jueces sobre eso de condenar a un hombre a muerte por haber robado ganado, o dinero, o cosas sin importancia, demostrándoles cuan contrario era a la antigua ley de Dios; ya que por causa de esto andaba yo en grandes sufrimientos espirituales y la sola idea de la muerte me obsesionaba, pero como continué firme en la voluntad de Dios, una brisa celestial se levantó en mi alma para el Señor, y entonces vi los cielos abiertos, y me regocijé, y di gloria al Señor. De manera que le escribí a los jueces de la siguiente manera:&lt;br /&gt;Fui inspirado a escribirles a ustedes, para decirles que tengan cuidado de sentenciar a los hombres a muerte por robar ganado, o dinero, etc., porque los ladrones en los tiempos bíblicos debían hacer restitución; y si no podían hacer restitución, ellos debían ser vendidos por su robo. Ocúpense de las leyes de Dios en las escrituras, y del espíritu que nos las dio; dejen que ellas sean su regla al llevar a cabo sus juicios; y muestren misericordia, para que puedan recibir misericordia de Dios, el juez de todo. Tengan cuidado con los regalos y las recompensas, y del orgullo; porque Dios los prohíbe, y ellos ciegan los ojos de los sabios. Yo no les escribo para darles la libertad de pecar, Dios lo ha prohibido; sino para que ustedes puedan juzgar de acuerdo a sus leyes, y mostrar misericordia; porque él se deleita en el juicio verdadero, y en la misericordia. Les imploro, piensen en estas cosas, y aprecien su tiempo, ahora que lo tienen; teman a Dios y sírvanle, porque él es un fuego consumidor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aparte de esta carta, le escribí otra a los jueces, que decía lo siguiente: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy inspirado a escribirles a ustedes, para decirles que hagan verdadera justicia con todos los hombres: asegúrense que nadie sea oprimido u ofendido, ni que se imponga ningún juramento; porque la tierra está de luto a causa de los juramentos, adulterios, hechicerías, borracheras y la profanidad. Oh, consideren que ustedes están en autoridad; sean moderados, y consideren estas cosas en humildad. Muestren misericordia a los huérfanos, a las viudad, y a los pobres. Tengan cuidado de las recompensas o los regalos, poque éstos ciegan los ojos de los sabios; el Señor odia todas estas cosas. Amen la misericordia y el juicio verdadero, la justicia y la rectitud; porque el Señor se deleita en estas cosas. Consideren estas cosas con el tiempo, y tengan cuidado de cómo pasan su tiempo. Ahora ustedes tienen tiempo, aprécienlo; y muestren misericordia, para que ustedes puedan recibir la misericordia del Señor: porque él viene para probar todas las cosas, y suplicará a toda carne como con fuego.&lt;br /&gt;Y dos hombres había que fueron al suplicio por causa de pequeñas cosas; y yo sentí el impulso de amonestarles por su hurto, para darles fuerzas en su sufrimiento que era contrario a la ley de Dios. Y poco después de que hubieron ido al suplicio, sus espíritus se me aparecieron mientras iba yo andando, y vi que estos hombres estaban bien.&lt;br /&gt;Además expuse a los jueces que cosa tan penosa era el que los presos tuvieran que estar tanto tiempo en la cárcel; y les demostré como aprendían maldades uno de otro, contándose mutuamente sus malas acciones; así es que, en consecuencia, la justicia debía de ser diligente. Y como era yo un joven piadoso, que vivía en el temor del Señor, más de una vez me había sentido ofendido de oír sus malas palabras y por ello les había reprendido muchas veces y también por su mala conducta entre ellos. Y se admiraba la gente de que estuviera yo tan bien guardado que, durante todo el tiempo que allí estuve, nunca les fue posible cogerme una palabra o en una acción de la que pudieran acusarme; y esto fue porque el infinito poder de Dios me sostuvo y guardó en todo aquel tiempo: A Él sean dadas gloria y alabanzas eternamente.&lt;br /&gt;Mientras yo estaba en la cárcel, estuvo también una mujer joven por causa de haber robado a su amo algún dinero. Cuando iba a ser juzgada con pena de su vida, escribí, al juez y al jurado, demostrándoles cuan contrario era a la antigua ley de Dios el matar a la gente por robar, y pidiéndoles que mostrasen gracia. Mas con todo y esto fue condenada a morir, y le hicieron la sepultura, y cuando llegó el tiempo fijado la llevaron para ser ejecutada. Entonces escribí unas palabras para que fuesen leídas en la horca, en las que advertía a todos que se guardasen de ser voraces o ambiciosos porque esto aparta de Dios, y que todos debían de temer al Señor y escapar de los deseos terrestres, y apreciar su tiempo mientras lo tenían; y sucedió que a pesar de que ya la tenían en la escalera con la cara envuelta en un paño preparada para el suplicio, no la mataron sino que la volvieron a traer a la prisión, donde más tarde se convenció de la infinita verdad de Dios.&lt;br /&gt;Estaba también en la prisión, al mismo tiempo que yo, un preso, hombre muy malo y perverso que tenía fama de hechicero, el cual siempre se jactaba de lo que me iba a decir y de lo que me iba a hacer, pero nunca tuvo el valor de abrir su boca delante de mí. Y una vez que se peleó con el carcelero, lo amenazó con que haría surgir el diablo y con que le des - trozaría la casa, todo lo cual asustó al carcelero; mas, por voluntad del Señor, en Su poder fui y lo reprendí, diciéndole, "Ven, haznos ver que es lo que eres capaz de hacer; haz lo peor que puedas," Y le añadí, que bastante estaba el diablo en él; mas el poder del Señor lo encadenó de manera tal que huyó de mí.&lt;br /&gt;Al acercarse el tiempo de la batalla de Worcester, el juez Bennet envió guardias a presionarme a convertirme en soldado, ya que yo no aceptaba voluntariamente este mandato. Y les dije que había sido sacado del las guerras externas. Ellos vinieron otra vez para darme dinero adelantado para enlistarme; pero yo no quise nada de dinero. Después fui llevado delante del sargento Holes, mantenido allí por un tiempo, y llevado otra vez. Después los guardias me llevaron por segunda vez, y después fui llevado ante los comisarios, quienes dijeron que yo debía ser soldado; pero yo les dije que yo estaba muerto a eso. Ellos dijeron que yo estaba vivo. Yo les dije que donde estaba la envidia y el odio, allí había confusión. Ellos me ofrecieron dinero dos veces, pero yo lo rechacé. Ellos estaban decepcionados y enojados, y me metieron en la cárcel, sin fianza ni garantía. A lo cual yo les escribí otra vez, dirigiendo mi carta al coronel Barton, un predicador, y el resto de los que estaban preocupados por mi encierro. Le escribí lo siguiente:&lt;br /&gt;Ustedes que están sin Cristo y sin embargo usan las palabras que él y sus santos han hablado, consideren que ni él ni sus apóstoles encarcelaron nunca a nadie; sino que mi salvador es misericordioso aún con los despiadados y rebeldes. Él libera de la cárcel y de la esclavitud; pero los hombres, mientras gobierna la mente carnal, oprimen y encarcelan. Mi salvador dijo: "Amen a sus enemigos, y hagan bien a los que los aborrecen, y oren por los que los ultrajan y los persiguen." Porque el amor de Dios no persigue a nadie, sino que ama a todos en el lugar donde mora. "El que odia a su hermano es un homicida." Ustedes profesan ser cristianos, y uno de ustedes un ministro de Jesucristo; sin embargo ustedes me han encarcelado, siendo que soy siervo de Jesucristo. Los apóstoles nunca encarcelaron a nadie, sino que ellos mismos fueron encarcelados. Tengan cuidado de hablar de Cristo en palabras, y de negarlo en la vida y el poder. Oh, amigos, el encarcelamiento de mi cuerpo es para satisfacer la voluntad de ustedes; pero tengan cuidado de ceder a su voluntad, porque ésta los herirá. Si el amor de Dios hubiera quebrantado sus corazones, ustedes no me hubieran encarcelado; pero mi amor es hacia ustedes, y hacia todas las otras criaturas. Esto está escritos para que ustedes puedan evaluarse a sí mismos, y ver cómo permenecen.&lt;br /&gt;Durante este tiempo fui inspirado a escribir las siguientes líneas, para que fueran leídas entre la gente convencida y delicada, para manifestar los engaños del mundo, y cómo los sacerdotes han engañado a la gente.&lt;br /&gt;A todos ustedes que aman al Señor Jesucristo con un corazón puro y desnudo,&lt;br /&gt;y a la generación de los justos.&lt;br /&gt;Cristo siempre fue odiado; y de esta manera los justos son odiados por su causa. Piensen en quienes eran los que siempre los odiaban. Aquel que era nacido tras la carne perseguía al que era nacido tras el espíritu; y así es ahora. Piensen en quienes eran los oponentes principales de Cristo, los hombres más educados, los líderes del pueblo, gobernadores, y maestros, que profesaban la ley y los profetas, y buscaban al Cristo. Ellos buscaban a un Cristo que fuera glorioso externamente, para sostener la gloria externa de ellos; pero Cristo habló en contra de las obras del mundo, y en contra de los sacerdotes, escribas y fariseos, y su profesión hipócrita. Aquel que es un extraño para Cristo es un asalariado; pero los siervos de Jesucristo son hombres libres. Los maestros falsos siempre ponen cargas sobre la gente; y los siervos verdaderos del Señor declararon en contra de ellos. Jeremías habló en contra de los asalariados, y dijo que era una cosa horrible; y dijo, "¿Qué harán cuando todo haya terminado?" Porque el pueblo y los sacerdotes eran dados a la codicia. Pablo habló en contra de los que sacaban ganancia de la gente, y exhortaba a los santos a alejarse de aquellos que eran codiciosos y orgullosos, los que amaban los placeres más que a Dios, los que tenían una apariencia de piedad, pero negaban la eficacia de ella. "Porque los de esta clase," dijo él, "son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujeres cargadas de pecado, que siempre están aprendiendo pero nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad; hombres de mente corrupta, réprobos en cuanto a la fe, y de la manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés, así también éstos resistieron la verdad; pero ya no van a ir más adelante, porque su insensatez será manifiesta a todos." Moisés rechazó los honores y los placeres, los cuales él podría haber disfrutado. El apóstol en su tiempo vio cómo entraba la corrupción, la cual ahora se ha extendido por todo el mundo, teniendo una apariencia de piedad pero negando la eficacia de ella. Pregúntenle a cualquiera de sus maestros, si es que ustedes pueden ser vencidos de sus corrupciones o pecados. Ninguno de ellos cree esto; pero "mientras el hombre esté aquí, el debe (dicen ellos) cargar con él este cuerpo de pecado." Por lo tanto así se sostiene el orgullo, y el honor y la señoría, la cual fue negada a Cristo, y toda la injusticia. ¡Pero multitudes de maestros! ¡Montones de maestros! ¡El cáliz de oro está lleno de abominaciones! Pablo no predicó por salario, sino que obró con sus manos, para que él pueda ser un ejemplo a todos los que lo siguen. ¡Oh, pueblo, vean quiénes siguen a Pablo! El profeta Jeremías dijo, “los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían por manos de ellos;" pero ahora los sacerdotes dirigen por los medios (salarios) que obtienen de la gente: tomen sus medios, y ellos ya no los dirigirán. Ellos son aquellos de los cuales el apóstol dijo, "que se metían en aquello que nunca habían visto, estando hinchados de vanidad por su propia mente carnal;" y como las escrituras declaraban de algunos de la antigüedad, "ellos han seguido el camino de Caín," quien era un homicida, "y en camino de Balaam," quien codició el salario de la injusticia. El profeta Miqueas tambíen clamó en contra de los jueces que juzgaban por soborno, y los sacerdotes que enseñaban por precio, y los profetas que profesaban por dinero; y aún así se apoyaban en el Señor diciendo: ¿no está Jehová entre nosostros?" Los regalos ciegan los ojos de los sabios. El regalo de Dios nunca fue comprado por dinero. Todos los siervos santos de Dios clamaron en contra del engaño; y donde el amor de Dios era manifestado, ellos lo odiaban, y la naturaleza que lo sostiene.&lt;br /&gt;Una vez más me sobrevino una preocupación de escribir a los magistrados de Derby.&lt;br /&gt;Amigos, &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo deseo que ustedes consideren con tiempo a quienes ustedes encarcelan; porque el magistrado es puesto en lugar de autoridad para el castigo de los que hacen maldad, y para la alabanza de aquellos que hacen el bien. Pero cuando el Señor envía sus mensajeros a advertirles de las aflicciones que vendrán sobre ustedes a menos que se arrepientan, ustedes los persiguen, los ponen en prisión, y dicen: “Tenemos una ley, y por medio de nuestra ley lo debemos hacer." Porque ustedes de verdad se justifican a sí mismos ante los hombres, pero Dios conoce los corazones. Él no será adorado con sus formas, profesión y muestras de religión. Por lo tanto consideren, ustedes que hablan de Dios, cómo ustedes están sujetos a él; porque los que hacen su voluntad son sus hijos. ¿Y qué es lo que pide Jehová de ti, sino hacer justicia, amar y mostrar misericordia, y caminar humildemente con él, y ayudar a las viudas y los huérfanos como se lo merecen? Pero en vez de esto, ustedes oprimen a los pobres. ¿Acasos sus jueces no juzguan por cohecho, y sus sacerdotes enseñan por paga? Ya viene el tiempo cuando aquel que ve todas las cosas descubrirá todos los secretos de ustedes. Sepan esto con seguridad: el Señor librará a sus siervos de las manos de ustedes, y él recompensará todos sus tratos con la gente. Yo deseo que ustedes consideren estas cosas; escudriñen las escrituras, y vean si es que alguien del pueblo de Dios alguna vez encarceló a alguien por religión. Ellos mismos fueron encarcelados. Yo deseo que ustedes consideren lo que está escrito, "Cuando la iglesia se reuna ustedes todos podrán profetizar uno por uno, para que todos puedan oír, aprender y ser consolados;" y entonces, "si alguna cosa es revelada al que está sentado, que calle el primero." Así era con la verdadera iglesia, y así debe ser ahora; pero no es así en sus asambleas: pero aquel que enseña por salario puede hablar, y ninguno lo puede contradecir. Una vez más, consideren la libertad que fue dada a los apóstoles, aún entre los judíos no creyentes, cuando después de leer la ley y los profetas, los gobernantes de la sinagoga les dijeron: "Varones hermanos, si tienen alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablen." Yo deseo que ustedes consideren en quietud, y no luchen en contra del Señor; porque él es más fuerte que ustedes. Aunque ustedes tengan a su pueblo inmóbil por un tiempo, aún así cuando él venga, él reconocerá a los que son de él; porque su venida es como un fuego purificador, y como un jabón de lavadores. Entonces la piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo. Oh amigos, pongan estas cosas en su corazón. No dejen que estas cosas sean livianas para ustedes. Yo les escribí en amor, para que piensen en las leyes de Dios, y sus propias leyes, y para hacer lo que los hombres santos de Dios hacían.&lt;br /&gt;Grandes eran las operaciones y las tribulaciones en el espíritu que experimenté durante mi encarcelamiento aquí, por causa de la maldad que había en esta ciudad; porque aunque algunos fueron convencidos allí, la mayoría eran personas endurecidas. Yo ví la visitación del amor de Dios que se fue de ellos. Yo me lamenté por ellos; y me sobrevino la necesidad de escribir las siguientes líneas, como una lamentacion por ellos:&lt;br /&gt;Como aguas que se escapan cuando se abren las compuertas, así pasa y se aleja de ustedes la visitación del amor de Dios, ¡Oh Derby! Por lo tanto, miren dónde están, y cómo ustedes están cimentados; y consideren esto, antes que sean completamente abandonados. El Señor me inspiró dos veces antes de llegar a clamar en contra de los engaños y las vanidades que están en ustedes, y a advertirles a todos a que miren al Señor, y no al hombre. La aflicción será en contra de la corona de orgullo, en contra de las borracheras y placeres vanos, y en contra de aquellos que hacen una profesión de religión con sus palabras, pero que son arrogantes y altaneros en su mente, y viven en opresión y envidia. ¡Oh Derby! La profesión y la predicación de ustedes apestan delante del Señor. Ustedes profesan un día de reposo en palabras, y se reúnen, visitiéndose con ropas finas, y sostienen el orgullo. Sus mujeres caminan con cuellos erguidos y ojos desvergonzados, etc. contra lo cual clamó el profeta en el tiempo antiguo. Sus asambleas son detestables, y una abominación al Señor: el orgullo es establecido y se inclinan ante él, la codicia abunda, y el que actúa impíamente es honrado. Así el engaño tolera el engaño, pero ellos profesan a Cristo en sus palabras. ¡Oh! ¡El engaño que está dentro de ustedes! Mi corazón se quebranta al ver cómo Dios es deshonrado en ustedes, ¡Oh Derby!&lt;br /&gt;Cuando vi que había llegado a su fin la visitación del amor de Dios, en aquel sitio, supe que mi encarcelamiento allí no duraría ya mucho tiempo; mas vi también que cuando el Señor me libertara sería como el soltar a un león de una caverna y lanzarlo entre las fieras de la selva. Porque todas las profesiones estaban poseídas de un espíritu y una naturaleza bestial, abogando por el pecado, y por el cuerpo del pecado y de la imperfección, lo que duraría tanto como viviesen. Y todas coceaban y aullaban, y rugían y rabiaban, y se arrojaban contra la vida y espíritu que produjo las Escrituras, el cual profesaban en palabras.&lt;br /&gt;Gran juicio fue sobre la ciudad, y yo vi que el poder de Dios huyó de ellos, como fluyen las aguas de la presa de la ciudad cuando las compuertas se levantan; y aunque los magistrados se sentían inquietos con mi presencia, no por eso llegaban a ponerse de acuerdo en lo que iban a hacer conmigo. Uno, que si me mandarían al parlamento; otro, que si me harían desaparecer enviándome a Irlanda; al principio, me llamaron impostor, seductor, blasfemo; después, cuando el Señor les hubo mandado sus plagas, dijeron que era yo un hombre honesto y virtuoso. Pero la buena o mala fama que me dieran, lo bien o mal que de mí hablaran, poco me importaba, porque ni me ensalzó lo uno ni me humilló lo otro, ¡Alabado sea el Señor! Al fin, decidieron sacarme de la cárcel, a principios del invierno de 1651, después de haber estado preso en Derby casi un año; seis meses en la casa de corrección, y el resto en la cárcel común y en el calabozo.&lt;br /&gt;Cuando estuve en libertad otra vez, continué mis andanzas como antes, en la obra del Señor; y andaba un día por un cercado en compañía de varios Amigos, cuando levantando la cabeza percibí las agujas de las tres torres de tres iglesias, y su vista me exasperó. Pregunté qué sitio era aquél y al decirme que Lichfield, inmediatamente vino a mí la palabra del Señor de que allí tenía que ir; y cuando llegamos a la casa adonde íbamos, pedí a los Amigos que estaban conmigo, que entraran sin mí y que no dijeran nada de a donde yo iba. Tan pronto como se marcharon me eché a andar, guiándome con la vista, por setos y zanjas hasta llegar a una milla de Lichfield, donde en un gran campo había pastores guardando sus ovejas y, de repente, me mandó el Señor que desatando mis zapatos me los quitara; me quedé en suspenso porque siendo invierno la palabra del Señor era cual fuego en mí, y quitándome los zapatos recibí el mandato de que los diera a los pastores encargándoles de que no los diesen a nadie, más que en el caso de que pagara por ellos. Los pobres pastores temblaban y estaban atónitos.&lt;br /&gt;Entonces anduve como una milla hasta llegar a la ciudad, y así que entré en ella, la palabra del Señor vino a mí otra vez, para que gritara, "¡Pobre de la sangrienta ciudad de Lichfield!" y echándome por las calles de un lado a otro me puse a clamar, "¡Pobre de la sangrienta ciudad de Lichfield!" y como era día de mercado me fui a la plaza y, ya corriendo ya parándome, grité como antes, "¡Pobre de la sangrienta ciudad de Lichfield!" y nadie osó poner sus manos sobre mí; y cuando iba gritando así por las calles, me pareció como si un río de sangre corriese por ellas y como si la plaza del mercado fuese un charco de sangre.&lt;br /&gt;Y, al fin, algunos Amigos y personas buenas vinieron a mí y me dijeron "¡Ay ! Jorge, ¿en dónde están tus zapatos?" y yo les respondí que ello no tenía importancia.&lt;br /&gt;Una vez hube declarado le que tenía dentro de mí y me hube así desahogado, me salí de la ciudad en paz; y volviendo a los pastores les di algún dinero y cogí otra vez mis zapatos. Pero el fuego del Señor ardía de tal manera en mis pies y en toda mi persona que no me importaba el no volver a ponerme los zapatos vacilando si debía o no ponérmelos hasta que el Señor me diera libertad de hacerlo, y continué andando hasta que al llegar a una zanja me lavé los pies y me puse los zapatos. Hecho esto, me puse a considerar detenidamente por qué causa o razón había sido enviado a clamar contra aquella ciudad llamándola la ciudad sangrienta; porque si bien el parlamento había tomado la catedral una vez, y luego otra vez la tomó el rey, y mucha sangre fue derramada en la ciudad por causa de la guerra entre el parlamento y el rey, de esto no podía acusarse a la ciudad. Mas luego llegué a comprender que en el tiempo del emperador Diocleciano mil cristianos fueron martirizados en Lichfield, y que por esta razón yo tuve que ir sin zapatos por el río de su sangre y por el charco de su sangre, para que levantara así el recuerdo de la sangre de aquellos mártires, que había sido derramada mil años antes y que yacía fría por las calles. Así que sintiendo en mí esta sangre obedecí a la palabra del Señor. Viejos archivos dan testimonio de cuantos cristianos británicos allí sufrieron, y mucho pudiera haber escrito de lo que yo sentía en mí por la sangre de los mártires que murieron en esta nación por el nombre de Cristo, cuando las diez persecuciones y después; mas esta tarea la dejé al Señor y a Su libro, por el cual todos han de ser juzgados; porque Su libro es el archivo más verídico y Su Espíritu el archivero más exacto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8620067467823755603-6366309929249334140?l=iglesiaamigos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://iglesiaamigos.blogspot.com/feeds/6366309929249334140/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8620067467823755603&amp;postID=6366309929249334140' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8620067467823755603/posts/default/6366309929249334140'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8620067467823755603/posts/default/6366309929249334140'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://iglesiaamigos.blogspot.com/2009/11/capitulo-ii.html' title='CAPÍTULO II'/><author><name>IGLESIA AMIGOS No.1</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15480239220471400327</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8620067467823755603.post-68744255489296943</id><published>2009-11-29T12:47:00.001-08:00</published><updated>2009-11-29T13:35:19.032-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='JORGE FOX'/><title type='text'>CAPITULO l</title><content type='html'>&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;UN DIARIO&lt;br /&gt;O&lt;br /&gt;VERSIÓN HISTÓRICA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA VIDA, VIAJES, SUFRIMIENTOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EXPERIENCIAS CRISTIANAS Y LABOR REALIZADA CON AMOR&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EN LAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;OBRAS DEL MINISTERIO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DE ESE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ANTIGUO, EMINENTE, Y FIEL SIERVO DE JESUCRISTO,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JORGE FOX&lt;br /&gt;( 1624-1691)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Aunque este libro fue escrito en el siglo 17,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ESTE ES UN LIBRO PARA TODOS LOS TIEMPOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque testifica acerca de la realidad siempre-disponible&lt;br /&gt;de la perfección cristiana, pureza, y santidad.&lt;br /&gt;Prólogo del editor del sitio&lt;br /&gt;Este Diario fue escaneado de Las obras de Jorge Fox de 1831, editado por Tomás Ellwood. Varios textos han sido incorporados, la fuente de los cuales ha sido indicada, que han sido incluídos como antecedentes y detalles adicionales. Los textos que están entre llaves, esto es, {texto xxx}, se refieren a texto adicional extraído del Diario de Cambridge, una reconstrucción ineditada de los manuscritos originales escritos a mano; este texto fue omitido de la versión publicada oficialmente.&lt;br /&gt;Si usted no está familiarizado con los escritos de Fox, le tengo una sugerencia. Estudie lo que él dice. Si hay algo en la Biblia que usted piensa que está en conflicto con lo que Fox ha escrito, trate de usar este método para resolver las aparentes diferencias: suponga que Fox está en lo correcto, y ahora reexamine las escrituras, cuestionando y escudriñando su propia mente acerca de cómo pueden ser interpretadas para apoyar lo que dice Fox. Si usted hace eso, invariablemente verá que cada escritura está en armonía con el mensaje completo de Fox, sin excepciones. Pero, si usted no reconsidera su entendimiento anterior, el cual puede estar equivocado, entonces debe dejar afuera muchas escrituras que son incompatibles con el tema de las escrituras que usted tanto quiere que sean verdad. Algún día, cuando usted comprenda aquel pedazo del rompecabezas de las escrituras, usted verá cómo todas las escrituras son totalmente compatibles; y entonces tendrá la fórmula correcta para lo que Dios desea y lo que él detesta. El conocimiento no es salvación, pero expone la salvación falsa, y muestra el camino hacia la salvación verdadera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una corta introducción por Jorge Fox&lt;br /&gt;La aparición de la Verdad Eterna de Dios,&lt;br /&gt;y el surgimiento otra vez en su poder eterno en este nuestro día y esta edad en Inglaterra.&lt;br /&gt;El tremendo poder del Señor y su palabra de vida ha sido predicada rica y libremente, para la concurrencia de muchos hacia la reconciliación con Dios. Esto ha exaltado a nuestro gran Dios y ha aumentado su gloria por el producto de los frutos celestiales y espirituales de aquellos que han sido reunidos por su eterna luz, poder y espíritu hacia El. Y por la siembra del espíritu en los corazones de las personas, la vida eterna es cosechada; de tal manera que sus rebaños se han reunido, los cuales tienen la leche de la palabra en rica abundancia, que en las riquezas de la palabra han florecido, y abundado poderosamente; y el arado celestial de Dios con sus hombres espirituales ha continuado alegremente para arar en terrenos no cultivados de los corazones que no han dado fruto celestial para Dios. Y los segadores celestiales de Dios con sus desgranes celestiales, con gozo y deleite han separado la cizaña y la corrupción que han estado sobre la simiente de Dios, y el trigo en el hombre y la mujer; y de esa manera han trillado en esperanza, y son hechos partícipes de su esperanza; por medio de la cual la simiente de Dios ha venido a su granero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ah, la gloria indescriptible y la excelencia inexpresable de la gloriosa verdad eterna, evangelio, y palabra de vida, que el infinito, invisible y sabio Dios (quien es sobre todo) ha revelado y enseñado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Y cómo los profesores, sacerdotes, y poderes se han levantado en oposición en contra de sus hijos que han nacido de la simiente inmortal por la palabra de Dios! Y ¡ah, qué grandes han sido las persecuciones, menosprecios, y toma de propiedades personales, todos ejecutados hacia sus hijos! Pero para aquellos que les han tocado, que son tan queridos para Dios como la niña de sus ojos, ¡cómo el Señor se ha manifestado a sí mismo como estando a su lado en el derrocamiento de poderes, sacerdotes y estados! ¡Qué cambios han habido desde 1644 y 1650 y 1652! Desde entonces en esta nación ¡cómo han sido llenadas las cárceles con los herederos de la vida, los escogidos de Dios, quienes no tuvieron ayuda en la tierra más que el Señor y su Cristo! Así que los fieles testigos de esta verdad fueron apenas hallados excepto en las cárceles y prisiones, donde los justos eran contados con los transgresores; quienes no tenían ni bastón ni bolsa de hombre, sino el bastón, el pan de vida, y la bolsa que contiene el tesoro que no envejece. Pero el Señor Jesucristo, quien los envió, fue su gran apoyo y defensor, por su eterno poder y espíritu, tanto antes como ahora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge Fox&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Nota: Jorge Fox fue el fundador de los cuáqueros. De los muchos miles de cuáqueros que alcanzaron a tener a Cristo resucitado en ellos, pocos fueron llamados a ser predicadores viajeros, como lo fue Jorge Fox. La mayoría eran comerciantes, proveedores, siervos, campesinos, e incluso soldados. Sin embargo, cada persona tenía un oficio en el cuerpo de Cristo, designados por el espíritu de Dios. Todos servían a Dios en su lugar.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primeros Años Y Su Translado&lt;br /&gt;El texto en azul claro o azul claro “en negrita” se puede presionar para obtener la escritura correspondiente.&lt;br /&gt;PARA que todos puedan saber el trato del Señor conmigo, y los varios ejercicios, pruebas y aflicciones por las cuales él me llevó, para prepararme y hacerme apto para la obra que él me había asignado, y para que así fuera llevado a admirar y glorificar su sabiduría y bondad infinita; pienso que es adecuado, antes de proceder, exponer mis viajes públicos en el servicio de la verdad, mencionar brevemente cómo fue mi juventud, y cómo comenzó la obra del Señor, y fue gradualmente realizada en mí, aún en mi niñez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nací en el mes que se llama Julio, en el año 1624, en Drayton in the Clay, en Liecestershire. El nombre de mi padre era Cristóbal Fox. El era tejedor de oficio, un hombre honesto, y llevaba en sí la semilla de Dios. Los vecinos le llamaban Cristóbal El Justo. Mi madre era una mujer recta; su nombre de soltera era María Lago, de la familia de los Lagos, y de casta de mártires.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siendo yo todavía muy joven yo tenía una gravedad y firmeza de pensamiento y un espíritu que es inusual en los niños; tanto así que cuando veía hombres mayores conduciéndose de manera ligera y libertinamente unos con otros, un disgusto hacia ellos crecía en mi corazón, y me decía a mí mismo: “Si alguna vez llego a la edad de hombre, seguramente no voy a hacer eso, ni voy a ser tan libertino.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ía once años de edad, ya conocía la pureza y la justicia; ya que mientras era niño, se me enseñó cómo andar de tal manera que pudiera mantenerme puro. El Señor me enseñó a ser fiel en todas las cosas, y a actuar fielmente en dos maneras: interiormente hacia Dios, y exteriormente hacia el hombre; y a mantener el sí y el no en todas las cosas. Porque el Señor me mostró, que aunque la gente del mundo tienen la boca llena de engaño y palabras cambiantes, yo debía mantener el sí y el no en todas las cosas; y que mis palabras debían ser pocas y limpias, sazonadas con la gracia; y que no debía comer ni beber en exceso, sólo lo suficiente para mantener la salud; usando las criaturas en su servicio, como siervos en su lugar, para la gloria de aquel que los creó; que estando en su pacto, y yo habiendo sido criado en el pacto, como santificado para la palabra [Cristo es la Palabra de Dios, no la Biblia] era desde el principio, por medio de la cual todas las cosas fueron sostenidas, en la cual hay unidad con la creación.&lt;br /&gt;(Comentario: No tome la pureza de Fox durante su juventud como evidencia de que sólo los puros pueden alcanzar las promesas de Dios, porque también tenemos el testimonio del ministro de dieciséis años, Jaime Parnell, del cual se dice en sus memorias que "era perfecto en pecado y excedía a muchos en la impiedad de su vida," hasta que fue cambiado por la gracia de Dios para llegar a ser un poderoso ministro que alcanzó a muchos en sus tiempos. )&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Nota: las criaturas son todos los animales creados)&lt;br /&gt;Pero la gente que es extraña al pacto de vida con Dios, ellos comen y beben para hacer uso irrestringido de las criaturas, desperdiciándolas en sus pasiones bajas, viviendo en toda inmundicia, gustando las maneras impuras de vivir, y devorando la creación; todo esto en el mundo, en las corrupciones de lo que es sin Dios; por lo tanto yo debía ser un extraño a todas esas personas y sus prácticas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A medida que fui creciendo mis parientes querían que fuera un sacerdote o predicador, pero otros me persuadieron a lo contrario. Después me hice aprendiz de un zapatero de oficio, quien también trabajaba con lanas. Adicionalmente él pastoreaba y vendía ganado; y yo personalmente atendí a mucho de su negocio. Mientras estuve con él fue bendecido, pero cuando le dejé, su negocio se arruinó, llegando a la nada. Durante todo ese tiempo nunca engañé a hombre o mujer, porque el poder de Dios estaba conmigo, y sobre mí, para cuidarme. Mientras estaba en este servicio, usaba en mis asuntos la palabra “verdaderamente”, y aquellos que me conocían siempre decían: “Si Jorge dice verdaderamente, no se le pude contradecir”. Cuando los niños o las personas groseras se reían de mí, los dejaba y me iba por mi camino, pero la gente en general me quería por mi inocencia y honestidad.&lt;br /&gt;(Nota: En los tiempos de Fox, cualquier persona que declarara públicamente o "profesara" su creencia en las escrituras y en Cristo, era conocido como un “profesante”. Las únicas universidades que existían eran instituciones religiosas, en las cuales naturalmente enseñaban los “profesantes”. A medida que las universidades y los colegios se ampliaron hacia temas seculares, todos los maestros retuvieron los títulos de "profesantes" o "profesores").&lt;br /&gt;Cuando tenía cerca de diecinueve años, yo estaba en una feria por asuntos de negocios, y uno de mis primos, un profesante llamado Bradford, acompañado por otro profesante, vino y me invitó a tomar un jarro de cerveza con ellos. Ya que tenía sed acepté su invitación; y también por el amor que tenía por todos los que valoraban el bien y que buscaban al Señor. Cuando cada uno de nosotros nos habíamos tomado un vaso de cerveza, ellos comenzaron a hacer brindis “a tu salud”, y pidieron más bebida. Acordaron en conjunto que el que dejara de tomar pagaría las bebidas. Yo me entristecí al ver que personas que profesaban religión forzaran el pago de las bebidas en el que tenía menos inclinación a beber excesivamente. En esos momentos me puse de pie para irme, me puse la mano en el bolsillo, saqué una moneda y la puse sobre la mesa delante de ellos diciendo “Si esto es así, yo los dejo”. Así que me fui, y cuando terminé mis negocios volví a mi hogar; pero no me acosté esa noche, ya que no podía dormir. Más bien me la pasaba a ratos caminando de un lado a otro, a ratos orando y rogando al Señor, quien me dijo: “Tú ves como los jóvenes se asocian en vanidad, y los viejos con las cosas del mundo; pero tú debes dejarlos a todos, jóvenes y viejos, separándote de todos y siendo un extraño para todos”.&lt;br /&gt;Entonces por mandato de Dios, en el noveno día del séptimo mes de 1643, dejé a mis parientes y rompí la amistad y convivencia con todas las personas, jóvenes o viejos. Me fui a Lutterworth donde me quedé por un tiempo. De allí me fui a Northampton, donde también me quedé por un tiempo; después me fui a Newportpagnel en Buckinghamshire, donde después de quedarme un tiempo me fui a Barnet, en el sexto mes llamado de Junio, en el año 1644. De esta manera a medida que viajaba por el país, los profesantes se fijaron en mí y buscaron hacer amistad conmigo; pero yo tenía temor de ellos, porque sentía que no poseían lo que profesaban. Durante el tiempo que estuve en Barnet, me vino una gran tentación de desesperarme. Entonces vi como Cristo fue tentado. Pero yo estaba bajo una gran aflicción a causa de la tentación y la depresión. A veces me retiraba a mi habitación, y a menudo caminaba solo en el bosque esperando al Señor (teniendo la esperanza que él me hablara acerca de mis preocupaciones).&lt;br /&gt;Me preguntaba porqué me venían estas tentaciones. Me miraba a mí mismo, y decía “¿Era yo antes así?” Entonces pensé que al haber dejado a mis parientes les había hecho un mal. De manera que examiné mi vida pasada, preguntándome si le había hecho daño a alguien; pero las tentaciones aumentaron más y más, y fui tentado a dejarlo todo y abandonar mi esperanza. Y cuando Satanás no pudo vencerme en esta manera, puso trampas y lazos en frente de mí para llevarme a cometer algún pecado, por el cual él pudiera conducirme a la depresión o la derrota. Yo tenía como veinte años cuando estas cosas me sucedieron, y continué de esta condición por algunos años en mucha aflicción, y hubiera estado feliz de poder deshacerme de ellas. Fui a muchos sacerdotes en busca de consuelo, pero no encontré consuelo en ellos.&lt;br /&gt;De Barnet me fui a Londres, donde alquilé una habitación, y allí también estuve bajo mucha aflicción y me sentí muy miserable porque veía a los grandes profesantes de la cuidad de Londres y me daba cuenta que ellos estaban en tinieblas y bajo las cadenas de las tinieblas. Yo tenía un tío llamado Pickering quien era un bautista, y en ese entonces ellos eran personas abiertas y piadosas; sin embargo no pude expresarle a él mis pensamientos o unirme a ellos; porque vi dónde estaban todos ellos espiritualmente, jóvenes y viejos. Algunas personas piadosas y amantes hubieran querido que me quedara con ellos, pero yo tenía temor de asociarme con ellos; de manera que me volví hacia mi hogar en Leicestershire, pensando que podía estar entristeciendo a mis padres y parientes a causa de mi ausencia.&lt;br /&gt;Cuando regresé a Leicestershire, mis parientes querían que me casara; pero yo les dije que era muy joven para casarme y quería obtener sabiduría primero. Otros querían que me uniera a las compañías auxiliares del ejército; pero me negué, y me apené de que ellos me propusieran tales cosas siendo yo tan joven. Entonces me fui a Coventry, donde tomé una habitación por un tiempo en la casa de un profesante, hasta que la gente comenzó a conocerme, ya que había mucha gente piadosa y amante en esa ciudad. Y después de un tiempo me fui a mi propia tierra otra vez, y continué como por un año en gran aflicción y pena, caminando solo por muchas noches.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Drayton era mi cuidad natal, y a menudo me reunía con el sacerdote de la localidad, llamado Nataniel Stevens. Algunas de las veces él venía a mí, y otras veces yo iba a él. A veces otro sacerdote venía con él, y ellos deferían conmigo, y me dejaban hablar. Yo les hacía preguntas y razonaba con ellos. Una vez el sacerdote Stevens me preguntó porqué Cristo había clamado en la cruz “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, y por qué Cristo dijo “Si es posible, que pase de mí esta copa; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Yo le dije que en ese momento todos los pecados de la humanidad estaban sobre él, y todas las iniquidades y transgresiones de la humanidad lo estaban hiriendo; él tuvo que cargar el dolor de todos los males en el mundo y ser una ofrenda por el pecado como hombre, y no como Dios; de manera que, habiendo muerto por todos los hombres, probando la muerte por cada hombre, él fue hecho una ofrenda por los pecados de todo el mundo. Yo expresé este entendimiento siendo al mismo tiempo sensible de alguna manera a los sufrimientos de Cristo y lo que él pasó. El sacerdote dijo “Fue una muy buena respuesta, muy completa, y una que él nunca había oído”. En ese tiempo él era muy elogioso conmigo y hablaba muy bien de mí con otras personas. El sacerdote Stevens usaba las declaraciones que yo le hacía durante nuestras reuniones en la semana para sus sermones de los primeros días, y yo llegué a disgustarme con él por usarme de esta manera. Después este sacerdote se convirtió en mi gran perseguidor.&lt;br /&gt;(Nota: ya que los nombres de los días de la semana y de los meses eran nombres de dioses paganos, y ya que las escrituras prohibían decir o escribir sus nombres, Jorge Fox y los primeros cuáqueros usaban primer día en vez de domingo, sexto mes en vez de junio, etc. para los días de la semana y los meses. H.W.)&lt;br /&gt;Después de esto fui con otro sacerdote de edad de la ciudad de Mansetter en Warwickshire, y razoné con él acerca de la desesperación y las tentaciones, pero él ignoraba mi condición. Me dijo que fumara tabaco y cantara salmos. El tabaco era algo que no me agradaba, y no estaba en condiciones de cantar salmos; yo no sabía cantar. Me dijo que volviera otra vez, y que él me revelería muchas cosas; pero cuando vine, él estaba enojado y fastidiado, ya que habiendo reflejado en lo que yo le había dicho anteriormente, no le había gustado. Él le había revelado todos mis problemas, penas y aflicciones a sus sirvientes incluyendo las niñas que traían la leche. Me apené por haber abierto la miseria de mi corazón y mi mente a una persona tan insensible. Me di cuenta que todos los sacerdotes y profesantes eran unos consoladores miserables, y esto hizo que mis aflicciones se hicieran peores. Oí de un sacerdote que vivía en Tamworth que tenia una reputación de ser un hombre de experiencia. Tuve que caminar siete millas para ir a verlo, pero lo encontré vacío como un barril. Oí de un Dr. Cradock en Coventry, y fui a verlo; le pregunté acerca de las tentaciones y la desesperación, y cómo se formaban las aflicciones en los hombres. Él me preguntó “¿quiénes fueron la madre y el padre de Cristo?” Yo le dije que María fue su madre, y que él era el supuesto hijo de José, pero que era hijo de Dios. Cuando caminábamos juntos en un sendero angosto, accidentalmente pisé un jardín de flores mientras dábamos la vuelta; en esos momentos él se enfureció como si se le hubiera incendiado la casa.&lt;br /&gt;Así se terminaron nuestras discusiones y yo me fui más afligido que cuando llegué. Concluí que los sacerdotes y profesantes eran consoladores miserables, y vi que ninguno de ellos era de algún beneficio para mí, ya que ellos no podían entenderme o ayudarme en mi dolor espiritual. Después de esto fui con otro sacerdote muy respetado, llamado Maeham. Él quería darme unas medicinas y trató de desangrarme; pero por más que trataron no pudieron sacarme ni una gota de sangre, ni de mis brazos ni de mi cabeza. Mi cuerpo estaba tan seco de penas, aflicciones y angustias, las cuales eran tan grandes sobre mí, que yo deseaba nunca haber nacido; o haber nacido ciego para que nunca hubiera visto maldad o vanidad; o sordo para que nunca hubiera oído palabras vanas o impías, o el nombre del Señor blasfemado. Cuando llegó el tiempo que se llama de Navidad, mientras otros festejaban y celebraban, yo tocaba puertas, de casa en casa, y al descubrir viudas dentro de ellas les daba algo de dinero. Cuando se me invitaba a ir a ceremonias de bodas yo no asistía; pero al día siguiente, o poco tiempo después, iba a visitarles; y si eran pobres les daba algo de dinero; ya que yo tenía la capacidad de mantenerme por mí mismo sin ser carga para otros, y de poder administrar algo para las necesidades de otros.&lt;br /&gt;Al comienzo del año 1646, cuando iba a Coventry, me puse a considerar de cómo se decía que 'todos los cristianos son creyentes, tanto los protestantes como los papistas'; y el Señor me mostró que si todos son creyentes, entonces todos son nacidos de Dios, y han pasado de muerte a vida; y que ninguno es un creyente verdadero a menos que esto haya sucedido; y aunque otros decían que eran creyentes, no lo eran. En otra ocasión, mientras caminaba por un campo en el primer día en la mañana, el Señor me dio a entender que 'ser educado en Oxford o Cambridge no era suficiente para hacer a los hombres aptos y calificados para ser ministros de Cristo'; y esto estimuló mi pensamiento porque ése era el común pensar de la gente. Pero yo lo vi claramente a medida que Dios me lo mostró, y fui convencido de la verdad. Admiré la bondad de Dios, quien abrió estas verdades para mí esa mañana. Este fue un golpe para el ministerio del sacerdote Stevens, específicamente que 'el ser educado en Oxford o Cambridge no era suficiente para hacer a los hombres aptos para el ministerio de Cristo'. De manera que aquello que fue abierto a mí, vi que era un golpe al ministerio del sacerdote.&lt;br /&gt;Comentarios del editor del sitio: Para ver el comportamiento increíblemente bárbaro de los estudiantes ministeriales de Oxford y Cambridge, lea los registros posteriores de sus severas persecuciones, aún de la muerte de sus víctimas. Después de que usted lea estos informes, verá cómo la descontinuación por parte del Señor de una educación en una universidad bíblica fue profundamente verdadera.&lt;br /&gt;"Abrir" aquí significa que recibir un entendimiento claro directamente del Señor, por medio de su voz silenciosa - la palabra del Señor dentro del corazón y la boca de cada persona.&lt;br /&gt;Pero mis parientes estaban muy afligidos porque yo no iba con ellos a la "iglesia" a oír al sacerdote; en vez de esto yo me iba solo al huerto o al campo, con mi Biblia. Yo les preguntaba que si Juan no había dicho 'que ellos no necesitan que un hombre les enseñe, porque la unción misma les enseña'. (1 Juan 2:27). A pesar que ellos sabían que este pasaje decía la verdad, aún estaban enojados y temerosos porque yo no cedía a sus deseos en este asunto, y no iba a oír al sacerdote con ellos. Yo comprendí que un verdadero creyente era algo diferente de lo que ellos creían; y comprendí que haber sido educado en Oxford o Cambridge no califica ni hace apto a un hombre para el ministerio de Cristo. Sabiendo esto, ¿por qué querría yo seguir a gente de Oxford o Cambridge? De manera que no me podía unir a ellos ni a ningún grupo disidente; sino que yo era un extraño a todas las personas y dependía completamente del Señor Jesucristo.&lt;br /&gt;En otra ocasión el Señor me mostró que 'el Dios que hizo el mundo no habitaba en templos hechos de mano'. Esto al principio me pareció extraño, porque tanto los sacerdotes como la gente le llamaban a sus templos o iglesias lugares de respeto, terreno sagrado y templos de Dios. Pero el Señor me mostró claramente que él no habitaba en estos templos que los hombres habían mandado a construir, sino que en los corazones de los hombres. Tanto Esteban como el apóstol Pablo dieron testimonio de que Él no habitaba en templos hechos con manos desde que Él le puso fin a las dispensasiones típicas; sino que su pueblo es su templo, y que Él habita en ellos. Esta verdad fue abierta en mí mientras que caminaba por el campo hacia la casa de mis parientes. Cuando llegué allí me dijeron que Nataniel Stevens, el sacerdote, había estado allí, y me dijeron que 'él tenía temor de que yo estuviera buscando una nueva luz'. Me sonreí por dentro, sabiendo lo que el Señor me había abierto acerca de él y sus colegas sacerdotes educados en Oxford y Cambridge. A pesar que mis parientes tenían un entendimiento superior al de los sacerdotes, yo no les revelé mi entendimiento a mis parientes que todavía iban a oír a los sacerdotes y estaban afligidos porque yo no iba con ellos. Pero les mostré con las escrituras que hay un ungimiento en el hombre que le enseña, y que el Señor quiere enseñar a su pueblo él mismo. El Señor me abrió muchas cosas con respecto al Apocalipsis; y cuando hablaba de ellas, los sacerdotes y los profesantes decían que el Apocalipsis era un libro sellado, y me decían que no lo leyera. Pero yo les dije que Cristo puede abrir los sellos, y que el libro de Apocalipsis era el libro más cercano a nuestra generación; porque las epístolas de los apóstoles fueron escritas a los santos de épocas anteriores, pero el Apocalipsis fue escrito acerca de eventos porvenir.&lt;br /&gt;Después de esto me reuní con un grupo de personas que creían que las mujeres no tenían alma (añadiendo de manera ligera), no más que un ganso. Yo los reprendí y les dije que esto no era correcto; porque María había dicho 'Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador'.&lt;br /&gt;Pasando a otro lugar me encontré con personas que confiaban demasiado en los sueños para su guía espiritual. Yo les dije que a menos que pudieran distinguir entre sueños y sueños, que éstos los confundirían, ya que existen tres clases de sueños: muchas preocupaciones a veces causan sueños; y hay sueños que son susurros de Satanás en la noche; y Dios habla al hombre en sueños. Estos hombres dejaron de confiar en los sueños y a final se convirtieron en Amigos.&lt;br /&gt;Aunque cosas importantes me fueron abiertas, muchas veces venían sobre mí grandes aflicciones y tentaciones, de tal manera que cuando era de día yo deseaba que fuera de noche, y cuando era de noche yo deseaba que fuera de día; y por causa de las cosas que me fueron abiertas cuando estaba en mis aflicciones, puedo decir como dijo David 'un día emite palabra al otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría'. Cuando se me mostraban revelaciones, éstas se contestaban las unas a las otras; porque tenía grandes revelaciones de las escrituras; y cuando estaba afligido, una aflicción también contestaba a la otra.&lt;br /&gt;Al comienzo del año 1647, el Señor me inspiró para ir a Derbyshire, donde conocí algunas personas amigables, y tuve muchas discusiones con ellos. Entonces me fui a la región de Peak, donde conocí más gente amigable y también gente de nociones altas aunque vacías. Y al seguir viajando por algunas partes de Leicestershire, y llendo a Nottinghamshire, conocí personas buenas, y una mujer muy buena, el nombre de la cual era Elizabeth Hootton. Con estas personas tuve reuniones y discusiones; pero mis aflicciones continuaron, y muchas veces estaba bajo grandes tentaciones. Ayunaba mucho, y caminaba en las afueras en lugares solitarios por muchos días, y muchas veces me llevaba mi Biblia, y me sentaba en árboles caídos y lugares solitarios hasta que llegaba la noche; y frecuentemente caminaba en la noche abrumado por el dolor, porque era un hombre de dolores en la época que el Señor comenzó su obra en mí.&lt;br /&gt;Nota: Elizabeth Hooton fue una de las primeras personas en ser convencidas de la verdad por Jorge Fox, y la primera mujer en convertirse en ministro de los cuáqueros en 1650. Ella era la esposa de un hombre socialmente prominente, y no sólo fue la primera mujer cuáquera en ser ministro, sino que fue la segunda persona en convertirse en ministro de la Sociedad, y fue contada como uno de los sesenta valientes, un grupo de evangelistas que siguieron a Jorge Fox, y que fueron enviados por el Señor a toda Inglaterra.&lt;br /&gt;Durante todo este tiempo nunca me uní con ningún grupo religioso, pero me entregué al Señor abandonando todas las malas amistades y dejando a mi padre y a mi madre, y a todos mis otros parientes; viajé como un extraño de un lado a otro por la tierra, como Dios me lo inspiraba en mi corazón, alquilando una habitación en cada ciudad donde llegaba, quedándome a veces más tiempo y a veces menos tiempo en un lugar; porque no me atrevía a quedarme en un lugar por mucho tiempo, temiendo a los profesantes y a las personas impías; siendo una persona joven y sensible, temía ser herido al conversar mucho con ellos. A causa de esto me mantuve como un extraño hacia todos, buscando la sabiduría celestial, y obteniendo conocimiento del Señor; y mis afectos fueron desviados de las cosas de afuera para enfocarme en el Señor solamente. Aunque mis pruebas y aflicciones eran muy grandes, éstas no eran continuas, y ocasionalmente me sentía aliviado; a veces me apoderaba tal gozo celestial que sentía que había estado en el seno de Abraham. Ya que no puedo explicar la miseria en la que me encontraba, porque era tan grande y pesada sobre mí, tampoco puedo explicar las misericordias que Dios me mostró en mi miseria. ¡Ah, el amor eterno de Dios a mi alma, cuando estaba bajo gran angustia! Cuando mis angustias y tormentos eran grandes, entonces su amor era mucho más grande. ¡Tú, oh Señor, conviertes un campo fructífero en un árido desierto, y desierto árido en un campo fructífero! ¡Tú echas hacia abajo y tú levantas! ¡Tú quitas la vida y la vuelves a dar! Todo el honor y la gloria son tuyos, ¡oh, Señor de gloria! El conocimiento de ti en espíritu es vida; pero ese conocimiento que es carnal obra la muerte. Mientras hay conocimiento de Dios en la carne, el engaño y la voluntad propia se conforman a cualquier cosa, y dicen sí, sí, a cosas que no conoce. Los profetas y apóstoles hablaron acerca del conocimiento carnal que el mundo posee. Los profetas y los apóstoles estaban en la vida, pero los apóstatas no tenían vida y sólo tienen un registro de sus palabras; tienen las santas escrituras en forma, pero no en la vida o el espíritu que inspiró las escrituras originalmente. De manera que todos están en confusión, y hacen provisión para la carne, para hacer la voluntad de la carne, pero no para obedecer la ley y los mandamientos de Cristo en su poder y su espíritu; porque según ellos esto no se puede hacer. Pero el hacer la voluntad de la carne, esto lo hacen con deleite.&lt;br /&gt;Después que recibí esta revelación del Señor, que el ser educado en Oxford o Cambridge no era suficiente para hacer a un hombre ministro de Cristo, tuve menos estima por los sacerdotes, y busqué más a los disidentes. Vi que entre ellos había algo de bondad; y muchos vinieron después para ser convencidos, ya que habían recibido algunas revelaciones. Pero como me había desilusionado de los sacerdotes, también dejé a los predicadores que predicaba por su cuenta y aquellos que se decía que tenían más experiencia; porque vi que no había ninguno entre ellos que pudiera entender mi condición. Y cuando mi esperanza en ellos y en todos los hombres se había desvanecido, de manera que no tenía nada externo para ayudarme, ni nadie me podía decir qué hacer; entonces, ¡ah! entonces escuché una voz que me dijo 'Hay uno, Cristo Jesús, que puede comprender tu condición'. Cuando escuché esto, mi corazón saltó de alegría. Entonces el Señor me mostró por qué no había ninguno en la tierra que pudiera comprender mi condición; de manera que pudiera darle a Él toda la gloria. Porque todos están atados bajo el pecado, y encerrados en la incredulidad, como yo había estado, y para poder ser libre cada persona debe saber que Cristo es el creador y que sólo él nos entiende; él es el que nos ilumina, nos da gracia, fe y poder. Y cuando Dios hace su obra, ¿quién puede impedirla? Esto lo supe por experiencia.&lt;br /&gt;Mi deseo por el Señor creció, y el fervor en el conocimiento puro de Dios y de Cristo solamente, sin la ayuda de ningún hombre, libro o escrito. Porque aunque leía las escrituras que hablaban de Cristo y de Dios, aún así yo le conocía solamente por medio de la revelación, que abrió el que tiene la llave, y a medida que el Padre de la vida me atraía al Hijo por medio de su espíritu. Entonces el Señor me guió tiernamente, y me dejó ver su amor, el cual era eterno y sin fin, sobrepasando todo entendimiento que tienen los hombres en el estado natural, o lo que pueden obtener de la historia o los libros. Ese amor me permitió verme a mí mismo de la manera que yo era sin él; y tenía temor de estar en compañía de otros, ya que los veía perfectamente donde ellos estaban, por medio del amor de Dios que me permitía verme a mí mismo. No tenía amistad con ninguna persona, ni sacerdotes, ni profesantes, ni clase alguna de separatistas. Mi amistad era solamente con Cristo, quien tiene la llave y abrió la puerta de la luz y de la vida por mí. Tenía temor de todas las conversaciones carnales y los hombres conversadores, porque no podía ver nada más que la corrupción, y la vida que estaba bajo la carga de la corrupción. Cuando estaba en lo más profundo, cuando todo se había cerrado, no podía creer que podría salir de esa condición; mis aflicciones, penurias, y mis tentaciones eran tan grandes, que a veces pensaba en desesperación que debía de abandonar toda esperanza, y era una gran tentación para mí. Pero cuando Cristo me reveló cómo él fue tentado por el mismo diablo, y le venció y le hirió la cabeza; y que por medio de él y su poder, su luz, su gracia y su espíritu, yo también podía vencer, entonces tuve confianza en él. De manera que fue él quien me abrió la revelación cuando yo estaba encerrado y no tenía ni esperanza ni fe. Cristo, quien me había iluminado, me dio su luz para creer en ella, y me dio esperanza, la cual es él mismo, se reveló a sí mismo en mí, y me dio su espíritu y gracia, la cual encontré suficiente en las profundidades y en la debilidad. De manera que en las miserias más profundas y en las penas y tentaciones más grandes que me acosaban, el Señor en su misericordia me guardó. Encontré que tenía dos tipos de sed dentro de mí; una que era sed de las cosas de la creación, para obtener ayuda y fortaleza de ellas; y la otra era sed del Señor el creador, y su hijo Jesucristo; y vi que nada en el mundo podía beneficiarme. Si hubiera tenido la comida de un rey, el palacio y sus asistentes, todo hubiera sido como nada, porque nada me daba consuelo sino el Señor y su poder. Vi que los profesantes, sacerdotes, y la gente estaban completos y en comodidad en la misma condición que me tenía a mí en la miseria, y que amaban aquello que yo hubiera preferido eliminar. Pero el Señor fijó mis deseos en él, de quien vino mi ayuda, y mis preocupaciones fueron puestas sólo en él. Por lo tanto, todos esperan en el Señor, cualquiera sea su condición; esperan en la gracia y la verdad que viene de Jesús; porque si usted hace esto, hay una promesa para usted, y el Señor la va cumplir en usted. Y bienaventurados son verdaderamente los que realmente tienen hambre y sed de justicia, porque serán satisfechos. Yo me he dado cuenta que es así; alabado sea el Señor que nos llena con ella, y satisface los deseos del alma hambrienta. ¡Ah, que la casa del Israel espiritual diga: sus misericordias son para siempre! Es el gran amor de Dios, al convertir aquello que es placentero para la vista y la mente carnal en un desierto; y al hacer un campo fructífero de un desierto árido. Esta es la gran obra de Dios. Pero mientras las mentes de las personas están en las cosas terrenales, andando detrás de las criaturas y las cosas cambiantes, caminos cambiantes y religiones, y maestros cambiantes e inseguros; sus mentes están en cautiverio, y ellos son frágiles y cambiantes, arrastrados de un lado a otro por todo viento de doctrina, pensamientos, nociones, y otras cosas; teniendo sus mentes fuera de las verdades inconmovibles en su interior, la luz de Jesucristo, la cual los mantiene en lo inconmovible. Él es el camino al Padre; quien en todas mis angustias me preservó en su espíritu y poder, ¡alabado sea su nombre para siempre!&lt;br /&gt;Otra vez escuché una voz que decía: "Tú serpiente, tratas de destruir la vida pero no puedes; porque la espada que guarda el árbol de la vida te destruirá". De manera que Cristo, la palabra de Dios, que hirió la cabeza de la serpiente, el destructor, me preservó; mi mente fue unida con la buena semilla que hirió la cabeza de la serpiente, el destructor. Esta vida interior surgió en mí, para contestarle a todos los profesantes y sacerdotes opuestos, y trajo escrituras a mi memoria para refutarles con ellas. En otra ocasión vi el gran amor de Dios, y fui lleno de admiración por su infinidad. Vi lo que era echado fuera de Dios, y lo que entró al reino de Dios; y cómo por medio de Jesús, quien abrió la puerta por medio de su llave celestial, fue dada la entrada a su reino. Yo vi la muerte y como había pasado a todos los hombres, y cómo oprimió la semilla de Dios en el hombre, y en mí; y cómo yo fui formado y recreado en la semilla, y lo que la promesa era para mí. A pesar de este desarrollo dentro de mí, todavía parecía haber dos cosas distintas suplicando dentro de mí; y preguntas y dudas acerca de los dones y las profesías se formaron en mi mente, y fui tentado otra vez a desesperarme, preocupándome que había pecado en contra del espíritu santo. Estuve en gran perplejidad y angustia por muchos días; pero aún así me entregué al Señor. Un día, cuando había estado caminando solo por las afueras y me había ido a mi casa, fui tomado en el amor de Dios, de manera que sólo podía admirar la grandeza de su amor; y mientras estaba en esa condición, se me fue abierta una revelación por la luz y el poder eterno en el interior por el cual vi claramente todo lo que fue hecho y que se va a ser hecho en Cristo y por Cristo; y como él conquista y destruye este tentador, el diablo, y todas sus obras, y ha vencido al diablo; y que todas estas angustias y tentaciones eran buenas para mí y me fueron dadas por Cristo como la prueba de mi fe. El Señor me abrió el entendimiento para poder ver más allá y a través de todas estas angustias y tentaciones.&lt;br /&gt;Cuando vi que todo fue hecho por Cristo que es la vida, mi fe viviente fue aumentada, y mi creencia estaba en él. Cuando en cualquier momento yo perdía de vista mi verdadera condición en Cristo, mi creencia secreta se mantenía firme, y la esperanza me mantuvo, como un ancla en el fondo del mar; y ancló mi alma inmortal a su Señor, haciendo que mi alma nadara sobre el mar, el mundo, donde están todas las olas rugientes, climas terribles, tempestades, y tentaciones. Pero ¡ah! entonces vi mis angustias, pruebas y tentaciones más claras que nunca. A medida que apareció la luz, todo lo que está fuera de la luz apareció; oscuridad, muerte, tentaciones, los injustos, los impíos; todo fue expuesto y puesto a la vista en la luz. Después de esto, un fuego puro apareció en mí; y entonces vi cómo Cristo actuó como un fuego purificador y como jabón de lavadores. Entonces vino a mí el discernimiento espiritual; por el cual discerní mis propios pensamientos, quejas y suspiros; y qué era lo que me velaba, y qué era lo que me abría el entendimiento. Y aquello que no puede habitar en la paciencia, ni soportar el fuego, encontré en la luz que éstas eran las quejas de la carne, que no se pueden rendir a la voluntad de Dios; era lo que me había velado de tal manera, que no podía ser paciente en todas las pruebas, aflicciones, penurias y perplejidades; no podía entregar el yo para morir en la cruz, el poder de Dios, de manera que el creciente poder viviente pueda seguirle a él, y que aquello que nubla y aleja de la presencia de Cristo, aquello que es cortado por la espada del espíritu, y que debe morir, no debe mantenerse vivo. Yo discerní las quejas del espíritu, que me abrió revelaciones, e hizo intercesión con Dios; y por medio de este espíritu se realiza la verdadera espera en Dios, para la redención del cuerpo, y de toda la creación. Por medio de este verdadero espíritu, en el cual se encuentran los verdaderos suspiros, vi los suspiros y las quejas falsas. Por medio de este espíritu invisible discerní todas las cosas oídas, vistas y olidas que eran falsas, las cuales estaban sobre el espíritu, sofocándolo y acongojándolo; y que todos los que estaban allí estaban en confusión y engaño, donde se encuentran las peticiones y oraciones falsas, en engaño y por encima, en esa naturaleza y lengua que toma el santo nombre de Dios en vano, se revuelca en el mar egipcio, y pide pero no tiene; porque odian su luz, resisten su santo espíritu, convierten la gracia en una excusa para continuar pecando, se rebelan en contra del espíritu, y se equivocan alejándose de la fe que debieran estar pidiendo, y del espíritu por el cual debieran estar orando. Aquel que sabe estas cosas en el verdadero espíritu puede testificar de ellas. La luz divina de Cristo manifiesta todas las cosas, y el fuego espiritual prueba y corta todas las cosas. A medida que el Señor me abrió esta revelación, yo vi muchas cosas; porque me mostró lo que puede vivir en su santo fuego purificador y lo que puede vivir con Dios bajo su ley. Él me dio un entendimiento de cómo la ley y los profetas llegaron hasta Juan; y cómo el más pequeño en el reino de Dios es más grande que Juan. La ley pura y perfecta de Dios está sobre la carne para guardarla y para guardar las obras imperfectas bajo la ley perfecta; y la ley de Dios, que es perfecta, responde a los principios perfectos de Dios en cada persona. Esta era la ley que los judíos, los profetas, y Juan debían de cumplir. Nadie puede conocer al dador de esta ley sino por el espíritu de Dios; ni tampoco puede alguien leer verdaderamente la ley ni oír la voz de la ley sino por medio de la ayuda del espíritu de Dios.&lt;br /&gt;(Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará. Mat 3:11-12)&lt;br /&gt;Aquel que pueda recibirlo, que lo reciba. Juan, quien fue uno de los profetas más grandes que fue nacido de una mujer, dio testimonio de la luz que estaba en Cristo, el gran profeta celestial, la Luz verdadera que vino al mundo a iluminar a cada persona; de manera que ellos puedan creer en la luz y convertirse en hijos de la luz, para tener la luz de la vida, y no venir a condenación. Porque la creencia verdadera está en la luz que condena todo lo impío; y el diablo, quien es el príncipe de la oscuridad, se alejaría de la luz para condenación. Los que caminan en esta luz, vienen a la montaña de la casa de Dios, establecida sobre todas las montañas, y a las enseñanzas de Dios, quien les enseñará sus caminos. Estas cosas fueron abiertas a mí en la revelación de la luz.&lt;br /&gt;También vi las montañas ardiendo, y los escombros, y las sendas y los lugares escabrosos y torcidos hacerse parejos y planos, para que el Señor pueda venir a su tabernáculo. Estas cosas se encuentran en el corazón del hombre; pero hablar de estas cosas que son internas parece extraño a los que son toscos, torcidos y a los montañosos. Aún así el Señor dijo 'ah tierra, ¡escucha la palabra del Señor!'&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Nota: Todo valle será rellenado, toda montaña y colina será allanada.&lt;br /&gt;Los caminos torcidos se enderezarán, las sendas escabrosas quedarán llanas. Lucas 3:5)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La luz del espíritu se cruza con la mente, el espíritu y la voluntad carnal, los cuales viven en desobediencia, y no están dentro de la ley del espíritu. Vi que esta ley es el amor puro de Dios que estaba sobre mí, y por el cual tengo que pasar, aunque estaba afligido cuando estaba debajo de él; porque no podía estar muerto a la ley sino por medio de la ley, la cual juzgaba y condenaba aquello que debe ser condenado. Vi que muchos hablaban de la ley, quienes no habían hecho de la ley su maestro;* y muchos hablaban del evangelio de Cristo, quienes nunca habían conocido la vida y ni la inmortalidad traída a la luz en ellos por medio de este evangelio. Usted que ha estado bajo este maestro, y la condenación de esta ley, sabe estas cosas; porque aunque el Señor en ese día me abrió estas cosas en revelación de manera secreta, desde entonces han sido publicadas por su espíritu eterno, como si estuvieran sobre el techo de una casa. Y a medida que usted es llevado a la ley, y por medio de la ley muerto en ella, y testifica acerca de la justicia de la ley que se cumple en usted, después usted llegará a saber lo que es ser llevado hacia la fe, y por la fe desde abajo de la ley; y permaneciendo en la fe, cuyo autor es Cristo, y usted tendrá paz y acceso a Dios. Pero si usted aparta su mirada de la fe, y de las cosas que le darán la victoria, y pone su mirada sobre las cosas y palabras carnales, usted estará otra vez en el cautiverio de la carne, y en la ley que se agarra de la carne y el pecado, y obra la ira divina, y las obras de la carne aparecerán otra vez. La ley de Dios se agarra de la ley del pecado y la muerte; pero la ley de la fe, o la ley del espíritu de vida, que es el amor de Dios, y que viene de Jesús, (quien es el fin de la ley por causa de la justicia), lo hace a usted libre de la ley del pecado y la muerte. Los hombres de mente carnal no conocen esta ley de la vida; pero, aún así, ellos le tentarán para alejarlo del espíritu hacia la carne, y de esa manera hacia el cautiverio. Por lo tanto usted que conoce el amor de Dios, y la ley del espíritu, y la libertad que se encuentra en Jesucristo, manténgase firme en él. Manténgase en la fe divina, el autor de la cual es Él, y no se enrede con el yugo de la esclavitud. Porque el ministerio de Cristo Jesús y sus enseñanzas traen libertad; pero el ministerio que es del hombre, y por el hombre, que se encuentra en la voluntad del hombre, lleva a la esclavitud, y a estar bajo la sombra de la muerte y la oscuridad. Por lo tanto nadie puede ser ministro de Cristo Jesús si no están en el espíritu eterno, que existía antes que las escrituras fueran dadas; porque si no tienen este espíritu, no son de él. Aunque tengan su luz para condenar a aquellos que la odian, no pueden llevar a nadie a la unidad y el compañerismo con el espíritu, a menos que ellos estén en él; porque la semilla de Dios es una carga pesada para la voluntad egoísta, carnal y terrenal, que reina en su propio conocimiento y entendimiento que debe perecer, y su propia sabiduría que es diabólica. El espíritu de Dios es apenado, irritado, y apagado con aquello que lleva a la esclavitud carnal; y aquello que batalla contra el espíritu de Dios debe ser mortificado por el espíritu; porque la carne tiene deseos contra el espíritu, y el espíritu contra la carne, y éstos son contrarios el uno al otro. La carne quisiera su libertad, y el espíritu quisiera su libertad; pero el espíritu tiene su libertad, y la carne no. Por lo tanto si usted apaga el espíritu, se une a la carne, y se hace esclavo de ella, entonces usted es juzgado y atormentado por el espíritu; pero si usted se une al espíritu, y sirve a Dios en el espíritu, usted tiene libertad y victoria sobre la carne y sus obras.&lt;br /&gt;*A menos que usted pueda oír la voz del Señor y seguirla, el corazón de la ley moral es su maestro. La ley pronuncia qué pecados usted debe dejar y lo motiva a seguir la gracia del Señor, la cual usted obtiene al ir a Cristo, escuchándolo silenciosamente, oyéndolo, y con fe en aquel a quien usted oye, obedeciéndole. Vea La obediencia todavía es necesaria, para más información.&lt;br /&gt;Por lo tanto, manténgase en la cruz diaria, el poder de Dios, por el cual usted puede testificar a todos y crucificar aquello que es contrario a la voluntad de Dios, y aquello que no entrará en su reino. Estas cosas se abren y se mencionan aquí para dar información, exhortación, y consuelo a otros, a medida que el Señor me los abrió a mí ese día. En ese día yo me preguntaba cómo fue que el pueblo de Israel murmuró por agua y comida, porque yo hubiera podido ayunar por bastante tiempo sin murmurar ni preocuparme por la comida. Pero otras veces fui juzgado de que no estaba contento de estar a veces sin el agua ni el pan de vida, para que yo pudiera aprender a estar en necesidad y a estar en abundancia.&lt;br /&gt;Oí de una mujer en Lancanshire, que había ayunado por veintiún días, y viajé para verla; pero cuando llegué, vi que ella estaba bajo tentación. Cuando hablé con ella acerca de las cosas que el Señor me había mostrado, me fui de allí, ya que su padre era de alta profesión. Pasando de allí, me fui con los profesantes en Duckenfield y Manchester, donde me quedé por un tiempo y declaré la verdad entre ellos. Algunos fueron convencidos, quienes recibieron las enseñanzas del Señor, por quien fueron confirmados, y se mantuvieron en la verdad. Los profesantes estaban furiosos, todos ellos abogando por el pecado y la imperfección; y no podían soportar el oír hablar acerca de la perfección, o de la vida santa y sin pecado. Pero el poder del Señor estaba sobre todos; aunque estaban encadenados bajo la oscuridad y el pecado, por los cuales ellos abogaban, y apagaban la piedad en ellos.&lt;br /&gt;Por este tiempo hubo una gran reunión de bautistas en Broughton, en Leicestershire, con algunos que se habían separado de ellos; y fueron gente de otras creencias, y yo fui también. No llegaron muchos bautistas, pero mucha otra gente estaba allí; y el Señor abrió mi boca, y su verdad eterna fue declarada entre ellos, y el poder del Señor estaba sobre todos ellos. Ese día el poder del Señor comenzó a brotar. Tuve grandes revelaciones de las escrituras, y muchos fueron convencidos en esas áreas del país y fueron llevados de la oscuridad a la luz, y del poder de satanás hacia Dios; ellos recibieron su poder, y por medio de su poder muchos fueron elevados para alabar a Dios. Cuando razoné con los profesantes y con otra gente, algunos eran convencidos y mantenían su fe. Pero aún así a veces me encontraba bajo grandes tentaciones, y mi sufrimiento interno era grande; pero no podía encontrar a nadie con quien pudiera hablar de mi condición excepto por el Señor solamente, a quien lloré día y noche. Volví a Nottinghamshire, donde el Señor me mostró que la naturaleza de esas cosas que son destructivas afuera en el mundo también se encuentran dentro de las mentes y los corazones de los hombres impíos: la naturaleza de los perros, los puercos, las serpientes, de Sodoma, y Egipto, el faraón, Caín, Ismael, Esaú, etc. Pude ver la naturaleza de ellos por dentro, aunque la gente había estado buscando por fuera. Clamé al Señor, y le dije '¿Por qué tengo que estar en esta condición, siendo que yo nunca fui adicto a cometer esos pecados?' Y el Señor contestó 'Era necesario que yo tuviera una idea de todas las condiciones, ¿sino cómo iba a poder hablar de todas las condiciones?' En esto pude ver el amor infinito de Dios. También vi que había un océano de oscuridad y muerte; pero había también un océano infinito de luz y amor, que fluía sobre el océano de oscuridad. En esto también vi el amor infinito de Dios, y tuve grandes revelaciones. Mientras caminaba por el área de la ciudad de Mansfield donde se encuentra la iglesia, el Señor me dijo 'Aquello que la gente pisotea debe ser tu alimento'. Mientras el Señor hablaba me reveló que la gente y los profesantes pisoteaban la vida, aún la vida de Cristo; ellos se alimentaban de palabras, y se alimentaban unos a otros con palabras, pero pisoteaban la vida, y pisoteaban y aplastaban bajo sus pies la sangre del hijo de Dios, la cual era mi vida; y vivían en sus opiniones arrogantes hablando acerca de él. Al principio me pareció extraño que yo tuviera que alimentarme de aquello que los profesantes pisoteaban; pero el Señor me lo reveló claramente por su espíritu y su poder eterno.&lt;br /&gt;Entonces gente de todas partes vino a verme, y yo tenía temor de ser arrastrado por ellos; sin embargo se me dijo que debía darles entendimiento y revelaciones. Un hombre llamado Brown tenía grandes profesías y visiones acerca de mí mientras estaba en su lecho de muerte. Él dijo abiertamente que yo iba a ser instrumental para el Señor en su obra. Y habló de otras personas diciendo que iban a llegar a nada; lo cual se cumplió en algunos que en ese tiempo eran famosos. Cuando enterraron a este hombre, una gran obra para el Señor que cayó sobre mí, lo cual causó la admiración de muchos que pensaron que yo estaba muerto; y muchos vinieron a verme en ese período de catorce días. Mi apariencia y mi cuerpo estaban alterados en gran manera, como si mi cuerpo hubiera sido apenas formado o cambiado. Mientras estaba en esta condición, el Señor me dio discernimiento y sentido. Por medio de este discernimiento vi claramente que cuando mucha gente hablaba de Dios y de Cristo, era la serpiente que hablaba por ellos; pero esto fue difícil de aceptar. Aún así la obra continuaba en algunos. Mis angustias y penas comenzaron desaparecer, y me brotaron lágrimas de gozo, de manera que hubiera podido llorar día y noche con lágrimas de gozo al Señor, en humildad y quebrantamiento de corazón. Miré hacia el infinito sin fin, cosas que no se pueden decir, y lo grande e infinito que es el amor de Dios, el cual no se puede expresar con palabras. Porque yo había sido llevado a través del mismo océano de oscuridad y muerte, y a través y sobre el poder de satanás, por el poder eterno y glorioso de Cristo; incluso fui llevado a través de esa oscuridad que cubre todo el mundo, que encadena todo, y encierra todo en la muerte. El mismo poder eterno de Dios que me hizo pasar por estas cosas, fue el mismo que después estremeció las naciones, sacerdotes, profesantes, y personas. Entonces pude decir que había estado en Babilonia, Sodoma, Egipto y la tumba espiritual; pero por el poder eterno de Dios yo había salido de eso, fui llevado por arriba de eso, y por el poder de eso hacia el poder de Cristo. Y vi que la cosecha estaba lista, y la semilla de Dios yaciendo en el suelo, como trigo esparcido en tierra para plantar, y que no había nadie que lo recogiera; y derramé lágrimas por la ausencia de recogedores. Las noticias acerca de mí fueron esparcidas de que yo era un joven que tenía un espíritu de discernimiento; y en ese tiempo muchos vinieron a mí de todas partes, profesantes, sacerdotes y personas. El poder de Dios apareció en mí, y yo tuve grandes revelaciones y profesías, y les hablé acerca de Dios, lo cual ellos escucharon con atención y en silencio, y se fueron y esparcieron la fama de mis enseñanzas. Entonces vino el tentador y se puso en contra mía, culpándome que había pecado en contra del espíritu santo; pero yo no podía decir en qué. Entonces la condición de Pablo se presentó delante de mí, cómo después que él había sido llevado al tercer cielo, y de haber visto cosas que no se pueden decir, y cómo un mensajero de satanás fue enviado para abofetearlo. Así, por el poder de Cristo, ssuperé también esta tentación.&lt;br /&gt;En el año 1648, cuando estaba sentado en la casa de un Amigo en Nottinghamshire (porque para este tiempo el poder de Dios había abierto los corazones de algunos para recibir la palabra de vida y reconciliación), vi que había una gran grieta a través de la tierra, y una gran cantidad de humo saliendo de la grieta a medida que avanzaba, y que después de la grieta vendría un gran terremoto. Esto era la tierra en el corazón de las personas, la cual debía ser agitada y sacudida antes que la semilla de Dios pueda salir de la tierra. Y así sucedió; porque el poder del Señor comenzó a sacudirlos, y comenzamos a tener maravillosas reuniones, y había entre la gente una gran obra y el poder de Dios, para el asombro tanto de la gente como de los sacerdotes.&lt;br /&gt;Hubo una reunión de sacerdotes y profesantes en la casa de un juez, y yo fui con ellos. Allí se discutió como Pablo dijo que no había conocido el pecado sino fuera por la ley, que decía 'no codiciarás', y ellos declararon que Pablo estaba hablando de la ley externa. Pero yo les dije que Pablo dijo esto después de su conversión; porque él tenía la ley externa antes, y fue criado en ella, cuando él estaba cometiendo el pecado de la persecución; pero él servía esta ley de Dios que estaba en su mente, contra la cual batallaba la ley en sus miembros; porque lo que él pensaba que era la vida para él resultó ser la muerte. De manera que los sacerdotes y profesantes más sobrios cedieron, y consintieron que no era la ley externa, sino la interna, que le enseñó a Pablo su pecado interno, del cual él habló después de convertirse; porque la ley externa se apoderó de la acción externa, pero la ley interna del pecado interno.&lt;br /&gt;(Nota: ser "movido" por el Señor significa ser claramente llevado en visión, entendimiento o palabras)&lt;br /&gt;Después de esto me fui a Mansfield, donde había una gran reunión de profesantes y personas; y el Señor me movió a orar; y el poder de Dios era tan grande, que toda la casa parecía estremecerse. Cuando había terminado, algunos de los profesantes dijeron 'Esto fue como en los tiempos de los apóstoles, cuando la casa donde ellos estaban se estremeció'. Después que yo había orado, unos de los profesantes oró; lo cual trajo una falta de vida y un velo sobre ellos. Otros profesantes se sintieron acongojados por causa de él, y le dijeron que estaba bajo tentación. Entonces él vino a mí y deseó que yo orara otra vez; pero yo no podía orar a causa de la voluntad de un hombre.&lt;br /&gt;Poco después hubo otra gran reunión de profesantes, y llegó allí un capitán llamado Amor Stoddard. Ellos estaban discutiendo acerca de la sangre de Cristo. Y cuando estaban discutiendo esto, y pude ver la sangre de Cristo a través de una revelación del espíritu invisible; y exclamé entre ellos diciendo '¿No pueden ver la sangre de Cristo? Véanla en sus corazones, para rociar y limpiar sus corazones y sus conciencias de las obras muertas, para servir al Dios viviente'. Porque yo la vi, la sangre del nuevo pacto, como entró en el corazón. Esto sobresaltó a los profesantes, quienes tenían la sangre sólo en el exterior, y no en su interior. Pero el capitán Stoddard fue conmovido, y dijo 'Dejen que hablen los jóvenes, escuchen a los jóvenes'; y él vio que ellos trataron de hundirme con sus muchas palabras.&lt;br /&gt;También había un grupo de sacerdotes que eran vistos como piadosos; uno de ellos se llamaba Kellet, y mucha gente piadosa vino a oirlos. El Señor me movió a seguirlos, y les dije que consideraran las enseñanzas del Señor en su interior. El sacerdote Kellet en ese entonces estaba en contra de las casas para los párrocos, pero después a él le dieron una muy buena y se convirtió en un perseguidor.&lt;br /&gt;Después de haber servido en estos lugares me fui a mi propio hogar en Leicestershire otra vez, pasando por Derbyshire, y mucha gente piadosa fue convencida. Pasando por allí, me encontré con un gran grupo de profesantes en Warwickshire, quienes estaban orando y vociferando las escrituras en el campo. Ellos me dieron la Biblia, y yo la abrí en el quinto capítulo de Mateo, donde Cristo expone la ley; y les hablé del estado interno y el estado externo; después de lo cual entraron en un intenso argumento y entonces se fueron, pero el poder del Señor ganó terreno.&lt;br /&gt;Entonces escuché de una gran reunión de debate que se iba llevar a cabo en Leicester, donde iban a participar presbiterianos, independientes, bautistas y hombres comunes de oración. La reunión se iba a realizar en una iglesia; y el Señor me inspiró a ir y estar entre ellos. Escuché sus discusiones y razonamientos, estando algunos de ellos sentados en las bancas y el sacerdote en el púlpito, y habían muchas personas reunidas allí. Por lo menos una mujer hizo una pregunta acerca de lo que dice Pedro, acerca de qué era el nacimiento, a saber ser 'renacido no de simiente corruptible, sino incorruptible por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre'. El sacerdote le dijo a la mujer 'Yo no permito que la mujer hable en la iglesia', a pesar que antes le había dado libertad a cualquiera para hablar. Entonces fui llevado como en un éxtasis en el poder del Señor; y me puse de pie y le pregunté al sacerdote '¿Tú le llamas a este lugar una iglesia? o ¿Le llamas a esta multitud mixta una iglesia?' Porque la mujer había hecho una pregunta, y él debía haberle contestado, ya que había dado libertad a cualquiera para hablar. Pero en vez de contestarme me preguntó qué era una iglesia. Yo le dije que la iglesia era el pilar y fundamento de la verdad, formada de piedras vivientes, miembros vivientes, una casa espiritual, de la cual Cristo era la cabeza; pero él no era la cabeza de una multitud mixta, o de una casa vieja hecha de cal, piedras y madera. Esto hizo que todos se encendieran. El sacerdote se bajó de su púlpito, y los otros se levantaron de sus bancas, y se acabó la discusión. Pero me fui a una posada grande y allí estuve debatiendo el asunto de la "iglesia" con sacerdotes y profesantes de todas clases, y todos estaban enfurecidos. Sin embargo yo defendí a la verdadera iglesia, y su verdadera cabeza, sobre la cabeza de todos ellos, hasta que se dieron por vencidos y se fueron. Un hombre me pareció muy afectuoso y por un momento me pareció que se unió conmigo; pero pronto se volvió en contra mía y se unió al sacerdote, defendiendo el bautismo de los niños, aunque él mismo había sido un bautista antes; y así me dejó solo. Sin embargo, muchos fueron convencidos ese día; y la mujer que hizo la pregunta fue convencida junto con su familia; y el poder del Señor y su gloria brilló sobre todos.&lt;br /&gt;Después de esto regresé a Nottinghamshire otra vez, y fui al valle de Beavor. En mi viaje prediqué el arrepentimiento a la gente, y muchos fueron convencidos en muchas de las ciudades del valle de Beavor, y me quedé allí por algunas semanas. Una mañana, mientras estaba sentado cerca del fuego, una gran nube me cubrió, y la tentación me acosó; y me quedé quieto. Y se me dijo 'Todas las cosas vienen por la naturaleza'. Y los elementos y las estrellas se pusieron sobre mí, de manera que yo estaba como envuelto en ellos. Pero mientras estaba en esta posición en silencio, las personas de la casa no notaron nada. Y mientras estaba sentado en esta quietud y no la perturbé, una esperanza viva y una voz verdadera surgió en mí, que dijo 'Hay un Dios viviente quien hizo todas las cosas'. La nube y la tentación se desvanecieron inmediatamente, y la vida se elevó sobre todo; mi corazón estaba contento, y alabé al Dios viviente. Después de un tiempo me reuní con algunas personas que tenían la creencia que no hay Dios, sino que todas las cosas vienen de la naturaleza. Y tuve una gran disputa con ellos, y los derroté, y convencí a algunos de ellos que confesaran que existe un Dios viviente. Entonces vi que fue bueno que haya pasado por esta experiencia. Tuvimos grandes reuniones en esos lugares; porque el poder de Dios penetró esa sección del país. Al volver a Nottinghamshire, encontré un grupo de bautistas divididos entre sí y a otras personas. El poder de Dios obró en gran manera, y unió a muchos de ellos. Después me fui a Mansfield y sus alrededores; y el poder de Dios se manifestó maravillosamente tanto en Mansfield como en las ciudades de alrededor. En Derbyshire el poder de Dios obró de manera maravillosa. En Eton, una ciudad cerca de Derby, hubo una reunión de Amigos, donde se manifestó el poder de Dios de tal manera que fueron sacudidos grandemente, y muchas bocas se abrieron en el poder del Señor nuestro Dios. Y muchos fueron movidos por el Señor a ir a las iglesias, a los sacerdotes, y a la gente, a declararles la verdad eterna.&lt;br /&gt;En cierto día cuando estaba en Mansfield se hizo una reunión de jueces para discutir la contratación de sirvientes; y me vino la impresión del Señor para ir y hablarle a los jueces y decirles que no debían oprimir a los sirvientes en sus salarios. De manera que me fui caminando hacia la posada donde estaban teniendo la reunión, pero me encontré con un grupo de violinistas, y no entré, sino que decidí venir en la mañana, cuando tuviera una oportunidad más seria de hablar con ellos, pensando que no sería apropiado en ese momento. Pero cuando fui otra vez en la mañana me encontré que ellos se habían ido, y fui cegado de tal manera que ya no podía ver. Le pregunté al posadero dónde iban a estar los jueces ese día. Él me dijo que ellos iban a tener una reunión en una cuidad que se encontraba a ocho millas de allí. Y la vista me comenzó a volver; y yo comencé a correr en esa dirección lo más rápido que pude. Cuando llegué a la casa donde estaban ellos y sus muchos sirvientes, yo exhorté a los jueces para que no oprimieran a sus sirvientes en sus salarios, sino que hicieran lo correcto y lo justo con ellos; y exhorté a los sirvientes a que cumplieran sus obligaciones, y sirvieran honestamente, etc. Todos recibieron mi exhortación amablemente, ya que el Señor me había movido a hablarles.&lt;br /&gt;Además el Señor me movió para ir a varias iglesias y cortes en Mansfield y otros lugares, a advertirles que dejen de oprimir y de jurar, y a dejar el engaño para volverse al Señor, y a hacer justicia. En la ciudad de Mansfield particularmente, después que había estado en la corte de ese lugar, fui movido a ir y hablar con uno de los hombres más impíos del país, quien era un borracho, famoso por explotar prostitutas y por hacer rimas; y en el temor de Dios todopoderoso le reprendí por su conducta impía. Cuando terminé de hablar con él y me fui, él me siguió y me dijo que había sido atormentado de tal manera cuando yo hablé con él que apenas le quedaron fuerzas. Y así ese hombre se convirtió, se volvió de su perversidad, y se mantuvo un hombre honesto y sobrio, para el asombro de la gente que lo había conocido antes. De esta manera la obra del Señor avanzó, y muchos se volvieron de las tinieblas a la luz, en el trascurso de los años 1646, 1647 y 1648. En varios lugares se formaron reuniones de Amigos, donde se escuchaban las enseñanzas de Dios, por medio de su luz, espíritu y poder; ya que el poder de Dios irrumpía diariamente de manera cada vez más maravillosa.&lt;br /&gt;Entonces me elevé en espíritu, por medio de la espada encendida, al paraíso de Dios. Todas las cosas eran nuevas, y toda la creación tenía otra fragancia para mí, más allá de lo que las palabras puedan expresar. Yo no conocía nada más que la pureza, la inocencia, la justicia, y el ser renovado a la imagen de Dios en Cristo Jesús; de manera que alcancé el estado de Adán, el estado en que se encontraba antes de la caída. La creación fue abierta a mí, y se me mostró cómo se le dio nombre a todas las cosas de acuerdo con su naturaleza y su virtud. Llegué a un punto en mi mente, en el cual debatía si debía practicar medicina para el bien de la humanidad, viendo que la naturaleza y la virtud de las criaturas me habían sido reveladas de tal manera por el Señor. Pero fui llevado inmediatamente en el espíritu, para ver otro estado más inquebrantable que el estado de inocencia de Adán, a saber, el estado de Cristo Jesús, que caería. Y el Señor me mostró que los que eran fieles a él, en el poder y la luz de Cristo, podían alcanzar el estado en que se encontraba Adán antes de caer; en el cual las obras admirables y las virtudes de la creación pueden ser conocidas, por las revelaciones de esa palabra divina de sabiduría y por el poder por el cual fueron hechas. El Señor me guió a grandes cosas y profundidades maravillosas me fueron reveladas, más allá de lo que las palabras pueden expresar; pero a medida que la gente comience a someterse al espíritu de Dios, y a crecer en la imagen y el poder del Todopoderoso, ellos pueden recibir la palabra de sabiduría que abre todas las cosas, y llegar a conocer la unidad oculta en el Ser Eterno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Expulsó, pues, al hombre; [Adán] y al oriente del huerto del Edén puso querubines,&lt;br /&gt;y una espada encendida que giraba en todas direcciones, para guardar el camino del árbol de la vida. Gén 3:24&lt;br /&gt;De esta manera viajé realizando el servicio del Señor, a medida que él me guiaba. Cuando llegué a Nottingham, el poder de Dios estaba allí entre los Amigos. De allí me fui a Clauson, en Leicestershire, en el valle de Beavor, y el poder de Dios apareció allí también, en varias ciudades y pueblos donde se reunían los Amigos. Mientras estuve allí el Señor me reveló tres cosas, relacionadas con las tres grandes profesiones del mundo: medicina, religión (así llamada) y leyes. Él me mostró que los médicos estaban fuera de la sabiduría del Señor, por la cual fue hecha la creación; y ellos no sabían los beneficios de las cosas creadas, porque estaban fuera de la palabra de la sabiduría, por la cual ellos fueron hechos. Y él me mostró que los sacerdotes estaban fuera de la verdadera fe, el autor de la cual es Cristo; la fe que purifica, que da victoria, y que lleva a la gente a tener acceso a Dios, por la cual agradan a Dios; el misterio de la cual es sostenido en la conciencia pura. Él también me enseñó que los abogados estaban fuera de la rectitud, fuera de la verdadera justicia, y fuera de la ley de Dios, la cual estaba por encima de la primera transgresión, y sobre todo pecado, y respondió al espíritu de Dios que estaba acongojado y transgredido en el hombre. Y que estos tres, los médicos, los sacerdotes y los abogados, gobiernan el mundo fuera de la sabiduría, fuera de la fe y fuera de la rectitud y la ley de Dios; uno pretende curar el cuerpo, el otro pretende curar el alma, y el tercero pretende proteger la propiedad de las personas. Pero yo vi que todos estaban fuera de la sabiduría, fuera de la fe y fuera de la rectitud y la ley perfecta de Dios. Y a medida que el Señor me abrió estas revelaciones, sentí su poder sobre todo, por el cual todos pueden ser reformados, si ellos sólo lo reciben y se inclinan a él.&lt;br /&gt;Los sacerdotes pueden ser reformados y traídos a la verdadera fe, la cual es dádiva de Dios. Los abogados pueden ser reformados y traídos a la ley de Dios, la cual responde a Dios, que es transgredida en cada uno, y que lleva a amar al prójimo como a uno mismo. Esto deja al hombre ver que si él daña a su prójimo, también se daña a sí mismo; y ésta le enseña a hacer con otros como él quisiera que los otros hicieran con él. El médico puede ser reformado, y traído a la sabiduría de Dios por la cual fueron creadas y hechas todas las cosas; de manera que ellos puedan recibir el conocimiento correcto de las cosas creadas, y entender los beneficios de ellas, el cual fue puesto en ellos por la palabra de sabiduría, por la cual fueron ellos hechos y son sostenidos. Muchas cosas me fueron mostradas acerca de esto; como todos estaban fuera de la sabiduría de Dios, y fuera de la justicia y la santidad en la cual el hombre fue creado al principio. Pero cuando todos creen en la verdad, y caminan en la luz con la cual Cristo a iluminado a todos los hombres, para que puedan ser hechos hijos de la luz y del día de Cristo. En su día todas las cosas pueden ser vistas, tanto visibles como invisibles, por la luz divina de Cristo, el hombre celestial espiritual, por el cual todas las cosas fueron hechas y creadas.&lt;br /&gt;Vi que en cuanto a los sacerdotes y los ministros, aunque ellos estaban en el engaño y actuaban por el poder de las tinieblas, bajo las cuales estaban tanto ellos como sus seguidores; pero aún así ellos no eran los engañadores más grandes de los que hablan las escrituras, porque no habían llegado tan lejos espiritualmente como muchos de los que mencionan las escrituras habían llegado. Pero el Señor me reveló quienes eran los más grandes engañadores, y cuánto ellos podían progresar espiritualmente; aún aquellos que habían llegado tan lejos como Caín, a oír la voz de Dios; aquellos que salieron de Egipto, a través del Mar Rojo, a alabar a Dios a la orilla del mar; ellos pueden hablar por experiencia propia de los milagros y las maravillas de Dios; aquellos que habían progresado al nivel de Coré y Datán y su grupo; aquellos que llegaron tan lejos como Balaam, quien podía hablar la palabra del Señor, quien escuchó su voz y la conocía, y conocía su espíritu, y podía ver la estrella de Jacob, y la piedad de la tienda de Israel; el segundo nacimiento, contra el cual no puede prevalecer ningún encantamiento. Estos que pueden hablar de tal manera de sus experiencias con Dios, y aún así se alejaron del espíritu de Dios y su palabra, y se fueron en la dirección opuesta; éstos eran y serían los grandes engañadores, mucho más que los sacerdotes. De igual manera entre los cristianos, los cuales predican en el nombre de Cristo, obran milagros, echan fuera demonios, y llegan tan lejos como Caín, o como Coré o Balaam en los tiempos del evangelio; estos eran y son los grandes engañadores. Aquellos que pudieron hablar de experiencias con Cristo y con Dios, pero no vivieron en la vida de Dios, éstos eran los que guiaban al mundo a que los siguiera, quienes tenían la forma de piedad, pero negaban su poder; quienes internamente devoraban del espíritu, y llevaban a la gente a tener la forma de piedad, pero perseguían a los que estaban en el poder, como lo hizo Caín; y corrieron avariciosamente detrás de los errores de Balaam, por medio de la codicia, amando el salario de la injusticia, como lo hizo Balaam. Estos seguidores de Caín, Coré y Balaam han llevado al mundo a ser como un mar desde los días de los apóstoles. Vi cómo personas como éstas podían engañar hoy en día, como lo hicieron en edades anteriores; "pero es imposible que engañen a los escogidos, los elegidos de Cristo, quien existe desde el principio del mundo", y antes que existiera el engañador; aunque otros sean engañados en sus revelaciones y profesías, no teniendo sus mentes en el Señor Jesucristo, quien le da revelaciones a los suyos.&lt;br /&gt;Vi el estado de aquellos, tanto los sacerdotes como la gente que leía las escrituras y hablaban mucho en contra de Caín, Esaú, Judas y muchos otros hombres impíos de tiempos antiguos mencionados en las santas escrituras; pero no ven la naturaleza de Caín, de Esaú, de Judas y de los otros, en ellos mismos. Ellos decían, eran "ellos, ellos, ellos" los que eran gente mala; siempre aplicando esto a otros y no a sí mismos; pero cuando, por la luz y el espíritu de la verdad, ellos llegaron a verlo en ellos mismos, entonces decían "yo, yo, yo", soy yo quien he sido como Ismael, Esaú, etc. Porque vieron la naturaleza salvaje de Ismael en ellos mismos; la naturaleza de Caín, Esaú, Coré, Balaam y del hijo de perdición en ellos mismos, sobre todo lo que se llama Dios en ellos. De manera que yo vi que era el hombre caído que había entrado en las escrituras y estaba condenando a otros junto con los ya mencionados. Y ellos se enfocaron en los judíos que habían caído, llamándolos encinas robustas, cedros altos, toros gordos de Basán, becerras salvajes, víboras, serpientes, etc. Y culpándoles que eran ellos los que habían cerrado sus ojos, tapados sus oídos, endurecido sus corazones, y que tenían oídos pesados; que eran ellos quienes odiaban la luz, se rebelaban contra ella, apagaban el espíritu, lo irritaban y lo acongojaban, caminaban con desprecio en contra del espíritu de gracia, y convertían la gracia de Dios en indecencia; que eran ellos quienes resistían al espíritu santo, tenían la forma de la piedad pero se volvían en contra de su poder; y que ellos internamente eran los lobos rapaces vestidos de ovejas; y que ellos eran los pozos sin agua, nubes sin lluvia, árboles sin fruto, etc. Pero cuando ellos, que estaban tan preocupados con encontrar las fallas de otros, y creían que ellos estaban libres de estas cosas, se miraban a sí mismos y con la luz de Cristo se examinaban a sí mismos completamente, ellos podían ver suficientes de estas condiciones en sí mismos. Entonces ya no dirían que eran "él o ellos" los que eran impíos, sino "yo y nosotros" los que nos encontramos en estas condiciones.&lt;br /&gt;También vi como la gente leía las escrituras sin un sentido correcto de ellos mismos y sin aplicarlas apropiadamente a sus propias vidas. Porque cuando leían que la muerte reinó desde Adán a Moisés; que la ley y los profetas fueron hasta Juan; y que el más pequeño en el reino es más grande que Juan; ellos leían estas cosas como si no se aplicaran a ellos mismos, sino las aplicaban a otros (y las cosas de otros eran ciertas), pero no se volvieron hacia su interior para encontrar la verdad de estas cosas en sí mismos. A medida que estas cosas me fueron reveladas, vi que la muerte reinaba en ellos desde Adán hasta Moisés; desde la entrada de la transgresión, hasta que llegaron al ministerio de la condenación, el cual restringe a las personas a que no comentan el pecado que trae la muerte. Cuando se ha pasado por el ministerio de Moisés, se llega a leer y entender el ministerio de los profetas, el cual se extiende hasta Juan por medio de figuras, tipos y sombras, siendo Juan el más grande de los profetas nacido de mujer; su ministerio prepara el camino para el Señor al derrumbar las montañas exaltadas, y enderezando el camino. A medida que se pasa por este ministerio, se llega a conocer la entrada al reino eterno. Vi claramente que ninguno podía leer Moisés correctamente sin el espíritu de Moisés, por el cual él vio que cómo el hombre estaba en la imagen de Dios en el paraíso, cómo cayó, cómo la muerte vino sobre él, y cómo todos los hombres han estado bajo esta muerte. Vi cómo Moisés recibió la ley pura que está sobre todas los transgresores; y cómo los animales limpios, los cuales eran figuras y tipos, eran ofrecidos cuando la gente venía a la ley justa que estaba sobre la primera transgresión. Moisés y los profetas veían a través de los tipos y figuras, y más allá de ellos, y veían a Cristo, el gran profeta que había de venir a cumplirlos. Vi que nadie podía leer las palabras de Juan correctamente y con un entendimiento verdadero de ellas, sino por medio y en el mismo espíritu divino por el cual Juan las habló; y por medio de su luz ardiente y brillante que es enviada por Dios. Porque por medio del espíritu sus naturalezas torcidas se pueden enderezar, sus naturalezas ásperas pueden ser hechas suaves, y el hombre avaro y violento en ellos puede ser echado fuera; y aquellos que habían sido hipócritas pueden llegar a tener frutos dignos de arrepentimiento, sus montaña de pecado y mundanalidad puede ser aplastada, y sus valles pueden ser llenados para que pueda haber un camino parejo para el Señor en ellos; y entonces el más pequeño en el reino es más grande que Juan. Pero primero todos tienen que conocer la voz que clama en el desierto en sus corazones, que por medio de la transgresión se ha convertido en un desierto. Así vi que era una cosa fácil decir que la muerte reinó desde Adán hasta Moisés; y que la ley y los profetas llegaron hasta Juan; y que el más pequeño en el reino es más grande que Juan; pero nadie puede saber cómo la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, etc. sino por el mismo espíritu santo en el cual estaban Moisés, los profetas y Juan. Ellos no pueden conocer el significado espiritual de las palabras de Moisés, los profetas y Juan, ni ver sus caminos y viajes, ni mucho menos pueden ver más allá hasta el fin de ellos hacia el reino, a menos que tengan el espíritu y la luz de Jesús; ni pueden conocer las palabras de Cristo ni de sus apóstoles sin su espíritu. Pero cuando el hombre pasa por medio del espíritu y poder de Dios a Cristo (quien cumple los tipos, figuras, sombras, promesas y profesías que hablan de él), y es guiado por el espíritu santo a la verdad y la sustancia de las escrituras, sentándose en él quien es el autor y el fin de ellas, entonces son leídas y entendidas con provecho y gran deleite.&lt;br /&gt;Además el Señor me dejó ver, cuando fui elevado a su imagen en justicia y santidad y fui llevado al estado del paraíso de Dios, cómo Adán fue hecho un alma viviente; y también a la estatura de Cristo, el misterio que había estado oculto desde las edades y las generaciones; las cuales cosas son difíciles de pronunciar, y muchos no las pueden resistir. Porque de todas las así llamadas sectas de la cristiandad con las cuales discutí, no encontré a nadie que pudiera resistir que le dijeran que cualquiera puede crecer espiritualmente a la perfección de Adán (es decir, a la imagen de Dios, y justicia y santidad en la cual estaba Adán antes de la caída), para ser claro y puro sin pecado como él estaba. Por lo tanto, ¿cómo podrían resistir que se les diga que alguien debe crecer espiritualmente a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, cuando se sienten amenazados de oír que alguien debe, mientras está en la tierra, llegar al mismo poder y espíritu en el que estaban los apóstoles y los profetas? Aunque es una verdad absoluta que nadie puede entender los escritos de los apóstoles correctamente sin el mismo espíritu por el cual fueron escritos.&lt;br /&gt;El Señor Dios me reveló por su poder invisible como 'cada hombre era iluminado por la luz divina de Cristo'. La vi brillar en todos, y vi que los que creyeron en ella salieron de la condenación a la luz de la vida, y fueron hechos hijos de ella; pero los que la odiaron y no creyeron en ella, fueron condenandos por ella, aunque hacían profesión de Cristo. Esto lo vi en las revelaciones puras de la luz sin la ayuda de ningún hombre; ni tampoco sabía en ese tiempo dónde encontrarlo en las escrituras; aunque después, escudriñando las escrituras, lo encontré. Porque vi en esa luz y ese espíritu que existían antes que las escrituras fueran dadas y que guió a los hombres santos de Dios a escribirlas, que todos deben venir a ese espíritu si quieren conocer a Dios o a Cristo, o las escrituras correctamente, por el cual fueron enseñados y guiados aquellos que nos las dieron.&lt;br /&gt;Pero observé una falta de brillo y modorra pesada sobre la gente, y esto me extrañaba; porque a veces, cuando me acostaba a dormir, mi mente repasaba todo desde el principio, en aquello que es desde la eternidad hasta la eternidad. Vi que la muerte debía pasar sobre este estado adormecido y pesado, y le dije a la gente que ellos debían dar testimonio de la muerte a esa naturaleza pesada y adormecida, y ser una cruz para ella por medio del poder de Dios, para que sus mentes y sus corazones estén en las cosas de arriba.&lt;br /&gt;Una vez que iba caminando por el campo, el Señor me dijo 'tu nombre está escrito en el libro de la vida del cordero, el cual era antes de la fundación del mundo', y cuando el Señor lo dijo yo creí y vi en ello un nuevo nacimiento. Después de un tiempo el Señor me mandó a ir afuera al mundo, el cual era como un desierto lleno de espinas. Cuando fui al mundo por medio del gran poder del Señor con la palabra de vida, el mundo se hinchó e hizo un sonido como las grandes olas rugientes de la mar. Los sacerdotes y los profesantes, los magistrados y la gente, todos eran como un mar cuando llegué a proclamar el día del Señor entre ellos, y a predicarles el arrepentimiento.&lt;br /&gt;Yo fui enviado a llevar a la gente de la oscuridad a la luz, para que puedan recibir a Cristo Jesús; porque a todos los que le recibieron en su luz, vi que les dio potestad de ser hechos hijos de Dios (no de serlo automáticamente, Juan 1:12); lo cual obtuve al recibir a Cristo. Yo debía dirigir a la gente al espíritu, quien nos dio las escrituras, por el cual ellos podían ser guiados a toda la verdad, y así a Cristo y a Dios, como habían sido guiados los autores de las escrituras quienes las hablaron y las escribieron. Yo debía llevarlos a la gracia de Dios, y a la verdad en el corazón, la cual viene por medio de Jesús; para que por su gracia ellos puedan ser enseñados, la cual los lleva a la salvación, para que sus corazones puedan ser establecidos por ella, sus palabras puedan ser sazonadas, y todos puedan llegar a saber que su salvación está cerca. Porque vi que Cristo había muerto por todos los hombres, había sido dado como ofrenda de sacrificio por todos, y había iluminado a todos los hombres y mujeres con su luz divina y salvadora; y que nadie puede ser un verdadero creyente, sino aquellos que creen en la luz. Vi que la gracia de Dios, la cual trae salvación, había aparecido a todos los hombres, y que la manifestación del espíritu de Dios fue dada a todos los hombres, para que sea de provecho. No vi estas cosas con la ayuda de ningún hombre, ni por la letra, aunque están escritas en la letra; pero yo las vi en luz del Señor Jesucristo, y por su espíritu y poder inmediato, como lo hicieron los hombres santos de Dios por los cuales fueron escritas las escrituras. Pero no por eso tenía yo una estima escasa de las escrituras, sino que ellas eran muy preciosas para mí; porque yo estaba en el espíritu por el cual ellas fueron dadas; y lo que el Señor me abrió en revelación, después me di cuenta que estaba de acuerdo con las escrituras. Yo podría hablar mucho de estas cosas, y muchos volúmenes podrían ser escritos, pero todo sería poco para manifestar el amor infinito, la sabiduría, y el poder de Dios, para prepararme, hacerme apto y darme los medios para el servicio para el cual él me destinó; dejándome ver las profundidades de Satanás por una parte, y revelándome, por otra parte, los misterios de su reino eterno.&lt;br /&gt;-----&lt;br /&gt;Cuando el Señor Dios y su hijo Jesucristo me enviaron al mundo a predicar su evangelio eterno y su reino, yo estaba feliz de ser enviado a hacer volver a la gente a esa luz interna, ese espíritu y gracia, por la cual todos pueden conocer la salvación y su camino a Dios; y también a ese espíritu divino que los guía a toda la verdad, el cual yo sabía infaliblemente que nunca engañaría a nadie.&lt;br /&gt;Pero con este poder, y por medio de este poder y espíritu de Dios, y la luz de Jesús, yo debía sacar a la gente de sus propios caminos, y llevarlos a Cristo, el nuevo camino viviente; sacarlos de sus iglesias, las cuales los hombres habían edificado y en las cuales se reúnen, hacia la iglesia en Dios, la asamblea general escrita en el cielo, de la cual Cristo es la cabeza; para alejarse de las enseñanzas del mundo inventadas por los hombres, para aprender de Cristo, quien es el camino, la verdad y la vida, de quien el Padre dijo 'Este es mi hijo amado, a él oíd'; y para que se alejen de las alabanzas del mundo para conocer el espíritu de la verdad en su interior, para así ser guiados, de manera que en él puedan adorar al Padre de los espíritus, quien busca a quienes le adoran; los que no le adoran en el espíritu no saben lo que están adorando. Yo debía de sacar a la gente de las religiones del mundo, las cuales son en vano, para que conozcan la religión pura, visiten a los huérfanos, las viudas, y los forasteros, y se mantengan limpios de las manchas del mundo. Y así no habrían tantos mendigos, quienes de solamente verlos se me acongojaba el corazón, ya que son la prueba de la dureza de corazón entre quienes profesan el nombre de Cristo. Yo debía sacarlos de la comunión con el mundo, sus oraciones y sus cánticos, los cuales se sostenían en formas sin poder, para que su comunión sea en el espíritu santo, el eterno espíritu de Dios; para que ellos oren en el espíritu santo, canten en el espíritu y con la gracia que viene de Jesús; entonando en su corazón melodías al Señor, quien ha enviado a su hijo amado para que sea su salvador, y que mandó a su sol divino para que brille sobre todo el mundo, y por medio de ellos; y su lluvia celestial para que cayera sobre justos e injustos (como cae la lluvia externa, y como brilla el sol externo), la cual es el inefable amor de Dios hacia el mundo. Yo debía sacar a la gente de sus ceremonias judías, de sus fábulas paganas, de las invenciones de los hombres y las doctrinas inestables, con las cuales descarrían a la gente de un lado a otro, de secta en secta; de todos sus fundamentos pobres, con sus colegios y universidades para hacer ministros de Cristo, quienes son realmente ministros de su propia confección, pero no de Cristo; y de todas sus imágenes, cruces, y aspersión de recién nacidos, con todos sus (así llamados) días santos, y todas sus vanas tradiciones, las cuales tienen desde los días de los apóstoles, y contra las cuales estaba el poder de Dios. En el temor y la autoridad de estas cosas fui inspirado a declararme en contra de ellas, y en contra de los que predicaban pero no libremente, como quienes no habían recibido libremente de Cristo.&lt;br /&gt;Además, cuando el Señor me envió al mundo, me mandó a que no me 'quitara el sombrero' ante nadie, ni humilde ni poderoso; y se me requirió que tratara a todos los hombres y las mujeres de tú, fueran ricos o pobres, grandes o pequeños. Y a medida que viajaba por todas partes, no debía de saludar a la gente de 'buenos días' o 'buenas tardes', ni tampoco debía inclinarme hacia nadie. Esto hizo enfurecer a las sectas y los profesantes. Pero el poder del Señor me llevó sobre todo a su gloria, y muchos se volvieron a Dios en un corto tiempo; porque el día celestial del Señor surgió de lo alto e irrumpió rápidamente; por la luz del cual muchos llegaron a ver donde estaban espiritualmente.&lt;br /&gt;Notas del editor del sitio: Durante este tiempo en Inglaterra, los sombreros se usaban en la iglesia, los cleros predicaban con ellos puestos, se usaban durante la cena, y, era una regla más general que en los tiempos modernos. Las pocas ocasiones cuando la gente se los quitaba eran más claramente ocasiones de respeto. Un hijo siempre se debe descubrir la cabeza ante su padre, todos se deben descubrir ante el rey, y se descubrían ante cualquier persona de clase o posición tales como la nobleza. Los cuáqueros le llamaron a esto el honor del sombrero, lo cual rehusaron dar a los hombres, incluyendo a los jueces en las cortes, y por esta causa sufrían multas o encarcelamiento por no descubrirse en forma de honor. Ellos se quitaban sus sombreros solamente durante la oración como un acto de adoración. Así revocaron el honor del sombrero de lo que la sociedad estaba dando al hombre así negándoselo a Dios, para dárselo a Dios y negárselo al hombre.&lt;br /&gt;En el tiempo de Fox, el uso de "tú" era enseñados en las escuelas como la forma apropiada de dirigirse en el singular. Las personas de clase más baja querían que otros se dirigieran a ellos en la forma plural, "vos", la cual les daba más honor. El dar honor a la gente "importante" con la forma plural es lo que Dios "ha puesto en el polvo."&lt;br /&gt;Pero ¡ah! La ira que estaba en los sacerdotes, magistrados, profesantes, y gente de todas las persuasiones; pero especialmente en los sacerdotes y profesantes, porque aunque decirle "tú" a una persona singular estaba de acuerdo con sus libros de gramática, reglas de gramática, y de acuerdo a la Biblia, ellos no podían soportar oírlo; y porque yo no me podía quitar el sombrero delante de ellos, eso los hizo enfurecerse. Pero el Señor me mostró que era un honor mundanal, el cual él iba a poner en el polvo; un honor que la carne orgullosa buscaba, pero no buscaba el honor que viene solamente de Dios. Me mostró que era el honor inventado por el hombre en la caída y en la separación de Dios, y que ellos se ofendían si no se les daba; y así ellos esperaban que se les considerara como santos, miembros de iglesia, y grandes cristianos; pero Cristo dijo '¿Cómo puedes creer aquellos que reciben honores unos de otros, y no buscan el honor que viene solamente de Dios?' 'Y yo (dijo Cristo) no recibo el honor de los hombres'. Así me fue mostrado que los hombres tienen un honor que ellos dan y reciben, pero Cristo no quiere nada de esto. Éste es el honor que Cristo no desea recibir, y que debe ser puesto en el polvo. ¡Ah, el desprecio, el enojo y la furia que se desencadenó! ¡Ah, los golpes, las agresiones, las palizas, y las prisiones por las que tuvimos que pasar por no quitarnos el sombrero ante los hombres! Porque pronto esto probó la paciencia y la sobriedad de todos los hombres, por poca que fuera. A algunos se les quitó el sombrero violentamente de manera que lo perdieron. Las malas palabras y dichos impíos que recibimos por esta causa son difíciles de expresar, aparte del peligro en que estábamos de perder nuestras vidas en este asunto, por ser a veces amenazados o heridos por los grandes profesantes de la cristiandad, quienes por esos hechos pusieron al descubierto que no eran creyentes verdaderos. Y aunque era una cosa pequeña a los ojos del hombre, sin embargo trajo una gran confusión entre los profesantes y los sacerdotes; pero, alabado sea el Señor, muchos llegaron a ver la vanidad de esa costumbre de quitarse el sombrero delante de los hombres, y sintieron el peso del verdadero testimonio en su contra.&lt;br /&gt;Durante este tiempo tuve la penosa tarea de ir a las cortes a clamar por justicia; de hablar y escribirle a los jueces para que actuaran justamente; de advertir a los que tenían lugares públicos de entretenimiento, que no deberían dejar a la gente beber más de lo que es para su bien; y de testificar en contra de los festivales, fiestas, celebraciones, juegos, obras de teatro y espectáculos, que llevaban a la gente a la vanidad y el libertinaje, y los alejaba del temor de Dios; y los días apartados para la santidad eran generalmente cuando más se deshonraba a Dios con estas cosas. En las ferias también, y en los mercados, fui enviado a declarar en contra de sus mercancías engañosas, sus trampas y sus fraudes; advirtiéndoles a todos que hicieran sus negocios justamente, que hablen con la verdad, que sus sí sean sí, y sus no sean no, y que hicieran con otros como ellos quisieran que los otros hagan con ellos; advirtiéndoles acerca del gran día terrible del Señor, el que vendría sobre todos ellos. También fui movido para hablar en contra de todo tipo de música, y contra los charlatanes que hacían trucos en sus escenarios; porque ellos hacían de la vida pura una carga y sucitaban la vanidad en la mente de las personas*. Yo también tenía una gran tarea con los maestros y maestras de las escuelas, para advertirles que les enseñen a los niños sobriedad en el temor del Señor, para que no sean criados ni entrenados en ligereza, vanidad, y falta de restricción. Fui llevado a advertir a los padres y madres de familia, a que cuiden que sus hijos y siervos sean criados en el temor del Señor, y que ellos debían ser ejemplos y modelos de sobriedad y virtud para ellos. Porque vi que así como los judíos debían enseñar a sus hijos la ley de Dios, en el pacto antiguo, y debían instruirlos en la ley, al igual que a sus siervos, (sí, aún los forasteros entre ellos debían guardar el día de reposo o Sábado, y ser circuncidados, antes de poder comer de sus sacrificios); de manera que todos los que hacen una profesión de cristiandad deben de instruir a sus hijos y a sus siervos en el nuevo pacto de la luz, Cristo Jesús, quien es la salvación de Dios hasta los fines de la tierra, para que todos conozcan su salvación. Y deben instruirlos en la ley de la vida, la ley del espíritu, la ley del amor y de la fe para que ellos puedan ser libres de la ley del pecado y de la muerte. Y todos los cristianos deben ser circuncidados por el espíritu, que aleja al cuerpo de los pecados de la carne, para que puedan comer del sacrificio celestial, Cristo Jesús, el verdadero alimento espiritual, del que nadie tiene derecho a alimentarse sino aquellos que están circuncidados por el espíritu. De la misma manera se me dio la tarea de hablar a los astrólogos, quienes alejaban a las personas de Cristo, la estrella brillante de la mañana, y del sol de justicia, quien hizo el sol, las estrellas, y todas las cosas, quien es la sabiduría de Dios, de quien recibimos el conocimiento correcto de todas las cosas.&lt;br /&gt;*Los charlatanes vendían medicinas y curas sin valor sobre escenarios. Jorge Fox escribió en sus escritos doctrinales que la música que no es para la gloria y alabanza de Dios era una distracción. Yo voy a amplificar esa declaración para decir que la música que nos deja celebrar la belleza de la creación, la alabanza a Dios, o nuestro amor por nuestro prójimo es buena; pero la música cristiana no agrada a Dios, porque viene de aquellos que no le conocen y refleja doctrinas falsas.&lt;br /&gt;Pero el espíritu negro y terrenal de los sacerdotes afligía mi vida; y cuando oía el tañido de la campana para llamar a la gente a ir a la iglesia, se me destrozaba el alma; porque era igual que una campana de mercado para reunir a la gente, a fin de que el sacerdote pueda poner sus mercancías a la venta. ¡Ah, las vastas sumas de dinero que se obtienen de la venta de las escrituras, y por la predicación, desde el obispo más alto hasta el sacerdote más bajo! ¿Qué otro negocio puede compararse a este? A pesar de que las escrituras fueron dadas gratuitamente, Cristo encomendó a sus ministros a que predicaran gratuitamente, y los profetas y apóstoles denunciaron a todos los asalariados ambiciosos y los que adivinan por dinero. Pero en este espíritu generoso del Señor Jesús yo fui enviado a declarar la palabra de vida y la reconciliación gratuitamente, para que todos puedan venir a Cristo, quien da gratuitamente, y nos renueva a la imagen de Dios, en el cual estaban el hombre y la mujer antes de la caída, para que puedan sentarse en los lugares celestiales en Cristo Jesús.&lt;br /&gt;Note y mida su posición en Cristo comparada con los eventos enumerados a continuación y testificados anteriormente en detalle:&lt;br /&gt; la Luz,&lt;br /&gt; el conocer su condición, el pecado que está en usted&lt;br /&gt; ver a Cristo a quien usted ha traspasado, arrastrándolo con sus pecados&lt;br /&gt; ser enseñado por la ley del pecado y la muerte,&lt;br /&gt; el ministerio de la condenación&lt;br /&gt; el ministerio de los profetas (preparar el camino)&lt;br /&gt; el fuego que quemará toda la paja,&lt;br /&gt; las montañas que serán aplanadas,&lt;br /&gt; las dos plegarias dentro del hombre&lt;br /&gt; testificar personalmente de los eventos descritos en la Biblia:&lt;br /&gt;desde Adán y Eva, hasta Moisés y hasta los profetas&lt;br /&gt; Ser elevado al estado de Adán y Eva antes de la caída, pudiendo todavía ser tentado.&lt;br /&gt; Pasar del estado de Adán y Eva para llegar al estado de Cristo, no pudiendo ser tentado.&lt;br /&gt; Sentarse en Cristo en el cielo.&lt;br /&gt; Nadie puede ser un creyente verdadero, sino aquellos que creen en la luz&lt;br /&gt;Así termina la conversión de Jorge Fox, y así comienza el ministerio más increíble que se haya registrado. &lt;arriba&gt;&lt;próximo&gt;&lt;br /&gt;Nota histórica sacada de Valiente por la Verdad:&lt;br /&gt;La corte del rey anterior, Jacobo I, se distinguió por su extravagancia en el vestido y desenfreno. Pareció que cuando ese monarca fue transferido del palacio ligeramente amueblado de Holyrood a sus dependencias en Inglaterra, que su deseo por el vestido y el adorno personal se convirtió en un perfecto frenesí. Sus cortesanos siguieron su enseñanza. Durante la ascención del entonces rey, Carlos I, la misma pasión continuó. Usando su pelo en rizos largos y sueltos, su vestido brillando con joyas, y fragante con perfume, el Caballero miró con desdén el pelo rapado corto y el vestido sobrio en su vecindario puritano, y riéndose lo llamó Cabezaredonda. Estos dos nombres más tarde se convirtieron el grito de guerra en muchas batallas sangrientas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras los hombres pasaban así el tiempo y dinero en adornar sus personas, el proceso de vestir una dama de la corte se decía que era "tan complejo y tedioso como el de vestir un hombre de guerra". La esposa de un hombre noble de la corte de Carlos, presentando una lista de sus necesidades a su esposo, declara que ella estará satisfecha con una remuneración de £6,000 al año para sus necesidades personales, con £10,000 más para joyas.&lt;br /&gt;Este no era el único mal de ese tiempo. Tales gastos tan profusos requerían tener medios abundantes, y juegos de azar, tanto entre hombres como mujeres, y se buscaba como pasatiempo favorito. El soborno se practicaba extensamente. Prácticamente no había ningún crimen que se cometiera el cual el juez no pudiera ser inducido a perdonar, por la aplicación de abundantes sobornos. Los usureros y prestamistas aumentaron en gran medida; y muchos dueños perdieron sus propias propiedades antiguas por causa de su extravagante manera de vivir.&lt;br /&gt;Firmes líneas de demarcación separaban las diferentes clases sociales. La nobleza miraba con desdén a los mercaderes, y aquél es a su vez mirado con desdén por el artesano. El modo de dirigirse a ellos era diferente. Sólamente un gran mercader era digno de ser llamado Señor o Sr. antes de su nombre, y el añadir el título de Sr. hubiera causado tumulto en la corte. Al juez se le debe llamar Su Adoración, al ministro Reverendo, y todo el estilo de conversación estaba lleno de saludos sin significado. Entre los campesinos y los mecánicos, los pronombres tú y ustedes siempre se usaban, pero era considerado un gran insulto dirigirse a una persona de alto rango de esta manera. Se suponía que él debía representar y tener la misma consecuencia que dos o más individuos comunes. [Por lo tanto él demandaba que se le dirigiera como 'vos' y se violentaba si no se le hablaba así. Es triste considerar que hoy solamente los expertos astutos se ríen de la palabra Reverendo, en vez toda la población. En cuanto a mí, yo nunca me dirigiré a un falso profeta, o ni siquiera a un verdadero profeta como Reverendo; y un juez no es digno de ser llamado Su Señoría, mucho menos el ridículo Su Adoración; él simplemente debe ser llamado Juez. No debemos buscar la aprobación de los hombres, sólo la de Dios; y hablarle a los hombres con títulos aduladores es buscar su aprobación. H.W.]&lt;br /&gt;El propósito de este sitio es enseñar cómo vivir&lt;br /&gt;libre de pecado&lt;br /&gt;al beneficiarse de poder de Dios que produce cambio por medio de la cruz&lt;br /&gt;que lleva a la unión con Dios en su Reino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8620067467823755603-68744255489296943?l=iglesiaamigos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://iglesiaamigos.blogspot.com/feeds/68744255489296943/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8620067467823755603&amp;postID=68744255489296943' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8620067467823755603/posts/default/68744255489296943'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8620067467823755603/posts/default/68744255489296943'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://iglesiaamigos.blogspot.com/2009/11/capitulo-l.html' title='CAPITULO l'/><author><name>IGLESIA AMIGOS No.1</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15480239220471400327</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8620067467823755603.post-4504817943766367018</id><published>2009-11-29T12:47:00.000-08:00</published><updated>2009-11-29T12:49:13.039-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='JORGE FOX'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;UN DIARIO&lt;br /&gt;O&lt;br /&gt;VERSIÓN HISTÓRICA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA VIDA, VIAJES, SUFRIMIENTOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EXPERIENCIAS CRISTIANAS Y LABOR REALIZADA CON AMOR&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EN LAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;OBRAS DEL MINISTERIO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DE ESE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ANTIGUO, EMINENTE, Y FIEL SIERVO DE JESUCRISTO,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JORGE FOX&lt;br /&gt;( 1624-1691)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Aunque este libro fue escrito en el siglo 17,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ESTE ES UN LIBRO PARA TODOS LOS TIEMPOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque testifica acerca de la realidad siempre-disponible&lt;br /&gt;de la perfección cristiana, pureza, y santidad.&lt;br /&gt;Prólogo del editor del sitio&lt;br /&gt;Este Diario fue escaneado de Las obras de Jorge Fox de 1831, editado por Tomás Ellwood. Varios textos han sido incorporados, la fuente de los cuales ha sido indicada, que han sido incluídos como antecedentes y detalles adicionales. Los textos que están entre llaves, esto es, {texto xxx}, se refieren a texto adicional extraído del Diario de Cambridge, una reconstrucción ineditada de los manuscritos originales escritos a mano; este texto fue omitido de la versión publicada oficialmente.&lt;br /&gt;Si usted no está familiarizado con los escritos de Fox, le tengo una sugerencia. Estudie lo que él dice. Si hay algo en la Biblia que usted piensa que está en conflicto con lo que Fox ha escrito, trate de usar este método para resolver las aparentes diferencias: suponga que Fox está en lo correcto, y ahora reexamine las escrituras, cuestionando y escudriñando su propia mente acerca de cómo pueden ser interpretadas para apoyar lo que dice Fox. Si usted hace eso, invariablemente verá que cada escritura está en armonía con el mensaje completo de Fox, sin excepciones. Pero, si usted no reconsidera su entendimiento anterior, el cual puede estar equivocado, entonces debe dejar afuera muchas escrituras que son incompatibles con el tema de las escrituras que usted tanto quiere que sean verdad. Algún día, cuando usted comprenda aquel pedazo del rompecabezas de las escrituras, usted verá cómo todas las escrituras son totalmente compatibles; y entonces tendrá la fórmula correcta para lo que Dios desea y lo que él detesta. El conocimiento no es salvación, pero expone la salvación falsa, y muestra el camino hacia la salvación verdadera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una corta introducción por Jorge Fox&lt;br /&gt;La aparición de la Verdad Eterna de Dios,&lt;br /&gt;y el surgimiento otra vez en su poder eterno en este nuestro día y esta edad en Inglaterra.&lt;br /&gt;El tremendo poder del Señor y su palabra de vida ha sido predicada rica y libremente, para la concurrencia de muchos hacia la reconciliación con Dios. Esto ha exaltado a nuestro gran Dios y ha aumentado su gloria por el producto de los frutos celestiales y espirituales de aquellos que han sido reunidos por su eterna luz, poder y espíritu hacia El. Y por la siembra del espíritu en los corazones de las personas, la vida eterna es cosechada; de tal manera que sus rebaños se han reunido, los cuales tienen la leche de la palabra en rica abundancia, que en las riquezas de la palabra han florecido, y abundado poderosamente; y el arado celestial de Dios con sus hombres espirituales ha continuado alegremente para arar en terrenos no cultivados de los corazones que no han dado fruto celestial para Dios. Y los segadores celestiales de Dios con sus desgranes celestiales, con gozo y deleite han separado la cizaña y la corrupción que han estado sobre la simiente de Dios, y el trigo en el hombre y la mujer; y de esa manera han trillado en esperanza, y son hechos partícipes de su esperanza; por medio de la cual la simiente de Dios ha venido a su granero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ah, la gloria indescriptible y la excelencia inexpresable de la gloriosa verdad eterna, evangelio, y palabra de vida, que el infinito, invisible y sabio Dios (quien es sobre todo) ha revelado y enseñado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Y cómo los profesores, sacerdotes, y poderes se han levantado en oposición en contra de sus hijos que han nacido de la simiente inmortal por la palabra de Dios! Y ¡ah, qué grandes han sido las persecuciones, menosprecios, y toma de propiedades personales, todos ejecutados hacia sus hijos! Pero para aquellos que les han tocado, que son tan queridos para Dios como la niña de sus ojos, ¡cómo el Señor se ha manifestado a sí mismo como estando a su lado en el derrocamiento de poderes, sacerdotes y estados! ¡Qué cambios han habido desde 1644 y 1650 y 1652! Desde entonces en esta nación ¡cómo han sido llenadas las cárceles con los herederos de la vida, los escogidos de Dios, quienes no tuvieron ayuda en la tierra más que el Señor y su Cristo! Así que los fieles testigos de esta verdad fueron apenas hallados excepto en las cárceles y prisiones, donde los justos eran contados con los transgresores; quienes no tenían ni bastón ni bolsa de hombre, sino el bastón, el pan de vida, y la bolsa que contiene el tesoro que no envejece. Pero el Señor Jesucristo, quien los envió, fue su gran apoyo y defensor, por su eterno poder y espíritu, tanto antes como ahora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge Fox&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Nota: Jorge Fox fue el fundador de los cuáqueros. De los muchos miles de cuáqueros que alcanzaron a tener a Cristo resucitado en ellos, pocos fueron llamados a ser predicadores viajeros, como lo fue Jorge Fox. La mayoría eran comerciantes, proveedores, siervos, campesinos, e incluso soldados. Sin embargo, cada persona tenía un oficio en el cuerpo de Cristo, designados por el espíritu de Dios. Todos servían a Dios en su lugar.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primeros Años Y Su Translado&lt;br /&gt;El texto en azul claro o azul claro “en negrita” se puede presionar para obtener la escritura correspondiente.&lt;br /&gt;PARA que todos puedan saber el trato del Señor conmigo, y los varios ejercicios, pruebas y aflicciones por las cuales él me llevó, para prepararme y hacerme apto para la obra que él me había asignado, y para que así fuera llevado a admirar y glorificar su sabiduría y bondad infinita; pienso que es adecuado, antes de proceder, exponer mis viajes públicos en el servicio de la verdad, mencionar brevemente cómo fue mi juventud, y cómo comenzó la obra del Señor, y fue gradualmente realizada en mí, aún en mi niñez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nací en el mes que se llama Julio, en el año 1624, en Drayton in the Clay, en Liecestershire. El nombre de mi padre era Cristóbal Fox. El era tejedor de oficio, un hombre honesto, y llevaba en sí la semilla de Dios. Los vecinos le llamaban Cristóbal El Justo. Mi madre era una mujer recta; su nombre de soltera era María Lago, de la familia de los Lagos, y de casta de mártires.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siendo yo todavía muy joven yo tenía una gravedad y firmeza de pensamiento y un espíritu que es inusual en los niños; tanto así que cuando veía hombres mayores conduciéndose de manera ligera y libertinamente unos con otros, un disgusto hacia ellos crecía en mi corazón, y me decía a mí mismo: “Si alguna vez llego a la edad de hombre, seguramente no voy a hacer eso, ni voy a ser tan libertino.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ía once años de edad, ya conocía la pureza y la justicia; ya que mientras era niño, se me enseñó cómo andar de tal manera que pudiera mantenerme puro. El Señor me enseñó a ser fiel en todas las cosas, y a actuar fielmente en dos maneras: interiormente hacia Dios, y exteriormente hacia el hombre; y a mantener el sí y el no en todas las cosas. Porque el Señor me mostró, que aunque la gente del mundo tienen la boca llena de engaño y palabras cambiantes, yo debía mantener el sí y el no en todas las cosas; y que mis palabras debían ser pocas y limpias, sazonadas con la gracia; y que no debía comer ni beber en exceso, sólo lo suficiente para mantener la salud; usando las criaturas en su servicio, como siervos en su lugar, para la gloria de aquel que los creó; que estando en su pacto, y yo habiendo sido criado en el pacto, como santificado para la palabra [Cristo es la Palabra de Dios, no la Biblia] era desde el principio, por medio de la cual todas las cosas fueron sostenidas, en la cual hay unidad con la creación.&lt;br /&gt;(Comentario: No tome la pureza de Fox durante su juventud como evidencia de que sólo los puros pueden alcanzar las promesas de Dios, porque también tenemos el testimonio del ministro de dieciséis años, Jaime Parnell, del cual se dice en sus memorias que "era perfecto en pecado y excedía a muchos en la impiedad de su vida," hasta que fue cambiado por la gracia de Dios para llegar a ser un poderoso ministro que alcanzó a muchos en sus tiempos. )&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Nota: las criaturas son todos los animales creados)&lt;br /&gt;Pero la gente que es extraña al pacto de vida con Dios, ellos comen y beben para hacer uso irrestringido de las criaturas, desperdiciándolas en sus pasiones bajas, viviendo en toda inmundicia, gustando las maneras impuras de vivir, y devorando la creación; todo esto en el mundo, en las corrupciones de lo que es sin Dios; por lo tanto yo debía ser un extraño a todas esas personas y sus prácticas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A medida que fui creciendo mis parientes querían que fuera un sacerdote o predicador, pero otros me persuadieron a lo contrario. Después me hice aprendiz de un zapatero de oficio, quien también trabajaba con lanas. Adicionalmente él pastoreaba y vendía ganado; y yo personalmente atendí a mucho de su negocio. Mientras estuve con él fue bendecido, pero cuando le dejé, su negocio se arruinó, llegando a la nada. Durante todo ese tiempo nunca engañé a hombre o mujer, porque el poder de Dios estaba conmigo, y sobre mí, para cuidarme. Mientras estaba en este servicio, usaba en mis asuntos la palabra “verdaderamente”, y aquellos que me conocían siempre decían: “Si Jorge dice verdaderamente, no se le pude contradecir”. Cuando los niños o las personas groseras se reían de mí, los dejaba y me iba por mi camino, pero la gente en general me quería por mi inocencia y honestidad.&lt;br /&gt;(Nota: En los tiempos de Fox, cualquier persona que declarara públicamente o "profesara" su creencia en las escrituras y en Cristo, era conocido como un “profesante”. Las únicas universidades que existían eran instituciones religiosas, en las cuales naturalmente enseñaban los “profesantes”. A medida que las universidades y los colegios se ampliaron hacia temas seculares, todos los maestros retuvieron los títulos de "profesantes" o "profesores").&lt;br /&gt;Cuando tenía cerca de diecinueve años, yo estaba en una feria por asuntos de negocios, y uno de mis primos, un profesante llamado Bradford, acompañado por otro profesante, vino y me invitó a tomar un jarro de cerveza con ellos. Ya que tenía sed acepté su invitación; y también por el amor que tenía por todos los que valoraban el bien y que buscaban al Señor. Cuando cada uno de nosotros nos habíamos tomado un vaso de cerveza, ellos comenzaron a hacer brindis “a tu salud”, y pidieron más bebida. Acordaron en conjunto que el que dejara de tomar pagaría las bebidas. Yo me entristecí al ver que personas que profesaban religión forzaran el pago de las bebidas en el que tenía menos inclinación a beber excesivamente. En esos momentos me puse de pie para irme, me puse la mano en el bolsillo, saqué una moneda y la puse sobre la mesa delante de ellos diciendo “Si esto es así, yo los dejo”. Así que me fui, y cuando terminé mis negocios volví a mi hogar; pero no me acosté esa noche, ya que no podía dormir. Más bien me la pasaba a ratos caminando de un lado a otro, a ratos orando y rogando al Señor, quien me dijo: “Tú ves como los jóvenes se asocian en vanidad, y los viejos con las cosas del mundo; pero tú debes dejarlos a todos, jóvenes y viejos, separándote de todos y siendo un extraño para todos”.&lt;br /&gt;Entonces por mandato de Dios, en el noveno día del séptimo mes de 1643, dejé a mis parientes y rompí la amistad y convivencia con todas las personas, jóvenes o viejos. Me fui a Lutterworth donde me quedé por un tiempo. De allí me fui a Northampton, donde también me quedé por un tiempo; después me fui a Newportpagnel en Buckinghamshire, donde después de quedarme un tiempo me fui a Barnet, en el sexto mes llamado de Junio, en el año 1644. De esta manera a medida que viajaba por el país, los profesantes se fijaron en mí y buscaron hacer amistad conmigo; pero yo tenía temor de ellos, porque sentía que no poseían lo que profesaban. Durante el tiempo que estuve en Barnet, me vino una gran tentación de desesperarme. Entonces vi como Cristo fue tentado. Pero yo estaba bajo una gran aflicción a causa de la tentación y la depresión. A veces me retiraba a mi habitación, y a menudo caminaba solo en el bosque esperando al Señor (teniendo la esperanza que él me hablara acerca de mis preocupaciones).&lt;br /&gt;Me preguntaba porqué me venían estas tentaciones. Me miraba a mí mismo, y decía “¿Era yo antes así?” Entonces pensé que al haber dejado a mis parientes les había hecho un mal. De manera que examiné mi vida pasada, preguntándome si le había hecho daño a alguien; pero las tentaciones aumentaron más y más, y fui tentado a dejarlo todo y abandonar mi esperanza. Y cuando Satanás no pudo vencerme en esta manera, puso trampas y lazos en frente de mí para llevarme a cometer algún pecado, por el cual él pudiera conducirme a la depresión o la derrota. Yo tenía como veinte años cuando estas cosas me sucedieron, y continué de esta condición por algunos años en mucha aflicción, y hubiera estado feliz de poder deshacerme de ellas. Fui a muchos sacerdotes en busca de consuelo, pero no encontré consuelo en ellos.&lt;br /&gt;De Barnet me fui a Londres, donde alquilé una habitación, y allí también estuve bajo mucha aflicción y me sentí muy miserable porque veía a los grandes profesantes de la cuidad de Londres y me daba cuenta que ellos estaban en tinieblas y bajo las cadenas de las tinieblas. Yo tenía un tío llamado Pickering quien era un bautista, y en ese entonces ellos eran personas abiertas y piadosas; sin embargo no pude expresarle a él mis pensamientos o unirme a ellos; porque vi dónde estaban todos ellos espiritualmente, jóvenes y viejos. Algunas personas piadosas y amantes hubieran querido que me quedara con ellos, pero yo tenía temor de asociarme con ellos; de manera que me volví hacia mi hogar en Leicestershire, pensando que podía estar entristeciendo a mis padres y parientes a causa de mi ausencia.&lt;br /&gt;Cuando regresé a Leicestershire, mis parientes querían que me casara; pero yo les dije que era muy joven para casarme y quería obtener sabiduría primero. Otros querían que me uniera a las compañías auxiliares del ejército; pero me negué, y me apené de que ellos me propusieran tales cosas siendo yo tan joven. Entonces me fui a Coventry, donde tomé una habitación por un tiempo en la casa de un profesante, hasta que la gente comenzó a conocerme, ya que había mucha gente piadosa y amante en esa ciudad. Y después de un tiempo me fui a mi propia tierra otra vez, y continué como por un año en gran aflicción y pena, caminando solo por muchas noches.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Drayton era mi cuidad natal, y a menudo me reunía con el sacerdote de la localidad, llamado Nataniel Stevens. Algunas de las veces él venía a mí, y otras veces yo iba a él. A veces otro sacerdote venía con él, y ellos deferían conmigo, y me dejaban hablar. Yo les hacía preguntas y razonaba con ellos. Una vez el sacerdote Stevens me preguntó porqué Cristo había clamado en la cruz “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, y por qué Cristo dijo “Si es posible, que pase de mí esta copa; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Yo le dije que en ese momento todos los pecados de la humanidad estaban sobre él, y todas las iniquidades y transgresiones de la humanidad lo estaban hiriendo; él tuvo que cargar el dolor de todos los males en el mundo y ser una ofrenda por el pecado como hombre, y no como Dios; de manera que, habiendo muerto por todos los hombres, probando la muerte por cada hombre, él fue hecho una ofrenda por los pecados de todo el mundo. Yo expresé este entendimiento siendo al mismo tiempo sensible de alguna manera a los sufrimientos de Cristo y lo que él pasó. El sacerdote dijo “Fue una muy buena respuesta, muy completa, y una que él nunca había oído”. En ese tiempo él era muy elogioso conmigo y hablaba muy bien de mí con otras personas. El sacerdote Stevens usaba las declaraciones que yo le hacía durante nuestras reuniones en la semana para sus sermones de los primeros días, y yo llegué a disgustarme con él por usarme de esta manera. Después este sacerdote se convirtió en mi gran perseguidor.&lt;br /&gt;(Nota: ya que los nombres de los días de la semana y de los meses eran nombres de dioses paganos, y ya que las escrituras prohibían decir o escribir sus nombres, Jorge Fox y los primeros cuáqueros usaban primer día en vez de domingo, sexto mes en vez de junio, etc. para los días de la semana y los meses. H.W.)&lt;br /&gt;Después de esto fui con otro sacerdote de edad de la ciudad de Mansetter en Warwickshire, y razoné con él acerca de la desesperación y las tentaciones, pero él ignoraba mi condición. Me dijo que fumara tabaco y cantara salmos. El tabaco era algo que no me agradaba, y no estaba en condiciones de cantar salmos; yo no sabía cantar. Me dijo que volviera otra vez, y que él me revelería muchas cosas; pero cuando vine, él estaba enojado y fastidiado, ya que habiendo reflejado en lo que yo le había dicho anteriormente, no le había gustado. Él le había revelado todos mis problemas, penas y aflicciones a sus sirvientes incluyendo las niñas que traían la leche. Me apené por haber abierto la miseria de mi corazón y mi mente a una persona tan insensible. Me di cuenta que todos los sacerdotes y profesantes eran unos consoladores miserables, y esto hizo que mis aflicciones se hicieran peores. Oí de un sacerdote que vivía en Tamworth que tenia una reputación de ser un hombre de experiencia. Tuve que caminar siete millas para ir a verlo, pero lo encontré vacío como un barril. Oí de un Dr. Cradock en Coventry, y fui a verlo; le pregunté acerca de las tentaciones y la desesperación, y cómo se formaban las aflicciones en los hombres. Él me preguntó “¿quiénes fueron la madre y el padre de Cristo?” Yo le dije que María fue su madre, y que él era el supuesto hijo de José, pero que era hijo de Dios. Cuando caminábamos juntos en un sendero angosto, accidentalmente pisé un jardín de flores mientras dábamos la vuelta; en esos momentos él se enfureció como si se le hubiera incendiado la casa.&lt;br /&gt;Así se terminaron nuestras discusiones y yo me fui más afligido que cuando llegué. Concluí que los sacerdotes y profesantes eran consoladores miserables, y vi que ninguno de ellos era de algún beneficio para mí, ya que ellos no podían entenderme o ayudarme en mi dolor espiritual. Después de esto fui con otro sacerdote muy respetado, llamado Maeham. Él quería darme unas medicinas y trató de desangrarme; pero por más que trataron no pudieron sacarme ni una gota de sangre, ni de mis brazos ni de mi cabeza. Mi cuerpo estaba tan seco de penas, aflicciones y angustias, las cuales eran tan grandes sobre mí, que yo deseaba nunca haber nacido; o haber nacido ciego para que nunca hubiera visto maldad o vanidad; o sordo para que nunca hubiera oído palabras vanas o impías, o el nombre del Señor blasfemado. Cuando llegó el tiempo que se llama de Navidad, mientras otros festejaban y celebraban, yo tocaba puertas, de casa en casa, y al descubrir viudas dentro de ellas les daba algo de dinero. Cuando se me invitaba a ir a ceremonias de bodas yo no asistía; pero al día siguiente, o poco tiempo después, iba a visitarles; y si eran pobres les daba algo de dinero; ya que yo tenía la capacidad de mantenerme por mí mismo sin ser carga para otros, y de poder administrar algo para las necesidades de otros.&lt;br /&gt;Al comienzo del año 1646, cuando iba a Coventry, me puse a considerar de cómo se decía que 'todos los cristianos son creyentes, tanto los protestantes como los papistas'; y el Señor me mostró que si todos son creyentes, entonces todos son nacidos de Dios, y han pasado de muerte a vida; y que ninguno es un creyente verdadero a menos que esto haya sucedido; y aunque otros decían que eran creyentes, no lo eran. En otra ocasión, mientras caminaba por un cam
